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"Corsarios o Reyes. De la saga de los Barbarroja a Miguel de Cervantes"

 

   
   

II.- HACIA UN CLASICISMO DEL RÉGIMEN ARGELINO: LA FIGURA HONORABLE
Y DIGNIFICADA DEL VALIENTE Y HEROICO CORSARIO.

   

2.5.- PRIMEROS PREPARATIVOS IMPERIALES CONTRA TÚNEZ: CAPITULACIONES DEL NUEVO GOBERNADOR DE ORÁN, CONDE DE ALCAUDETE, CON EL REY DE TREMECÉN MULEWY BAUDILI EL MAÇOTE, CON UN VERDADEROLABERINTO DE NOMBRES DE REHENES Y TRIBUS TLEMSENÍES
 

"Tenía Muley Hascen un renegado genovés de quien mucho se
fiaba, llamado Ximad, el caul... le aconsejó accurriese
(acudiese) al Emperador... Y tomando éste por el mejor remedio
--aunque algunos alfaquíes le decían que jamás tendría paz con
sus vasallos si metía ejército de cristianos en el reino-- envió
con el propio renegado a suplicar al Emperador" (32).

     Pidiera o no pidiera el depuesto rey tunecino la

intervención imperial, ésta ya estaba prevista con antelación. La

confluencia franco-argelina en sus acciones hostiles a los

intereses españoles y de sus aliados italianos, que culminaron en

el verano de 1534, y la ocupación de Túnez por Barbarroja,

debieron colmar la paciencia imperial; o, mejor, la impaciencia.

La expedición contra Túnez comenzó a organizarse de inmediato

para el año siguiente; se llevaría a cabo en el verano de 1535

con la presencia de Carlos V, que llegó a luchar personalmente en

puestos arriesgados a lo largo de la campaña.Sin duda que ya se

había pensado en una expedición berberisca. Desde 1529 se veía la

necesidad de una amplia acción contra Barbarroja: las

capitulacionjes con el rey de Tremecén, firmadas en marzo de

1533, tenían una orientación explicitada contra la Argel de

Barbarroja. Tras la caida de Túnez en poder de los

turco-argelinos, la misión del genovés Presendes intentaba atraer

a notables tunecinos a aquel gran frente magrebí contra el ya

poderoso señor de la Berbería central. Por otra parte, en 1534

iba a tener lugar un relevo en el gobierno de Orán; el marqués de

Comares ya había manifestado sus deseos de dejar aquel gobierno

en 1530, a la vez que insistía en la imperiosa necesidad de una

expedición contra Argel (33). Fue sustituido, finalmente, por el

conde de Alcaudete, con el que se iniciaba el último periodo de

gobierno con proyectos expansivos españoles en Berbería; hasta su

muerte, en el campo de batalla contra el hijo de Barbarroja. La

muerte de Martín de Córdoba, conde de Alcaudete, el 26 de agosto

de 1558 en Mostaganem, y el cautiverio de suhijo del mismo

nombre, también futuro gobernador de Orán, significaban el fin de

toda una época española en la región.

     Pero volvamos veinticinco años atrás, a 1533. Las

capitulaciones firmadas en marzo de ese año se inscriben, una vez

más, en el marco de enfrentamientos internos en el reino de

Tremecén. El rey Abdallah el Maçote, después de 1529, había

tenido inclinaciones a pactar con Barbarroja contra los

españoles; éstos apoyaron, para presionarle, a su hijo Mohamed

que comenzó a actuar contra su padre y, finalmente, en 1532 el

rey tlemsení volvió a buscar la alianza con Castilla; envió

cartas a Carlos V y un embajador suyo llegaba hasta Granada

acompañado de Luis Hernández (34). Debió influir en la decisión

del rey de Tremecén la ocupación del puerto de One --Honein, al

oeste de Orán-- por Alvaro Bazán, en territorio tlemsení y desde

el que debían llevarse a cabo expediciones corsarias. "Don Alvaro

fue sobre ella con diez galeras y en ellas dos mil infantes

españoles y bien armados... Si bien los moros hicieron su deber

por defenderse, al segundo asalto... los moros que estaban en la

alcazaba salieron huyendo por un postigo falso. Prendiéronse, con

todo, mil y murieron más de seiscientos" (35).

     El embajadro "Baudila, hijo del Meçuar nombrado Mahamet ben

Bogani", representando a "Abdala, hijo de Mulana, mandador de los

moros Abi Abdala eta Abati" --el rey Muley Abdala el Maçote--, en

su representación explicaba que venía "a negociar cosas que

convienen al servicio de V.Md. y contra este enemigo de

Barbarroja"; explicaba también que si no se enviaba pronto "un

caballero con el despacho..., los alárabes y caballeros perderán

la esperanza y Barbarroja hallará aparejo de dañar y hacer todo

lo que quisiere, y recibirá el rey mi señor algúnd año, pues es

vasallo de V.Md. y todos los moros de poniente y levante le son

enemigos y le dicen que es cristiano" (36). Ofrece, así mismo,

que si Carlos V envía armada, "podrá ser que el rey mi señor

querrá destruir algún lugar o tierras de Barbarroja...;

especialmente se puede destruir a Tenez y a Brisque y otras

tierras que se podrán dañar del reino de Argel" (37). El marqués

de Comares sintetizó bien lo que debía esperarse de aquellos

acuerdos: como vasallo y servidor debía ayudar contra Argel, en

empresa que debía hacerse de inmediato, y debía pagar las parias

"lo más a provecho de V.Md. que se pueda" (38). Finalmente, en

las capitulaciones firmadas en la villa de Espejo el 14 de marzo

de 1533, en las que Luis Hernández es uno de los intérpretes, se

concertaban los acuerdos; el rey de Tremecén pagaría cuatro mil

doblas, con seguridades de mercaderes judíos como en anteriores

ocasiones; se autorizaría a los tlemseníes a llevar trigo, cebada

y otros bastimentos a Orán; Carlos V enviaría, cuando lo

necesitase el rey de Tremecén, quinientos hombres cuyos gastos

correrían a cargo del rey tlemsení desde que saliesen de Orán,

obligándose el rey a dejar rehenes suficientes como garantía y

seguridad. En la confirmación de las capitulaciones por Carlos V

se dirá que el rey de Tremecén debe correr con los gastos de los

quinientos españoles desde "el día que en España hiciere su

muestra, como a Su Magestad cuestan", y que de momento no se

enviaran esos hombres pues "van a su favor las galeras de Su

Magestad" (39).

     La impopularidad del rey tunecino Muley Hasan y del tlemsení

Abdallah, del que sus correligionarios "dicen que es cristiano",

era notoria en toda Berbería; este tipo de capitulaciones se

quedaban en meros formulismos frente a la potencia real de

Jeredín Barbarroja.

     Querría recoger aquí, antes de pasar adelante con lamisión

de Presendes en Túnez para lograr un frente anti-Barbarroja

similar al que suponían estas capitulaciones con Tremecén, un

párrafo del informe de Luis Hernández, el referente a los rhenes.

El rehén era figura clásica, de tradición medieval, en las

relaciones cristiano-musulmanas en España; la misma palabra rehén

es de origen árabe. En el informe de Luis Hernández se enumeran

los posibles rehenes de las diferentes tribus árabo-berberiscas

tlemseníes; es de tal amplitud la enumeración y tan minuciosa,

que bien pudiera servir para que historiadores de aquel país

llevaran a cabo trabajos sobre las peculiaridades tribales

delmomento. Para mantener la fidelidad de esas tribus, Luis

Hernández cree que debe de distribuírseles dinero: "que se

despache correo al rey de Tremecén con muy buenas palabras y

obras de soltarle de las parias que él da a Su Magestad hasta

cantidad de dos mil doblas, antes más que menos, para que gaste y

dé a los alárabes y caballeros de su reino, con lo que él más da

de su casa" (40). La mitad de ese dinero debía ir para los jeques

más próximos a los argelinos, en la región de Tenes: "Su Magestad

escriba a los Xeques principales del reino, especialmente al

Xeque Hamida y al Xeque Bendaquix, su primo, y al Xeque Ubid ben

Abdala, y a su primo Enahari; y a estos Su Magestad reparta

entrellos cuatro hasta mil doblas de las parias que da el rey de

Tremecén..., para que ninguno de estos servirá a Barbarroja,

porque estos son los que están más cerca de su tierra, que son

del reino de Tenes" (41).

     "También se escriba a Hamida que lo que se hace con ellos es
por respeto del rey de Tremecén, y que hagan lo que él les
mandare, pues es servidor de Vuestra Magestad" (42).

     "Los rehenes han de ser los siguientes:
"El que está jurado por príncipe, sobrino de este embajador,
que se dice Muley Hamet; el hijo del alcaide Hamet ben Bogani,
tío del embajador, Meçuar del rey; el hijo de Najar, Meçuar del
rey; y que den rehenes los de Ulet Zien a un hijo de Muley Hamet,
que es sobrino del rey, y un hermano del dicho Muley Hamet,
sobrino del dicho rey; y que den seis rehenes los de los
Abdulnedis; y que den en rehenes los hijos de los ciudadanos más
principales; y que den rehenes de los Xarifes y de los Ocobaniyn;
que den un hijo de Grabeli y otro hijo de los de Uled Xarqui;
otro hijo de Uled ben Çat; otro hijo de Uled Eliman; otro hijo de
Uled Melaha. Estos son hijos destos ciudadanos arriba dichos.
"Y den en rehenes hijos de los caballeros de Benarax,
dieciseis forzosos; y que den los hijos de los alárabes de Beni
Amar, hijo del Xeque Muça ben Abdala; otro hijo del Xeque
Benacarix; otro hijo de Bocatifa; otro hijo de los de Uled
Mahamet; otro hijo de Uled Ali Venat Abderramen; otro hijo de
Uled Xeque ben Bu Hamida; otro hijo de Zulimán ben Muça Alhozil;
otrohijo de Uled el Maymmon; otro hijo de Xibara ben Azaf; dos
hijos de Uled melluque, el uno hijo del Xeque Zaguir y el otro
primo suyo; otro hijo de Zaer Ben Abdelhabar; otrohijo de Uled
Mahamet ben Ziliman; otro hijo de Ziliman ben Hamet; otro hijo
del Xeque Mazot Alcazabi; un hijo de Tenori; otro hijo del
Çician, hijo de Burracaba.
"Y que den los hijos de los Alhajeces, que son dos linajes,
que son Aulet Yacob y Auled Marrefe, media docena de cada linaje
y más lo que el rey de Tremecén quisiere dar de más.
"Y que den rehenes de los Zuytas; un hijo del Xeque Hamida
que se dice Ataman; unhijo de Hamet ben Daquix; unhijo de Auit
ben Abdala; un hijo de Hamet ben Ahari, su sobrino. Y que reciban
rehenes de Uled Talha, que son de los alárabes de poniente del
reino de Tremecén, hijos de Uled Mançor, tres; hijos de Uled
Matafar, tres; hijos de Uled de Muça, tres; hijos de Uled Yacob,
tres" (43).

     Un verdadero laberinto de nombres tribales y transcripciones

más o menos caóticas, del mismo siglo XVI, buen ejercicio para

arabistaqs que desearan desentrañarlas. En fin. La amplitud del

fenómeno, por otra parte, es espectacular.

     Meses después, hombres de gran  influencia en asuntos

mediterráneos como Pero González de mendoza o Berneguer Doms, se

dirigían al Emperador en estos mismos términos, y aún ampliados:

     "Ha días que está aquí un embajador del rey de Tremecén, que
es cuñado del mismo rey, con el cual el marqués de Comares en
nombre de V.Md. tomó asiento... Muestra mucho deseo de que V.Md.
mande hacer la empresa de Argel, para cuya ayuda él ofrece su
persona y poder, y ciertos jeques de su valía...
"Las 19 galeras que están aquí... podrán señorear el mar y
encerrar a Barbarroja en Argel; lo cual será causa de quitarle el
provecho de la mar y moverle guerrerías por tierra; y gastarle y
cansarle hastaq que se pueda hacer la dicha armada y que el dicho
rey ayude a la dicha guerra de tierra con su gente; y con el
jeque Umida y con otros jeques de la comarca, y que al mismo
tiempo se escriba a los dichos jeques.
"...Para ayudar a entretener a los dichos jeques, en tanto
que se gana Argel, sería bien que V.Md. mandase repartir las
dichas cuatro mil doblas de parias por los jeques y alárabes que
se declarasen por sus servidores, como el dicho rey lo pide;
porque si no son entretenidos podría ser que, como gente de
guerra pobre, hiciesen partido con otro que fuese contrario; y
que el dicho rey nombrase los dichos jeques, pero que las dichas
cuatro mil doblas se les dé en nombre de V.Md. y por persona
suya, poruqe conozcan que las reciben de V.Md. y que han de
seguir su servicio..." (44).

     La muerte del rey Muley Maçote --el rey Abdallah-- trajo

consigo una nueva crisis en el reino tlemsení. Dos de sus hijos,

Mohamed y Baudila --Buabdallah, Boabdil-- se disputaron el trono,

ante la espectativa de los españoles. Una vez más, la tentación

española y la tentación argelina planeaban sobre los miembros de

la decadente dinastía zyaní. En un momento de auge del poder de

Barbarroja --la ocupación de Túnez--, el pretendiente Mohamed

debió pensar en él como aliado, puesto que "Muley Baudila" y su

abuelo "ben Raduan" prepararon capitulaciones con el nuevo

gobernador de Orán, Martín de Córdoba, conde de Alcaudete, en

junio de 1535, "en el campo, media legua de la ciudad de Orán, en

sus tiendas y aduares", en presencia de "Cequin Arasyo, genovés

mercader", en poder del que dejaron doce rehenes, hijos de jeques

y personas principales (45). Capitularon pagar seis mil doblas de

parias anuales "desde el día que entrare en Tremecén; si era

aceptado, ofrecían pagar la mitad en especie --"tres mil fanegas

de trigo, puestas en esta ciudad (Orán), por mil quinientas

doblas, y seis mil fanegas de cebada por otras mil quinientas

doblas"-- y la otra mitad "de contado" (46). "Darán todos los

cautivos cristianos que estuvieren en el reino cautivos" y se

comprometían también a que "todos los cristianos que saliesen de

esta ciudad (Orán) para irse a tornar moros..., ninguno de ellos

acogerán ni consentirán que estén en el reino de Tremecén" (47).

"Pues Su Magestad no se aprovecha del reino de Tenes y lo tienen

usurpado enemigos..., se lo mande entregar; y que darán por él

las parias que a su capitán general... les pareciere que se

pueden dar" (48). Para "hacer guerra en Argel..., servirán a Su

Magestad con mil de a caballo a su costa todo el tiempo que

durare la guerra" (49). A la gente que había pedido para que le

ayudasen a recuperar el reino, punto central de las

capitulaciones, se comprometía a pagarles las costas hasta "diez

o quinjce días, poco más o menos, después de puestos en Orán de

vuelta, para que puedan tornarse a Castilla, y fletes de navíos"(50).

     Estos acuerdos, una vez más, fueron ineficaces. Tras la

ocupación de Túnez por Carlos V y la derota de "Muley Baudili"

por suhermano Mohamed, nuevo rey de hecho en Tremecén, aquel y su

abuelo "ben Reduan" hubieron de refugiarse en Orán. El nuevo rey

tlemsení, antiguo protegido de los españoles contra su padre

muerto, pasada la tentación de alianza argelina, volvió de nuevo

a pactar y capitular con los españoles a raíz de la entrada

triunfal de Carlos V en Túnez, en elmismo verano de 1535 (51). El

pretendiente Buabdallah y su abuelo fueron, desde entonces, una

baza del conde de Alcaudete para presionar al rey de Tremecén en

el futuro. Un futuro muy agitado, como se verá, y con una sola

orientación posible: los últimos reyes zyaníes estaban condenados

a ser absorbidos por un régimen más poderoso; sólo quedaba saber

si éste iba a ser el español o el nuevo régimen argelino que

instaurara Barbarroja.

     La lista de rehenes que se especifica en esta última

capitulación mencionada, nuevamente un laberinto de caóticas

transcripciones de época, quiero recogerla a continuación para

cerrar este paréntesis de negociaciones inútiles, si no

imposibles:

     "De Uled el Maymon, dos hijos, el uno se llama Muça, el toro
el Turqui.
"El hijo de Gibara ben Yçade, llamado Nacar.
"El hijo de Boascar, que se dice Fasuz.
"El hijo de Adeyfa, llamado Ali.
"Ben Boracaba, su hijo que se dice Hamete.
"El hijo de Mançor ben Azier, llamado Bulcaçan.
"El rehen de Guerrebe, ben Açali.
"Los hijos de Abdala.
"El hijo de Liçerxehe Adulcaria.
"El hijo de Lexin.
"Los dos hijos de Abdala ben Acarix.
"El hijo de Abdala ben Ali, que se dice Muça.
"El hijo de Hagi, que se dice Adurrafaman.
"El hijo de Regued, que se dice Oydix.
"El hijo de Bocatifa, que se dice ben Aza.
"El hijo de Zayr ben Malula.
"El hijo de ben Querxo.
"El hijo del señor ben Raduan el Carbi.
"Su hijo de ben Torat, llamado Maçote.
"Su hijo de Buzien Benazan" (52)

     Aquellos hijos de notables y jeques, jóvenes testigos de una

situación irreal y fantasiosa, es posible que no padecieran una

situación muy diferente a los mismos cautivos, en cuanto a su

libertad vigilada en Orán y mayor o menor desarraigo.



[32] Mármol II, VI, fol. 248.
[33] Ver Mariño, op. cit., pp.  VXVII y CXVIII.
[34] Ib., pp.  CXVIII-CXIX.
[35] Mariño publica toda la documentación oficial de estos acuerdos en op.  cit., pp. 28 a 37. 
[36] Ibidem.
[37] Ibidem. 
[38] Ib., p.  34.
[39] Ib., pp.  34-37.
[40] Ib., p. 31. 
[41] Ib., p. 32.
[42] Ibidem. 
[43] Ib., pp. 32-33.
[44] Carta de los citados, de 19/5/1533, en "Archivo Histórico Español", VI, p. 508. 
[45] Mariño, op.  cit., pp. 38-41.
[46] Ibidem.
[47] Ib., p.  39. 
[48] Ibidem.
[49] Ibidem.
[50] Ib., pp. 39-40.
[51] Ib., p. CXXI.
[52] Ib., p. 40.


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