La psicosis de conspiraciones pudo influir, sin duda,
en
aquel comportamiento violento de Jeredín Barbarroja,
no diferente
del comportamiento de otros gobernantes de su tiempo.
Gómara
trata con cierta amplitud los posibles problemas de Barbarroja
con los cabiles y suawa, con el rey de Cuco, y narra una
hermosa
historia de cautiverio y libertad en la que aparece un
Jeredín
valiente y agradecido:
"Ben-alcade corría desde el Cuco, como solía,
la tierra de
Barbarroja y hacía en ella muchos y grandes daños.
Corrido y
fatigado dello el Barbarroja, juntó un campo de
turcos y moros.
Tenía cincuenta españoles cristianos muy
buenos soldados, a los
cuales rogó que fuesen en guardia del artillería,
en que confiaba
mucho por haber victoria porque su enemigo no la tenía.
Prometióles de hacerles libres, viniese o no victorioso.
Fuese
para el Cuco: salióle al camino Ben-alcade, peleando
en lo llano
cerca de la sierra. Hubo muchos muertos y heridos de entrambas
partes... En fin, venció muy gentilmente Ben-alcade.
Murieron
allí aquel día los mejores capitanes de Barbarroja,
casi todos
los renegados turcos que fueron en el ejército y
muchos moros, y
aún también fuera muerto él si no
le socorriese un renegado de
Málaga, porque le habían muerto el caballo
en que iba y le daban
tantas heridas que no pudiera escapar. Estaba tan bravo
Barbarroja y tan embebido en la pelea, que no le podían
sacar de
ella; antes, decía que quería morir allí con
los suyos. En fin,
se retrajo con los que quedaron a cierta parte y se hizo
fuerte;
los españoles que estaban con la artillería,
como vieron su
ejército desbaratado, muerta mucha gente y puesto
en huída el
Barbarroja, hiciéronse fuertes donde tenían
asentada el
artillería, y con ella y con sus escopetas se defendieron
con
mucho esfuerzo... dos días y una noche. Al fin,
faltándoles las
fuerzas y el comer, quedaron perdidos; mas por no venir
a manos
de sus enemigos y porque Ben-alcade no se aprovechase del
artillería, pegaron fuego a las municiones y carros,
quemóse
todo, y ellos viniéronse aquella noche donde Barbarroja
estaba,
el cual se holgó mucho con ellos, aunque estaba
triste por su
vencimiento. Recogió toda su gente y entróse
en Argel: dio un
navío muy pequeño a aquellos soldados españoles
y dineros para el
camino y enviólos, como se lo había prometido,
a España" (118).
Otro texto de Gómara parece ilustrar los posibles
problemas
con tribus árabes del reino de Tremecén,
con tratos de gran
ambigüedad y sutilezas diplomático-militares,
antes del viaje
decisivo de Barbarroja a Estambul: "Pocos días
después de aquella
mala pelea (con los cabiles de Cuco), le vino a cortar
y robar la
tierra un alárabe principal, amigo del rey de Tremecén,
con gran
número de gente"; Barbarroja, viendo que era
fuerte el otro,
"dejó aparte las fuerzas y usó de mañas.
Envió secretamente uno
de los suyos al alárabe con gran suma de dinero
y un muy buen
presente... ofreciéndole muy mucho más...
si disimulase con él y
no le diese batalla, pues en ello no ganaba para sí sino
para
otro... Fue vencido el alárabe, pudiendo ser vencedor.
El
alárabe, por cumplir con el rey de Tremecén,
trató con Barbarroja
que ordenase para cierto día sus escuadrones y batallas...
Habló
tras ésto con sus capitanes amigos... Hizo muestra
de dar
batalla; mas hicieron la señal que tenía
mandado y retiráronse
poco a poco unos por una parte y otros por otra, y así pasó
aquella guerra. De allí quedaron muy buenos amigos
el turco y el
alárabe: sin duda ninguna se acabara de perder aquel
día si aquel
alárabe no fuera traidor a su rey" (119).
Al lado del control efectivo de un territorio organizado
en
torno a Argel, verdadera creación de la Argelia
moderna, en pugna
con los españoles, con los indómitos montañeses
que eran los
cabiles y suawa y con las diversas tribus árabes
semi-nómadas que
los Abdelwadíes y Zianíes de Tremecén
no habían logrado
estructurar en un todo político coherente y eficaz
--lo mismo que
sucedía con la decadente dinastía tunecina
de los Hafsíes, al
este, contra la que se dirigiría pronto Barbarroja
desde Argel--,
la vitalidad del corso berberisco en el Mediterráneo
central y
occidental es lo más destacable de estos años.
Gómara relata un
capítulo interesante del corso, el fracaso de Sinán
de Esmirna y
Cachidiablo en una ambiciosa y arriesgada expedición
a Cerdeña,
con broche final de gesto de confianza hacia sus viejos
compañeros de Jeredín.
"Está en Cerdeña, ribera de la mar,
una iglesia de San
Antioco, muy devota, donde se allega infinita gente a velar
la
vigilia de aquel santo de toda aquella isla cada año.
Sabían en
Argel desta fiesta: acordaron elJudío y Caçia
Diabolo de ir allá
y tomarlos de sobresalto y cautivarlos a todos. Hiciéronlo
como
tenían pensado, sino que quiso Dios que se levantó tal
tormenta
que dio con ellos y con su armada al través no lejos
de donde
pensaban hacer el salto. Perdieron allí todas sus
galeras y
fustas que llevaban, casi todas excepto dos en que se
recogieron... los capitanes y personas principales de la
flota...
Libráronse en aquella tormenta mil y doscientos
cristianos.
Barbarroja, sentido de aquella pérdida, dioles luego
otra
armada..." Era el año 1532. "Fueronse
a Mallorca, donde tomaron
una nao vizcaína que venía de Flandes cargada
de mercadurías
ricas: túvose por cierto que valía doscientos
mil escudos; era la
mercaduría de genoveses. Con esta presa se volvierfon
a Argel y
quedaron ricos" (120).
El periodo de mayor actividad de Cachidiablo fue, sin
duda,
durante estos años. El cronista Alonso de Santa
Cruz alude a él,
enfrentándole a Alvaro de Bazán que había
sido encargado de
"rehacer la escuadra de la costa de Granada y su
región" tras el
desastre de Portundo y en coordinación con Andrea
Doria (121).
He aquí el relato de Santa Cruz:
"En este año el emperador mandó a
don Alvaro de Bazán que
con las galeras que tenía buscase galeras y fustas
si pudiera
haber y fuese a buscar a Barbarroja; y así lo hizo
don Alvaro,
que armó las dos galeras y otra y tres galeotas
y fustas y fue a
las islas a buscar al dicho Barbarroja. El cual, comosupiese
de
un cómitre de una galeota que había ido a
Argel, aderezó presto
cuatro galeras, seis galeotas y cuatro fustas y envió por
capitán
de ellas a Cachadiablo, el que vino a la costa de Cartagena
y se
puso junto a un sitio que se llama isla Grossa. Y como
don
Alvaro, que estaba en las islas, fue avisdo de ello, fue
contra
Cachadiablo con sus navíos; (hubo) una magna lucha
en
amaneciendo, y hubieron entre sí una brava batalla,
donde el
Cachadiablo fue roto y perdió cinco navíos
de los suyos y escapó
con los demás, huyendo camino de Argel" (122).
Se ha resaltado suficientemente la importancia de la
guerra
naval a lo largo del XVI y cómo, aún después
de Lepanto (1571),
"la mitad del presupuesto militar regular de España
se gastaba en
galeras" (123), así como la importancia de
esa "forma lícita de
guerra" y "guerra secundaria y degradada" o
guerra menor que era
el corso, en frases de Braudel (124). También hemos
hecho en otra
parte "algunas consideraciones sobre las naves de
esa época,
galeras, galeotas, fustas, bergantines y fragatas" (125),
según
un estudio muy técnico hecho por Francisco Felipe
Olesa Muñido,
La galera en la navegación y el combate (126),
de gran interés
para comprender esa navegación mediterránea.
Será a partir de los
años treinta del siglo XVI, y tras el viaje de
Barbarroja a
Estambul, cuando se amplíe de manera desmesurada
--en todos los
niveles cuantificables-- esa guerra naval mediterránea,
cuando se
pueda hablar de un verdadero "clasicismo" del
que la blanca y
empinada Argel será elemento fundamental, la ciudad
en la que
reflexionan o escriben Antonio de Sosa y Miguel de Cervantes.
Aunque hemos de volver sobre ello, quiero dejar aquí
recogido uno de los retratos de Jeredín Barbarroja
más tópico y
difundido por los medios eclesiásticos y oficiales
de la época,
recogido por el cronista Santa Cruz: "Era este tirano
(Jeredín
Barbarroja) muy justiciero y cruel y borracho y glotón
y muy
perverso en el vicio de la carne, por manera que estaban
muchos
vicios en él juntos y virtudes muy pocas" (127).
Junto a otros
retratos de sus contemporáneos Gómara, Sandoval,
Mármol o Sosa,
este de Santa Cruz es el más extremado y acorde
con esa
"propaganda" antiberberisca que se está perfilando
cada vez más.
subir