La conquista del Peñón de Argel y el éxito
inesperado de
Cachidiablo con el traslado a aquella ciudad de muchos
moriscos
valencianos con sus bienes, el botín cuantioso
de las galeras de
Portundo, así como algún cautivo ilustre
de alto rescate, debió
crear un ambiente de entusiasmo en Berbería y una
nueva oleada de
corsarios que acudían a acogerse a aquel nuevo
territorio que
Jeredín Barbarroja llevaba estructurando ya más
de un decenio.
"En este mismo tiempo cuatro bergantines y una fragata
de
corsarios que andaban a caza de barcos y fragatas y semejantes
navíos en que trataban y salían del Tíber,
tomaron junto a Ostia
dos galeras, una de Nápoles y otra de Castilla:
lleváronlos a
Argel, por las cuales no menos alegrías hizo Barbarroja...
Vino
también aquel invierno a Argel de los Gelves el
Judío a servir a
Barbarroja, con dos galeras y nueve bergantines, y había
volado
la nueva de aquella gran victoria por toda la costa de
Berbería,
y se recogían a Argel a estar debajo el mando y
amparo de
Barbarroja" (101).
Son figuras parejas, con sus matices bien manifiestos
a la
vez, un Portundo con ocho galeras por capitulación
imperial con
su patente de corso, un Andrea Doria señor de doce
galeras, un
Sinán de Esmirna, señor de dos galeras y
nueve bergantines --o
veinticuatro galeotas y fustas, según Sandoval--,
o un Ali
Caramán, con cuatro galeotas y dos galeras, así como
el mismo
Jeredín Barbarroja que, "con once galeras
y treinta fustas, sin
las que podrá él juntar de otros corsarios
moros sus amigos",
como escribiera la emperatriz (102), parecía que
en el inicio de
la nueva década de los años treinta estaba
consiguiendo la
coordinación, en torno a su nuevo régimen
argelino, de muchos de
aquellos notables corsarios/armadores/"nueva burguesía"
berberisca. Il modello di sviluppo economico delle città
marittime barbaresche dopo Lepanto, notable estudio de
Ciro Manca
(103), sin duda tiene su origen próximo en estos
años y sus
grandes hallazgos y carencias pueden analizarse ya en
estos años
estelares de la Berbería de Barbarroja. Volveremos
sobre ello.
La narración de Sandoval es más rica que
la de Gómara y
recoge un retrato rápido de Sinán de Esmirna,
el Judío, uno de
los corsarios tratados con tono más amable por
las fuentes
cristianas, y hasta amistoso en ocasiones por su temperamento
poco inclinado a la violencia:
"Tenía propósito Barbarroja de hacerse
señor del mar, desde
Gibraltar a Sicilia, escribiendo para ello a Sinán,
judío, que le
faltaba, para que dejase los Gelves y se viniese con él,
donde
entraría a la parte que le importaría harto
más, pues juntándose
los dos en un cuerpo harían muy grandes lances.
"Era Sinán de Synirne (sic) tuerto de un ojo y judío
conocido por renombre y no por linaje; manso con los esclavos,
piadoso con los enfermos, templado en los vicios, firme en el
consejo, astrólogo y grande hombre de mar, así para las alturas
como para las derrotas; era, en fin, el mejor corsario de su
tiempo, si tuviera la dicha de Barbarroja; y, así, le escogió
después el gran turco por capitán para contra los portugueses
en
el mar Bermejo y en la India.
"Sinán se holgó mucho con la amistad de Barbarroja,
aceptando el partido que se le ofreció; y, así, se vino a Argel
con dos galeras y veinte y cuatro galeotas y fustas, aunque otros
cuentan menos.
"Vino también otro corsario de Túnez llamado Ali Caramán,
a
ruego de Sinán Judío, con cuatro galeotas y dos galeras que
tomara cerca de Ostia, viniendo de Nápoles a Florencia con
pelotas y pólvora para el príncipe de Orange, que la tenía
cercada, una de las cuales se llamaba `Sevillana'. Vinieron
también otros corsarios menores que después ganaron fama.
"Barbaroja, como también la deseaba, se holgó mucho con
tantos corsarios, nacidos como él para hacer mal. Festejóles
mucho y --juntando hasta sesenta navíos, diez galeras, las demás
galeotas-- se puso a punto para hacer un buen salto; y como se
vio tan poderoso, les dio a entender que tomarían a Cádiz si
fuesen sobre ella.
"Y aunque se les hacía muy de mal pasar el estrecho de
Gibraltar, le prometieron de acompañarle en la demanda. Todos se
apercibieron de cuanto habían menester para la empresa. Enviaron
a Ali Caramán con veinte y cinco velas a Sargel, por bizcocho y
por otros pertrechos de guerra" (104).
En aquel contexto eufórico que reinaba en Argel
tuvo lugar
la primera expedición de Andrea Doria directamente
contra la
Berbería de Barbarroja. En Sersell (Cherchell,
la Sargel de la
época), en donde se habían instalado muchos
moriscos españoles
muy adictos a Barbarroja desde el inicio, había
emprendido éste
trabajos de importancia con mano de obra esclava, como
muy bien
narra Sosa:
"Por la costa de Berbería hacia poniente,
veinte leguas de
Argel, está un lugar que se dice Sargel que en otro
tiempo fue un
lugar muy principal; y estando los años atrás
despoblada casi del
todo, los moriscos que de Granada, Valencia y Aragón
se han
pasado a Berbería, viendo la comodidad del lugar
y la fertilidad
y hermosura de sus campos, la han poblado de manera que
habrá en
ella como mil casas dellos y más. Este lugar, aún
antes que Aruch
Barbarroja el mayor se hiciese señor de Argel le
dio la
obediencia --como en otro lugar escribimos largamente (105)--,
y
la misma dio después al segundo Barbarroja Jeredín,
que sucedió
al hermano. Y muchas veces que el Jeredín volvía
de su corso y de
robar, o partía para ello, hacía lo que hoy
día hacen todos
aquellos corsarios que van en corso para España
y sus islas, y a
poniente, que allí iba a despalmar; y, a la vuelta,
allí hacía
escala; porque, demás de la fertilidad de la tierra,
tiene la
ciudad comodidad razonable de puerto, aunque no tan grande
ni tan
abrigado. Esta tierra y lugar tan acomodado deseó mucho
el dicho
Jeredín Barbarroja ennoblecer, con hacer en (sic)
--como
comenzó-- un castillo fuerte y engrandecer más
y ensanchar aquel
puerto haciendo un muelle en que todas sus galeotas y bajeles
de
otros estuviesen seguros. Por lo cual traía en estas
dos obras
ocupados de continuo setecientos cristianos cautivos" (106).
La expedición de Andrea Doria sugiere Antonio
de Sosa que la
solicitaron los mismos cautivos: "Algunos quieren
decir --y lo
afirman cristianos de aquel tiempo, cautivos, con los
cuales yo
hablé-- que los mismos cautivos que entonces se
hallaban en
Sargel lo habían escrito al mismo príncipe
(Doria),
significándole con cuánta facilidad podía
acabar tanto uno como
lo otro. Esto es, darles a ellos libertad y tomar la tierra
y
deshacer toda la obra que se hacía" (107).
La narración de Sandoval es la más precisa:
"Andando en ésto, salió Andrea Doria
por mandado del
emperador en busca de Barbarroja, a vengar la de Portundo,
con
treinta y ocho galeras, y entre ellas las de Francia, que
ya el
rey Francisco estaba amigo del emperador, aunque se sospechaba
otra cosa, perdonando a Andrea Doria; el cual supo en Mallorca
que Barbarroja tenía sesenta bajeles de remo bien
aderezados,
aunque la mitad de ellos en Argel y la otra mitad en Sargel.
"Partióse luego para Sargel, por ser menos galeotas que
tenía Ali y porque Barbarroja, Cachadiablo y otros estaban en
otra parte.
"Pensaron las atalayas de Sargel, luego que descubrieron la
flota de España, que eran los de Argel y, así, se descuidaron.
Mas viendo que era Andrea Doria, quitó de presto Alí los hierros
a los cristianos galeotes, que serían más de ochocientos, y
metiólos en mazmorras y cuevas, pensando escaparlos, ya que otra
cosa no pudiese, porque valían mucho dinero. Barrenó algunos
navíos porque no se los llevasen, echó fuera del lugar todos
los
vecinos para que llamasen quién les socorriese de presto, y él
se
metiò con los turcos en el alcázar.
"Entró en el puerto Andrea Doria sin golpe de artillería.
Apoderóse del pueblo y envió tres compañías de
soldados nuevos
italianos con Jorge Palavecino a sacar los cautivos, que luego
supo de ellos. Trajeron los cautivos a las galeras y, dándose a
saquear a Sargel y a las aldeas con algún desorden, salió Ali
con
sus turcos sobre ellos, y muchos alárabes de pie y de caballo,
que les desconcertaron muy mal y les degollaron muchos, sin
poderles valer las galeras aunque se acogieron a ellas. Quedó
preso el Palavecín (sic) con más de sesenta, y murieron cosa
de
cuatrocientos, tornándose Andrea Doria sin tentar el alcázar,
con
todos los cautivos, dos galeras y seis o siete fustas, corriendo
ya el año 30" (108).
Sosa da otras cifras que son de fiar --recoge la tradición
de los medios argelinos--, a pesar de que, como en la
fecha de la
conquista del Peñón, yerre en un año
completo al situar en el año
1531 y no en 1530 esta expedición de Doria; bien
precisa, sin
embargo, el mes de julio, pleno verano, más fácil
de recordar
para un narrador que evoca hechos presenciados muchos
años atrás.
"El príncipe (Doria), temeroso no le echasen
al fondo sus bajeles
y viendo que no había remedio para los soldados
se recoger, se
alargó a la mar, quedando aún en tierra
más de seiscientos
soldados vivos, los cuales los turcos y moriscos cautivaron,
en
recompensa de los otros cristianos que perdieron. Y haciéndose
luego el príncipe a la vela, se fue derecho a Mallorca" (109).
Si
hubiera que dudar entre ambas cifras, habría que
pensar en una
minimización de la cifra en el caso de las fuentes
cristianas
--Sandoval cita cuatrocientos muertos y más de
sesenta
prisioneros, entre ellos Palavicino-- y una magnificación
de la
derrota de Doria --Sosa, de fuente argelina, habla de
más de
seiscientos soldados vivos cautivados por los berberiscos--,
aunque de ambas fuentes quede claro que la expedición
de Andrea
Doria supuso un serio descalabro.
subir