"La manera por donde Heyredin Barbarroxa se apoderó de
la
ciudad de Túnez:
"Muley Mohamete, padre de Muley Hascen, reinó en
Túnez
treinta y tres años y tuvo muchos hijos de diferentes
mujeres.
Los mayores se llamaron Naçer, Abderrahman, Mamon,
Arrexid,
Belhedi y el Hosceyn. Naçer y Abderrahman murieron
en
Constantina... A Mamon tenía el padre en el castillo
preso por
sospecha de rebelión, y los otros eran tan viciosos
que no se
determinaba de nombrar sucesor... Al fin se determinó de
nombrar
secretamente al el Hascen, su hijo menor y de una alarabía
principal llamada Gesia, hija del jeque Ismael y hermana
deljeque
Dorar, pareciéndole que era para más y más
belicoso que los otros
y que sería más favorecido de los alárabes
de Uled Yahaya, cuyos
jeques eran aquellos, que son los más poderosos
de aquel reino.
Muerto Muley Mahamete, Mamon --a quien pertenecía
el reino por
ser hijo mayor--, con acuerdo del alcaide del castillo
que le
tenía preso, quiso soltarse de la prisión
y tomar posesión del
reino, mas el Hafcen... le hizo matar luego de un escopetazo.
Y
juntando los de su parcialidad, que de secreto le habían
jurado
en vida de su padre, se hizo luego llamar rey y señor
de Túnez
con favorable voz del pueblo" (1).
El relato de Sandoval debió sonar mucho más
exótico y
oriental para los oídos cristianos: "Mahumet,
rey de Túnez, tuvo
treinta hijos varones en doscientas mujeres y mancebas,
según una
relación que hizo en Bruselas un embajador de Muley
Hamidi que
vino allí, al emperador, en 1555. El mayor de estos
hijos se
llamó Maimón, el segundo Racit... Pero como
Hazan o Hacem,
muriendo el padre, mató y cegó todos los
hermanos que pudo coger,
Racit huyó a Bizcar, lugar muy dentro en tierra,
donde se casó
--sin embargo, tenía otras mujeres-- con hija del
jeque Abdalla,
el cual lo trataba como a rey pensando que algún
tiempo lo sería,
y no le consentía comer nada la mujer sin que ella
primero
hiciese la salva, por miedo de yerbas" (2). Este
Abdalla era
jeque en Bixcara, en Numidia, según Mármol,
sin duda la región
argelina actual del hermoso palmeral de Biskra, de muy
acusada
personalidad aún hoy.
"Acaeció, estando allí, que Muley
Hafcen hizo guerra a
Mezquin, enemigo de Dorac, su capitán general y
hermano de
Lentigesia, su madre; para la cual (guerra) procuró Mezquin
favor
y gente de muchos alárabes y trajo al ejército
a Racit, vestido y
honrado como rey de Túnez, para mover la ciudad
y reino contra
Muley Hacem. De manera que Racit fue como rey sobre Túnez,
con
gran ejército de infantería y caballos, y
por ganar la voluntad
de todos se casó con una hija de Ulat, jeque; el
más principal
era Bejar, do asentó el real. Peleó con Dorac
en los huertos mas,
aunque venció, no pudo entrar en la ciudad" (3).
En el ejército reunido por el rey Hasán
estaban también "los
turcos y Rabatines de su guardia", sobre todo mercenarios
españoles, que defendieron bien Túnez (4).
Rasid "aguardó cerca
de veinte días creyendo todavía que se rebelarían
por ellos de
Túnez contra su hermano Hacem; y como no se rebelaron,
quemó el
campo de Marza, que todo era olivares y jardines, cosa
la más
rica y deleitosa de aquellas tierras; y, así, decían
que no se
acordaban haber Túnez recibido tanto daño" (5).
Tras esta campaña, "Arraxid... despidiendo
los alárabes para
Numidia, se fue la vuelta de Argel a pedir socorro a Barbarroja,
el cual le recibió muy bien... Y diciéndole
que para una tan
grande empresa era necesario dar cuenta al Gran Turco,
le llevó
consigo a Constantinopla" (6).
Es este uno de los momentos estelares de Jeredín
Barbarroja.
En el verano de 1533 viajó a Constantinopla con
cuarenta velas;
al año siguiente, con ochenta velas y veinte fustas,
regresó
triunfalmente, nombrado gran almirante de la flota otomana;
después de causar verdadero terror en las costas
de Italia,
Jeredín ocupó Túnez y se instaló allí,
mientras que un gobierno
de confianza en Argel suponía, de hecho, el inicio
del periodo
post-barbarroja en el gobierno argelino. Barbarroja rondaba,
por
entonces, los cincuenta años. Es muy significativo
el hecho de
que Antonio de Sosa niegue este viaje del verano de 1533
--de
hecho, como sucedía en otras ocasiones, adelanta
un año completo
la conquista de Túnez-- y lo posponga a después
de la caída de
Túnez en poder del emperador Carlos en 1535; relaciona
el viaje
Antonio de Sosa, además, con la caída en
desgracia y asesinato
del visir Ibrahim (marzo de 1536), que de hecho parece
que había
sido protector de Jeredín Barbarroja en la corte
otomana. Los
informantes de Sosa, procedentes de los medios corsarios
argelinos, pretendían con esta versión de
los hechos engrandecer
más aún la figura de Jeredín y ponerle
a salvo en la caída en
desgracia del que fuera su protector, el también
mitificado por
la leyenda visir Ibrahim.
La narración de Sosa, taimada y elegante como
siempre,
mantiene --como dijimos-- el error de adelantar exactamente
un
año la fecha de lo sucedido en Túnez: sitúa
en el verano de 1533
la conquista de Túnez por Barbarroja y mantiene
a Jeredín al
frente del reino conquistado durante dos años de
intenso corso
contra los cristianos. El origen de esta versión
--esos medios
corsarios y renegados argelinos que informaran al cautivo
Sosa--
la convierte en verdadera "versión oficial" de
los hechos,
versión forjada precisamente en esos medios. La
cronología debió
ser violentada hasta transformarse para desligar a Jeredín
del
círculo de Ibrahim, cuya caída habría
supuesto en los medios
cortesanos de Estambul una verdadera conmoción.
Los cercanos al
nuevo gran almirante de la flota turca pretenderían
dejar fuera
de toda sospecha a su nuevo líder, muy influyente
en la corte, al
resaltar todo lo que pudiera oponerle al visir caído
y al ocultar
todo aquello que pudiera relacionarle amistosamente con él.
He aquí el hermoso relato de Sosa, condicionado
por dicha
pretensión:
"En el año 1532 los moros todos del reino
(de Túnez), y
principalmente los vecinos de la ciudad de Túnez,
estaban en
grandísima discordia con Muley Asán, su rey,
a causa que era
hombre muy cruel y había muerto malamente a muchos
de sus
hermanos y de los más principales moros. Por lo
cual, y por
quererse vengar del rey, escribieron muy en secreto a Barbarroja,
que estaba en Argel, rogándole mucho que con la
más gente que
pudiese se fuese a Túnez, prometiendole darle la
ciudad y todo el
reino.
"Tenía Barbarroja, desde el tiempo de su juventud --en que
estuviera tantos años en Túnez y su reino en compañía
de Aruch
Barbarroja, su hermano-- muy estrecha amistad con los más de
estos moros que agora le llamaban. Y por tanto, y porque con este
ofrecimiento de una ciudad y reino tan rico como aquel, venía a
hacerse un poderosísimo señor, y de la mayor parte de toda la
Berbería, no se detuvo en aceptar tan buen partido, aunque en su
ida puso alguna dilación por entonces; y escribió a los moros
de
Túnez que él se quedaba aparejando para ir --como era menester--
poderoso a hacer lo que querían.
"Con ésto han dicho algunos --como el Jovio-- que él se fue
a Constantinopla a pedir al Turco ayuda; pero turcos y renegados
de aquel tiempo afirman que no fue, mas que escribió luego al
Turco lo que pasaba pidiéndole que, en todo caso, le quisiese
enviar gente para que dejase Argel y sus tierras bien proveídas
y, juntamente, fuese a Túnez con las fuerzas necesarias; porque
con muy poca costa y guerras él esperaba hacerse a pocos días
señor de toda la Berbería, lo cual él no procuraba y adquiría
para sí, mas todo para la casa Otomana. "Y para mejor acabar
é
sto, envió a un renegado, su mayordomo, con dos galeotas
cargadas todas de riqueza, así para el Turco como para los bajás
de su Consejo.
"El Turco, sultán Solimán, que entonces reinaba, siendo como
era magnánimo y ambiciosísimo príncipe, holgóse
en extremo con el
aviso y ruegos de Barbarroja. Y, por tanto, mandó luego poner en
orden cuarenta galeras. Y como fue el verano siguiente, 1533, las
envió a Barbarroja con hasta ocho mil turcos, y con mucha
artillería y municiones de guerra, con esta orden: que no fuesen
a Túnez ni a otra parte de Berbería hasta que Barbarroja los
avisase a dónde habían de ir.
"Y, así, esta armada que guiaba el mayordomo de Barbarroja,
para cumplir con esta orden que le habían dado, llegada al cabo
de las Colonas, tierra de Calabria, pasó al Pharo de Mecina y
saqueó muchos lugares de toda aquella costa de Calabria, hasta
llegar a la isla de Ponce. Lo cual fue causa que Muley Asán, rey
de Túnez, se descuidase más, no pensando que Barbarroja ni
aquella armada quisiesen venir sobre él.
"Desta armada fue mucho antes avisado Barbarroja y, por
tanto, saliendo de Argel con mucha disimulación y como que iba en
corso, con hasta tres mil turcos en ocho galeras y diez galeotas
grandes --que se podían decir también galeras, aunque sutiles--,
y con otras cuatro galeotas más pequeñas y catorce bergantines,
porque ya sus bajeles eran muchos en número. y en principios del
mes de mayo de aquel año, dejando primero bien proveído Argel
y
todas sus tierras, y por su lugarteniente a un muy gran privado
suyo renegado, de nación sardo y capón, que se decía Asán
Aga,
fue a aguardar la armada del Turco. La cual, sabiendo cómo andaba
robando y saqueando por la costa de Calabria, luego le envió
aviso con una galeota que viniese a juntarse con él en Berbería.
Halló esta galeota la armada en la isla de Ponce; la cual,
recibido el aviso, hizo vela y se fue a juntar con Barbarroja y
sus bajeles a cabo Bono, muy cerca de Túnez.
"En el mes siguiente de junio, recogida esta armada, al
momento y sin más dilación se fue Barbarroja con ella a la
Goleta; y desembarcando con gran presteza toda la gente,
artillería y municiones, y dejando allí por guarda de sus bajeles
y galeras de Constantinopla alguna gente, se partió para Túnez
a
mucha priesa, llevando hasta diez mil hombres, arcabuceros todos,
y algunas piezas en carretas con intención de no dar algún tiempo
o espacio a Muley Asán, rey de Túnez, para poderse poner en
defensa.
"Luego que Barbarroja desembarcó en la Goleta tanta gente y
municiones, fue dello avisado el rey de Túnez; y como estaba tan
en odio de sus vasallos, bien entendió que todo ésto era cosa
acordada entre ellos y Barbarroja. Y, por tanto, no se teniendo
por seguro si se detenía más en Túnez, con la más
riqueza que
pudo y con sus mujeres e hijos, acompañado de algunos pocos
amigos y criados, se pasó a los alarbes sus parientes y amigos y,
de allí, a Carruán. Por lo cual entró luego Barbarroja
en Túnez
sin haber resistencia alguna. Y siendo recibido de todos con muy
grandes alegrías, fue también luego aceptado y jurado por rey.
"De la misma manera, luego también los vecinos de la ciudad
de Buxia, que está quince millas de Túnez, dentro por tierra,
y
los de Biserta, que está treinta y cinco a la marina para
poniente, y los de Mahometa, que está cincuenta para levante, y
los de Susa, que está ciento, y de Monasterio, que está ciento
y
doce, y los de Caliba, que está ciento, y los de Africa, a
cuatro, y los de los Alfaques y, finalmente, de los Gelves, que
está quinientas; y todo el restante del reino de Túnez --si no
fue el Carruán-- dieron la obediencia a Barbarroja. Y aún muchos
de los alarbes de la campaña más vecinos, de temor de Barbarroja,
se sujetaron también a él, trayéndole todos y ofreciéndole
muy
ricos presentes.
"Barbarroja, que en tan poco tiempo y sin echar mano a la
espada, se vio rey de un reino tan grande --y que, generalmente,
todos mostraban mucho contento de que fuese su rey y señor por el
odio entrañable que tenían a Muley Asán, que en sus cosas
era tan
en extremo cruel--, juzgó que no tenía qué temer. Por
lo cual
licenció luego las galeras todas del Turco y alguna parte de los
turcos que con ellas habían venido, todos muy contentos y
satisfechos. Y entre todos los que con él quedaron y los que de
Argel había llevado, se halló con ocho mil turcos.
"Tras ésto, la primera cosa que hizo fue fortificar luego la
Goleta con bestiones y terraplenos muy fuertes, con que de una
torre muy pequeña y flaca la hizo una fuerza muy grande, muy
principal y fuerte; en la cual puso muy gran número de artillería
y municiones, y hasta mil y quinientos turcos de guarnición. La
cual obra él acabó aquel invierno siguiente, trayendo muchos
moros alarbes gastadores de fuera, que nunca cesaban de trabajar.
Y, juntamento con ésto, metió todas sus galeotas desarboladas
dentro del canal y Estaño de la Goleta, do estaban muy seguras.
"La intención que Barbarroja tenía en fortificar desta
suerte la Goleta fue para que si algún poder de cristianos
viniese para echarle de aquel reino --como ya tenía aviso que el
Muley Asán andaba tratando y negociando con el emperador Carlos
V, ofreciéndose por su vasallo y representándole los grandes
daños que sus reinos y estados de Italia, como Cerdeña, Sicilia,
Calabria y Nápoles recibirían de fuerza con tan mal vecino como
era Barbarroja--, no sólo ellos tuviesen el desembarcar menos
seguro, pero se pudiese defender mucho mejor y hacerles grande
daño de la Goleta.
"Y porque el nervio de la guerra es el dinero y le
era necesario pagar tan gran número de turcos y proveer de muchas
cosas para defensión suya y conservación de aquel reino, dióse
luego a coger todo el dinero posible de todas partes; unas veces
rogando y otras con las artes ordinarias de tiranos, y
particularmente de turcos, con violencia y robos. Y no contento
con ésto, hacía que sus galeotas y las de los otros corsarios,
sus amigos y antiguos compañeros, saliesen a robar por todas las
costas y marinas de Italia. En las cuales todo aquel invierno de
1533 y todo el año de 1534, y parte del de 1535, hicieron
grandísimos estragos y daños, sin hallar quién les hiciese
resistencia o mostrase --siquiera-- la cara" (7).
A pesar de la coherencia del relato de Sosa y sus
precisiones --antigua amistad de Barbarroja con los tunecinos,
enumeración de fuerzas turcas y berberiscas, cuestiones
hacendísticas-- y de la referencia explícita
a Paulo Giovio,
sobre lo que habremos de volver, no era tal lo cuenta
Sosa como
se habían desarrollado los hechos. El verano de
1533 Jeredín
Barbarroja, mediado agosto, inició el viaje a Estambul
cargado de
fabulosos presentes para el sultán Solimán.
De las abundantes
narraciones de este viaje reproduciré dos de las
más completas y
elaboradas, la de Sandoval y la de un cautivo, Andrés
Ygarcia,
que hiciera con Barbarroja dicho viaje. Pero antes, y
para mejor
comprender la oportunidad y sentido de este fastuoso viaje,
debe
ser precisada la gran operación diplomática
franco-turca en la
que podía insertarse, la formación de un
eje Marsella-Argel (8)
anti-habsburgo para el Mediterráneo occidental.
En noviembre de 1532, a la vuelta a Estambul de Solimán
después de la segunda campaña contra Hungría
y Austria, el
comunero Rincón, embajador y agente del rey francés
Francisco I,
había continuado las negociaciones con los Otomanos
desde
Venecia, paralelamente a la embajada de Fernando de Habsburgo,
rey de Austria y Bohemia, que encabezara Jerónimo
Zara y que
lograría una "paz perpetua" entre el
hermano de Carlos V y
Turquía. El envío a Estambul de Camilo Orsini,
representante en
Hungría del rey francés, también
estaría relacionado con estas
negociaciones diplomáticas secretas. El espionaje
mutuo de
franceses e imperiales tenía informados a unos
de las gestiones
de los otros; en esta ocasión parece que el greco-veneciano
Aloysi Gritti informaba a los agentes de Carlos V de estas
gestiones francesas y que la "reputación de
traidor a la
cristiandad" del rey francés "no cesaba
de acrecentarse" (9).
En el verano de 1533, y a la vez que Francisco I iba
a
Marsella para entrevistarse con el papa Clemente VII, "un
enviado
de Barbarroja vino a verle a Puy en Velay. Traía
consigo cierto
número de prisioneros franceses todavía
encadenados que liberó en
presencia del rey... Le traía suntuosos regalos,
entre ellos un
león. Poco después, un enviado de Solimán
llegaba también a
Francia" (10). La gran ofensiva diplomática
estaba en marcha. El
español Antonio Rincón pasó por Africa
para entrevistarse con
Barbarroja, sin duda en el inicio del verano, cuando éste
preparaba su viaje a Estambul, y desde allí, vía
Rodas, fue a
Alepo, en Siria, en donde estaba el gran visir Ibrahim.
Allí se
negociaría la coordinación de la armada
que pronto iba a estar a
las órdenes de Barbarroja con posibles iniciativas
francesas.
También Barbarroja pasó por Alepo antes
de lograr ser nombrado
gran almirante de la armada turca --Kapudan Pachá--
por Solimán y
antes de regresar a occidente en el verano de 1534. Con él
venía
la primera embajada otomana que llegaría a París.
Al mismo
tiempo, Solimán y su gran visir Ibrahim emprendían
la expedición
a los confines orientales del imperio de donde, tras la
conquista
de Bagdag (1534) y una larga estancia en esa ciudad, volverían
a
Estambul en el invierno de 1535; en enero de 1536 estaban
ambos
de nuevo en la capital otomana.
Pero volvamos al relato que Sandoval dejó de estos
hechos.
Los hace arrancar del momento en el que Jeredín
Barbarroja envía
a Estambul una misión con despojos de las galeras
de Portundo
(después de 1529) y Solimán le responde
enviándole una invitación
para pasar a Estambul, tras la conquista de Andrea Doria
de Modon
y Patras (en 1532):
"Envió (Jeredín) al Turco un rico
presente y las nuevas de
la victoria que había habido de Rodrigo de Portundo,
y también a
Abrahim Basá, gran privado del Turco. Cumpliéronse
sus deseos en
una ocasión, que fue que, habiendo ganado Andrea
Doria, por el
Emperador, a Corrón, Patrás y Dardanelos,
haciendo huir la armada
turquesca... tuvo Solimán necesidad de él
para contra la armada
imperial, haciéndole almirante de la mar, porque
sabía no haber
mejor corsario ni tan poderoso en todo el mar, ni hallaba
otro
capitán para poner delante de Andrea Doria. De manera
que, con
acuerdo de sus bajáes, en especial de Abrahim, que
lo mandaba
todo, despachó a Zinam, uno de la guarda de su cámara,
en una
galera de Mangali, capitán de Rodas, a rogar y llamar
a
Barbarroja que fuese a Constantinopla para ser su almirante
mayor.
"Alegróse grandemente Barbarroja con tal mensaje; tanto, que
aún no lo podía creer. Hizo grande honra al mensajero y dióle
ricos dones. Pensaba, por aquella vía, enseñorearse de toda la
ribera de Berbería, como después casi la tuvo. Y para ir a
Constantinopla sin cuidado y dejar en Argel seguro a su hijo
Azán, hizo paces con Benalcadi, señor del Cuco, y aún
con el rey
de Francia, enviándole recados y presentes y ofreciéndole su
ayuda. Hubo en el presente leones y tigres. Es verdad que las
nombraba treguas el mismo rey, hablando y escribiendo de los
tratos y negociaciones que tenía con Barbarroja. Encomendó la
guarda de Argel y de Azán su hijo, que no tenía sino veinte años,
a Celebi Rabadán, pariente suyo, y a otro capitán llamado Agi.
"Aderezó sus navíos y los ajenos que pudo haber para
su jornada. Procuró tomar tigres, leones y otras fieras para
presentar al Turco. Atavió muchos muchachos y doncellas hermosas,
y algunos capados, para dar y, por grandeza, quiso llevar los
cautivos de rescate, sin los de galera. Llevó también a Muley
Racis, hermano del rey de Túnez, que los años pasados se le había
encomendado diciéndole que él le haría con el Gran Turco
que le
hiciese rey de Túnez a fuerza de armada" (11)
Progresivamente, a través de estos relatos de
otras fuentes
del momento, los detalles inexactos de la versión
recogida por
Sosa en Argel --de estimable veracidad, por otra parte--
se van
perfilando. La ficción de fechas de Sosa tiene
algunas
consecuencias lógicas; para Sosa, el sucesor de
Barbarroja en
Argel, ya desde el viaje mismo a Estambul, es el eunuco
sardo
Hasán Aga, el que se enfrentaría a Carlos
V en 1541, memorable
personaje; Hasán Aga, sin embargo, y junto a Cachidiablo,
parece
que acompañaron a Jeredín en la expedición
del verano de 1533,
según el relato del testigo presencial que recogemos
en el
capítulo siguiente, así como en la conquista
de Túnez y en su
defensa frente al emperador en el verano de 1535; sólo
después se
haría cargo del gobierno argelino cuando Barbarroja
vaya de nuevo
a Estambul aquel otoño. El hijo de Barbaroja, que
Sandoval dice
que tenía 20 años entonces, es el futuro
Hasán Bajá, uno de los
políticos berberiscos más clarividentes
del XVI, afianzador del
régimen instaurado por su tío y por su padre.