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"Corsarios o Reyes. De la saga de los Barbarroja a Miguel de Cervantes"

 

   
   

I.- LA CONSOLIDACION DE UN ESTADO CORSARIO EN LA ANTIGUA BERBERIA.

   

1.2.- JEREDÍN BARBARROJA, SEÑOR DE ARGEL A LA MUERTE DE SU HERMANO ARUCH. LA EXPEDICIÓN DE HUGO DE MONCADA, PRECEDIDA DE UNA CABALGADA EN TIERRAS DE ORÁN, VERDADERA OPERACIÓN DE CORSO, PARA ABASTECER DE CARNE AL EJÉRCITO.
 

Antonio de Sosa fue compañero de cautiverio de Miguel de

Cervantes en Argel poco más de medio siglo después de estos

sucesos que aquí vamos a presentar; entre 1578 y 1581 recogió

minuciosamente de la tradición oral argelina --de narraciones de

viejos cautivos y renegados, algunos de ellos compañeros de Aruch

Barbaroja, incluso-- un ingente material que luego iría

elaborando hasta convertirlo en la Topografía e historia general

de Argel. El abad de Frómista Diego de Haedo, sobrino del que

fuera arzobispo de Palermo --y con su mismo nombre, Diego de

Haedo, muerto en 1608--, publicó aquella magna obra de Sosa en

Valladolid, en 1612, a su nombre y al de su tío, como homenaje

póstumo a éste. La única edición posterior se hizo en 1929 por la

Sociedad de Bibliófilos Españoles, a cargo de Bauer y Landauer, y

también con Haedo como autor. Por fin, en 1977, un libro de

George Camamis esclareció definitivamente la autoría (2). Aunque

en las citas de la Topografía que sigan se conserve el nombre del

editor Haedo, en el texto nos referiremos normalmente a Antonio

de Sosa, verdadero clásico semi-inédito del Siglo de Oro, gran

prosista y amigo de Cervantes.

Así narra Sosa la recepción en Argel de la triste noticia de

la muerte de Aruch Barbarroja cerca de Tremecén, en "el tiempo de

las cerezas" de 1518 (3):

"Muerto Aruch Barbarroja..., a pocos días llegó la nueva a
la ciudad de Argel, do entonces se hallaba Jeredín, su hermano
segundo, gobernando aquel estado. El cual --sintiendo este caso
como el amor de tal hermano requería y, por otra parte, muy
temeroso de que el marqués (de Comares) no le fuese también a
buscar y echase de Argel-- estuvo a punto de embarcarse con los
turcos en veinte y dos galeotas que se hallaban en Argel; si no
fuera que algunos de los corsarios que presentes se hallaban le
animaron a que, a lo menos, esperase hasta ver qué movimiento
hacían los cristianos. Pero sabiendo luego cómo el Marqués ya
estaba recogido con su gente en Orán y que la mandaba embarcar
para España, se quietó. Y de todos los soldados y corsarios --que
luego, de todas partes, se recogieron a él--, con los que habían
escapado de la rota de su hermano, fue de voluntad y
consentimiento común hecho rey y su capitán general. Y, en la
verdad, era de tal espíritu en todas las cosas de la guerra y de
la paz que no desmerecía ser en todo sucesor a su hermano, como
después lo mostró bien con las obras.

"Y, luego, la primera cosa que hizo fue despachar una
galeota bien en orden; con la cual escribió al Turco la muerte de
su hermano y el estado en que estaba, muy temeroso de que los
cristianos le echasen de Argel y de toda Berbería. Y que, por
tanto, le suplicaba le recibiese sobre su amparo y favoreciese
con gente; porque él se ofrecía a pagarla y, aún, de aumentar
tanto el dominio de los turcos por Berbería que quedase toda ella
en pocos días sujeta a la casa otomana. Y con esto, y para más
obligarle, envió un muy grande y rico presente, con un renegado,
su caya o mayordomo.
"A estas cartas respondió luego el Turco..., no solamente
recibiéndole debajo su protección, pero enviándole dos mil turcos
y dando licencia a todos los que de Turquía quisiesen pasar a
Berbería que libremente lo pudiesen hacer y que si sirviesen en
la guerra a Barbarroja pudiesen gozar de todos y cualesquier
privilegios y libertades que los jenízaros gozaban en toda
Turquía.
"Con tan buen despacho como éste se volvió el caya de
Barbarroja, en principio del año siguiente, muy contento y
satisfecho. Y causó en su amo y en todos los demás turcos que
estaban en Argel admirable alegría. Y, luego, repartió el
Barbarroja esta gente por todas las tierras fronteras a la ciudad
de Orán , como Mostagán, Tenez, Meliana y otros lugares; que --si
é sto no fuera-- estaban muy a punto de alzarse y de negarle la
obediencia que al hermano habían dado.
"Y por quitarse de molestias y tener a los árabes más
contentos, se acordó a los pocos días con el Hamida Labde --que
el hermano había privado del reino y señorío de Tenez-- que
volviese a su reino , con tanto que cada año le diesen cierto
tributo.
"Y pareciéndole que desta manera ya no tenía que temer los
cristianos, dio licencia a los corsarios que, como antes solían,
saliesen a robar por esos mares, quedando él en Argel con muy
buena gente de guerra y en orden por más de un año entero" (4).

En la línea de la búsqueda de legitimidad de los viejos

corsarios (5) y en el marco del enfrentamiento Cristianismo/Islam

esta conexión de Jeredín Barbarroja con los turcos fue vista como

una decisión genial en aquel momento decisivo en que los

españoles preparaban una nueva ofensiva contra Argel y en el que

tensiones internas hacían problemático aquel nuevo estado

berberisco que Jeredín se esforzaba por afianzar. Antonio de Sosa

no recogió ninguna alusión a aquellas tensiones entre bereberes y

algunos sectores árabes y los partidarios de Barbarroja, pero sí

las recogen con amplitud otros cronistas. Como en otras numerosas

ocasiones, las fuentes inciden en el relato de manera más o menos

manifiestamente interesada.

La corte de Carlos I estaba en Zaragoza, en 1518, cuando le

llegó al nuevo rey la noticia de la muerte de Aruch Barbarroja y

de la instalación en Argel de un segundo Barbarroja, su hermano

Jeredín; así mismo, parece que conoció la conexión de Jeredín con

el sultán Selím, califa de todos los creyentes musulmanes después

de la ocupación de Egipto en esos momentos. La reacción del rey

español fue inmediata: encargó a Hugo de Moncada, "virrey de

Sicilia, que con cuatro o cinco mil hombres que en la isla había

disponibles, pasara sin tardanza a Argel y destruyera la ciudad"

(6); "al mismo tiempo que a Sicilia, se comunicó orden al conde

de Cabra para alistar naves en Cartagena y recoger en Bugía y

Orán hombres y caballos que se unieran a don Hugo", titulado por

el rey "Capitán general de la mar" y también "Capitán general del

marítimo ejército y conquista de Africa" (7). Era

" don Hugo de Moncada caballero valenciano, hijo del señor de
Aytona; sirvió a las órdenes del Gran Capitán en las guerras de
Italia, y acabadas, en obediencia del estatuto de la orden de San
Juan que había tomado, anduvo en cruceros sobre la costa de
Africa persiguiendo corsarios. Por el crédito adquirido le
invistió don Fernando el Católico con el virreinato de Sicilia ,
desde donde cooperó a las jornadas de Pedro Navarro, enviándole
recursos o refuerzos y cuidando de la defensa de Trípoli" (8).

Como había sucedido en la última expedición cisneriana

contra Berbería al mando de Diego de Vera --que también participó

en la armada mandada por Hugo de Moncada-- (9), se gestionó ayuda

en la propia Berbería. Así, según capitulaciones con el rey Muley

Mohamun --el "Bu Hamu" de Mármol-- de Tremecén, según Mariño de

la primavera de 1518 (10), se esperaba ayuda de este rey por

tierra. La espera de fuerzas locales que no llegaron fue uno de

los factores con que se intentó explicar el fracaso de esta

expedición.

La flota de Moncada, según Mármol, de paso por Orán se

entretuvo en una cabalgada por los aduares próximos a la ciudad

para abastecerse de carne. La narración de esta cabalgada es bien

representativa de esos tintes de "super-corso" de las

expediciones españolas que tanto debieron envenenar las

relaciones con Berbería hasta hacer que fuera inviable un

contacto normal de alianzas y distensión.

"Abu Hamu y el alcaide de Tremecén habían ofrecídose de que
irían por tierra con mucha gente para echar de allí (Argel)
aquellos corsarios... Antes que saliesen de aquel puerto (Orán),
acordaron los capitanes que sería bien ir a hacer carne a los
llanos de Cefina, que es una población muy grande cerca de Orán
donde andan de ordinario muchos aduares de alarabes y de
bereberes africanos. Y tomando el camino la vuelta de Arceo el
Viejo, por desmentir las espías que los moros tenían a las
puertas de Orán, hicieron vuelta a media noche sobre los aduares;
mas no pudieron llegar a ellos hasta la salida del sol porque la
guía que llevaban los metió por una dificultosa rambla y tan
angosta que pasaron harto trabajo en salir de ella. A esta hora
dieron sobre treinta y cinco aduares que estaban en Çafina; y
hallándolos desapercibidos --porque los alárabes de a caballo
habían acudido la vuelta de Arceo el Viejo pensando pelear allí
con los cristianos-- los saquearon y robaron todos y tomaron
quince mil cabezas de ganado mayor y menor que tenían metido en
las cercanas sierras; mas la gente huyó casi toda, que solamente
fueron cautivos ciento sesenta personas. Y con esto y otros
muchos despojos, volvieron los soldados victoriosos a Orán" (11).


Con unos cinco mil soldados viejos, "artillería de sitio" y

ochenta velas, la armada de Moncada desembarcó en Argel, "al

amparo del fuerte del Peñón (12), en pleno agosto de 1519. Con su

estilo tosco Gómara narra la versión oficial del fracaso,

atribuído al gallego Gonzalo Marino --veterano de Bugía, la

actual Beyaia, en poder de los españoles desde 1510 (13)--,

dejando a salvo el prestigio del noble Moncada, caballero de San

Juan, a quien Carlos I había de confirmar luego su favor:

"Nació una pasión y discordia entre don Hugo y el capitán
Gonzalo Marino, hombre diestro y sabio en la guerra y de mucho
consejo, sin cuyo parecer y voto no se podía hacer cosa alguna en
aquella empresa, y ésto por mandado del emperador. Decía Gonzalo
Marino que no se diese batalla campal, ni se combatiese, ni se
escalase el lugar, hasta que llegase Muley Abdalla (sic), rey de
Tremecén, que había de venir con mucha gente a ayudarles; el cual
no podía tardar pues estaba cerca y había muchos días que estaba
llamado y apercibido. Don Hugo decía que él solo con su gente
bastaba para dar la batalla y tomar la ciudad... Enojado don Hugo
porque no se hacía lo que él quería, mandó retirar el ejército y
embarcarse: ...víspera de San Bartolomé, año 1523 (sic, por
1519). Levantóse aquella noche tan gran tormenta que dio con la
mayor parte de la armada al través: perdiéronse allí 26 naos
gruesas sin otros muchos navíos chicos; amanecieron a otro día
ahogados muchos capitanes, soldados y caballeros, cosa de gran
compasión y tristeza. No fue menos de llorar ver tantos cautivos
como quedaron aquel día en poder de moros y turcos, y muchos de
los cuales mató Barbarroja en venganza, como él decía, de sus
hermanos, sabiendo que eran... de los españoles que estaban en
Orán. El resto del armada que quedó alzó áncoras y fuese de
allí...

"Desta fecha quedó Barbarroja rico de dineros, de cautivos,
de artillería, de naos, de maderas para hacer fustas, de otros
muchos bienes, en especial artillería, de que tenía grandísima
falta... Hizo buscar de nuevo a los españoles de Orán que se
hallaron en la muerte de su hermano en Tremecén, y matólos muy
cruelmente con nuevo género de tormentos" (14).

Los preparativos de defensa de Argel de Jeredín Barbarroja y

la solidaridad panislámica frente a los españoles debió ser de

mayor importancia de lo que se aprecia en el texto de Gómara. En

otras narraciones de aquel suceso así se puede advertir:

"Hayredín estaba aguardando para defenderla (Argel) con
harto temor porque tenía pocos turcos dentro y no mucha confianza
en los moros de la ciudad, especialmente si venía por tierra el
alcaide de Tenez, como se decía. Y viendo que los de Argel
escondían los dineros y joyas en pozos y en cuevas, y en otras
partes, y que algunos sacaban sus mujeres e hijos, mandó pregonar
so pena de la vida que nadie lo hiciese... A este tiempo
acudieron todos los alárabes y bereberes de aquella comarca, con
quien Hayredín tenía hecha amistad, y trabaron algunas
escaramuzas con los cristianos, donde murió harta gente de
entrambas partes" (15).

El trato cruel de Barbarroja a los cautivos españoles, que

había de hacerse legendario en el marco de la leyenda de

" crueldad berberisca", comenzó a manifestarse después de esta

acción:

"Entre las otras naos que dieron al través aquel día, fue una
donde iban una parte de los soldados del tercio de Nápoles y
muchos caballeros y capitanes... porque era muy grande y llevaba
mucha artillería, abastecimientos y municiones dentro...
Barbarroja salió de Argel un día antes de que las galeras
volviesen y envió un moro con una bandera de seguro a que les
dijese que se rindiesen y le entregasen las armas y la
artillería, y que él les daba su palabra de ponerlos en libertad
y darles navíos en que pasasen a España; y, con eso, se rindieron
luego pudiendo defenderse muy bien algunos días en la nao.
Salidos a tierra, los crueles alárabes quisieron matarlos, mas
Barbarroja envió doscientos turcos que los defendieses y siendo
traídos ante él preguntó a los capitanes si era cosa justa
mantener la palabra que se daba por los caballeros y gente noble
en la guerra. Los cuales le respondieron que sí. Entonces dijo
Barbarroja: `Martín de Argote dio su palabra en la villa de Calaa
de Beni Arax a Escander y a los turcos que con él estaban de que
no los matarían y que los pondría en seguro, y después los
alanceó y mataron a todos; vaya una por otra y de aquí adelante
abra cada uno el ojo, y aún agradecedme que os deje vivos', Y,
así, los tomó por esclavos" (16).

Se refiere Mármol a su versión de lo sucedido en Alcalá de

Beniarax, para él Calaa Beni Arax, en donde muriera el corsario

Escander y, según algunos, el hermano menor de los Barbarroja

Mohamed (Gómara/Sandoval) o Isaac (Sosa); he aquí el plástico

relato de Mármol Carvajal de la muerte de Escander Corso, la

primavera del año anterior:

"Dieron a Escander un arcabuzazo en una pierna. En este
tiempo la mayor parte de los moros que servían a Horux se pasaban
al real de Bu Hamu (rey de Tremecén), de cuya causa Escander
trató de rendir la fortaleza, con que le dejasen ir libremente
con los turcos..., lo cual le fue concedido... Mas... saliendo
Escander con su gente de la villa, un hijo de un jeque principal
de los Meliones que allí estaban, conociéndole de una adarga que
llevaba que le había quitado a su padre, y forzádole las mujeres,
no pudiendo refrenar la ira arremetió a él y le sacó la adarga
del brazo; y llegando otros treinta hermanos suyos, hijos del
mimo jeque, alancearon a Escander y a todos los turcos que allí
estaban sin que Bu Hamu ni Martín de Argote los pudieran
favorecer; solamente quedaron vivos diez y seis, que se abrazaron
con los estribos del rey y de Martín de Argote..." (17).

En el mismo verano de 1519, Mártir de Anglería se quejaba,

con su tono desenfadado pero muy acorde con el sentir cortesano,

de la incidencia del corso berberisco en las desprotegidas costas

españolas del inicio del reinado de Carlos I:

"Escucha otro afrentoso acontecimiento. De la misma manera que
los elegantes tranquilamente se pasean por los salones de la
Corte, así abiertamente los piratas navegan a velas desplegadas
ante las mismas narices de los nuestros; me refiero a la Corte y
al Rey. Parecía que nos estaban haciendo `la peseta' con el dedo
de en medio. Infestan todo este litoral, saquearon un pueblo a
doce millas de aquí, se llevaron cautivos a los vecinos y nos
amenazan con peores cosas aún. ¡Oh, dolor, oh dolor! No se ha
hecho la menor mención de gastar un céntimo para que desaparezca
tan dañosa infamia. De esto hay bastante" (18).

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[2] G. Camamis, Estudios sobre el cautiverio en el siglo de oro Madrid, 1977, Gredos.
[3] Para el periodo anterior y muerte de Aruch Barbarroja, ver Sola, op. cit. pp. 255 ss.
[4] D. de Haedo, Topografía..., Madrid, 1929, Sociedad de Bibliófilos Españoles, 3 vols., I, pp. 248-249.
[5] Ver Sola, op. cit. pp. 19 ss., y 153 ss.
[6] Cesáreo Fernández Duro, Armada española desde la unión de los reinos de Castilla y de Aragón, 1476-1664, 4 vols., Madrid, 1895, I, p. 127.
[7] Ib., p. 128.
[8] Ib., pp. 127-128, según sus biógrafos Fernández de Navarrete (CODOIN, XXIV) y Vargas Ponce, en Ms. del Museo Naval de Madrid.

[9] Ver Sola, op. cit. 238-248.
[10] P. Mariño, Tratados internacionales de España, Carlos V, II: Norte de Africa, C.S.I.C., Madrid, 1980, p. 3.
[11] Mármol, II, V, fols. 183 vto.-184.
[12] Fernández Duro, I, p. 128.
[13] Ver Sola, op. cit. pp. 178-184.
[14] La Crónica de los Barbarroja de Francisco López de Gómara está publicada en Archivo Histórico Español, de la Real Academia de la Historia, tomo VI, Madrid, 1853; este texto es de las pp. 380-381. Sobre la muerte de Aruch Barbarroja a manos de los españoles, ver Sola, op. cit., pp. 255-263.
[15] Mármol, II, V, fol. 189.
[16] Ib. fol. 184 vto. Para la referencia a la muerte de Escander Corso, ver Sola, op. cit. pp. 255 ss. Escander es el Scandaro de la carta 616, de 10/5/1518, de Pedro Mártir de Anglería, Epistolario, publicado en Documentos inéditos pára la Historia de España, Madrid, 1955, en traducción del latín de José López de Toro. Esta carta está en tomo XI, p. 313.
[17] Mármol, fol. 182 vto.
[18] Anglería, carta 642, de 4/7/1519, XI, p. 363.

 

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