La toma del Peñón de Argel, junto
con las noticias recibidas
sobre el avance triunfal de Solimán hacia Viena,
debió crear un
fuerte impacto en toda Berbería. Aquel verano y
el otoño debieron
ser de particular euforia en los medios corsarios berberiscos,
euforia que se vería coronada por la verdadera
hazaña de "un muy
valiente y arriscado corsario de nación turco",
Cachidiablo (73),
que seis años después, en 1535, moriría
cerca de Túnez, en plena
retirada de aquella ciudad después de una amarga
jornada para los
berberiscos, pues "con ser hombre grueso y lleno
de calor bebió
una agua podrida y rebentó por beber" (74).
Estando Barbarroja en Argel "para concluir las paces
y
conciertos que había años trataba con el
rey de Cuco y del Labes"
(75), envió a Cachidiablo al frente de una flotilla
a las costas
de España en corso. Gómara resalta el hecho
de que Carlos V había
llevado a Italia "consigo todas las galeras de estos
reinos... y
que en toda la costa de España no había
galera ni fusta ninguna
que le impidiese (a Barbarroja) cualquiera cosa que emprendiere"
(76). Con catorce galeotas (Sosa) o con once fustas
(Sandoval/Gómara), "anduvieron... tres meses
por la mar sin poder
hallar en qué hacer mal; solamente tomaron ciertas
barcas sin
gente, con lo cual estaba Caçia Diabolo desesperado
en Santa
Pola, esperando que saliese de Alicante, de Denia o Cartagena
algún navío a que echar mano" (77).
En septiembre, sin embargo, y
tras el verano baldío, vino el golpe de suerte
y en pocos días
Cachidiablo destruyó las galeras de Portundo, recién
nombrado en
Génova "capitán general de las galeras
de la guarda de la costa
de la mar del... reino de Granada y su comarca" (78),
y consiguió
llegar a Argel con un gran número de moriscos valencianos
y los
despojos de naves y cautivos de las galeras de Portundo.
He aquí el relato más cuidado de Sandoval:
"Recogíanse muchos corsarios en Argel a sombra
de
Barbarroja, a quien todos reconocían como a famoso
en este
oficio, el cual traía entonces grandes inteligencias
con los
moriscos de Valencia para los pasar a Berbería con
sus mujeres,
hijos y haciendas, de suerte que despachó para esto
a Hardin
Cachadiablo con once fustas y galeotas, cuyos capitanes
raeces,
como ellos llaman, eran Solac, Saba, Magali, Tabac, Azán
y
Solimán, afamados ladrones y corsarios.
"Cachadiablo corrió la mar tres meses, sin hallar en qué
hacer mal, entretanto que se acercaba el tiempo que tenían puesto
los moriscos. Púsose a esperar en Santa Pola que saliese de
Denia, de Alicante o Cartagena algún navío en que echar lance,
y
no se ofreciendo nada dio proa de noche, víspera de San Lucas, en
el río de Altea, donde con mucho secreto salió a tierra y sacó
cien turcos en cada bandera, de seis que apeó, con los cuales y
con hombres pláticos de allí que guiaban, llegó a Parcent
aquella
noche sin ser sentido.
"Recogió los moros de aquel lugar con sus mujeres, hijos y
ropa. Envió luego dos compañías a Murla, los cuales hicieron
otro
tanto, y cuando amaneció tenía de ambos lugares y de otros de
por
allí más de seiscientas personas y mucha ropa, que todos se
llevaban cuanto podían.
"Viendo que fue el día, combatió la casa de Pedro Perandreo,
señor de Parcent, nueve horas sin poderla ganar; porque Perandreo
se la defendía maravillosamente con siete cristianos. Mas al cabo
la ganó por aviso e industria de los vecinos vasallos del
Perandreo, que viendo que ni por fuerza, ni fuego, ni otros
ingenios la tomaba, le subieron al tejado, por donde luego la
entró, saqueando cuanto halló a mano. Llevó cautivo a
Perandreo y
los otros siete, entrando esta vez los turcos más adentro que
nunca en España habían entrado por tierra, porque hay tres
grandes leguas desde Murla hasta el río de Altea, por donde
entraron.
"Envió contra ellos el conde de Oliva, don Serafín de
Centellas, cuya es Murla, cosa de sesenta caballos pensando que
les podían quitar la presa, o a lo menos detenerlos hasta que
llegase más gente. Pero como sea la tierra muy áspera para
caballos, principalmente por donde fueron los turcos, no hicieron
cosa que importase algo.
"Hardin Cachadiablo alzó banderas de paz luego que metió en
sus galeras la presa y hombres sobredichos, y así se trató el
rescate de Pedro Perandreo en once mil ducados; y mientras fueron
por los dineros a Valencia llegaron cuatro fustas de Argel a
decir a Cachadiablo cómo Rodrigo de Portundo le andaba buscando
con la armada española; por eso, que se guardase de él, y con
tanto, se partió sin rescatar a Pedro Perandreo" (79).
Rodrigo de Portundo acababa de asentar en Génova
unas
condiciones que, por su interés para este libro
de maravillas y
antes de proseguir con la expedición de Cachidiablo,
quiero
recoger aquí en los puntos que me parecen de mayor
interés
"ambiental", como es el personal de remo sin
sueldo o "forzados"
y con sueldo o "de buena boya", tipo de comidas
y hasta el
régimen especial para que pudieran hacer corso
en ese primer año
de actividad marinera que hacía un mes escaso que
comenzara.
"Primeramente: que el dicho Rodrigo de Portuondo
haya de ser
y sea nuestro capitán general de las galeras de
la costa de la
mar del dicho reino de Granada y su comarca... y tenga
a su cargo
para ello ocho galeras nuestras de las que él escogiere
y
quisiere de las doce que lleva de aquí a España
y de las cinco
que quedaron en Palamós con la artillería
y armas y municiones
que viere que es menester..." Concede también "ciento
y cincuenta
remeros forzados", así como "remeros de
buena boya" con su sueldo
de "un ducado de sueldo y medio ducado para el mantenimiento",
a
falta de los forzados únicamente. "Ytem, de
todas las presas que
hicieren de enemigos con las dichas ocho galeras, ha de
haber el
dicho capitán Portuondo una quinta parte, y la gente
de las
dichas galeras otra quinta parte, y las otras tres quintas
partes
han de ser para Nos... Para que no se pueda hacer ni haya
fraude
ni engaño, luego que se tomare la presa el dicho
capitán
Portuondo y los otros capitanes y gentes de las dichas
galeras
sean obligados de manifestar todo lo que se hubiere en
tal presa
antel nuestro veedor o veedores de las dichas galeras,
y se ponga
ante él por inventario antes que se haga partición
alguna, sin
que se encubra por ninguna persona cosa alguna de tal presa
y
cabalgada, so pena de que quien lo encubriese lo pague
con las
setenas... Por la presente hago merced de la parte que
a nos
perteneciere de todas las presas que las dichas galeras
hicieren
en un año complido que se cuente desde el día
de este asiento en
adelante, para que se reparta por el dicho capitán
y gente... de
la manera que se reparte la parte que se da por ellos,
y pasando
el dicho año queden para Nos las dichas tres quintas
partes,
como de suso se contiene... Ytem, el dicho capitán
ha de dar de
comer a todas las gentes de las dichas galeras muy cumplidamente,
tres veces carne en la semana, como se acostumbra en las
galeras
donde más cumplidamente se da, y los otros cuatro
días de la
semana, los dos días arroz y los otros dos días
avas... Otrosí,
ha de dar a la dicha gente vino y vinagre y aceite y todas
las
otras cosas necesarias a su mantenimiento, y tobajas y
platos
para el servicio de la dicha gente. Ytem: que ninguna persona
que
estuviese condenado por la Inquisición a las dichas
galeras no
pueda tener oficio ni administración en ellas, ni
cargo de tener
los bastimentos ni vituallas; ni repartirlas en ninguna
manera,
por cuanto por experiencia se ha visto ser esto dañoso
a la gente
de las dichas galeras... Otrosí: que cada y cuando
hubieren
cumplido su tiempo los que están condenados por
justicia en cada
una de las dichas ocho galeras, que el dicho capitán
les dé carta
firmada de su nombre y del veedor de las dichas galeras
cómo
cumplió, para que vengan ante mí y se les
dé cédula de bien
servido para que en ningún tiempo no les pueda ser
pedida pena
alguna" (80).
Este enfrentamiento Portundo/Cachidiablo debió tener
todas
las características de un enfrentamiento entre
corsarios o entre
marinas enemigas, el botín de la acción
como claro interés
dominante tras el prioritario de salvar sus vidas.
Antonio de Sosa narra bien los preliminares del encuentro:
"A este tiempo, partiendo un caballero vizcaíno,
general de
las galeras de España --que acompañara aquel
verano a Carlos V,
emperador y rey de España, con ocho galeras hasta
Génova, porque
iba a coronarse del papa Clemente VII en la ciudad de Bolonia--,
era vuelto de Italia y se hallaba más adelante de
Barcelona para
Valencia, con sus galeras de España. Lo cual sabiendo
el conde de
Oliva --y cómo los moriscos sus vasallos se habían
embarcado en
las galeotas de Argel, y que llevaban consigo muy gran
copia de
dineros, muchas joyas y riqueza--, hizo luego un correo
al
general Portundo suplicándole encarecidamente quisiese
luego
venir con sus galeras y seguir a los corsarios, prometiéndole
que
si le restituía los moriscos le daría diez
mil escudos. El
Portundo que esto oyó, parte por los dineros y parte
por ganar
alguna honra, zarpó luego y caminó hacia
Valencia; y porque le
pareció que los corsarios a buena manera de navegar
debían de ir
(a) meterse entre las islas de Mallorca, Ibiza, Formentera,
tanto
que llegó a Tortosa tomó aquel mismo camino.
Y no era aún llegado
a la isla de Formentera, cuando los corsarios le descubrieron
de
lejos. Y viendo tantas galeras cristianas y que quizá les
sería
forzado o combatir con ellos o, a lo menos, huir, para
estar para
lo uno y para lo otro más desembarazados, desembarcaron
luego
todos los moriscos que llevaban en la misma Formentera" (81).
El desembarco de los moriscos en "el puerto que
llaman del
Despalmador... fue causa de su victoria; porque de tierra,
en las
puntas de la cala, tiraban con las ballestas, de que son
muy
diestros" (82).
De las abundantes narraciones de esta batalla, recojo
la de
Sandoval, la más prolija y llena de detalles, con
el gracioso
comentario sobre las galeras que hace Gómara: Portundo
traía "las
galeras lerdas y pesadas, como eran nuevas y echadas aquel
año en
el agua, y porque llevaban la mayor parte de ruines bogadores,
que eran de aquellos gascones y gabachos que su majestad
mandó
prender y echar al remo..." (83). Pero he aquí el
relato de
Sandoval:
"(Cachidiablo) hizo arbolar las áncoras y
echó a huir,
porque estaba ya con miedo de Portundo, capitán
esforzado y
nuevo, y por muy embarazado con ropa de los moriscos. Como
lo
descubrió Rodrigo de Portundo, hizo enarbolar las
galeras,
empavesarlas y armar la gente. Llamó los capitanes
a la capitana,
que fueron Domingo de Portundo, don Pedro de Robles, don
Juan de
Córdova, Juan Vizcaíno, Martín de
Arén, Mateo Sánchez y Juan de
Cisneros, que llevaba la galera de Tortosa. Animólos
a pelear,
apocando los cosarios y las fustas, que como era de gran
corazón
no los temía; y como era soberbio y cabezudo, no
consideraba el
número. Su hijo Domingo de Portundo, mancebo cuerdo
y valiente,
le amonestaba que no peleasen, contando quince fustas,
cuatro más
de las que pensaban. Airóse el padre entonces, diciéndole
que no
era su hijo pues temía aquellas fustillas cobardemente,
porque
sólo él con su galera los echaría
a fondo.
"Tras esto, porque no se fuesen, siguió los enemigos a
bogarrancada. Y como algunas galeras no podían atener con las
suyas y las de su hijo, que bogaban mucho, detúvose a esperarlas
un poco levantados los remos, aunque no todo lo que fue menester.
Viendo esto, caminó adelante con mucho enojo; y cuanto más se
acercaba a los enemigos tanto más se alejaba de los suyos,
aventajándoseles con la galera de mejor aderezo. Llevaba en su
flota algunas galeras nuevas de aquel año, y tenían buena parte
de la chusma de los gascones y otros franceses; que mandó el
Emperador, yendo de Barcelona para Italia, prender y echar a
galeras, porque había también echado al remo muchos españoles
el
rey de Francia. De suerte que andaban poco y malo y causaron la
perdición de todas las galeras.
"Hardin Cachadiablo animó los capitanes, ajuntando sus
galeras luego que conoció la desorden de las galeras de Portundo,
y les certificó la victoria si peleasen como valientes cosarios.
Ordenó que, pues eran doblados, que los contrarios diesen en cada
galera, ya que todas ocho peleasen juntas, una galeota de cara y
un bergantín de lado. Y si todas no peleasen por quedar
rezagadas, que embistiesen tres en una. Arremetieron, pues, los
cosarios con grande alarido. Azán y Solimán encontraron con la
galera de Portundo, uno por proa y otro por lado; y por más que
procuraron valerosamente defenderse, se comenzó a entrar de los
bárbaros. Y, aunque con sangre y daño, la vencieron y ganaron
antes que fuese ni pudiese ser socorrida, por quedar las demás
rezagadas.
"Portundo, con lástima de los suyos, fue despedazado a la
vista de su hijo que, como prudente capitán, le había aconsejado
lo contrario. Derribaron el estandarte imperial para desmayar a
los enemigos y alegrar a los suyos. Cachadiablo peleó con Juan
Vizcaíno y matólo con otros muchos, ayudándole otros bergantines.
Salac, con su galeota y otras fustas, tomó la galera de Tortosa y
luego la de Domingo de Portundo, matando casi todos los armados,
que se defendieron mucho, salvo al capitán Portundo, que fue
herido y preso. Saba combatió con Mateo Sánchez y lo venció y
mató, apoderándose de su galera. Mengali, con otros, siguió las
tres que huían, viendo el pendón real caído y perdidas
la
capitana y la de Juan Vizcaíno. Alcanzó Mengali la de don Juan
de
Cordova, que dio en unas peñas, y cogióla. Escapáronse
de aquella
perdición la de don Pedro de Robles y la de Martín Arén.
"De esta manera venció Cachadiablo, que al principio huía,
a
Rodrigo de Portundo, que lo tenía en poco, a 25 de octubre de
(15)29. Fue gran pérdida esta para las costas de España, porque
las corrían cada día los de Argel sin temor alguno. Y el
Emperador lo sintió, y dio las galeras de España a don Alvaro
Bazán, padre del famoso marqués de Santa Cruz.
"Holgóse mucho Barbarroja de esta victoria,
no habiendo
muerto en ella más de veinte turcos, habiendo peleado
con
españoles, y porque tenía más en su
flota dos galeras y un
bergantín, con las galeotas, tiros y armas que habían
menester, y
por quedar sin galeras España, donde pensaba cargar
la mano.
Holgóse con la riqueza y reputación que ganaba
entre los mismos
españoles y entre los demás cristianos de
Europa, y entre los
moros y alárabes con quienes andaban en guerra.
"Los cosarios se reverenciaban más que nunca. Y porque el
Gran Turco también le conociese por medio de aquella victoria
y le favoreciese en todos sus pensamientos, le envió un presente,
más hermoso que rico; de ropa morisca y seda que le dieron moros
renegados de Aragón, Valencia y Granada; algunos muchachos y
mancebos cristianos y algunas niñas; de la cubierta de popa de la
galera de Portundo, que era obra costosa y vistosa y que se hizo
pensando que pasara el Emperador en ella a Italia, sino que pasó
en la de Andrea Doria por mostrar que se confiaba de él. Envióle,
con estas y otras muchas cosas, el estandarte imperial, que lo
estimaba tanto como toda la presa.
"Solimán alabó mucho a Barbarroja y la victoria que hubo tan
a propósito para el buen suceso de sus pretensiones y de lo mucho
que deseaba hacer un buen golpe en España" (84).
En pleno cerco de Viena por Solimán, el desastre
de Portundo
causó penosa impresión en los medios españoles.
El virrey de
Valencia se quejaba de las consecuencias que había
tenido en los
medios moriscos, recién salidos de graves incidentes
en los que
no podemos entrar aquí, pero que influían
de manera no desdeñable
en el corso berberisco: "Los nuevamente convertidos
de el reino,
visto lo que pasa, están con la cabeza alta e intentos
para
retraerse y hacerse fuertes en algún lugar áspero
con toda su
hacienda, y desde allí recogerse a embarcar, quemando
y
destruyendo cuanto delante les verná; que, cierto,
costaría más
caro que lo de Espadan. Y, junto con ésto, la gente
popular está
dañada y con perversos deseos y de todo este infortunio
que pasa
parece alegrarse, creyendo que con ello se abre camino
para algún
bollicio y para haber de tomar las armas y hacer algo
de lo
pasado..." (85).
En los presidios de Orán y Bugía se aprecia
el desánimo en
los medios españoles; la emperatriz escribía
a Carlos V: "También
me avisan de Ibiza cómo había llegado un
bergantín de Bugía, del
cual habían sabido que las gentes de aquellas fortalezas
estaban
con mucho temor de ser cercados de Barbarroja; y que si
tuviesen
navíos en que pasarse a estos reinos, que las desampararían
por
la poca defensa y recabdo que para defenderse en ellas
hay" (86).
De nuevo se pensó en el corregidor de Murcia Ruíz
de Alarcón para
enviar el socorro. En cuanto a Orán, el marqués
de Comares
recibió la orden de pasar a aquella ciudad y prometió "que
prestaría el dinero que para su pasada fuere menester",
pues
"Orán tiene el mismo peligro y la misma necesidad
de socorro, en
especial que el rey de Tremecén ha quebrado las
paces y se ha
hecho amigo de Barbarroja; por lo que envié a mandar
al marqués
de Comares que pasase a residir en aquella ciudad..." (87).
Ante la importancia que estaba cobrando la armada de
Barbarroja, "la cual es ya de once galeras y treinta
fustas, sin
las que podrá él juntar de otros corsarios
moros sus amigos, que
serán, según dicen, otras tantas",
parecía necesaria otra armada
que la neutralizara: "El arzobispo de Toledo, vista
esta
pérdida... me ha ofrecido que si V.M. toma esta
cosa de veras y
manda proveer de armada para que este turco se deshaga...,
que él
irá en persona a ello y servirá a su costa
con seis galeras..."(88).
Finalmente, la prisión de Pedro Andrés
de Roda, señor de
Parcent, dio lugar a una hermosa y triste historia de
cautiverio
que narra muy bien Sandoval, verdadera "novela bizantina".
Cachidiablo "le llevó a Argel donde le tuvo
Barbarroja por
cautivo, aunque sin premio. De aquí se le siguieron
grandes
trabajos y gastos a él ya sus hijos y mujer, porque
se rescató
cuatro veces, sin ser rescatado alguna, por engaño
de uno que fue
a Argel a rescatarle, porque rescató a otros por
codicia
dejándole a él; bien que llevó su
pago.
"Estuvo en Argel Perandreo cinco o seis años
en aquel
cautiverio, y llevóle Barbarroja cuando se fue a
Constantinopla,
según después pareció. Su mujer Margarita
de Roda, sintiendo
mucho su cautiverio, envió a su hijo Pedro de Roda
a la guerra de
Túnez, a servir al emperador y a procurar algún
turco o moro para
darlo en trueque por su padre. Mas como no se pudo haber,
procuró
el mismo Pedro de Roda ir con crédito y mercaderes
a Flandes y de
allí a Venecia a redimir a su padre o pasar a Constantinopla.
"Hubo, pues, un salvoconducto de Barbarroja por medio de
Jorge Corregia, mercader caudaloso que vivía en Constantinopla;
con el cual, y con cédula de cambio, se fue a Ragusa; y aún iba
determinado de quedar por el padre, cuando los dineros que
llevaba de crédito no bastasen. Mas estando allí le aconsejó
Marín de Zamami, caballero del hábito de Santiago, que no pasase
a Constantinopla en aquel tiempo por las guerras que había entre
venecianos y turcos, y porque Barbarroja venía con ochenta velas
a estos mares con temor de la grande armada con que fue el
emperador a Argel. Y, así, hubo de invernar en Ragusa y se volvió
a Venecia; donde hubo cartas de Renata, duquesa de Ferrara, para
el capitán Polin, embajador en la corte del turco por el rey de
Francia, y favor de don Diego Hurtado de Mendoza, embajador allí,
sobre el rescate de su padre, que se concluyó en cinco mil
ducados.
"Pero aún este concierto no tuvo efecto, porque se vino
Barbarroja a Tolón, y con él Polin. Fuélos a buscar y
tuvo cartas
en Génova de Constantinopla cómo era muerto su padre, y al otro
día de Valencia cómo era muerta su madre, de manera que se hubo
de volver a Valencia" (89).
Gómara, que conoció al hijo Pedro de Roda,
dice que su
muerte fue "año de 1544. Anduvo su hijo Pedro
de Roda, amigo mío
grandísimo, a quien yo amo y debo mucho por su
bondad y cordura,
sin las otras virtudes que tiene, siete años en
Flandes, Alemania
y Francia e Italia; finalmente, fue a Ragoça desde
Veneçia, do
nos conocimos, con ánimo de ir a Constantinopla
por rescatarle y
traerle a su casa, mas no pudo pasar de allí" (90).
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