"Tenía Muley Hascen un renegado genovés de quien mucho se
fiaba, llamado Ximad, el caul... le aconsejó accurriese
(acudiese) al Emperador... Y tomando éste por el mejor remedio
--aunque algunos alfaquíes le decían que jamás tendría paz con
sus vasallos si metía ejército de cristianos en el reino-- envió
con el propio renegado a suplicar al Emperador" (32).
Pidiera o no pidiera el depuesto rey tunecino la
intervención imperial, ésta ya estaba prevista con antelación. La
confluencia franco-argelina en sus acciones hostiles a los
intereses españoles y de sus aliados italianos, que culminaron en
el verano de 1534, y la ocupación de Túnez por Barbarroja,
debieron colmar la paciencia imperial; o, mejor, la impaciencia.
La expedición contra Túnez comenzó a organizarse de inmediato
para el año siguiente; se llevaría a cabo en el verano de 1535
con la presencia de Carlos V, que llegó a luchar personalmente en
puestos arriesgados a lo largo de la campaña.Sin duda que ya se
había pensado en una expedición berberisca. Desde 1529 se veía la
necesidad de una amplia acción contra Barbarroja: las
capitulacionjes con el rey de Tremecén, firmadas en marzo de
1533, tenían una orientación explicitada contra la Argel de
Barbarroja. Tras la caida de Túnez en poder de los
turco-argelinos, la misión del genovés Presendes intentaba atraer
a notables tunecinos a aquel gran frente magrebí contra el ya
poderoso señor de la Berbería central. Por otra parte, en 1534
iba a tener lugar un relevo en el gobierno de Orán; el marqués de
Comares ya había manifestado sus deseos de dejar aquel gobierno
en 1530, a la vez que insistía en la imperiosa necesidad de una
expedición contra Argel (33). Fue sustituido, finalmente, por el
conde de Alcaudete, con el que se iniciaba el último periodo de
gobierno con proyectos expansivos españoles en Berbería; hasta su
muerte, en el campo de batalla contra el hijo de Barbarroja. La
muerte de Martín de Córdoba, conde de Alcaudete, el 26 de agosto
de 1558 en Mostaganem, y el cautiverio de suhijo del mismo
nombre, también futuro gobernador de Orán, significaban el fin de
toda una época española en la región.
Pero volvamos veinticinco años atrás, a 1533. Las
capitulaciones firmadas en marzo de ese año se inscriben, una vez
más, en el marco de enfrentamientos internos en el reino de
Tremecén. El rey Abdallah el Maçote, después de 1529, había
tenido inclinaciones a pactar con Barbarroja contra los
españoles; éstos apoyaron, para presionarle, a su hijo Mohamed
que comenzó a actuar contra su padre y, finalmente, en 1532 el
rey tlemsení volvió a buscar la alianza con Castilla; envió
cartas a Carlos V y un embajador suyo llegaba hasta Granada
acompañado de Luis Hernández (34). Debió influir en la decisión
del rey de Tremecén la ocupación del puerto de One --Honein, al
oeste de Orán-- por Alvaro Bazán, en territorio tlemsení y desde
el que debían llevarse a cabo expediciones corsarias. "Don Alvaro
fue sobre ella con diez galeras y en ellas dos mil infantes
españoles y bien armados... Si bien los moros hicieron su deber
por defenderse, al segundo asalto... los moros que estaban en la
alcazaba salieron huyendo por un postigo falso. Prendiéronse, con
todo, mil y murieron más de seiscientos" (35).
El embajadro "Baudila, hijo del Meçuar nombrado Mahamet ben
Bogani", representando a "Abdala, hijo de Mulana, mandador de los
moros Abi Abdala eta Abati" --el rey Muley Abdala el Maçote--, en
su representación explicaba que venía "a negociar cosas que
convienen al servicio de V.Md. y contra este enemigo de
Barbarroja"; explicaba también que si no se enviaba pronto "un
caballero con el despacho..., los alárabes y caballeros perderán
la esperanza y Barbarroja hallará aparejo de dañar y hacer todo
lo que quisiere, y recibirá el rey mi señor algúnd año, pues es
vasallo de V.Md. y todos los moros de poniente y levante le son
enemigos y le dicen que es cristiano" (36). Ofrece, así mismo,
que si Carlos V envía armada, "podrá ser que el rey mi señor
querrá destruir algún lugar o tierras de Barbarroja...;
especialmente se puede destruir a Tenez y a Brisque y otras
tierras que se podrán dañar del reino de Argel" (37). El marqués
de Comares sintetizó bien lo que debía esperarse de aquellos
acuerdos: como vasallo y servidor debía ayudar contra Argel, en
empresa que debía hacerse de inmediato, y debía pagar las parias
"lo más a provecho de V.Md. que se pueda" (38). Finalmente, en
las capitulaciones firmadas en la villa de Espejo el 14 de marzo
de 1533, en las que Luis Hernández es uno de los intérpretes, se
concertaban los acuerdos; el rey de Tremecén pagaría cuatro mil
doblas, con seguridades de mercaderes judíos como en anteriores
ocasiones; se autorizaría a los tlemseníes a llevar trigo, cebada
y otros bastimentos a Orán; Carlos V enviaría, cuando lo
necesitase el rey de Tremecén, quinientos hombres cuyos gastos
correrían a cargo del rey tlemsení desde que saliesen de Orán,
obligándose el rey a dejar rehenes suficientes como garantía y
seguridad. En la confirmación de las capitulaciones por Carlos V
se dirá que el rey de Tremecén debe correr con los gastos de los
quinientos españoles desde "el día que en España hiciere su
muestra, como a Su Magestad cuestan", y que de momento no se
enviaran esos hombres pues "van a su favor las galeras de Su
Magestad" (39).
La impopularidad del rey tunecino Muley Hasan y del tlemsení
Abdallah, del que sus correligionarios "dicen que es cristiano",
era notoria en toda Berbería; este tipo de capitulaciones se
quedaban en meros formulismos frente a la potencia real de
Jeredín Barbarroja.
Querría recoger aquí, antes de pasar adelante con lamisión
de Presendes en Túnez para lograr un frente anti-Barbarroja
similar al que suponían estas capitulaciones con Tremecén, un
párrafo del informe de Luis Hernández, el referente a los rhenes.
El rehén era figura clásica, de tradición medieval, en las
relaciones cristiano-musulmanas en España; la misma palabra rehén
es de origen árabe. En el informe de Luis Hernández se enumeran
los posibles rehenes de las diferentes tribus árabo-berberiscas
tlemseníes; es de tal amplitud la enumeración y tan minuciosa,
que bien pudiera servir para que historiadores de aquel país
llevaran a cabo trabajos sobre las peculiaridades tribales
delmomento. Para mantener la fidelidad de esas tribus, Luis
Hernández cree que debe de distribuírseles dinero: "que se
despache correo al rey de Tremecén con muy buenas palabras y
obras de soltarle de las parias que él da a Su Magestad hasta
cantidad de dos mil doblas, antes más que menos, para que gaste y
dé a los alárabes y caballeros de su reino, con lo que él más da
de su casa" (40). La mitad de ese dinero debía ir para los jeques
más próximos a los argelinos, en la región de Tenes: "Su Magestad
escriba a los Xeques principales del reino, especialmente al
Xeque Hamida y al Xeque Bendaquix, su primo, y al Xeque Ubid ben
Abdala, y a su primo Enahari; y a estos Su Magestad reparta
entrellos cuatro hasta mil doblas de las parias que da el rey de
Tremecén..., para que ninguno de estos servirá a Barbarroja,
porque estos son los que están más cerca de su tierra, que son
del reino de Tenes" (41).
"También se escriba a Hamida que lo que se hace con ellos es
por respeto del rey de Tremecén, y que hagan lo que él les
mandare, pues es servidor de Vuestra Magestad" (42).
"Los rehenes han de ser los siguientes:
"El que está jurado por príncipe, sobrino de este embajador,
que se dice Muley Hamet; el hijo del alcaide Hamet ben Bogani,
tío del embajador, Meçuar del rey; el hijo de Najar, Meçuar del
rey; y que den rehenes los de Ulet Zien a un hijo de Muley Hamet,
que es sobrino del rey, y un hermano del dicho Muley Hamet,
sobrino del dicho rey; y que den seis rehenes los de los
Abdulnedis; y que den en rehenes los hijos de los ciudadanos más
principales; y que den rehenes de los Xarifes y de los Ocobaniyn;
que den un hijo de Grabeli y otro hijo de los de Uled Xarqui;
otro hijo de Uled ben Çat; otro hijo de Uled Eliman; otro hijo de
Uled Melaha. Estos son hijos destos ciudadanos arriba dichos.
"Y den en rehenes hijos de los caballeros de Benarax,
dieciseis forzosos; y que den los hijos de los alárabes de Beni
Amar, hijo del Xeque Muça ben Abdala; otro hijo del Xeque
Benacarix; otro hijo de Bocatifa; otro hijo de los de Uled
Mahamet; otro hijo de Uled Ali Venat Abderramen; otro hijo de
Uled Xeque ben Bu Hamida; otro hijo de Zulimán ben Muça Alhozil;
otrohijo de Uled el Maymmon; otro hijo de Xibara ben Azaf; dos
hijos de Uled melluque, el uno hijo del Xeque Zaguir y el otro
primo suyo; otro hijo de Zaer Ben Abdelhabar; otrohijo de Uled
Mahamet ben Ziliman; otro hijo de Ziliman ben Hamet; otro hijo
del Xeque Mazot Alcazabi; un hijo de Tenori; otro hijo del
Çician, hijo de Burracaba.
"Y que den los hijos de los Alhajeces, que son dos linajes,
que son Aulet Yacob y Auled Marrefe, media docena de cada linaje
y más lo que el rey de Tremecén quisiere dar de más.
"Y que den rehenes de los Zuytas; un hijo del Xeque Hamida
que se dice Ataman; unhijo de Hamet ben Daquix; unhijo de Auit
ben Abdala; un hijo de Hamet ben Ahari, su sobrino. Y que reciban
rehenes de Uled Talha, que son de los alárabes de poniente del
reino de Tremecén, hijos de Uled Mançor, tres; hijos de Uled
Matafar, tres; hijos de Uled de Muça, tres; hijos de Uled Yacob,
tres" (43).
Un verdadero laberinto de nombres tribales y transcripciones
más o menos caóticas, del mismo siglo XVI, buen ejercicio para
arabistaqs que desearan desentrañarlas. En fin. La amplitud del
fenómeno, por otra parte, es espectacular.
Meses después, hombres de gran influencia en asuntos
mediterráneos como Pero González de mendoza o Berneguer Doms, se
dirigían al Emperador en estos mismos términos, y aún ampliados:
"Ha días que está aquí un embajador del rey de Tremecén, que
es cuñado del mismo rey, con el cual el marqués de Comares en
nombre de V.Md. tomó asiento... Muestra mucho deseo de que V.Md.
mande hacer la empresa de Argel, para cuya ayuda él ofrece su
persona y poder, y ciertos jeques de su valía...
"Las 19 galeras que están aquí... podrán señorear el mar y
encerrar a Barbarroja en Argel; lo cual será causa de quitarle el
provecho de la mar y moverle guerrerías por tierra; y gastarle y
cansarle hastaq que se pueda hacer la dicha armada y que el dicho
rey ayude a la dicha guerra de tierra con su gente; y con el
jeque Umida y con otros jeques de la comarca, y que al mismo
tiempo se escriba a los dichos jeques.
"...Para ayudar a entretener a los dichos jeques, en tanto
que se gana Argel, sería bien que V.Md. mandase repartir las
dichas cuatro mil doblas de parias por los jeques y alárabes que
se declarasen por sus servidores, como el dicho rey lo pide;
porque si no son entretenidos podría ser que, como gente de
guerra pobre, hiciesen partido con otro que fuese contrario; y
que el dicho rey nombrase los dichos jeques, pero que las dichas
cuatro mil doblas se les dé en nombre de V.Md. y por persona
suya, poruqe conozcan que las reciben de V.Md. y que han de
seguir su servicio..." (44).
La muerte del rey Muley Maçote --el rey Abdallah-- trajo
consigo una nueva crisis en el reino tlemsení. Dos de sus hijos,
Mohamed y Baudila --Buabdallah, Boabdil-- se disputaron el trono,
ante la espectativa de los españoles. Una vez más, la tentación
española y la tentación argelina planeaban sobre los miembros de
la decadente dinastía zyaní. En un momento de auge del poder de
Barbarroja --la ocupación de Túnez--, el pretendiente Mohamed
debió pensar en él como aliado, puesto que "Muley Baudila" y su
abuelo "ben Raduan" prepararon capitulaciones con el nuevo
gobernador de Orán, Martín de Córdoba, conde de Alcaudete, en
junio de 1535, "en el campo, media legua de la ciudad de Orán, en
sus tiendas y aduares", en presencia de "Cequin Arasyo, genovés
mercader", en poder del que dejaron doce rehenes, hijos de jeques
y personas principales (45). Capitularon pagar seis mil doblas de
parias anuales "desde el día que entrare en Tremecén; si era
aceptado, ofrecían pagar la mitad en especie --"tres mil fanegas
de trigo, puestas en esta ciudad (Orán), por mil quinientas
doblas, y seis mil fanegas de cebada por otras mil quinientas
doblas"-- y la otra mitad "de contado" (46). "Darán todos los
cautivos cristianos que estuvieren en el reino cautivos" y se
comprometían también a que "todos los cristianos que saliesen de
esta ciudad (Orán) para irse a tornar moros..., ninguno de ellos
acogerán ni consentirán que estén en el reino de Tremecén" (47).
"Pues Su Magestad no se aprovecha del reino de Tenes y lo tienen
usurpado enemigos..., se lo mande entregar; y que darán por él
las parias que a su capitán general... les pareciere que se
pueden dar" (48). Para "hacer guerra en Argel..., servirán a Su
Magestad con mil de a caballo a su costa todo el tiempo que
durare la guerra" (49). A la gente que había pedido para que le
ayudasen a recuperar el reino, punto central de las
capitulaciones, se comprometía a pagarles las costas hasta "diez
o quinjce días, poco más o menos, después de puestos en Orán de
vuelta, para que puedan tornarse a Castilla, y fletes de navíos"(50).
Estos acuerdos, una vez más, fueron ineficaces. Tras la
ocupación de Túnez por Carlos V y la derota de "Muley Baudili"
por suhermano Mohamed, nuevo rey de hecho en Tremecén, aquel y su
abuelo "ben Reduan" hubieron de refugiarse en Orán. El nuevo rey
tlemsení, antiguo protegido de los españoles contra su padre
muerto, pasada la tentación de alianza argelina, volvió de nuevo
a pactar y capitular con los españoles a raíz de la entrada
triunfal de Carlos V en Túnez, en elmismo verano de 1535 (51). El
pretendiente Buabdallah y su abuelo fueron, desde entonces, una
baza del conde de Alcaudete para presionar al rey de Tremecén en
el futuro. Un futuro muy agitado, como se verá, y con una sola
orientación posible: los últimos reyes zyaníes estaban condenados
a ser absorbidos por un régimen más poderoso; sólo quedaba saber
si éste iba a ser el español o el nuevo régimen argelino que
instaurara Barbarroja.
La lista de rehenes que se especifica en esta última
capitulación mencionada, nuevamente un laberinto de caóticas
transcripciones de época, quiero recogerla a continuación para
cerrar este paréntesis de negociaciones inútiles, si no
imposibles:
"De Uled el Maymon, dos hijos, el uno se llama Muça, el toro
el Turqui.
"El hijo de Gibara ben Yçade, llamado Nacar.
"El hijo de Boascar, que se dice Fasuz.
"El hijo de Adeyfa, llamado Ali.
"Ben Boracaba, su hijo que se dice Hamete.
"El hijo de Mançor ben Azier, llamado Bulcaçan.
"El rehen de Guerrebe, ben Açali.
"Los hijos de Abdala.
"El hijo de Liçerxehe Adulcaria.
"El hijo de Lexin.
"Los dos hijos de Abdala ben Acarix.
"El hijo de Abdala ben Ali, que se dice Muça.
"El hijo de Hagi, que se dice Adurrafaman.
"El hijo de Regued, que se dice Oydix.
"El hijo de Bocatifa, que se dice ben Aza.
"El hijo de Zayr ben Malula.
"El hijo de ben Querxo.
"El hijo del señor ben Raduan el Carbi.
"Su hijo de ben Torat, llamado Maçote.
"Su hijo de Buzien Benazan" (52)
Aquellos hijos de notables y jeques, jóvenes testigos de una
situación irreal y fantasiosa, es posible que no padecieran una
situación muy diferente a los mismos cautivos, en cuanto a su
libertad vigilada en Orán y mayor o menor desarraigo.