La movilización general contra Barbarroja la describe con
amplitud Sandoval, pero no vamos a entrar en ella con detalle
(62). Sólo Francia no respondió a la llamada imperial:
"El emperador le dio cuenta (a Francisco I) cómo sus
intentos eran contra Barbarroja, para echarle de Túnez,
pidiéndole amigablemente las galeras que tenía en Marsella bien
armadas y las naos bretonas, que las debiera él dar para tan
santa empresa y que tocaba a todos. Respondió el francés a Juan
Hienart, vizconde de Lonbegna, embajador de su magestad, que no
las podía dar por las treguas que tenía con el Turco y
Barbarroja, ni era de rey cuerdo armar a otro con sus propias
armas estando las voluntades no conformes" (63).
Finalmente, Carlos V reunió "412 navíos, entre galeones y
urcas, y naos y carabelas, y galeotas y fustas, sin bergantines y
fragatas" (64).
Ningún autor mejor que Prudencio de Sandoval, que escribe a
principios del XVII, para evocar la gran movida popular y
cortesana que supuso la organización de la expedición imperial
contra Túnez. Como había sucedido en el real de las guerras de
Granada, en ocasiones de grandes concentraciones humanas para la
guerra, como ésta, la ostentación del poder de la realeza y su
exaltación estaba presente en los menores detalles de aquel
montaje. Sintetizaré al máximo el bien contrastaqdo relato de
Sandoval que, como él dice, escribió sintetizando a su vez un
amplio material informativo.
"Escribiré aquí la jornada de Túnez, conformándome con las
relaciones de mano y libros que la tratan, que con curiosidad he
podido saber...
"Quiso el rey de Portugal, como príncipe católico y
guerrero, ayudar en esta jornada al emperador, y que se hallase
en ella el infante don Luis, hermano de la emperatriz, con otros
caballeros y señores de título y valientes soldados, cuales entre
aquella belicosa gente siempre se criaron... Y a 28 de abril de
este año de 1535 llegaron a la playa de Barcelona veinte
carabelas armadas y pagadas del rey don Juan de Portugal.
Entraron en arco con cendales ricos, gallardetes y banderas,
tendidos los estandartes con las quinas reales de aquel reino.
Entró con las carabelas un galeón armado, grueso, famoso en
aquellos tiempos por su grandeza. Venían otras cuatro carabelasw
y dos naos cargadas de bastimentos, armas y municiones, con
mucha caballería de la juventud y nobleza de Portugal. Cuyo
general era Antonio de Saldaña, natural de Santarén.
"Llegó esta armada de noche y esperó a entrar de día. Y el
emperador, por verla, fue a la posada del embajador de Portugal,
cuyas ventanas salían al mar... Venían los portugueses
lucidamente vestidos, cada capitán de su color, y los soldados y
criados con varias y ricas libreas. El general traía de guarda
treinta arcabuceros, vestidos de verde y blanco...
"Primero de mayo entró en Barcelona el príncipe Juan Andrea
Doria con sus galeras. Y el emperador, por verlas entrar, vino a
comer al carrer Ample. Entró con veinte y dos galeras bien
estibadas y artilladas con gran concierto, llenas de banderas y
gallardetes de tafetán colorado y negro. La capitana traía veinte
y cuatro banderas grandes de tela de oro con las armas del
emperador, y tres estandartes grandes de raso carmesí; y en la
más principal un crucifijo grande bordado, con San Juan y María a
los lados; y uno de los otros dos estandartes traían a Maria con
suhijo en los brazos, y el otro traía San Telmo. Venían las
galeras enramadas, que cada una parecía un jardín, con mucha
música de trompetas, clarines, chirimías y atambores.
"Luego que llegaron donde estaba la armada de Portugal, hizo
salva la arcabucería y artillería y se dio vuelta. Y la armada de
Portugal, en pasando el príncipe con sus galeras, comenzó a
responderle con toda la artillería y arcabucería. Las galeras
tornaron a cargar y, llegando donde el emperador estaba,
abatieron tres veces alas banderas con gran grita diciendo:
"¡Imperio! ¡Imperio!".
"Luego, dispararon la artillería y arcabuces; y hecha la
salva, salieron todos los grandes y caballeros cortesanos a la
lengua del agua para recibir al príncipe Juan Andrea Doria. Y era
tanta la gente, que por más que la guarda trabajaba haciendo
camino, apenas lo había.
"Andrea Doria venía en cuerpo, con un bastón en la mano, y
el emperador lo recibió haciéndole mucha honra y con grandes
muestras de amor. Era Andrea Doria general de la armada y sólo él
podía tener el estandarte tendido. El emperador le pidió que
tuviese por bien que el estandarte de su hermano, el rey de
Portugal, estuviese también así, lo cual se hizo.
"A 12 de mayo entró en la barra don Alvaro de Bazán, general
de las galeras de España, con doce galeras. Echáronse otras cinco
al agua con los escorchapines, galeoncetes, carabelas, barcos
grandes en que fueron los caballos. En las atarazanas había
treinta galeras sacadas de astillero...
"Demás de las lanzas que el emperador tenía para guardar la
costa, sirvieron los grandes y caballeros del reino con las
lanzas que les fueron repartidas, y algunos con más, con ricas y
vistosas libreas de varios colores. Y el marqués de Mondéjar
recogió en Málaga toda esta gente, con la infantería que allí se
embarcó, dejando y despidiendo los que le parecieron inútiles.
Aunque hubo poca cuenta con las mujeres, que se embarcaron muchas
más de las que convenía, que no sirvieron de más que comer los
bastimentos y embarazar los soldados. Vi un libro que escribió de
esta jornada el obispo Sarabia, fraile francisco; dice que se
embarcaron nueve mil y quinientos españoles de paga, todos
escogidos. Otra gente sin paga, aventureros, caballeros y gente
de bien, fueron más de cuatro mil y quinientos; y, más,
setecientos jinetes andaluces. ¿Qué iban oficiales de diversos
oficios, mercaderes, religiosos y clérigos? Venían todos con
tanta voluntad y desweo de hallarse en esta jornada, que sin
comparación fueran muchos más si los admitieran, teniendo por
santa esta empresa y que se ganaba en ella el cielo.
"Cuatro días tardaron, sin cesar, en ambarcar la gente,
bastimentos, municiones y caballos. Y sábado, a 8 de mayo, se
embarcó el marqués a dormir en su navío, y otro día se hicieron a
la vela. Y a 25 de mayo tomaron la playa de Barcelona y el
emperador, muy alegre, salió a verla poniéndose a caballo en
Montjuich o Montejouis... Pregonóse que ninguno de los que se
embarcaron en Málaga, so pena de la vida, saltase en tierra;
aunque esto no se guardó con rigor.
"De esta manera se juntó en Barcelona la armada que el
emperador llevó, faltando la que traía el marqués del Vasto...
Era tanta la gente noble y común que no cabían en la ciudad ni se
podía andar por las calles; unos que venían a ver aquella hermosa
armada, otros que querían ir en ella...
Lo que restaba de aquel mes de mayo, Barcelona iba a ser una
fiesta, militar y cortesana, pero una fiesta bien popular.
Desfiles y alardes, procesiones y ceremonias religiosas, el
relato de Sandoval es una hermosura.
"Mandó el emperador pregonar muestra general para los 14 de
mayo. Y este día, a las cinco de la mañana, salió su magestad al
lugar que estaba señalado, armado de todas armas, salvo la cabeza
que llevó descubierta, con una maza de hierro dorada en la mano.
Esperó hasta las diez para que todos, aderezados y puestos en
orden, viniesen; juntáronse a la puerta que llaman de Perpiñán,
en el campo de la Laguna. El emperador puso en orden los
caballeros. Uno de ellos desconcertaba el orden y el emperador,
enojado, puso las piernas al caballo rompiendo por medio del
escuadrón y, llegando a él, le hirió con la maza en la cabeza; y
volviéndose hacia donde el duque de Alba y otros caballeros
estaban, dijo:
"--No hay cosa más dificultosa que regir bien y gobernar un
escuadrón.
Tomada la muestra de todos, se volvió a palacio, yendo
delante de él doscientos hombres de guarda con libreas, los
ciento españoles y los otros ciento alemanes. Seguían a éstos
cien arqueros de a caballo con libreas amarillas y fajas de
terciopelo morado, armados con coseletes y celadas, y lanzas de
armas con sus banderetas coloradas. Luego iban 22 pajes, cada uno
en su caballo de la caballeriza del emperador y vestidos de una
librea; traían algunos caballos cubiertas y testeras, otros con
paramentos a la turquesca y otros a la jineta con ricos jaeces.
Cada paje llevaba enla mano las armas que podía jugar y usar el
emperador en la guerra. Uno llevaba el almete o celada, otro la
lanza de armas, otro la jineta, otro la rodela, otro un arco con
flechas, otro ballesta, otro un arcabuz; y, así, todos los
señores y caballeros cortesanos iban de tres en tres; y detrás de
cada tres caballeros, tres pajes que les llevaban las armas,
lanza y celada, los caballos encubertados, las armas y vestidos
de tanta riqueza cuanta a cada uno fue posible...
"Domingo 16 de mayo entró el emperador en la galera capitana
de Andrea Doria, acompañado de muchos grandes y caballeros de la
corte, y dio la vuelta por la armada, siguiéndole todas las
galeras, levantándose del lugar donde estaban amarradas, haciendo
una brava salva la armada de Portugal y respondiéndola todos los
bajeles que había en la playa.
"Tratóse en consejo de guerra que no se consintiesen en la
armada mujeres ni muchachos, ni otra gente inútil más de aquellos
solos que eran para pelear; pero no bastó este rigor, que si las
sacaban de un navío las recogían en otro. Y, así, se hallaron en
Túnez más de cuatro mil mujeres enamoradas que habían pasado. Que
no hay rigor que venza y pueda más que la malicia.
"Para embarcar los caballos isn trabajo hicieron unas balsas
grandes de madera. Despidieron cien lanzas de las que los
caballeros andaluces enviaron, porque por los muchos caballeros y
caballos que habíaz faltaba pasaje para embarcarse... Para
remediar esta falta quitaron a cuatro galeras la palazón, que
metieron en ellas los caballos; de los cuales, por ir muy
apretados en las galeras y naos, murieron algunos...
"Estando ya casi todo aprestado para darse a la vela, el
emperador quiso que se hiciese una solemne procesión sacando el
santísimo sacramento, la cual salió de la iglesia mayor; y el
emperador llevó una vara del palio sin querer cubrir la cabeza;
el infante don Luis de Portugal, que por la posta había llegado a
la ciudad, llevó la otra y el duque de Calabria la tercera y la
cuarta el duque de Alba.
"Viernes a 28 de mayo, antes de amanecer, partió por la
posta almonasterio de nuestra señora de Monserrate a visitar la
santa imagen, cuyo devoto siempre fue. Aquí confesó y comulgó y
el mesmo día, en la tarde, volvió a Barcelona, que son siete
leguas catalanas de camino.
Y, por fin, llegó el día de la partida:
"Domingo 30 de mayo, día de San Felices, papa y mártir, al
abrir del día, sonó la trompeta por la ciudade, habiéndose antes
echado bando que en este día habían de partir. Era tanta la
priesa de los barcos a recoger la gente, y de la gente a entrar
en ellos, que casi no se entendían. El emperador oyó misa en
Nuestra Señora de la Mar y luego se vino a embarcar enla galera
bastarda de 26 bancos y cuatro remos por banco que Andrea Doria
hizo, y doró y adornó, para en que fuese su majestad.
En este libro de maravillas, incontinente, la descripción de
Sandoval de la galera imperial es adecuada, tal vez por su misma
incontinencia:
"Tenía esta galera 24 banderas de damasco amarillo, con las
armas imperiales por toda ella, y un pendón a media popa, de
tafetán carmesí, que llevaba ocho pierras (sic) y treinta palmos
en largo, con un crucifijo de oro; y otros dos, casi de su
tamaño, con sendos escudos de las armas del emperador; y allí
junto, una gran bandera blanca de damasco, sembrada de llaves, y
cálices y aspas de San Andrés coloradas, con un letrero en latín
al medio que decía:
"--Psal. 4: Arcum conteret et contringet arma: et scuta
comburent igni-- Gastará y quebrará el arco, quemará con fuego
los escudos de armas.
"Y otros dos damasco colorado delmismo grandor, con Plus
Ultra escrito alrededor de las columnas, que es divisa de España.
Tenía también otra bandera de dos ramales en la entena, con un
escudo y una celada, y con un escudo y letra latina que decía:
"--Aprehende arma et scutum; et exurge in adiutorium mihi--
Toma las armas y el escudo y ven en mi ayuda.
"Y otra en la gavia que llegaba al agua, con un grande ángel
y un mote que decía:
"--Misit Dominus Angelum suum qui custodiat te in omnibus
vis tuis-- Envió Dios su ángel que te guarde en todos tus
caminos.
"Y tres gallardetes, que llaman, en los tres mástiles, de
damasco colorado y de más de cinco varas de largo, el medio con
una estrella de oro y muchas llamas de fuego, y un mote tal:
"--Notas fac mihi Domine vias tuas-- Señor, muéstrame tus
caminos.
"Y los otros dos, que llevaban eslabones y pedernal con
muchas estrellas de fuego, decía:
"--Ignis ante ipsum praecedet-- El fuego irá delante de él.
"Asimismo, estaba la sala y cámara de popa cubierta de tela
de plata, oro y brocado de gtres altos, sin otras colgaduras de
raso y damasco de diversas labores, que todo era rico y costoso".
De Barcelona a Callar, en Cerdeña, en donde se le unieron
otros expedicionarios italianos, el 15 de junio tocarían tierra
africana. Sigue el prolijo relato de Sandoval, abigarrado y
colorista:
"Salió toda la ciudad a verlo embarcar, rogando a Dios le
diese victoria. Dispararon y soltaron la artillería de la ciudad,
y de las naos y galeras, que fue cosa de ver. Partió con tanta
música que dio grandísimo gusto a todos.
"Embarcados buen tiempo, trajeron vela. De allí a pcoo se
volvió el viento que habían llevado favorable y dio con ellos en
Mallorca; donde entró el emperador, suplicándoselo los ilsleños,
a comer en Alendía. Y el sábado, a 5 de junio, dos horas después
de mediodía, se redujo toda la armada que se había esparcido a
puerto Mahón, en la isla de Menorca, donde oyó misa el emperador
y esperó que todos se juntasen. Y en la isla de San Pedro oyó
misa y fue a caza con el infante, su cuñado, en dos caballos que
mandó desembarcar. Volvió sin cazar nada; pero, ya que se apeaba,
vio un puerco y matóle dentro de una laguna.
"Llegó, en fin, a Callar, ciudad de cuatro mil vecinos, a 11
de junio, día de San Bernabé de este año de 1535...
A partir de allí, al armada imperial no dejó de engrosarse
con nuevos llegados hasta convertirse en una magnífica máquina de
guerra plurinacional y políglota, verdaderamente europea. Tan
similar, por otra parte, a lo que pudiera ser la armada
turco-berberisca que cada primavera y verano era esperada con
temor por todas las riberas mediterráneas.
"Llevó el marqués del Vasto cinco mil italianos, con ocho
mil tudescos alemanes, sin otros muchos valientes y ejercitados
caballeros que trajo Maximiliano Ebestayn... Los soldados
españoles que se embarcaron en Castelamar fueron dos mil...
Vinieron cuatrocientos españoles de Lombardía, y entre ellos
había algunos que habían tenido cargos en otros ejércitos. Sintió
Antonio de Leyva, general de Lombardía, que se le viniese esta
gente, y los persigfuió hasta Nápoles. No llevaban éstos paga del
emperador, ni se les podía hacer otro cargo más de que dejaron
sus alojamientos sin orden del general... Serían los de Sicilia
dos mil y seiscientos; y, por todos, cinco mil soldados, gente
valerosa y de honra... En Nápoles se embarcron otros setecientos
soldados italianos...
"Cuatro soldados quisieron amotinar los demás, hablando
libremente lo que no les convenía. El marqués los prendió y,
acompañado de Rodrigo de Ripalda, maestre de campo, los
condenaron; los dos a la horca, y los otros dos a galeras, y que
jugasen entre sí al dado cuáles habían de morir. Hízose así, y
los que ganaron fueron luego al remo, los que perdieron a la
horca; y porque el uno era hidalgo, lo degollaron primero y
después lo colgaron con su compañero.
"Embarcó el marqué la gente de Italia en 28 naos gruesas que
para esto estaban aprestadas en Puerto Venere, allí cerca, y fue
a Nápoles y tomó los españoles qiue habían estado en Corrón, con
los demás que se habían juntado. Hízose luego a la vela, camino
de Callar, y de paso tomó la flota de Sicilia que estaba a cuenta
de don Berenguer de Requesens.
"Dio a los napolitanos tanta gana de hallarse en esta guerra
contra el cosario Barbarroja, que muchos se fueron con el marqués
y otros a sus aventuras. Y algunos señores armaron galeras a su
costa, como lo hicieron el príncipe de Salerno y el de Bisignano,
y el famoso capitán Hernando de Alarcón, que con sus hazañas,
asentadas como esmalte sobre la nobleza de su sangre de la
antigua casa de Escalante, mereció el renombre de Señor, con
otros títulos ilustres... El papa Paulo III envió las galeras,
como prometiera, con Virgilio Ursino, conde de Aguilara; y, aún,
fue hasta la Mariña a bendecir el pendón para el conde, rogando a
Dios por la victoria.
"De manera que tuvo el emperador por lista, en Callar,
veinticinco mil infantes, sin los cortesanos y sin los
aventureros; ocho mil eran alemanes; cinco mil italianos; los
demás españoles. Había también dos mil caballos, aunque algunos
cuentan más y otros menos; los ochocientos llevaban todas armas;
los otros, corazas y casquetes, con lanza y adarga, como jinetes,
o petos y morriones con malla, que por eso se llaman ligeros.
Eran los navíos más de 250, entre grandes y chicos, aunque dicen
llegaban a 300. Había sobre 60 urcas y naois flamencas, 40
galeones, 100 naves, 25 carabelas portuguesas y otras andaluzas.
Y aún el obispo de Sarabia, que largamente escribió esta
historia, dice que todas las velas, grandes y pequeñas, pasaban
de 420; en que había 145 de remo, sin contar los navíos de
aventureros. Y debe contar, en este gran número, las tafurcas,
escorchapines, azabras y otros bajeles. Había también muchos
bergantines, fragatas, fustas y algunas galeotas; 12 galeras del
papa, 4 de Malta con Aurelio Botigela, prior de Pisa; 15
españolas con don Alvaro de Bazán; 19 de Andrea Doria, 10 de
Sicilia cuyo capitán era Berenguer de Requesens; 9 de Génova, 6
de Nápoles con don García de Toledo, 5 de Antonio Doria, 2 del
señor de Mónaco. Así que todas serían las que el obispo dice, muy
bien armadas y ricamente guarnecidas, porque cada capitán quería
que sus galeras fuesen las mejores de remo y armas.
"Era, ciertamente, grande y hermosa flota, en la cual mostró
el emperador su gran poder. Llegó allí el marqués del Vasto con
toda la armada y aparejos hechos en Italia para aquesta empresa,
y con gran copia de bastimentos...
La etapa final del viaje a Túnez no dejó de contar con
incidentes que recoge el obispo Sandoval:
"Andando, pues, el emperador, visitando su armada, llegó a
él una pequeña barca con algunos cristianos que habían huido de
Túnez; los cuales le dijeron cómo Barbarroja, con extremada
diligencia, fortificaba la Goleta, en la cual andaban infinitos
cautivos y otros muchos reparándola y fortificándola; y,
asimismo, a la ciudad de Túnez en todo cuanto podía. Oido esto el
emperador, y visto que el tiempo era bueno, no se quiso más
detener, antes partió de allí al día siguiente...
"Díjose también que preguntaron al emperador quién había de
ser captián general en esta guerra; porque como había tantos
señores, reinaba entre ellos presunción. Y que su magestad,
estando armado y descubierta la cabeza, les mostró un crucifijo
levantado en alto, diciendo:
"--Aquel cuyo alférez soy yo...
Domingo a 13 de junio se embarcaron todos. Sería dos horas
antes de la noche. El tiempo era bueno y temíase que Barbarroja
no huyese. Gran parte de esta noche estuvo el emperador en
Consejo, hallándose en él los principales capitanes de toda la
armada, y salieron de él con el orden que todos habían de
guardar. Sobrevino un viento bueno y próspero. Tanto, que martes
de mañana estaban a vista de Bizerta, que es en Africa, dejando
la Numidia a mano derecha...
"A 15 de junio era aquí llegada toda la armada. Tocó en la
arena por un lado, al entrar, la galera capitana, que hizo
bambanear y titubear a cuantos en ella iban, y aún en los demás
puso cuidado. Pero Andrea Doria mandó de presto dar a la banda,
chiflando como buen marinero, y así la sacó de peligro...
"Vinieron de Vizcaya 42 navíos, Y porque llegaron a tiempo,
mandó el emperador que una parte de ellos fuese a socorrer a
Melilla, que la molestaba el rey de Fez a instancia de
Barbarroja...
"Llegada, pues, la armada a Puerto Farina, lugar puesto
entre la ciudad de Bizerta y las ruinas de Cartago, treinta
millas igualmente distante del uno y del otro, sin detenerse más,
el mismo día fue a surgir y tomar tierra en el cabo de Cartago,
aunque no es muy seguro, las banderas tendidas con que abultaba
doblado la flota.
"Tomáronse allí, luego, dos naos francesas cuyos hombres
confesaron al emperador que habían llevado el embajador que dije
del rey de Francia, que se decía Forestio o monsieur de la
Floresta, y otros dos de Barbarroja para el Gran Turco, con otros
dos suyos que habían estado con el rey Francisco. Por lo cual, se
publicó más por entero la trama del rey de Francia con los
turcos. Y todos los del emperador entendieron que habían avisado
aquéllos a Barbarroja de esta ida y armada" (65)
No podía ser menos brillante aquel remate fional con la
traición del rey de Francia a la Cristiandad. Era uno de los
momentos álgidos de la gloria del emperador Habsburgo.