buscador

 



 
espacio[volver a e-Libros] [Sumario Corsarios] [Formato PDF 120Ks.]



 
 
"Corsarios o Reyes. De la saga de los Barbarroja a Miguel de Cervantes"

 

   
   

I.- LA CONSOLIDACION DE UN ESTADO CORSARIO EN LA ANTIGUA BERBERIA.

   

1.3.- RELEVOS EN EL IMPERIO Y EN LA SIBLIME PUERTA, CON LOS CORSARIOS BERBERISCOS A LAS PUERTAS DE BARCELONA EN PLENA FIESTA CORTESANA CELEBRANDO LA ELECCIÓN DEL NUEVO EMPERADOR CARLOS V.
 

La elección imperial de Carlos V y la sucesión de Solimán,

muerto su padre Selim I, abrían un nuevo periodo, tal vez el más

característico, en la vida del Mediterráneo del siglo XVI; una

nueva generación de gobernantes ambiciosos y decididos en torno a

los que girarían, como satélites, los demás estados en

formación.

Es interesante la exposición que hace el fraile y obispo

Prudencio de Sandoval de las vicisitudes de la elección del nuevo

emperador; juzgaba el eclesiástico, acerca de las intrigas que

rodearon la elección, "que no hay más ley en los príncipes de

cuanto corre el interés, aunque se llamen Santos" (19).

Carlos I había llegado en enero de 1519 a Barcelona y allí

se enteró de la muerte del emperador Maximiliano, su abuelo; "la

corte se cubrió de luto y se le hicieron solemnes exequias...

Estuvo el imperio cinco meses vaco y en este tiempo Carlos, rey

de España, y Francisco, de Francia, no en secreto como hasta allí

sino al descubierto, con pasión y bandos que por cada uno se

levantaron, aún entre los mismos electores, andaba la negociación

procurando el Imperio.

"Envió cada uno de los reyes sus embajadores con grandes
poderes y dineros, para la pretensión, fiando cada cual en la
grandeza de los reinos que tenía y en sus riquezas, y en los
méritos de su persona y en los amigos, que en todas estas cosas
cada uno se sentía más poderoso que el otro. Y si bien el rey de
Francia tenía en Alemania amigos apasionados, y el papa León,
después que murió el emperador Maximiliano se había vuelto de su
parte, que no hay más ley en los príncipes de cuanto corre el
interés, aunque se llamen santos, fue la competencia entre los
electores y agentes de ambos príncipes grandísima, y aún la
desenvoltura de los franceses demasiada.
" Corrompían los electores con dineros y ofrecimientos, y
metióse más de lo que un fraile y perlado debía, en favor de los
franceses, el cardenal fray Tomás de Vio Cayetano, fraile
dominico, legado del papa, que sin razón se mostró enemigo del
rey de España, de quien hablaba mal apasionadamente, queriendo
con lenguas y dineros quitarle la honra y el imperio.
Finalmente... de los siete príncipes electores la mayor
parte fue del rey Carlos... Y los electores dieron el voto a don
Carlos, rey de España, a 28 de junio de 1519" (20).

La noticia le llegó al rey Carlos en Barcelona, "y hubo tan

buenos pies en algunos que, por ganar albricias, se pusieron en

camino y llegaron en nueve días desde Francfort a Barcelona,

donde estaba el rey, que son por tierra trescientas leguas,

algunas más o menos" (21).

No me resisto a recoger un texto algo amplio del propio

Sandoval, para enmarcar mejor lo humillante y espectacular de la

acción corsaria, del tiempo de esta estancia del futuro emperador

en Barcelona, en plena fiesta por el casamiento de Germana de

Foix, la viuda de Fernando de Aragón.

"Dije de la reina Germana algunas de sus condiciones,y cómo
una de ellas era hallarse mejor casada que viuda, por seguir el
consejo de San Pablo. Con haberlo sido esta señora con un rey tan
grande y poderoso como fue el Católico, gustó de casarse segunda
vez con un caballero que, si bien de ilustrísima sangre, pero de
ninguna comparación con el rey Católico. Murmurose mucho y se
atribuyó a mucha liviandad de la reina; al fin, hecho propio de
mujer. El rey, por ver que era gusto de la Germana, y también por
ganar el voto de un elector, quiso celebrar las bodas en
Barcelona de madama Germana con el marqués de Brandeburg, hermano
del elector.
"Pareció tan mal el casamiento que muchos no la querían
llamar Alteza, hasta que lo mandó el emperador; el cual se halló
a estas bodas y las solemnizó lo que bastaba para una señora que
de reina de Aragón, Nápoles y Sicilia bajaba a ser mujer de un
caballero de no más que moderada renta, si bien de gran calidad
de sangre.
"Estando el rey en estas fiestas aparecieron siete fustas de
moros, y a la tarde se juntaron con ellas otras seis, que traía
un capitán turco llamado Halymecen, y llegaron a vista de la
ciudad de Barcelona. No hubo con qué salir a ellas, de que el rey
recibió pena notable por la reputación que en esto se perdía y el
príncipe joven la estimaba" (22).

Tanta importancia como lo que estaba sucediendo en la Europa

cristiana tenía lo que estaba sucediendo en Oriente, en el

imperio Otomano. Los casi ocho años de reinado de Selim I, de

1512 a 1520, fueron de una importancia grande para el futuro

sultán Solimán. En el verano de 1514 tuvo lugar la batalla

fundamental contra el sha de Persia Ismail que había llegado a

veleidosas relaciones con los europeos para neutralizar el

creciente poderío turco; la contundente victoria otomana, entre

Tabriz y el lago de Van, hizo que durante dos siglos los persas

no volvieran a pensar en un enfrentamiento tan directo con sus

vecinos. Pero la acción decisiva de Selim vino dos años después;

en la primavera de 1516 Selim y su gran visir Sinán Pachá

marcharon sobre Siria y, en pleno agosto, en las proximidades de

Alepo, derrotaron al sultán mameluco de Egipto Kansuh al Ghuri

que había acudido en ayuda de los últimos Safanidas de Siria; en

la batalla de Marj Dabik murió el propio sultán mameluco y en la

mezquita de Alepo, en presencia del último califa abasida

Al-Mutawakil, Selim I obtuvo el título de "Protector de los

santuarios sagrados" --título que los estados musulmanes aún

reconocen hoy a los reyes saudíes--, de tanto prestigio en el

mundo musulmán como pudiera tener el título imperial en la Europa

cristiana. El sultán turco no era de la tribu Koreichi, la tribu

del Profeta Mohamed, con lo que el título de Califa no tenía

sentido; pero, de manera indirecta al principio y luego

abiertamente, aquello significaba de hecho la dignidad califal,

de hecho se consideró al sultán turco Imam y Califa, mantenedor

del Islam, gazi de gazis, jefe de todos los creyentes, con todo

el potencial político que ello podía suponer. El regente que

dejara en Egipto el último sultán mameluco Kansuh, Tumán Bey,

muerto aquel en Siria tomó el título de Sultán y contra él

dirigió sus fuerzas Selim I. A finales de enero de 1517

conquistaba El Cairo, después de tres días y sus noches de

terribles luchas, casa por casa, con apocalípticas matanzas; una

pequeña resistencia de cuatro mil jinetes fue aniquilada al sur

de Alejandría y el último sultán egipcio, Tumán, fue colgado de

una de las puertas de El Cairo. La sumisión del Jerife --Xerif,

descendiente del Profeta-- de La Meca redondeó el triunfo

otomano. En la campaña de Egipto Selim consiguió aglutinar todas

las fuerzas marítimas, fundamentalmente corsarias, que operaban

ampliamente en el Mediterráneo oriental pero que cada vez más se

aventuraban en el occidental y daban lugar al esplendor del corso

berberisco (23).

Carlos V envió a Selim I una embajada, sin duda para

informarse de aquellos decisivos acontecimientos que estaban

transformando el Mediterráneo oriental, por medio de un caballero

de San Juan, Garcijofre de Loaysa. La inquietud en Europa se

refleja en la predicación de cruzada de León X y en la bula de

1517 "Postquam ad universalis". He aquí el relato de Sandoval:

"El legado del papa instaba por la armada que el rey había
de enviar para guarda de Italia, porque se temían mucho del turco
Selim, que estaba soberbio, triufante y glorioso con las
victorias que había habido contra el soldán y amenazaba con las
armas a Italia y a Alemania. El rey (Carlos I) quiso saber los
intentos que este enemigo tenía, y qué poder y armas. Para lo
cual se acordó que enviase allá un caballero que, con color de
visitarle, se pudiese informar de todo, dándole el parabién de
sus victorias que por haberlas alcanzado de infieles se sufría.
El caballero que fue con esta embajada se llamaba Loaysa, y el
turco le recibió muy bien y dio su respuesta significando en ella
que deseaba la paz y amistad y tregua con el rey, como aquí
diré.
"Estando el emperador en Zaragoza envió, como dije, a fray
Garcijofre de Loaysa, caballero de la orden de San Juan, con
cartas al gran turco Solimán (sic, por Selim) pidiéndole que no
consintiese maltratar ni impedir el camino a los peregrinos que
iban a Jerusalén. El cual dijo que de grado, con tal que no
acogiesen griegos en Italia. Este turco dijo que se maravillaba
mucho de que hubiesen echado de España los judíos, pues era echar
de sí las riquezas. La carta que trajo del turco en respuesta de
la creencia que llevó del emperador y de la embajada que dio
decía así:

"Sultán Selino, por la divina favente clemencia grande
emperador e señor de Persia, e de Arabia, e Siria, e toda Egipto,
e de Mecca, e de Jerusalén, e de Asia, e de Europa, etc. Con
acatamiento de todo buen amor, al prepotentísimo rey de romanos,
e de Castilla, e de León, de Aragón, de Navarra, de las dos
Sicilias, de Granada, e de Austria, e de Borgoña, etc. Con todo
amor e honra hacemos saber a vuestra majestad cómo de presente
pareció ante nuestra imperial majestad el noble comendador fray
García de Loaysa, gentil-hombre y embajador de vuestra majestad,
con sus cartas. El cual nos ha referido el buen ánimo y buen amor
que tenéis a nuestra imperial majestad, y allende y más de esto
nos ha hecho entender el deseo y demandas que de nos queréis y
deseáis. Conviene a saber, que los cristianos peregrinos que
vinieren a Jerusalén a la visitar puedan venir e tornar en paz
sin ningún impedimento, también para adobar e reparar e renovar
las iglesias de Jerusalén, de lo que han menester, asimismo para
renovar e confirmar los privilegios y estatutos que sus vasallos
de sus tierras tenían del Soldán, e para tener consultas para
librar sus pleitos e contiendas por todas nuestras tierras, así
en Arabia como en la Turquía. En fin, todo lo entendimos
cumplidamente del dicho vuestro embajador, el cual acetamos con
mucho amor. Empero por el presente hacemos saber a vuestra
majestad que el principio de este nuestro amor es fecho con este
vuestro embajador, con autoridad podría satisfacer las demandas
que serán necesarias con ánimo e corazón en todo aquello que
pueda acaescer, según la usanza nuestra. Y así sed cierto que se
hará. Pero, por el presente, vuestra majestad ha de hacer lo
debido, y es que los vasallos e hombres nuestros, que son en
nuestro territorio de la Valona e de la ribera de las otras
nuestras tierras, que pasan en la Apulia y en las otras tierras
de vuestra majestad, es necesario mandéis no los afrenten, ni
hagan mal ni daño, e que los reciban por donde pasaren, e les
restituyan algo si les han tomado. Y haciendo esto, crecerá el
amor nuestro de día en día con mucha ventaja más que hasta aquí,
e así se hará. Dada en la nuestra sala de Andrinópolis, a los
diez de hebrero del nuestro profeta Mahoma, año de novecientos y
veinte y cinco años" (24).

No iban a terminar ahí los cambios en Oriente en el tiempo

de la elección imperial de Carlos V. Selim I había accedido al

poder tras una serie de crímenes necesarios para la sucesión; la

muerte de todos sus hermanos y de toda su descendencia masculina,

así como, posiblemente, el envenenamiento de su padre anciano, al

que había forzado a abdicar, en el camino hacia Demotica, su

pueblo natal, le habían hecho ganar --con otros innumerables

crímenes que entran ya en el ámbito de la leyenda-- el

calificativo de Cruel. Tal vez, también, preparara la sucesión

pacífica de su hijo Solimán haciendo asesinar a todos sus hijos

varones. En septiembre de 1520 se dio el relevo; Solimán, de

veinticinco años entonces, tomo precauciones antes de acudir a

Estambul temiendo alguna trama cruel de su padre contra él mismo,

pero no fue así. Su ascensión al sultanato quiso que fuera el

inicio de una nueva era y significó un respiro para sus súbditos;

apoyado en el gran visir Piri Pachá, hizo colgar al gran

almirante (Kapudan Pachá o Pasa, título que había de ostentar

luego Jeredín Barbarroja y, más tarde, Euch Ali y Hasán

Veneciano) Cafer Bey, verdadero acto simbólico, y durante todo el

invierno preparó sus fuerzas para dirigirlas contra la Europa

cristiana. La conquista de Belgrado y luego la de Rodas, en

plenos enfrentamientos en occidente, fueron el inicio de aquella

gran ofensiva turca.

Sandoval, como en un lamento, recoge aquel relevo:

"Si bien no es de esta historia, porque en ella se ha de tratar
largamente y con harto sentimiento de la cristiandad del gran
turco Solimán y de los males que en ella hizo, diré con brevedad
que en el año de 1519, en los mismos días que Carlos V, a quien
de aquí en adelante llamaré electo Emperador, fue sublimado en el
Imperio, murió en Chiurlu, lugar pequeño de Tracia, de una landre
que le dio junto a los riñones, el bravo Selim, rey de los
turcos, habiendo poco más de siete años que reinaba. Murió
rabiando en el mismo lugar donde ocho años antes él había hecho
morir inhumanamente a su viejo padre Bayaceto.
"Sucedióle en el Imperio su único hijo Solimán, mancebo
animoso, feroz, cuyo coraje y furor diabólico dio bien que hacer
al electo Emperador y a otros príncipes cristianos, y que llorar
a muchos, como aquí se verá.
"Tomó la posesión de sus grandes estados en el mismo mes que
Carlos fue electo Emperador, que es notable que cuando permita
Dios que entrase a reinar un enemigo tan poderoso del nombre
cristiano, se diese el Imperio y defensa de la Iglesia a uno de
los mejores capitanes que ella ha tenido" (25).

subir

 


[19] Prudencio de Sandoval, Historia de la vida y hechos del emperador Carlos V, Biblioteca de Autores Españoles, LXXX-LXXXII, Madrid, 1955, Atlas, libro III, c. XXX; I, p. 144.
[20] Ib., pp. 143-144.
[21]Ib, XXXI, p. 145.
[22] Ib., XXXIII, p. 146.
[23] Ver A. Tenenti, "I corsari in Mediterraneo all'inizio del cinquecento", en Rivista Storica Italiana, LXXII, 1960, y Sola, op. cit. pp. 227-228.
[24] Sandoval, III, XXVIII, t. I, pp. 142-143.
[25] Ib., XXXVII, p. 149.

 

  :: Aviso Legal ::
:: Optimizado para I.E. - 1024 x 768 ::