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"Corsarios o Reyes. De la saga de los Barbarroja a Miguel de Cervantes"

 

   
   

I.- LA CONSOLIDACION DE UN ESTADO CORSARIO EN LA ANTIGUA BERBERIA.

   

1.11.- EVOCACIÓN DEL GRAN CORSARIO SINÁN DE ESMIRNA, LLAMADO EL JUDÍO, Y PRIMERA EXPEDICIÓN DE ANDREA DORIA CONTRA LA BERBERÍA DE BARBARROJA, EN CONCRETO CONTRA SERSELL.

 


La conquista del Peñón de Argel y el éxito inesperado de

Cachidiablo con el traslado a aquella ciudad de muchos moriscos

valencianos con sus bienes, el botín cuantioso de las galeras de

Portundo, así como algún cautivo ilustre de alto rescate, debió

crear un ambiente de entusiasmo en Berbería y una nueva oleada de

corsarios que acudían a acogerse a aquel nuevo territorio que

Jeredín Barbarroja llevaba estructurando ya más de un decenio.

"En este mismo tiempo cuatro bergantines y una fragata de
corsarios que andaban a caza de barcos y fragatas y semejantes
navíos en que trataban y salían del Tíber, tomaron junto a Ostia
dos galeras, una de Nápoles y otra de Castilla: lleváronlos a
Argel, por las cuales no menos alegrías hizo Barbarroja... Vino
también aquel invierno a Argel de los Gelves el Judío a servir a
Barbarroja, con dos galeras y nueve bergantines, y había volado
la nueva de aquella gran victoria por toda la costa de Berbería,
y se recogían a Argel a estar debajo el mando y amparo de
Barbarroja" (101).

Son figuras parejas, con sus matices bien manifiestos a la

vez, un Portundo con ocho galeras por capitulación imperial con

su patente de corso, un Andrea Doria señor de doce galeras, un

Sinán de Esmirna, señor de dos galeras y nueve bergantines --o

veinticuatro galeotas y fustas, según Sandoval--, o un Ali

Caramán, con cuatro galeotas y dos galeras, así como el mismo

Jeredín Barbarroja que, "con once galeras y treinta fustas, sin

las que podrá él juntar de otros corsarios moros sus amigos",

como escribiera la emperatriz (102), parecía que en el inicio de

la nueva década de los años treinta estaba consiguiendo la

coordinación, en torno a su nuevo régimen argelino, de muchos de

aquellos notables corsarios/armadores/"nueva burguesía"

berberisca. Il modello di sviluppo economico delle città

marittime barbaresche dopo Lepanto, notable estudio de Ciro Manca

(103), sin duda tiene su origen próximo en estos años y sus

grandes hallazgos y carencias pueden analizarse ya en estos años

estelares de la Berbería de Barbarroja. Volveremos sobre ello.

La narración de Sandoval es más rica que la de Gómara y

recoge un retrato rápido de Sinán de Esmirna, el Judío, uno de

los corsarios tratados con tono más amable por las fuentes

cristianas, y hasta amistoso en ocasiones por su temperamento

poco inclinado a la violencia:

"Tenía propósito Barbarroja de hacerse señor del mar, desde
Gibraltar a Sicilia, escribiendo para ello a Sinán, judío, que le
faltaba, para que dejase los Gelves y se viniese con él, donde
entraría a la parte que le importaría harto más, pues juntándose
los dos en un cuerpo harían muy grandes lances.
"Era Sinán de Synirne (sic) tuerto de un ojo y judío
conocido por renombre y no por linaje; manso con los esclavos,
piadoso con los enfermos, templado en los vicios, firme en el
consejo, astrólogo y grande hombre de mar, así para las alturas
como para las derrotas; era, en fin, el mejor corsario de su
tiempo, si tuviera la dicha de Barbarroja; y, así, le escogió
después el gran turco por capitán para contra los portugueses en
el mar Bermejo y en la India.
"Sinán se holgó mucho con la amistad de Barbarroja,
aceptando el partido que se le ofreció; y, así, se vino a Argel
con dos galeras y veinte y cuatro galeotas y fustas, aunque otros
cuentan menos.
"Vino también otro corsario de Túnez llamado Ali Caramán, a
ruego de Sinán Judío, con cuatro galeotas y dos galeras que
tomara cerca de Ostia, viniendo de Nápoles a Florencia con
pelotas y pólvora para el príncipe de Orange, que la tenía
cercada, una de las cuales se llamaba `Sevillana'. Vinieron
también otros corsarios menores que después ganaron fama.
"Barbaroja, como también la deseaba, se holgó mucho con
tantos corsarios, nacidos como él para hacer mal. Festejóles
mucho y --juntando hasta sesenta navíos, diez galeras, las demás
galeotas-- se puso a punto para hacer un buen salto; y como se
vio tan poderoso, les dio a entender que tomarían a Cádiz si
fuesen sobre ella.
"Y aunque se les hacía muy de mal pasar el estrecho de
Gibraltar, le prometieron de acompañarle en la demanda. Todos se
apercibieron de cuanto habían menester para la empresa. Enviaron
a Ali Caramán con veinte y cinco velas a Sargel, por bizcocho y
por otros pertrechos de guerra" (104).

En aquel contexto eufórico que reinaba en Argel tuvo lugar

la primera expedición de Andrea Doria directamente contra la

Berbería de Barbarroja. En Sersell (Cherchell, la Sargel de la

época), en donde se habían instalado muchos moriscos españoles

muy adictos a Barbarroja desde el inicio, había emprendido éste

trabajos de importancia con mano de obra esclava, como muy bien

narra Sosa:

"Por la costa de Berbería hacia poniente, veinte leguas de
Argel, está un lugar que se dice Sargel que en otro tiempo fue un
lugar muy principal; y estando los años atrás despoblada casi del
todo, los moriscos que de Granada, Valencia y Aragón se han
pasado a Berbería, viendo la comodidad del lugar y la fertilidad
y hermosura de sus campos, la han poblado de manera que habrá en
ella como mil casas dellos y más. Este lugar, aún antes que Aruch
Barbarroja el mayor se hiciese señor de Argel le dio la
obediencia --como en otro lugar escribimos largamente (105)--, y
la misma dio después al segundo Barbarroja Jeredín, que sucedió
al hermano. Y muchas veces que el Jeredín volvía de su corso y de
robar, o partía para ello, hacía lo que hoy día hacen todos
aquellos corsarios que van en corso para España y sus islas, y a
poniente, que allí iba a despalmar; y, a la vuelta, allí hacía
escala; porque, demás de la fertilidad de la tierra, tiene la
ciudad comodidad razonable de puerto, aunque no tan grande ni tan
abrigado. Esta tierra y lugar tan acomodado deseó mucho el dicho
Jeredín Barbarroja ennoblecer, con hacer en (sic) --como
comenzó-- un castillo fuerte y engrandecer más y ensanchar aquel
puerto haciendo un muelle en que todas sus galeotas y bajeles de
otros estuviesen seguros. Por lo cual traía en estas dos obras
ocupados de continuo setecientos cristianos cautivos" (106).

La expedición de Andrea Doria sugiere Antonio de Sosa que la

solicitaron los mismos cautivos: "Algunos quieren decir --y lo

afirman cristianos de aquel tiempo, cautivos, con los cuales yo

hablé-- que los mismos cautivos que entonces se hallaban en

Sargel lo habían escrito al mismo príncipe (Doria),

significándole con cuánta facilidad podía acabar tanto uno como

lo otro. Esto es, darles a ellos libertad y tomar la tierra y

deshacer toda la obra que se hacía" (107).

La narración de Sandoval es la más precisa:

"Andando en ésto, salió Andrea Doria por mandado del
emperador en busca de Barbarroja, a vengar la de Portundo, con
treinta y ocho galeras, y entre ellas las de Francia, que ya el
rey Francisco estaba amigo del emperador, aunque se sospechaba
otra cosa, perdonando a Andrea Doria; el cual supo en Mallorca
que Barbarroja tenía sesenta bajeles de remo bien aderezados,
aunque la mitad de ellos en Argel y la otra mitad en Sargel.
"Partióse luego para Sargel, por ser menos galeotas que
tenía Ali y porque Barbarroja, Cachadiablo y otros estaban en
otra parte.
"Pensaron las atalayas de Sargel, luego que descubrieron la
flota de España, que eran los de Argel y, así, se descuidaron.
Mas viendo que era Andrea Doria, quitó de presto Alí los hierros
a los cristianos galeotes, que serían más de ochocientos, y
metiólos en mazmorras y cuevas, pensando escaparlos, ya que otra
cosa no pudiese, porque valían mucho dinero. Barrenó algunos
navíos porque no se los llevasen, echó fuera del lugar todos los
vecinos para que llamasen quién les socorriese de presto, y él se
metiò con los turcos en el alcázar.
"Entró en el puerto Andrea Doria sin golpe de artillería.
Apoderóse del pueblo y envió tres compañías de soldados nuevos
italianos con Jorge Palavecino a sacar los cautivos, que luego
supo de ellos. Trajeron los cautivos a las galeras y, dándose a
saquear a Sargel y a las aldeas con algún desorden, salió Ali con
sus turcos sobre ellos, y muchos alárabes de pie y de caballo,
que les desconcertaron muy mal y les degollaron muchos, sin
poderles valer las galeras aunque se acogieron a ellas. Quedó
preso el Palavecín (sic) con más de sesenta, y murieron cosa de
cuatrocientos, tornándose Andrea Doria sin tentar el alcázar, con
todos los cautivos, dos galeras y seis o siete fustas, corriendo
ya el año 30" (108).

Sosa da otras cifras que son de fiar --recoge la tradición

de los medios argelinos--, a pesar de que, como en la fecha de la

conquista del Peñón, yerre en un año completo al situar en el año

1531 y no en 1530 esta expedición de Doria; bien precisa, sin

embargo, el mes de julio, pleno verano, más fácil de recordar

para un narrador que evoca hechos presenciados muchos años atrás.

"El príncipe (Doria), temeroso no le echasen al fondo sus bajeles

y viendo que no había remedio para los soldados se recoger, se

alargó a la mar, quedando aún en tierra más de seiscientos

soldados vivos, los cuales los turcos y moriscos cautivaron, en

recompensa de los otros cristianos que perdieron. Y haciéndose

luego el príncipe a la vela, se fue derecho a Mallorca" (109). Si

hubiera que dudar entre ambas cifras, habría que pensar en una

minimización de la cifra en el caso de las fuentes cristianas

--Sandoval cita cuatrocientos muertos y más de sesenta

prisioneros, entre ellos Palavicino-- y una magnificación de la

derrota de Doria --Sosa, de fuente argelina, habla de más de

seiscientos soldados vivos cautivados por los berberiscos--,

aunque de ambas fuentes quede claro que la expedición de Andrea

Doria supuso un serio descalabro.

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[101] Gómara, p. 400.
[102] Ver nota (88).
[103] Napoli, 1982, Giannini Editore.
[104] Sandoval, XVIII, XII, t. II, p. 379.
[105] Se refiere Sosa a otro texto, Haedo, I, pp. 26-27; ver Sola, op. cit. pp. 228-229.
[106] Haedo, III, p. 36.
[107] Ib., I, pp. 258-259.
[108] Sandoval, XVIII, XII, t. II, pp. 370-380.
[109] Haedo, I, pp. 259-260.


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