Otros son, sin embargo, los protagonistas de este libro de
maravillas. Volvamos a Berbería. Antonio de Sosa narra
someramente los años veinte del siglo XVI en lo referente al
nuevo régimen político argelino inaugurado por los Barbarroja,
casi sin hacer alusión a los problemas internos por los que sus
informantes --los medios corsarios de la propia ciudad de Argel,
muchos renegados y algunos cautivos-- pasaron sin precisar
demasiado.
"El año de 1520, con grandes amenazas y temores
que puso a
los moros del Colo --lugar en la marina y escala de la
ciudad de
Constantina, distante de Argel para levante casi treinta
millas--, (Jeredín) trajo a su obediencia aquel
lugar. Y luego,
al año siguiente, a la misma ciudad de Constantina
--que había
por muchos años defendido su libertad contra el
poder del rey de
Tenez (sic, por Túnez), a quien antiguamente fuera
sujeta-- forzó
también le recibiese por señor. Porque no
pudiendo esta ciudad
sustentarse bien sin el puerto del lugar de Colo, do hacían
escala todos los mercaderes cristianos que contrataban
en
Constantina y por do también los vecinos della despachaban
todas
sus mercadurías de lanas, barraganes, cera y cueros
que vendían
cada año, de lo cual sacaban grandísima ganancia
y provecho, fue
forzado que siendo Barbarroja señor del Colo y de
su puerto, lo
fuese también de Constantina.
"Esto mismo acaeció también el año siguiente 1522 a
la
antigua y fortísima ciudad de Bona. La cual, viviendo de muchos
años hasta entonces libre y sin sujeción alguna --como escribe
Juan León--, temiendo el poder de Barbarroja que entró un día
en
su puerto y dentro el río de aquella ciudad con sus veinte y dos
galeotas en son de guerra, fueron los moradores della forzados
--porque Barbarroja no los destruyese del todo-- a darle también
obediencia.
"En todos estos años, aunque Barbarroja adquiriese estas
tierras, no dejó jamás el corso, saliendo cada año una
y dos
veces en persona a robar. De manera que ya no era menos nombrado
por sus hechos y grandes daños que hacía a cristianos de lo que
su hermano Aruch había sido; y desta misma manera continuó
siempre hasta el año 1529, creciendo cada día más en riqueza
y en
número de cautivos y bajeles, y tanto que él solo, sin los
corsarios sus acompañantes, tenía diez y ocho bajeles, todos
muy
artillados y puestos en orden y a punto" (26).
La realidad debió ser mucho más compleja.
En contraste con
el breve y conciso relato de Sosa, el de Gómara
es mucho más
extenso y detallista, lo mismo que el de Sandoval que
utilizó sus
mismas fuentes o le plagió sin más (27).
La manera de escribir
los nombres propios está más cuidada y
es más correcta en
Sandoval que en Gómara. Así, Sandoval dirá Benalcadi
al
Ben-alcade de Gómara, el jefe cabil aliado de
Aruch Barbarroja
desde mucho antes de que este se instalara en Argel y
cuya ayuda
fue muy importante para el primero de los Barbarroja (27b).
Cuando Gómara escribe el nombre completo de este
personaje
singular, Ahmed el Cadi, Cide Hamete Ben-alcade, extrañamente
nos
recuerda de inmediato al cervantino autor del Quijote
Cide Hamete
Benengeli. Gómara hace alusión en su crónica
al hijo de este
personaje cabil o suawa --de Çuaga, como ciudad,
dice Gómara, de
Azuaga, como región, dirá Sandoval-- como
heredero suyo en el
reino de Cuco después de la muerte de Ahmed el
Cadi en
enfrentamiento con Jeredín Barbarroja, el hijo
de el Cadi o
Benelcadi, con ese sonido de la c --o de la q-- muy gutural
y
característica que podría admitir, incluso,
una g para
representarlo. El Ben-alcade de Gómara podría
ser, sin más, el
hijo de Ahmed el Cadi --o el Qadi--, Benelcadi, lejanamente
Benengeli. La manera de escribir Yiyel --los franceses
escriben
Djidjell o Djidjelli--, el puerto de la costa cabil entre
Beyaia
--la Bugia española-- y Annaba --Bona, antigua
Hipona--, es la
normal de la época: Jijar en Sandoval, Jijar o
Gijar en Gómara.
Gómara escribe Sarçel cuando la mayoría
de sus contemporáneos,
Sosa incluído, escriben Sargel para designar el
puerto al oeste
de Argel, con importantes restos romanos, hasta donde
se
extendería la influencia del reino de Tenes y,
por lo tanto, en
la órbita de Tremecén; es el actual Cherchell
--pronunciado a la
francesa--, también escrito en la época
Xerxel en las fuentes
españolas, que refleja muy bien la manera como
debe ser
pronunciado; hoy la manera más correcta de escribirlo
en
castellano sería Sersell. El puerto y ciudad de
Bona es la actual
Annaba, la mayor de las ciudades costeras argelinas entre
Beyaia
(Bugía) y Túnez.
En cuanto a los corsarios de la isla de Yerba (los Gelves),
Gómara cita "el judío y Aradín
Caçia-Diabolo, Cale Arraez y
Tabaco Arraez" (28); Sandoval los recoge como Sinán
el Judío,
Haradin Cachidiablo, Salarráez y Tabas, algo más
correcto y
acorde con la grafía de la época. El resto
de los personajes que
aparecen en ambos relatos son los mismos: el renegado
de Málaga
que Barbarroja envía a Bona (Annaba) y que fue
degollado por el
gobernador de la ciudad --Jaquenaxar Alhabe para Sandoval,
Leguenajar Alganez para Gómara--, los sesenta
escopeteros
españoles cautivos y el renegado vizcaíno
Amete (Gómara) o Hamet
(Sandoval) que consiguió que cuarenta de ellos
renegaran o el
galeón de Machín de Rentería --uno
de los más notables marinos
vascos en el Mediterráneo con frecuencia enfrentado
a
Barbarroja-- en aguas de Alicante. El episodio en el
que Jeredín
Barbarroja consiguió derrotar y matar en Cherchell
(o Sersell, la
Sargel de la época) al capitán corsario
Hazan o Corasan (Cartaçan
para Gómara) es demasiado similar al narrado por
Antonio de Sosa
como protagonizado por Aruch Barbarroja en 1516, antes
de entrar
en Argel como para no proceder de fuentes comunes e imprecisas
(29); en el caso de Sosa, los medios argelinos de renegados
y
cautivos viejos a finales de los setenta. Aunque la narración
puede ser similar en lo anecdótico, pueden responder
ambas a la
realidad de que ambos Barbarrojas, uno en 1516 y otro
en los años
veinte, tuvieran que enfrentarse a corsarios turcos que
buscaran
instalarse con autonomía en la costa berberisca.
Tensiones con los cabiles y los azuagos (suawa), tensiones
con otros sectores locales y corsarios, en el caso de
Annaba o
Bona con el propio rey de Túnez, así como
un apoyo importante de
antiguos compañeros corsarios en la costa tunecina,
con sus
flotillas y entre los que debió de haber no pocos
renegados
españoles, estarían en la base del afianzamiento
del poder de
Jeredían Barbarroja en Argel desde la muerte de
su hermano Aruch
hasta 1529.
En contraste con la sobriedad del relato de Antonio de
Sosa
al resumir ese tiempo, he aquí el relato de Gómara,
en ocasiones
tosco pero de gran viveza, básicamente coincidente
con el que
dejara también Sandoval:
"Ben-alcade, amigo grande de Omiche (Aruch) Barbarroja,
como
supo este desbarate de cristianos (se refiere a la expedición
de
Hugo de Moncada), vino a Argel a estar y servir al nuevo
rey,
como solía al muerto. No fue tan bien recibido como
pensaba:
dende a poquitos días que llegó a la ciudad,
supo de los amigos
viejos que tuvo en tiempo del rey pasado (Aruch) cómo
Barbarroja
trataba de cortarle la cabeza, tanto por no tener en su
tierra
hombre tan poderoso y tan bien quisto de los del reino
como
porque decía que si él no huyera su hermano
no muriera (30).
"Luego que entendió esto, salió de Argel y fuese a Çuaga,
un
pueblo suyo, donde juntó un buen número de gente de sus
parientes, vasallos y amigos, con que volvió a Argel a hacer
guerra a Barbarroja. Dos años hizo guerra muy cruel y muy
guerreada Ben-alcade a Barbarroja en su casa y reino; destruyóle
la tierra, matóle mucha gente, hízole pasar gran hambre; púsole
en tanto estrecho que ya no sabía qué remedio tener para echar
tal enemigo de sí, que tanta prisa le daba.
"Al principio de esta guerra envió Barbarroja un turco, que
se llamaba Cartaçán, con cinco fustas a tierra de cristianos
a
tomar esclavos; el cual, como llegó a la boca de Ebro, le metió
un mal cristiano el río arriba y le llevó a Amposta. El turco,
con este guía, pudo llegar al lugar sin ser sentido y saquearlo
muy a su placer, sin tener peligro ni contradicción: de aquí tomó
infinita riqueza y cargó de esclavos las fustas y tornó a Argel.
En el camino halló una nao de cristianos a vista de Argel:
combatióla y no la pudo tomar. En llegando Cartaçán a
la ciudad,
no solamente no le recibió bien Barbarroja ni le hizo merced, mas
hízole dar muchos palos y meter en la cárcel; la causa por qué,
no la sé.
"Viéndose, pues, Barbarroja fatigado y en todo peligro...,
acordóse de soltar este turco y hacerle su capitán general y
enviarle a dar batalla al enemigo... Como lo soltó, dióle
presentes y cosas ricas para aplacarle la ira y enojo que le
podía tener; dióle quinientos soldados turcos... Cartaçán,
como
se vio fuera de Argel, lejos de Barbarroja, libre y señor de
aquel ejército, juntóse con Ben-alcade y revolvió aobre
Argel
contra Barbarroja; y envióle a decir que él había de ser
el que
le sacase de su propia casa y echase del reino que tiránicamente
tenía usurpado, porque supiese cómo se tratan los hombres de
bien. Así, lo hizo como lo dijo; porque luego le tomó a Sarçel
y
todo el resto de su reino, excepto Argel, donde le tuvo cercado y
en mucho estrecho...
"Constreñido, pues, Barbarroja... le fue forzado salir de
Argel y desampararla. Ben-alcade y Cartaçán se entraron en el
pueblo; y con solas dos fustas, en que metió hijos y mujeres con
toda la plata, oro y joyas que tenía, se fue la mar adelante a
buscar nuevos amigos y nuevo asiento. Encomendado a la fortuna,
anduvo mucho tiempo por agua después que partió de Argel,
suspenso, sin saber dónde ir, ni qué hacer, ni qué partido
tomar
de su vida. Finalmente acordó de irse a Jijar (Yiyel), que era de
aquel Ben-alcade que quedaba rey de Argel, y tomarle y hacer en
é
l su asiento y morada; y fue y tomólo fácilmente, por estar
vacío de gente que estaba sobre Argel con su señor...
"Desde a poco tiempo que ganó a Gijar (Yiyel) y dejó allí
algunos turcos de los que sacó de Argel, en las fustas, por
guardas, dejó mujeres e hijos y toda la casa y partióse, con
sus
cinco fustas y con esperanza poca de bien ninguno, como hombre
desfavorecido ya de la Fortuna. Y fuése a Cerdeña, a donde le
fue
la Fortuna harto favorable; porque halló, al cabo de Pullar, que
fue al cabo de Caller, siete naos cargadas de trigo; combatiòlas
tan reciamente que echó una al fondo, y tomó cinco, y la otra
se
le escapó. Tornóse a Gijar, muy pujante y rico con aquella presa,
y estúvose allí hasta que se rehizo muy bien; y fortificó algo
el
pueblo, que estaba algo maltratado.
"Estaba entonces por gobernador en Bona un moro que le
llamaban Laguenajar Alganez. El cual había reñido con el rey
de
Túnez, su amo y señor, y del mal tratamiento que le hacía
estaba
descontento y enojado de su rey. Por ésto, envió a decir a Aradín
Barbarroja, que ya él muy bien conocía de cuando los años
pasados --había estado mucho tiempo en Tenez, y en la Goleta y
Bona, y en los Gelves--, que le pesaba mucho verle desheredado y
echado de su reino y de su casa y asiento; que por el amor grande
que le tenía, por las muchas cosas hazañosas y notables que él
y
su hermano habían hecho, y por la compasión que le tenía
de que
andaba perdido y vagabundo por el mar, se movía a darle a Bona
para que asentase en ella y de allí hiciesen sus cosas; que
fuesen presto a tomar aquella fuerza y puerto, que como amigo le
ofreció, antes que el rey, su señor, con quien estaba muy mal
reñido y enojado, pusiese allí otro gobernador.
"Entretanto que este despacho llegó a Barbarroja, supo el
rey de Túnez todo el negocio... Envió el rey al jeque Leguenajar
un presente y una carta, rogándole muy mucho que no hiciese lo
que tenía pensado y concertado con su amigo Barbarroja...
Laguenajar, arrepentido del ofrecimiento que había hecho..., no
solo no cumplió la palabra que tenía dada; ni entregó la
ciudad
al capitán que había enviado delante Aradín, que era un
renegado
natural de Málaga; mas, aún, pasó a cuchillo al renegado
y a
cuantos con él fueron, sin dejar quién llevase la nueva a Aradín
Barbarroja.
"Cuando Barbarroja llegó a Bona, pensando hallarla por suya,
halló sus banderas puestas en las almenas, lo de arriba para
abajo; mucho sintió esta befa e injuria; tanto por la pérdida
de
su gente, como por quebralle la palabra y no poder rapar (sic)
como él pensó a Bona. Aunque muy enojado de eso, bombardeó cuanto
pudo la ciudad y combatióla muy reciamente... No la pudieron
tomar. Y, así, partió de allí muy mal contento con propósito
de
hacer cuanto mal pudiese a moros y a cristianos, como en efecto
lo hizo. Después, partido que fue de Bona, fuese a la playa
romana a hacer algún asalto de los que solía; topóse allí con
una
nave de genoveses chica, combatióla y, en fin, tomóla. Aunque
eran pocos, se defendieron muy bien gran rato. Y porque con un
tiro le raparon la toca de la cabeza, que es lo que se acostumbra
ponerse de continuo en ella, y del golpe quedó un poco aturdido y
desvanecido, mandó, luego que tornó en sí, degollar al
capitán y
matar a todos los artilleros y oficiales de la nao. Repartió los
que quedaron vivos y lo que halló en el navío con los suyos.
"De allí se fue a los Gelves, donde halló muy muchos
cosarios (sic). Entre ellos estaba el Judío y Aradín Caçia
Diabolo, Cale Arraez y Tabaco Arraez; y otros famosos ladrones, a
los cuales dio todo cuanto llevaba y dijo cómo por un moro que
llamaban Cidi Mahomete Ben-alcade estaba desheredado y andaba
desterrado y perdido; que les rogaba mucho que se doliesen de él,
que era el pobre más mezquino de cuantos vivían, y se fuesen
con
é
l a ganar Argel con todo su reino... Todos, alegres y conformes,
determinaron de seguirle y prometieron de obedecerle en aquella
guerra y empresa...
"Se partió Barbarroja de los Gelves para Argel con cuarenta
y tres fustas y galeotas, y con todos aquellos capitanes
cosarios arriba dichos; de los cuales, era el principal, después
de Barbarroja, el Judío. Y era este cosario judío de renombre,
y
no de linaje; y quedóle este renombre de un reencuentro que hubo
un día con cristianos y huyóse medrosamente: por este miedo le
dijeron después el Judío.
"Quiso Barbarroja en este camino tratar de tomar de paso a
Bona... Y aunque dentro del pueblo hizo algún daño con la mucha
artillería que fogó, no la pudo ganar... En el segundo combate
hubo cierta diferencia y rencilla entre Barbarroja y el Judío,
por la cual el Judío se volvió a los Gelves con algunos
capitanes. Por esto quedó Caçia Diabolo en la armada por capitán
general después de Barbarroja. Partidos de Bona..., vinieron a
Gijar, a donde reposaron algunos días; de aquel lugar envió
Barbarroja a tierras de España... a Aradín Caçia Diabolo
con diez
y siete fustas y una galera que había mandado hacer, cuando de
allí partió, a un cristiano cautivo. La primera tierra a do fue
este capitán fue a Iviça; halló en aquella isla una carraca
genovesa muy rica, combatióla y tomóla y tornóse con ella
a
Gijar.
"Así, se partió de Gijar Aradín Barbarroja... Llegó a
Argel
con toda la armada a salvo; desembarcó los soldados en la playa;
sacó algunas piezas de artillería y muy gran copia de bastimentos
a tierra. Ben-alcade salió de Argel con su gente en la mejor
orden que pudo...; comenzaron a escaramuzar de entrambas
partes..., y fue un recuentro muy reñido. Peleó aquel día
Barbarroja muy esforzadamente, mas... fuera roto, desbaratado o
perdido, y aún preso también, si no fuera por sesenta españoles,
escopeteros soldados viejos de los que don Ugo trajo de Sicilia y
perdió cuando vino sobre Argel. Estos sesenta españoles y
quinientos turcos que allí tenía Barbarroja eran la flor y
fuerzas de su ejército. Los españoles, como vieron trabada la
batalla, tomaron la alda de una sierra; y de allí arremetieron a
los enemigos con tan gran ímpetu, apellidando Santiago, que muy
ligeramenrte rompieron a los moros y quedaron vencedores y
señores del campo y de algunas tiendas y carruaje de Ben-alcade.
Por esta hazaña que hicieron les dio grandes dádivas...
Ben-alcade se tornó a la ciudad. Llamó más gente y rehízose,
y de
allí a cuatro días dio otra vez batalla a Barbarroja; la cual
perdió, juntamente con la cabeza; y no por fuerza del enemigo,
sino por traición que le hicieron ciertos criados suyos, y aún
parientes, que lo vendieron a Barbarroja por cuatro mil doblas.
"Así acabó Ben-alcade; fue siempre buen capitán, aunque
huyó
el día que españoles mataron a Barbarroja, desamparando su buen
amigo; mantuvo bien la amistad y guardó mejor la enemiga que
tuvo; era hombre de linaje; de jeque vino a ser rey solamente por
el valor de su persona.
"Barbarroja pagó luego las cuatro mil doblas a los que le
trajeron la cabeza de Ben-alcade; hízola poner en la punta de una
lanza, y mandó... mostrar a la gente del muerto... Como los
contrarios vieron la cabeza... comenzaron a decir: `Viva nuestro
rey Aradin Barbarroja, a quien queremos por señor'. Aquel día
lo
recibieron en Argel con muchas fiestas y le alzaron y juraron por
nuevo rey. Tan grande es la insconstancia de aquellos turcos y
moros y alárabes. Y tan mudable la Fortuna; que después que el
conde Pedro Navarro ganó a Argel, año de 1511, hasta que Aradín
Barbarroja la ganó esta vez, que fue harto breve tiempo, hubo en
aquel reino cinco reyes, y seis con el de España, contando a
Aradín por dos, porque fue dos veces rey.
"Otro día que fue jurado por rey, partió con toda su gente
a
Sarçel (Cherchell) contra Cartaçán, que estaba dentro
en el
castillo con gente bien apercibido, y tenía a Tenez y mucha parte
del reino. Como llegó tomó el lugar y cercó el castillo;
defendióse Cartaçán en aquella fuerza algunos días;
mas, al fin,
por industria de aquellos sesenta españoles que hicieron una gran
barrera, lo ganó. Ganado, hizo cortar la cabeza a Cartaçán
con
otros muchos turcos: a los demás, perdonó.
"Hecho este castigo, se le dio todo el reino. Fue cosa de
ver que en veinte y tres días tuviese el reino tan pacífico que
parecía no haber tenido otro señor.
"De allí se tornó Barbarroja a Argel a descansar; hizo
algunas mercedes a los que habían sido leales y valientes, y le
habían servido bien en aquella guerra. En especial, a los
españoles, dioles licencia para ir a España y una fusta en que
se
fuesen; mas Amete, vizcaino renegado, privado suyo, estorbó esta
buena obra, diciendo que no le convenía enviar aquellos soldados
a España porque eran hombres pláticos en la tierra y entendían
bien la guerra y lengua arábiga; y que de allí a veinte días
vendrían con armada de españoles, y ellos solos bastaban para
tomar todo el reino. Persuadióse Barbarroja de las razones que
aquel renegado español le dijo a no dejarlos ir. Y no tan solo
nos lo dejó ir, mas ordenó a Amete de asirlos a todos y echarles
cadenas y ponerlos en prisión; y darles la más mala vida que
pudiesen, hasta que se tornasen moros o se muriesen. Hiciéronlo
así, como lo ordenaron. De sesenta españoles que eran, en pocos
meses se hicieron moros los cuarenta; tan mala vida fue la que
llevaban en la cárcel... A todos estos que renegaron, hizo sus
capitanes y grandes hombres...
"Teniendo, pues, pacífico su reino..., determinó Barbarroja
que fuese Aradín Caça Diabolo con diez y siete galeras y fustas
y
galeotas a correr tierra de cristianos; en esta salida que aquel
corsario hizo causó muchos daños, en especial en el reino de
Valencia, que saqueó dos lugares chicos y la Losa, do tomó
infinita gente. Tomó también dos naos cargadas de trigo; combatió
al galeón de Rentería que estaba cerca de Alicante, el cual,
como
tuvo viento fresco, no pudo coger. Con estas presas y victoria
se tornó a Argel, donde fue muy bien recibido.
"En este medio tiempo Ben-alcade, hermano de Ben-alcade
muerto que fue rey de Argel, estaba hecho fuerte en una sierra,
que se llama el Cuco, por miedo de Barbarroja. Ben-alcade es
sobrenombre; Cuco quiere decir lugar fuerte, y así lo es aquella
montaña, porque no tiene más de una sola entrada y subida. Así
que desde allí, con mil y quinientos moros, llamados azuagos, y
con trescientos escopeteros que recogió en aquel lugar fuerte,
salía a hacer tales quemas y correrías que podía a tierras
de
Barbarroja. Enojado de esto Barbarroja, luego que Caçia Diabolo
volvió a Argel con la presa que dijimos, quiso echar del Cuco a
Ben-alcade, que tantos daños y afrentas le hacía. Fue con toda
la
gente que pudo llevar contra aquel su enemigo; combatióle la
montaña, y no la pudo tomar; perdió en el combate cuatrocientos
turcos, y volvióse a su casa tan corrido como mal enojado...
"Venido de aquella guerra del Cuco en la que perdió honra y
gente, como era hombre bullicioso y belicoso, por soldar la
quiebra que había hecho, combatió el Peñón de Argel
que aún lo
tenían los españoles" (31).
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