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"Corsarios o Reyes. De la saga de los Barbarroja a Miguel de Cervantes"

 

   
   

II.- HACIA UN CLASICISMO DEL RÉGIMEN ARGELINO: LA FIGURA HONORABLE
Y DIGNIFICADA DEL VALIENTE Y HEROICO CORSARIO.

   

2.8.- DESCRIPCIÓN DE LA GOLETA, DESEMBARCO IMPERIAL Y
PREPARATIVOS DE BARBARROJA, CON DISCURSO A SUS HOMBRES, INTERESANTE ELABORACIÓN BARROCA DEL OBISPO SANDOVAL.

 

Es complejo intentar mostrar qué estaba sucediendo en Túnez

con pormenores. En los relatos españoles hay sólo una

aproximación más o menos acertada, con alguna anécdota sin duda

de transmisión oral, en ocasiones de gran colorido. Junto a

Jeredín Barbarroja en esos relatos españoles se destaca la figura

de Sinán de Esmirna, el Judío, a cuyo cargo estuvo la defensa de

la Goleta, ayudado por Cachidiablo, cuya muerte es dramáticamente

descrita en una crónica anónima conservada en El Escorial (66),

así como la sugestiva figura de Hasán Aga --Azanaga o Azanbey--,

renegado sardo eunuco. De nuevo es el trabajo de Sandoval, como

síntesis de otros trabajos, el más cómodo y completo; Mármol

Carvajal, testigo presencial que pudiera incluir algo personal y

novedoso, también fue utilizado y citado por Sandoval (67). De la

correspondencia de Carlos V, abundante durante la campaña, una

parte está publicada también por éste; tiene resúmenes globales

de primera mano pero es demasiado escueta. En el texto de

Sandoval se nota lo apresurado de la redacción, con abundantes

repeticiones y desórdenes; eso hace necesario trastocar algunos

párrafos para ganar en claridad.

     Podría elaborarse casi un diario de la campaña. Aunque el

balance final no enriquece demasiado el conocimiento de Berbería,

el vaivén de fugitivos de un campo al otro y algunos detalles de

la vida cotidiana durante aquella operación bélica son, no

obstante, pinceladas de interés para este libro de maravillas.

     "Sabiendo el emperador lo que importa en la guerra la
presteza, mandó aquel mesmo día 15 de junio) al marqués del Vasto
que con 22 galeras fuese a descubrir a cabo Verde y reconocer la
Goleta. Hay de Cartago a la Goleta cinco millas italianas, de las
que comunmente tres hacen una legua española --y cada milla mil
pasos, y cada paso cinco pies, y cada pie dos palmos de
hombre... Cautiváronse unos moros pescadores, que dijeron que
Barbarroja estaba en Túnez y que fortalecían sin cesar, noche y
día, la Goleta...
"Otro día de mañana, miércoles a 16 de junio, con muy buen
orden, mandó salir a tierra toda la infantería, con algunas
piezas de artillería de campaña y con algunos caballos ligeros, y
su persona imperial con la mayor parte de la nobleza. Serían
hasta quince mil soldados los que de golpe se desembarcron de
todas tres naciones...
"El día siguiente se desembarcaron los ocho mil españoles
bisoños que venían de España, con los caballos y la artillería y
las otras cosas necesarias de la guerra. Hízose esto en tanto que
las galeras de Andrea Doria combatieron y ganaron la Torre del
Agua; la cual... está a la marina, puesta en lugar bajo. Tiene
dentro de sí ocho pozos con abundancia de agua, aunque sólo tres
fueron importantes para el ejército. Ganaron asimesmo aquel día
los soldados algunos lugarejos abiertos ycastillejos pequeños,
alrededor de Cartago, que los había de doscientos y trescientos
fuegos. Pero, los unos y los otros, estaban robados y
desamparados, salvo algún tanto de trigo y aceite que se halló
entre éstos.
"A 17 de junio se acabaron de desembarcar todos" (68).

     He aquí la descripción geográfica de la Goleta, lugar que se

decidió tomar antes de ir sobre Túnez, así como de su entorno y

de los preparativos bélicos que Jeredín Barbarroja hiciera en

torno a ella:

     "La Goleta en arábigo se dice Alcavel, que quiere decir
goleta o cuello; porque su asiento era en una pequeña angostura.
Era esta fortaleza, en este tiempo, una torre cuadrada de
ladrillos con muy gruesa pared y suelo hondo, y en medio tenía
una gentil cisterna. Estaba en la garganta... que hace una
ensenada o canal que de la mar va al Estaño, que está cinco
millas de Cartago y llega a Túnez. Tenía esta torre 60 pasos en
ancho y 65 en largo; la puerta miraba a Túnez y al estanque, y la
parte contraria a la puerta caía a la mar donde estaban las
galeras y navíos... El Estaño o laguna... es tan estrecha que no
puede andar en ella una galera bogando. Tiene poco fondo y muchos
bajíos; tanto, que sólo pueden andar por él barcas pequeñas...
"A la mano derecha de este lago, caminando hacia Túnez, la
ribera es llana y arenosa; tanto ancha como un tiro de piedra.
Después, toda la tierra es de olivos, higueras, naranjos y otros
árboles. A la mano izquierda está el camino todo montuoso y
áspero, si bien junto a la laguna hay un camino ancho y llano.
Túnez está asentada sobre esta laguna, a la parte de sur o
mediodía... Hacia poniente..., las torres de Sal y Agua. Carece
de agua y tiene abundancia de fruta. Por hacia levante se
comunican la mar y la laguna por la canal que dije; y, así, tenía
una puente para entrar y salir a tierra...
"Después de haber Barbarroja ocupado aquel reino, sabiendo
el aparato de guerra que el emperador hacía para aquella empresa,
viendo que Túnez, por diversos respetos, no se podía fortificar a
causa de estar sujeto e inferior a algunos montes a la banda de
poniente; y que, por lo menos, queriéndola fortificar había de
asolar los arrabales, cosa que quizá los de Túnez no lo
consintieran, niera tiempo de enojarlos..., dejando la
fortificación de Túnez puso todo su cuidado en la Goleta... con
el socorro que cada día y hora muy a su salvo le podía dar por la
parte de tierra y por la laguna...
"Con estos tales pensamientos, fortificó la Goleta tirando
una tela de muro muy fuerte desde la torre, al largo de la
marina, hasta la Torre de la Agua, y volviéndose después hacia el
Estaño... Sobre el ángulo que esta muralla hacía, levantó un
bestión o caballero, con sus traveses... Y no teniendo tiempo
para acabar esta tela de muralla hasta el Estaño, la acabó con
maderos, sacos de lana, serones llenos de tierra y otras cosas
trabadas y encadenadas. De manera que era harto más fuerte y de
mayor resistencia contra la artillería que el muro nuevo de
piedra y ladrillo. Hizo en ella sus troneras en los lugares
necesarios, cubiertas con tablas, de donde pudiese jugar el
artillería. Hizo a la redonda, y al pie de esta muralla, un foso
tan hondo, desde la marina, que siempre se cebaba con agua de la
mar y de la laguna. De la parte de levante hizo la mesma
fortificación de maderos y tierra y fajina, que era más flaca
porque de esta parte casi no había qué temer. Hizo una puente muy
ancha sobre el canal, dentro en la Goleta, para el uso de los que
la defendían y para pasar la artillería de una parte a otra,
hacia la parte de la mar.
"Había en la Goleta cuatro torreones hechos en la muralla a
manera de cubos. De uno, que estaba en una esquina..., salía un
rebellín de argamasa, con almenas y andamio y muelle, 12 pasos en
ancho y en largo 150, y llegaba hasta unas peñaxs donde era el
desembarcadero. En el torreón que miraba al campo del César y se
juntaba con la muralla a la parte de levante, salía la muralla
nueva o rebellín, con sus troneras contra la mar...; en el cual
había portanolas y, en cada una, una lombarda o cañón o
culebrina; en un caballero estaban puestos tres cañones
reforzados.
"Hicieron un bestión de fajina y tierra de 10 pasos de ancho
y 500 pies de largo. En este pusieron 30 piezas gruesas,
asestadas contra el campo de España, hacia la Torre del Agua. De
allí comenzaba el otro bestión, hecho de remos... Hizo una canal
a manos, de anchura de 15 o 16 pasos, con la puente de madera
fácil de quitar yligera de poner. Hay en toda la canal, de una
parte y otra, gruesas paredes; tenía hasta 300 pasos y más en
largo. Aquí estaban las galeras de Barbarroja, o la mayor parte,
levantada la puente y acurullados los remos con la creciente del
mar.
"Crece y mengua aquel agua un codo, la cual creciente...
llega hasta Túnez. Tiene en largo este Estaño 12 millas, y de
ancho 9. Puédele todo vadear un hombre de buena estatura y
llegarále, lo más hondo, a los pechos. En éste se recogen todas
las inmundicias de Túnez y el agua que sale de la ciudad cuando
llueve mucho. Meten en este canal, a fuerza de brazos, las
galeras; y no solo estaban seguras mas, por aquella parte, hacían
más fuerte la Goleta... Demás de esto, las galeras que estaban en
el Estaño jugaban la artillería, al largo de sus reparos por
través, y las aseguraban de los cristianos. Tenía un gran número
de barquetas pequeñas que continuamente traían bastimentos y las
provisiones necisarias de Túnez a la Goleta" (69).

     En los primeros momentos un griego, "que por huir de la

Goleta se echó a nado" (70), fue cautivado por una fragata y

presentado al emperador. Por él se supo cómo Jeredín Barbarroja

había comentado la llegada de la armada imperial. Recojo el

relato, más tosco y menos culto que el de Sandoval pero de gran

viveza, de un anónimo contemporáneo:

     "Del cual se supo (del griego) que Azanaga, que es un
favorito de Barbarroja, que ya ellos llamaban príncipe, había
estado en el jardín del rey; y que, visto la armada, se iba
huyendo. Y porque ésto mejor se entienda, se declarará más. El
cabo de Cartago es una montaña alta y áspera que entra en el mar
entre Puerto Farina y Túnez, donde Cartago era asentada... Al pie
de esta montaña, a la banda de Puerto Farina, está el jardín del
rey, que es una huerta muy grande y muy llena de todas las aguas
y frescuras que un jardín requiere; y, en ella, una casa con muy
muchos aposentos ymuyricamente labrados, obra hecha por los reyes
de Túnez cuando más sosegados y poderosos estaban.
"Ahora todo estaba en poder de Barbarroja. El cual, de muy
bajos principios yoscuro linaje, había venido en tanta grandeza
que su poder en Africa era el mismo que el del Gran Turco en
Asia.
"Esta fuerza le había dado tanta soberbia que ya le
enfastidiaban los nombres pasados; ya le parecía bajeza no tener
nombre de señorío que había ganado y, así, se llamaba Sultán
Zayrredín, que quiere decir el rey Zayrredín. Y a este su
favorito le llamaba Azanbey, que a su modo este sobrenombre es
muy grande.
"Este Azambey es sardo de nación. Fue tomado pequeño, dícese
que guardando unos puercos. Es hombre de ruín disposición, mas de
gran ingenio, y muy acomodado a dar contentamiento al Barbarroja,
de lo cual se aprovecha tan bien que es el principal de los
suyos, así en negocios como en cualquiera otra cosa que se
ofrezca.
"Este había estado con otros capitanes en el jardín; y
viendo la armada, a gran priesa cabalgaron y se fueron la vía de
Túnez, poniéndose primero sobre el cabo de Cartago para mirar
mejor el armada y ver el número de las naves y contarlo después
al rey Zeyrredín... Con la prisa que salió del jardín, se fue la
vuelta de Túnez, donde dijo al rey lo que había visto y dióle
cuenta de todo.
"Es fama que Barbarroja le preguntó:
"--¿Qué te parece de esta armada?
"Y que él le dijo:
"--Señor, paréceme que nos dice que aparejemos las manos.
"Y que el Barbarroja le dijo:
"--¿Parécete que no la podré deshacer?
Y que él dijo:
"--Señor, paréceme que no.
"Y Barbarroja respondió, como burlando de él:
"--"¡Oh, cornudo! Todavía eres cristiano. Pues sábete que sí
desharé.
"Esto se supo de un renegado que se pasó con otros que a
Barbarroja dejaron" (71).

     La leyenda de un Barbarroja príncipe nuevo, de manera

natural, se había asentado ya. "Tales bravatas hacía el corsario,

discretamente, por poner ánimo en los suyos", sentencia Sandoval

tras reproducir esta misma anécdota, con toda la gracia de la

tradición oral (72).

     Barbarroja "sacando fuerzas de flaqueza, hizo muestra de su
gente. En la cual halló siete mil turcos, sin otros mil que tenía
en la Goleta, y muchos de ellos con escopetas; 800 genízaros,
particulares hombres de guerra; siete mil hombres flecheros,
moros vestidos de camisas blancas y descalzos; otros siete mil
con lanzas y azagayas, gente poco más lucida; ocho mil alárabes a
caballo, aunque muchos sin sillas, costumbre antiquísima de los
númidas africanos; como se escribe de su rey Masinisa que, siendo
viejo de cien años, andaba en su caballo en pelo. Traían éstos,
todos, sus lanzas, ginetas o ballestas de las antiguas. Algunos
dan más gente a Barbarroja, pero eso fue después; y, por agora,
no se contaron los de la ciudad que tenían caballos.
"Daba Barbaroja a los alárabes, antes que el emperador
viniese, por apartarlos del servicio de Hacén, rey de Túnez, y
traerlos al suyo, cien mil ducados; y el día que llegó el
emperador les añadió otros cien mil. Crecía cada hora la multitud
de estos bárbaros con la codicia de robar; que día hubo en que se
contaron pasados de catorce mil, algunos con sacos de malla,
lanzas de treinta y cinco palmas con dos hierros, que hieren
huyendo y aún mejor que cuando acometen, en sus caballos muy
ligeros, si bien flacos y de mal parecer.
"Envió Barbarroja 14 galeras a Bona y 12 a argel, cargadas
de grande riqueza, cuando por las ahumadas supo cómo llegaba la
armada --y, poco después, que el emperador venía en ella-- por
ciertos esclavos moros que huyeron de una galera, por lo cual
temió de veras" (73).

     El Consejo de Guerra que reconstruye Sandoval, en el que

participa la plana mayor del corso berberisco del momento, es de

interés; incluido el discurso de Barbarroja. aunque ficticio, sin

duda refleja algo del hondón de opiniones y creencias delmomento.

Dos realidades enfrentadas que se espiaban mutuamente, se temían

y se respetaban. Aquel "razonamiento, casi de esta manera",

elaboración barroca de Sandoval, podría sonar como canto final a

un posible pensamiento utópico para muchos. Creo que es un

hermoso texto literario que merece la pena de ser reproducido en

esti libro de maravillas:

     "Cerró (Barbarroja) en la Alcazaba o fortaleza de Túnez
todos los esclavos cristianos, echándoles prisiones, y aún dicen
que los quiso quemar vivos porque no se alzasen tomando las
armas. Mandó que dentro de tres días saliesen de la ciudad los
que no tuviesen ánimo de esperar. Fuéronse algunos; otros, echó
él porque no comiesen los bastimentos si hubiese de haber cerco
largo. Juntó los capitanes de mar y de tierra y, habiendo estado
en consulta con mucho secreto con Jafer, Aga de los janízaros, y
con Tabac y Salac, y Haedín Cachidiablo y Sinán Judío, les hizo
un razonamiento casi de esta manera:
"--Los hombres que por su esfuerzo y valor han llegado al
estado que vosotros, amigos míos, ni tienen menester consejo para
lo que a sus honras toca, ni los espantará la nueva del vano
emperador de los cristianos que viene a puerto y tierra que no
sabe; donde ni tiene amigos ni terná qué comer, si un poco nos
defendemos, como de vosotros espero, para tantos como dicen que
trae. Antes, os digo que cuantos ellos más fueren tanto más
presto perecerán de hambre. Pues en los navíos, yo lo sé, que lo
he probado muchas veces, traen poca comida; y en la tierra no la
podrá haber, siendo nuestra caballería señora del campo. Los
alemanes no sufrirán el calor ni la falta de vino, ni los
españoles la del agua; ni los unos ni los otros sabrán andar,
cuanto más pelear en estos polvorosos arenales, porque así los
arcabuceros como los coseletes pondrán las manos, y aún estoy por
decir los ojos, donde los pies. Por donde la victoria, mis buenos
amigos, es nuestra. Cuanto más que tengo ventura, loado sea
Mahoma, con españoles, como sabeis.
"Respondieron todos con juramento no faltarle. Fue luego a
mirar la Goleta, acrecentó los turcos, reforzóla con más
soldados, encomendóla a Sinán, judío capón (sic, por confusión
con el sardo Hasán Aga) valeroso. Díjole estar en ella la flota,
el reino, la honra y la vida. Con ésto, se volvió a Túnez porque
no se le rebelasen" (74).

     En otro texto previo al verdadero diario que Sandoval

escribe de aquella campaña, consigue el que fuera prelado de Tuy

y de Pamplona evocar sutilmente, por medio de referencias

auditivas, algo de la exótica estrañeza de la que debían estar

impregnados aquellos combates en Berbería:

     "Salieron a dar vista al campo imperial, de la parte de
Túnez, infinitos alárabes, que no se pudieron contar, con sus
atabales tan grandes que se oían bien en el campo, al tiempo que
hacían algunas arremetidas para querer escaramuzar. Era tan
grande la grita que al principio ponían espanto; pero después los
estimaron en poco porque vieron ser viles sus gritos y sus armas.
Cuando ya andaban en la pelea no sonaban los atambores, sino unos
instrumentos de viento, como chirimías o dulzainas pequeñas, con
apacible son" (75).

     El resumen cronológico de la campaña imperial la resume así

el obispo Sandoval: "Es bien notable que miércoles a 16 de junio

desembarcó el emperador con su gente entre la Goleta y Cartago,

miércoles a 14 de junio ganó la Goleta y miércoles a 21 de julio

entró en Túnez" (76).



[66] Publicada en CODOIN, I, pp. 159-207.
[67] Sandoval, XXII, XLIII, t. II, p 559.
[68] Ib., X, p.  500.
[69] Ib., XII-XIII, t. II, pp. 504-506. 
[70] Ib., XI, p. 501.
[71] Conquista de Túnez y la Goleta, codoin, I, pp. 161-163
[72] Sandoval, XXII, XI, p. 502.
[73] Ibidem.
[74] Ibidem.
[75] Ib., XII, p. 503.
[76] Ibidem.


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