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"Materiales Cervantinos en el Ateneo de Madrid "
   
   
     
EL III CENTENARIO DE LA PUBLICACIÓN DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA EN EL ATENEO DE MADRID. 1905 
   

Con motivo de los trescientos años de la publicación de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, el Ateneo de Madrid, a través de su Sección de Literatura, convocó un interesante evento en el que se presentaron 24 trabajos por distintas personalidades de la cultura, la política y la sociedad española.


Tales actos se desarrollaron entre el 29 de abril y el 7 de mayo de 1905. A esto hay que añadir la velada de evaluación que se efectuó el 13 de mayo y donde se entregó el premio al trabajo Gramática y vocabulario del Quijote.


En el momento de producirse este evento la Sección de Literatura tenía de presidente al cervantista Francisco Navarro y Ledesma. El vicepresidente era Francisco A. de Icaza. Y como secretarios actuaban Mauricio López Roberts, el famosísimo José Ortega y Gasset, Ramón Pérez de Ayala y Enrique de la Vega.


Por aquellas fechas el presidente del Ateneo era Segismundo Moret y Prendergast [4]. El secretario general era Mariano Miguel del Val.


La primera de las conferencias corrió a cargo de Francisco Navarro y Ledesma [5]  con el título Como se hizo el Quijote. Hace en este texto una comparación de la vida de Cervantes con la de su creación quijotesca: “No fue la idea de Don Quijote una idea innata de Cervantes, sino una despaciosa creación de su trabajada existencia. Podemos señalar, sin embargo, en la vida de Cervantes varias ocasiones característicamente quijotescas, varios puntos liminares, varias razones en que la realidad ante sus ojos presente, fue calentado la fragua donde había de forjarse el Quijote” [6].


La primera visión que le hace pensar en el Quijote es la visión de los molinos de viento. Primero los ve como máquinas de guerra, miembros de otros planetas que viene a sojuzgarnos. Pero después, al acercarse Cervantes a ellos, los ve como lo que son, los artilugios de moler pan. Es la visión dual del molino que se ve en el Quijote.
Otra de las impresiones que deja la impronta de Cervantes es su embarcación en El Marquesa, cuando va camino de la guerra contra el turco y pasa por delante de la costa de Corfú. La  poesía y la música de la zona, unido a los cantos y los versos homéricos  de Ulises, hacen en Cervantes sentirse cerca e inspira lo que será su obra. Allí conoce Cervantes a otros personajes de interés como Mateo de Santiesteban o el alcarreño Diego de Urbina.


La situación de Miguel de Cervantes es de enfermo, pero entra en batalla con estas quijotescas palabras, según nos trasmite Navarro y Ledesma: “Señores – dice el Ingenioso hidalgo de Alcalá – en todas las ocasiones que hasta hoy se han ofrecido la guerra a Su Majestad y se me ha mandado, he servido muy bien como buen soldado, y así ahora no haré menos, aunque este enfermo y con calentura; mas vale pelear en servicio de Dios y de Su Majestad y morir por ellos, que no bajarme so cubierta. Póngame vmd., señor capitán, en el sitio que sea más peligroso y allí estaré y moriré peleando” [7].
Navarro y Ledesma cuenta con entusiasmo los pormenores de la batalla, de manera casi novelesca, y como ésta hace tener a Cervantes pensamientos de personas importantes en su vida. Cuenta como los turcos le dejan manco de la mano izquierda. Cae herido el escritor alcalaino y muchos, como Diego de Urbina, le da por muerto (en otro pasaje novelesco de Navarro y Ledesma).


Hay un fuerte sentimiento nacionalista en el relato de Navarro y Ledesma, sobre todo a la hora de trasmitir la victoria sobre el turco.


Y la idea quijotesca de todo esto así lo expresa el autor: “El paso de la suma gloria de Lepanto a la miseria suma del cautiverio de Argel, da en Cervantes la medida justa, la exacta proporción de lo que pudiéramos llamar la quijotez de la vida humana” [8].
Compara a Cervantes, tanto en su victoria como en el cautiverio, a Aquiles, a Roldán o al Doncel del Mar Amadís de Gaula, así como a Miguel de Castro,  Alonso de Contreras, el alférez Campuzano o Marcos de Obregón. De su estancia en Argel y su deterioro, Miguel de Cervantes se llama a sí mismo “el caballero de la Triste Figura”.


Esperaba Cervantes que su obra tuviera difusión por todo lo que él había recorrido. Pero no llegó ese éxito. Se casó en Esquivias y tuvo roces con su cuñado Alonso Quijada de Salazar. Incluso algunos decían que el Quijote era para poner en ridículo a su cuñado. Pero tal cuestión no puede ser así, aunque se puede reflejar alguna ingenuidad de su cuñado en la obra.


Su vuelta es feliz en Sevilla. Su ambiente, a partir de 1585, le inspira para Don Quijote (sus mesones, sus mozas, etc.).


La vida de Cervantes se mueve en el entorno de la decadencia de España. Compara al Amadís de Gaula como el triunfador y a Don Quijote como el eterno apaleado [9]. La vida misma fue la escuela de Cervantes y sin esa vida no existiría el Quijote: “La vida es una peregrinación: Quien no camina ¿qué sabe de ella?, y quien no sabe de ella, por mucho talento que haya, ¿podrá hablarnos de algo que nos interese?”[10].


El trabajo de Cervantes tenía mucho peligro, pues no era bien recibido por el pueblo, al ser cobrador de impuestos. Era algo impopular, por lo impopular de las medidas.
Por ello del Quijote se extraen lecciones políticas, filosóficas, económicas y éticas. Un libro muy completo que muestra la realidad de España.


El Corral de los Olmos y el Corral de las Naranjas en Sevilla también le dan esa idea paradigmática que después impregnará en su obra.

Así se puede describir la España de Cervantes: “Hablando con los cómicos, Cervantes veía crecer y ensancharse la ficción, ocupar toda España la gran farsa de la vida hipócrita y fullera, donde todo era trapacería, tramoya, intrigas y recomendaciones, favores logrados por faldas y ventajas conseguidas por el colorete y la peluca” [11].

Para Cervantes, Granada le impactó y es la ciudad que pone al Quijote en su madurez.
Preso en Sevilla estuvo Cervantes de septiembre a diciembre de de 1597, donde comenzó ya a forjarse el Quijote. Y todo por los malos administradores de la Hacienda. Estuvo en la Cárcel Real. Se sabe de este lugar por la obra de Cristóbal de Cháves Relación de la cárcel de Sevilla, erróneamente atribuido a Cervantes. Allí explica todos los pormenores internos, definiendo cada profesión y el destino dentro de la misma.


En la cárcel de Sevilla conoció Miguel de Cervantes a otro grande de nuestro Siglo de Oro, Mateo Alemán. El autor de La atalaya de la vida humana, aventuras y vida del pícaro Guzmán de Alfarache, estaba en la cárcel por las mismas circunstancias que Cervantes.
Según Navarro y Ledesma, Cervantes salió de la cárcel cuando murió Felipe II, pero ya por entonces toda España era una cárcel. Por ello hay que entender la obra de Cervantes en el cambio de Felipe II a Felipe III.

Es el momento del surgimiento de la novela picaresca, como la de Mateo Alemán, o la novela novelesca de Heliodoro, Jerónimo de Contreras, de Núñez de Reinoso o el propio Cervantes. Había que hacer frente al romancero de las gestas y a los libros de caballería: “La empresa de atacarlos y derribarlos era una de las mas grandes que podían ser intentadas por ingenio alguno, y este propósito, no anterior, sino subsiguiente a la gran concepción del contrato humano, como base de una composición grandiosa y definitiva, debió de aparecer entonces claro a los ojos de Miguel, persuadido de las enormes consecuencias morales y literarias que tendría el derrocar la ficción caballeresca, en lo que iba envuelto el eterno mal de los españoles, lo que en tiempos recientes se llamó la leyenda dorada, aquel embaimiento y elevación en que viven los espíritus de España cuando fatigados de la acción por exceso de heroísmo y de energía, se tumban a la bartola pensando en muchos ignotos y en conquistas fantásticas” [12].


Camino de Valladolid, Cervantes repasa su obra y a la altura de 1602 la primera parte ya esta terminada.


Se especula cual puede ser el lugar de la Mancha de cuyo nombre no se quería acordar (Argamasilla de Alba, Miguel Esteban, Campo de Criptaza, Quintanar de la Orden, Pedro Muñoz o Mota del Cuervo). Don Quijote y Sancho son dos típicos personajes manchegos. Sus costumbres, sus movimientos, sus actitudes y hechos revelan tal cuestión.
El libro combina secuencias de ficción, sornas a la caballería, con escenas de la realidad y de la vida misma. Algunos intentan ayudar a Don Quijote, pero éste se rebela. Relevantes son también las figuras del cura Pedro Pérez y del barbero. La historia esta presente a través de la figura de Cite Hamete Benengeli. Igualmente Don Quijote recupera su humanidad en algunas circunstancias como el caso del vizcaíno. La realidad está presente cuando se muestra a los bandoleros andaluces que había realmente en la zona.       
Navarro y Ledesma se plantea si no es Don Quijote el verdadero caballero andante. La actualidad de la obra se ve en este pasaje: “Ha dicho el autor cuando se le ha venido a las mientes sobre la justicia humana, ha escrito su protesta contra la dureza de hacer someter como esclavos a los que la Naturaleza hizo libres, ha fiado todo a la divina sanción, como un cristiano primitivo o un anarquista de hoy” [13].


España esta decante bajo Felipe III y la vigilancia y represión de la Inquisición. Toda la intranquilidad e inseguridad de España se reflejaba en las obras del Siglo de Oro. La nación española perdía interés y en ese ambiente se entiende la locura de Don Quijote o el licenciado Vidriera.


En los años que escribe Cervantes el Quijote ataca a Lope de Vega, en una competencia que esta época era muy dada entre literatos de alto calibre (aquí entra también la figura de Luis de Góngora).  


Si la primera parte del Quijote siembra dudas sobre la sociedad española, la segunda parte se ve ese decadentismo con la irrupción de las enfermedades.  La siguiente aseveración de Navarro y Ledesma es paradigmática: “(…) que solo con nobles y ricos no se gobierna porque no es posible gobernar con los menos, cuando los menos valen poco”[14].


El 26 de diciembre de 1604 el Rey da licencia para que la primera parte del Quijote fuera impresa. Después ya las fechas son más difíciles de precisar. “Pero si económicamente no le sacó de ningún apuro, moralmente la obra hizo surgir de un salto el nombre de Cervantes en el ánimo del mundo entero, por una de la más alta y universales, y no menos que junto al de Lope de Vega y enfrente de él” [15].


Desde entonces Don Quijote y Sancho Panza se extendieron como iconografía por toda la geografía española. Para ver la segunda parte habrá que esperar diez años, en 1615.
Para Navarro y Ledesma la segunda parte del Quijote sobrepasa la literatura, lo mismo que Las Meninas de Velázquez sobrepasa la pintura.


Cuanto más locos están Don Quijote y Sancho, más se les quiere y más se les empatiza con sus ideales caballerescos. Las diferencias desaparecen, incluso entre Rocinante y Rucio. En los albores del desarrollo de la Revolución científica, en el Quijote se establece que la razón y la verdad son la verdadera caballería.


Para Navarro y Ledesma la segunda parte es más importante, porque los asuntos son desilusiones y desencantos de un viejo eternamente joven. Introduce en la segunda parte los sentimientos religiosos en Don Quijote. Se ve, por ejemplo, en el episodio de Basilio.
Anticipa a Kant en el concepto de la razón pura y la razón práctica. Incluso la perfecciona porque llega a la armonía.


Tras Don Quijote, el personaje con más hondo sentimiento en un bandido, Roque Ginart. No deja pasar la oportunidad Navarro y Ledesma de criticar con el Quijote al caciquismo que impera en España.


Muere Don Quijote, recuperando la razón Alonso Quijano el Bueno. El engaño es desengaño, la ilusión pérdida de ilusiones y su muerte hace pensar en nuestra propia muerte.


Otros de los trabajos presentados es el de Rafael Salillas titulado La criminalidad y la penalidad en el Quijote. Salillas hace una aproximación a la criminología en la España del Siglo de Oro. Nombra dos obras de interés de la época para estos temas. La primera es Relación de la cárcel de Sevilla del Licenciado Cháves, y la segunda es Aventuras y vidas de Guzmán de Alfareche de Mateo Alemán. Ambas son nombradas por el criminólogo italiano Cesare Lombroso [16]. Así hablan que aquellos que en la cárcel son torturados y resistían el dolor eran bienvenidos, y los que confesaban eran repudiados. Todo esto se convertía en una ley interna.


Varios son los libros de Salillas: La vida penal en España, Hampón, etc.  Estos libros fueron halagados por el propio Lombroso y le incitó a estudiar más cerca la antropología criminal en la picaresca española. Y en este contexto también surge el Quijote, ya que Cervantes estuvo preso en la cárcel de Sevilla donde compartió estancia con Mateo Alemán (como ya antes nos indicó Navarro y Ledesma).


Para Salillas, Mateo Alemán influyó en Cervantes y el Licenciado Cháves había influenciado anteriormente a Mateo Alemán. Hay pues una cadena de influencias. Pero Cervantes tiene otro estilo y la criminología solo la toca en su obra Rinconete y Cortadillo. De distinta manera lo hace en El coloquio de los perros, donde define al matarife. Otras obras donde aparece el perfil del criminal es en El licenciado vidriera, La ilustre fregona, La gitanilla, entre otras. Esta última obra así define a los gitanos: “Parece que los gitanos y gitanas nacieron en el mundo para ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones y finalmente, salen con ser ladrones corrientes y molientes a todo ruedo; y la gana de hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables que no se quitan sino con la muerte” [17]. En el Quijote la figura del gitano la representa en el capitulo XXX Ginés de Pasamonte. Este personaje nombra incluso la obra Lazarillo de Tormes.


Para Salillas “Mateo Alemán era mucho menos artista que Cervantes, pero mucho mas filósofo y pensador, y su pensamiento aparece condensado en la contemplación y análisis de los vicios constituyentes de la sociedad de su tiempo (…)” [18]. Mateo Alemán es el padre de la picaresca, muy por encima de Francisco de Quevedo, cuyo Dominé Cabra ha salido de la obra Guzmán de Alfarache.


Define a través de una obra suya, Hampón, los diversos tipos de pícaros que ha visto o documentado: el galeote moralizador, regicidas (los compara con el cacique), los alcaides, los sota alcaldes, etc. Toda una lista. “El tipo flamenco, que ya se sabe que es el heredero del hampón, es, reproduciendo jergalmente, echao pa lante” [19].


Todo lo que se diga de estos personajes no solo lo ha dicho historiadores, al presentar la grandeza o miseria de España, sino literatos como Cervantes. Así lo hace en La señora Cornelia.


Lo que para Cervantes es arrogancia, para Estabanillo González es fanfarronear y para Espinel señores absolutos. Todo entra en la categoría de matón. Y a veces matonesco y picaresco se refunden. Nombra otros pícaros como Carvajal, el lugarteniente de Francisco Pizarro.


En la picaresca y el Quijote no se hace mención a ninguna ley, solo Don Quijote en el discurso de la Edad de Oro habla de la ley del encaje, duramente criticada (también se ve esta crítica en la obra de Mateo Alemán). Esta ley servía para obtener beneficios y satisfacciones personales.


En El coloquio de los perros así dice Cervantes: “La pobreza atropella a la honra y a unos lleva a la horca y a otros al hospital” [20].


El funcionamiento en la cárcel en Sevilla fue curioso. Eran los presos quienes la mantenían y no el Estado. Esto provocó la existencia de clases dentro de la cárcel, como los llamados “valientes”, que tenían buena dicha con el alcalde, el sota-alcaide, los porteros o el verdugo (que era el matón). Y también surge la picaresca carcelaria, muy parecida a la social. Otra clase era los “pobretes”, los que se sentían avergonzados de su situación al ser gente honrada. Había oficios dentro de la cárcel (bodegueros, prestamistas, etc.) e incluso un morisco montó un negocio en el que explotaba a otros para beneficio personal.
Las dos figuras más importantes para el Estado en la cárcel era el alcalde (como único vigilante) y el verdugo. Este era quien ejecutaba la pena de muerte, mutilación y azotes. Y esto se testimonia en Rinconete y Cortadillo en la persona de Maniferro. También se ve en el Quijote, en el diálogo de éste con Sansón Carrasco.


Habla también Salillas de otras penas que habla la literatura del Siglo de Oro como el destierro, las galeras, etc. Y de las galeras también habla Cervantes. (La prisión es el antiguo destierro y las galeras es la antigua esclavitud penal). Lo hace en Persiles y Segismunda aunque también hay referencias en el Quijote.


Otro de los trabajos presentados en el de Julio Cejador y Frauca [21] titulado El Quijote y la lengua castellana.  Para Cejador el idioma de un pueblo lleva archivado toda su historia (hazañas, refranes, instituciones, frases, etc.) Según él “La lengua castellana es, pues, el archivo, el cerebro, la fantasía, el corazón del pueblo español” [22].

El habla literaria española del siglo XVI tiene tres vías:

  1. Italiana: Por el Renacimiento, destaca la obra de Granados, León, Garcilaso o Herrera.
  2. Popular: Es la mas nacional. Es la picaresca.
  3. Antigüedad falseada: Cotizada y la ofrece los libros de caballerías.

Cervantes pasó por todos los géneros: “El Quijote abarca todos los géneros y todos las maneras del lenguaje, es el modelo sin par de la lengua castellana” [23].
El Quijote esta repleto de lenguaje preciosista de origen italiano en muchos de sus puntos. También se ve en sus Novelas ejemplares.


La señora Cornelia, si bien es una obra italiana, ya aparecen personajes al más puro estilo español. Aunque aquí destaca La española inglesa, Rinconete y Cortadillo o El coloquio de los perros.


Cuenta Cejador que en el Quijote hay 669 personas, de los cuales 607 son hombres y 62 mujeres. Según Cejador: “Nadie como Cervantes supo crear caracteres bellos, mujeres hermosísimas en el cuerpo, pero mucho mas en lo moral del alma” [24].
Define a Cervantes con acendrado españolismo en el sentir y en el hablar, eminentemente moral y optimista, suelto y elegante en la expresión y castizo en el lenguaje. El estilo narrativo de Cervantes es de una plasticidad realista y viva, colocando las frases de forma libre y gallarda.


La novela pastoril de Sannazaro, Montemayor y Gil Polo, llega con el Quijote a su perfección. Esto tan italiano es muy querido por Cervantes. Mucha de las acciones de Don Quijote y Sancho, Cervantes las quiere asemejar a la Arcadia. Este es el caso de Grisóstomo y Marcela. El pastor Pedro habla como los pastores, alejando Cervantes del lenguaje culto de los pastores de Virgilio o Teócrito, que desde luego no era su lenguaje. Cervantes es un realista. En el capítulo LI también aparece otro suceso pastoril contado por un cabrero, Eugenio. También la historia de Camacho, rodeado de todo un alo bucólico.


También trata la historia del cautivo, destacando su obra El curioso impertinente. Y aquí Cervantes tiene experiencia personal.


Pero Cervantes estaba enamorado de los profundos ideales y eso era algo que mueve toda la elaboración del Quijote. Toda el alma de honor que tiene Amadís de Gaula lo pone Cervantes en Don Quijote. Por ello, esta mezcla de ideal caballeresco y realidad de España, necesitaba de una mezcla de lenguaje de los libros de caballerías y del habla más castiza y vulgar del pueblo castellano. Y esto es lo que hace distinto al Quijote de otras obras de Cervantes.


Y como el idioma es el alma del pueblo, hace que el Quijote sea una obra intraducible. Se puede traducir las ideas pero el fondo no. También porque el Quijote esta lleno de idiotismo locales, refranes, hipérboles y andaluzadas  que son intraducibles a otros idiomas.


Los discursos de Don Quijote están en un lenguaje noble y majestuoso. Destaca el de la Edad Dorada, considerado como uno de los puntos más altos de la lengua castellana. A parte de discursos sobre las armas y las letras o los libros de caballerías, hay que destacar el que tuvo con el eclesiástico en casa del Duque.


Pero donde destacó Cervantes en todos los lenguajes fue en el diálogo, ya sea entre Don Quijote y Sancho o Sancho y Teresa Panza. Y es en el arte del diálogo donde Cervantes se vende como un gran literato (puede que tuviera conocimiento del otro gran dialoguista, Platón). El gran pincel del cuadro realista lo da Cervantes en las palabras de Sancho, Teresa, Sanchica, los galeotes, etc. Todos son rústicos. Y aunque son de personas del pueblo, cada uno es distinto, verdadera arrancada del pueblo español.


Así define la lengua picaresca: “El habla picaresca es la flor y nata del castellano, es la quintaesencia del género idiomático, porque es la quintaesencia del genio y del carácter nacional. Por eso nada tiene de extraño que la novela picaresca haya nacido y sea exclusiva de España (…)” [25]. Y Cervantes es un novelista picaresco, pues más de la mitad de su producción tiene estos personajes. Y esta corriente picaresca corre por todo el Quijote. Si se lo quitará perdería el realismo español.


Resumiendo, Cejador dice que Cervantes es el monarca de la novela y el Quijote la mejor novela del mundo. Allí conviven los géneros antiguos condenados a desaparecer y los de transición.


Cecilio de Roda presentó a este III centenario del Quijote en el Ateneo de Madrid el trabajo Los instrumentos músicos y las danzas en el Quijote.  


Cervantes no era músico ni sabía de música, pero en sus obras al hablar de ella no comenta ningún disparate. En numerosas obras aparecen referencias a la música y a los instrumentos musicales: Juan Lorenzo de Segura, el Arcipreste de Hita, etc.


En el Quijote salen los instrumentos más de moda en el siglo XVII. Si sumamos la segunda parte de Don Quijote (1615) con  el tratado de Melopeo de Cerone (1616), tenemos un panorama completo de los instrumentos  populares y de los maestros.


Cervantes divide los instrumentos en pastoriles, militares, populares y aristocráticos. En los pastoriles destaca el rabel, instrumento de arco. Lo utilizan los pastores Antonio y Anselmo. Hay que añadir aquí las churumbelas, las gaitas zamoranas, los tamborines y los albogues (una especie de dulzaina).


En los bélicos están los clarines y tambores, las trompetas y pífanos, las cornetas, los cuernos y las bocinas.


La flauta y los panderos son comunes. Muchos de esos instrumentos todavía se utilizaban a la altura de 1905.


El salterio también tiene importancia, como instrumento completo después del órgano.
El arpa era el instrumento aristocrático favorito de la mujer. En el Quijote se ve en varios pasajes, sobre todo cuando pone el carro encantado Dulcinea.


La vihuela es el instrumento español más característico del siglo XVI [26]. Es el antecedente de nuestra actual guitarra. La guitarra de tiempos de Cervantes se extendió hasta finales del siglo XIX. Esta guitarra la perfeccionó Vicente Espinel. Varios son los libros y los autores que muestran la importancia de la guitarra.


La vihuela aparece en el Quijote como instrumento aristocrático. Y también aparece la guitarra, cuando, por ejemplo, aparece el soldado Vicente de la Roca, fanfarrón que burló a Leandra.


La trompeta suena en la aventura de los disciplinantes, y el pífano y el tambor acompañan a la Condesa Trifaldi.


Las danzas de los siglos XVI-XVII se dividen en 3:

  1. Danzas aristocráticas, danzas de cueta o verdaderas danzas.
  2. Danzas populares, de cascabel o bailes.
  3. Danzas mixtas: Aquí se distinguen las representativas o pantomímicas y las habladas.

Todas ellas aparecen en el Quijote. De las segundas hay representación en las bodas de Camacho. Aquí también aparecen las danzas de espalda.


El mejor representante en escritura de las danzas es Juan Esquivel Navarro, discípulo de Antonio de Almenda, con la obra Discurso sobre el arte del dançado y sus excelencias y primer origen, reprobando las acciones deshonestas.


Varias son las danzas de la época: la Gallarda, la Españoleta, el Bran de Inglaterra, el Turdión, la Pavana, etc.  Los reyes y los validos eran amantes de la danza. Incluso esta documentado que Felipe III danzaba y al parecer bastante bien (así nos lo dice Simón Contarini)


Don Quijote salió mal parado cuando unas mujeres pícaras y burlonas bailaron las cabriolas, carrerillas y cuatropeados.


Pero la cima de estos bailes cascabelescos la tenía la Zarabanda. El padre Mariana así la definía: “era baile y cante tan lascivo en las palabras, tan feos en los meneos, que baste para pegar fuego a las personas muy honestas” [27]. Tuvo gran aceptación entre 1580 y 1630. El Licenciado Huerta y Quevedo la nombra en alguna de sus obras. Las quejas de los bienpensantes llevan al Consejo de Castilla a prohibir la Zarabanda en 1630. Aun así la Zarabanda había sido sustituida por la seguidilla y la chacona, que eran más lascivas aun. Y así lo hace saber Mateo Alemán en el Guzmán de Alfarache. También Cervantes en La gitanilla y Viaje al Parnaso. Y la seguidilla se ve con el mancebo que Don Quijote y Sancho encuentra en la cueva de Montesinos.


Pero no había música instrumental y las danzas se ejecutaban al son de las canciones.
Pero poco a poco la música se fue convirtiendo en puramente instrumental.


El Quijote se sitúa entre dos obras de música. La primera de 1578 de Hernando de Cabezón titulada Obras de música para tecla, arpa y vihuela. La segunda es de 1674 de Gregorio Sanz titulada Instrucción de música sobre guitarra española.

La danza de las folias puede ser lo que Don Quijote baila en casa de Antonio Moreno.
Pero el baile favorito del tiempo de Cervantes fue la Chacona, muy similar a las granadinas.

El siguiente trabajo lo presentó Antonio Palomero. Se tituló La imitación de nuestro señor Don Quijote.


Palomero, en un breve texto, hace una comparación entre Alonso Quijano el Bueno y Don Quijote de la Mancha. El primero solo aparece en el inicio y el final de la novela, y la crítica posterior lo enaltece. Sin embargo, Don Quijote, el verdadero protagonista de la novela, es condenado al ostracismo. Por ello es mejor olvidar a Alonso Quijano el Bueno y recordar a Don Quijote. Porque este último cuando muere hace que el primero solo dure unas horas. Por ello es el verdadero protagonista.


“¿Y se le llamaba loco? Bien, pero su locura sublime, aborregada, constelada por todas la virtudes, es ciertamente más estimable que la cordura estupida y rampante de que hace profesión y sacerdocio las almas condenadas a la eterna mediocridad del limbo” [28]. Esto es quizá la mayor defensa de la locura de Don Quijote. Y esa locura por la que es calificado de inadaptado es por lo que hay que admirar a Don Quijote y reivindicarlo. Palomero considera que debemos creer como verdaderas las aventuras de Don Quijote, porque no solo hay que alabarle, defender y admirarle, sino también imitarle.

Andrés Ovejero presenta su trabajo titulado De la muerte de Don Quijote.
Ovejero alaba la obra de Navarro y Ledesma como investigador del Quijote, pero hace referencia a los estudios que sobre su muerte ha llevado el escritor Iván Turguenev. Considera que el último capítulo es que el vertebra toda la obra, haciendo un símil con el diálogo platónico cuando se produce la muerte de Sócrates. “Porque para mí, fuera de aquel dialogo en el que se describe la muerte del filosofo griego, no hay obra en la que se describa la muerte de un modo tan profundo, educador y ético, como en el último capitulo de la novela de Cervantes” [29]. Y es la muerte lo que diferencia al Quijote de Cervantes del de Avellaneda.


Pero no mata Cervantes al Quijote para que nadie se beneficie de él (como ya había hecho Alonso de Avellaneda). Ovejero asegura, y trata de demostrar, que Cervantes arrastraba una enfermedad y que la obsesión que toma por la muerte le lleva a “matar” al protagonista de su novela.


Destaca dos capítulos. El XIV, donde se produce la muerte del pastor Grisóstomo enamorado de Marcela, y que con unos versos exquisitos de Cervantes se le da entierro pagano. Grisóstomo es pastor por amor, pues en realidad es un estudiante intelectual, y prefiere un entierro en contacto con la tierra en el bosque. Recuerda a los entierros plásticos de la antigüedad clásica.


En el capítulo XIX es cuando Don Quijote y Sancho, con hambre (siguiendo conceptos metafísicos como el diálogo de Rocinante y Babieca) se encuentran un entierro. Don Quijote la emprende contra ellos. Es la muerte que viene a buscar a Don Quijote y este la ahuyenta. Pero las sombras también hacen referencia a la Inquisición, que crítica Cervantes y que aun considera viva Ovejero como recuerdo del medioevo. En este capítulo es cuando aparece el sobrenombre de Caballero de la Triste Figura, y también el de Sancho bueno, Sancho discreto y Sancho sin pero. Y estas imágenes también tienen que ver con la decadencia que España tiene en esos momentos. Incluso Ovejero cree que ese cortejo es el de los propios reyes de la Casa de Austria, que ven ellos mismos los funerales de su decadencia.


Ya en la segunda parte esta el capítulo XI, donde se encuentra con el carro de la muerte. Aquí es la representación de esa muerte renacentista con sus bufonadas, alejada ya de la muerte de la Edad Media. Y pone como ejemplo el libro de Pompeyo Gener La muerte y el diablo.


Destaca también el capítulo LX, donde Sancho tiene miedo al dormir, pues dice que siente unos pies sobre su cabeza. Al dormir en un bosque camino de Barcelona, Don Quijote le dice que eso son los pies de la cantidad de ahorcados que hay en esos bosques. Lo interesante es en la parsimonia que lo dice, pues la sociedad española esta acostumbrada a la muerte.


Hace referencia a la pintura de Berruguete, donde la muerte y pena capital es lo usual. En otro más modernos como Casas, pone como ejemplo su cuadro El garrote vil.
De importancia en esta línea es también el capítulo LXIX, donde se narra la muerte y resurrección de Altisodora. Como si de un espectáculo macabro se tratara, hace toda una escena Cervantes. Y esas escenas macabras Cervantes las sitúa en el palacio ducal, uno de los centros donde la degeneración y la decadencia de España son evidentes.
Pero sobre todos los capítulos esta el último, la muerte de Don Quijote. Se puede comparar con otras muertes, pero Ovejero la hace con la de Brand. Cuando Don Quijote cae en un sueño de seis horas, se despierta pidiendo misericordia a Dios. Y esa lucidez recuperada solo es comparable a la que Dios da en caridad a Brand. La frase de Don Quijote es: “Bendito sea el poderoso Dios, que tanto bien no ha hecho. En fin, sus misericordias no tiene límites, ni las abrevian ni impiden los pecados de los hombres” [30].


Hace una comparación entre Cervantes e Ibsen [31] y toma por boca de Unamuno que Don Quijote bien puede ser un Cristo castellano.


La muerte de Don Quijote es muy parecida a la de Cervantes, porque era la muerte que  el autor de la novela buscaba. Es lo que los psicólogos establecer como preocupación de su propio espíritu. Entre todas las comparaciones posibles Don Quijote era Cervantes (ni Rodrigo Pacheco, ni Alonso Quijada, ni el Conde de Puñonrostro, ni el duque de Lerma, ni Ignacio de Loyola). Porque Cervantes presencia sus propios funerales en la figura de Don Quijote.


Rescatemos este texto de la muerte de Don Quijote cuando habla a Sancho: “Tente en buenas y no te dejes caer, que en verdad de los que has dicho de la muerte por tus rústicos términos es lo que pudiera decir un buen predicador” [32].

El siguiente de los trabajos presentados lo escribió Enrique de Mesa y se titulaba El retrato de Don Quijote.


A pesar de los intentos nadie ha podido pintar a Don Quijote como se merece. Muchos lo han pintado en su locura y otros en sus aventuras. Pero para pintar a Don Quijote hay que acercarse a la realidad: “El pintor que quiera, pues, pintar a Don Quijote  en buena filosofía quijotesca, ha de sacar de sus hazañas y condición sus facciones, su color y su estatura, sirviéndose de los datos empíricos que Cide Hamete nos proporciona como de comprobante a lo sumo” [33]. Por ello para pintar a Don Quijote hay que hacerlo remitiéndose a sus páginas y también fuera de ellas. Porque Don Quijote no es una persona abstracta sino alguien que vive. Y es que para Enrique de Mesa es inútil intentar pintar al Ingenioso Hidalgo, porque como toda persona humana se ha cubierto de aureola de idealismo y allí no puede alcanzar el pincel y el lápiz. Y esta no aproximación a la realidad se ve en otras figuras que tan sutilmente nos dio Cervantes.
El único pintor que podría haber retratado a Don Quijote fue Velázquez, pues fue con el pincel lo que Cervantes con la pluma. Porque Velázquez pintaba la realidad, como los Borrachos, así como Cervantes la escribía en el patio de Monipodio. Pero uno encerrado en la cárcel y otro en los muros de palacio nada pudieron hacer por ello.

El doctor Ricardo Royo de Villanova sacó a la luz en este centenario un interesante trabajo bajo el título de Don Quijote y la locura.
Royo Villanova divide el texto en tres partes:

  1. La locura de Don Quijote.
  2. La locura en Don Quijote.
  3. La locura por Don Quijote.

Aunque Don Quijote está loco y la razón es “(…) loco era y loco tenía que ser por los fines críticos y didácticos con que su autor lo compuso (…)” [34], Don Quijote tenía bien todos sus preceptos sensitivos, menos la percepción. Interpretaba mal lo que veía, olía o tocaba. Y lo que tuvo Don Quijote fue ilusiones y no alucinaciones como algunos piensan.
“La ideas delirantes de Don Quijote no eran, pues, de persistencia indefinida, inmutable y fijas, inconscientes como la de los histéricos, no eran tampoco obcecantes como las de ciertos melancólicos, sino ideas de las que Wernizke llama prevalecientes” [35]. La idea era de grandeza pero de persuasión.


El lenguaje de Don Quijote esta ligado a sus ideas y percepciones, trastornados en su mímica, su palabra y escritura. Y esto se ve en varios pasajes de la obra cuando golpea al arriero la cabeza, cuando salió de la venta armado como caballero, etc.  Y ninguna anormalidad en el lenguaje se detecta. Don Quijote es enfático, declinatorio y teatral. Se comprueba en su discurso de la Edad de Oro y sobre las Letras y las Armas. También compone poemas, hace monólogos, etc.  Tenía una gramática exquisita y en lenguaje escrito no había ninguna disgrafía. Y lo curioso es que Don Quijote leía mucho pero escribió muy poco, apenas dos cartas y alguna poesía. Una de las cartas la dirigió a Dulcinea, con un lenguaje preciosista, y la otra a Sancho Panza.


La locura es tratada por Cervantes en la obra de manera magistral, lo que da a ver que tenía conocimientos de psiquiatría y que incluso anticipa los programas posteriores. Sus fuentes pueden ser los diálogos de Horacio con los estoicos Damasipo y Esternino y el libro de las ilustres mujeres de Juan Bocaccio


Pero Cervantes al hablar de la locura anticipa el realismo y el naturalismo, es decir, acude al documento vivo (tal como hizo Balzac, Zola o Galdós). Son los ejemplos reales. Esto debe ser así, pues si no Cervantes tendría unos conocimientos psiquiátricos superiores a los expertos en la materia. A Don Quijote le habla de cualquier tema y responde con cordura, pero toca la caballería andante y es cuando surgen sus ilusiones. Y no hay motivo para pensar que tuviera degeneraciones o esclerosis, aunque esta respuesta solo nos la daría una autopsia. Por lo tanto Don Quijote tenía un trastorno parcial: “En efecto, no ya desde Esquirol, sino desde Esquirol hasta la fecha, no se puede encontrar en los libros una descripción tan acabada del delirio sistematizado, crónico parcial, expansivo megalómano y filantrópico como El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” [36]. Y esta explosión de delirio se dio por la lectura y por poco dormir. Estas lecturas extravagantes y sugestivas le llevan a esta situación.


A toda interpretación del Quijote, Royo Villanueva la viene a designar como Megalomanía cervantesca, Quijotilatría y Quijotifobia. Lo primero es como algunos interpretadores y contadores del Quijote hablan, escriben y opinan sobre el autor. Muchos consideran que lo mejor es lo que no escribió Cervantes pero lo indicó en su obra. Pero el libro de Cervantes es lo que es y así lo dice Royo Villanueva.

La Quijotilatría es el amor exacerbado hacia Don Quijote. Han convertido al Quijote en una nueva Biblia.


La Quijotifobia, aunque más antigua que Cervantes, toma fuerza sobre todo con el desastre de 1898 [37].  Es cuando utilizamos la palabra quijotería, quijotesco, quijotada, etc., para hacer entender nuestras acciones, responsabilizando a Don Quijote de nuestras desdichas. Sin embargo hay otros elementos como el Cid, Julio Cesar, Roger de Liria o Pérez de Pulgar que seguro que tienen mas responsabilidad en el tema por sus acciones. Y según el autor del texto la quijotifobia ha vencido.

Alfredo Vicenti presenta su trabajo sobre Don Quijote y el honor.
El libro de Cervantes esta lleno de honor. Y Alfredo Vicenti hace notar que el libro esta escrito en el amanecer de la Reforma. Los hidalgos, que lo define como teólogos, se opusieron a Lutero. Y dos cuestiones eran las fundamentales en el honor de la hidalguía: La defensa de la mujer y la defensa del dinero. Pero en el siglo XVII esto está en decadencia, mas teniendo que el honor era la mendicidad entonces y el primer mendicante era el rey Felipe III. Por ello también cambia la visión de la justicia. Hasta tal punto llegó esta ruindad que poco después de salir la primera parte del Quijote, Madrid recuperó la capitalidad que había perdido por dinero en 1601 y la obligó a trasladarse a Valladolid. Incluso muchos moriscos no fueron expulsados porque pagaron dinero al rey.


El honor también había cambiado y así lo expresa: “Por añadidura no era ya el antiguo honor, ni siquiera la eterna y rigurosa pasión de los celos, la fuerza que movía con arreglo a la voluntad de los pintores aquellas inauditas figuras. Era una sutil metafísica, una teología secularizada, una especia de religión nueva que, sin tener una docena de fieles, tenía un centenar y más de sacerdotes” [38].


Solo dos ejemplos de esta época tenían los dramaturgos de defender el honor. Y los dos son de Sevilla. Uno el del tabernero Silvestre de Angulo y otro de un sastre catalán.
Pero el honor, el desinterés, la caridad, la independencia, el culto a la justicia y la ética, viven y sobreviven en Don Quijote de Miguel de Cervantes. Es leal y cristiano sincero, aborrece la esclavitud porque el hombre ha hecho libre al hombre. Fue Don Quijote hombre despegado de la Iglesia y no temía la excomunión. Tiene el honor de devolver a cada uno lo que es suyo, como los escudos de Cardenio.


Característico es este extracto: “- Desde que soy caballero soy valiente, comedido, liberal, buen criado, generoso, cortés, atrevido, blando, paciente, sufridor de trabajo, de encantos y de prisiones … El caballero ha de ser casto en el pensamiento, honesto en las palabras, caritativo en los menesterosos y , sobre todo, mantenedor de la verdad, aunque el defenderla le cueste la vida - .
¡Que mezquinos a su lado los cuerdos egoístas que le tienen lastima y los capellanes parásitos que le insultan!” [39].


Don Quijote representa el honor verdadero, pues es el que se define por los actos. Y en numerosos pasajes de la obra Don Quijote hace gala de ello. Como al final del texto se establece “(…) sin un poco de cierta locura no puede vivir ni los hombre ni los pueblos”[40].

El siguiente trabajo corresponde a Ibáñez Marín [41] y se titula Don Quijote y las armas.
El ejercicio de las armas era una cosa bien conocida en el tiempo de Cervantes. Él mismo la vivió como arcabucero en Lepanto. Cervantes tratando las armas las define así: “(…) las cuales tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien que los hombres pueden desear en esta vida.” [42].


El tiempo de Cervantes es el tiempo de los Tercios de Flandes y de la grandeza de la Infantería. Y no hay ninguna obra de la época que no coloque entre sus personajes a un soldado, donde incluso en muchas ocasiones éste es el protagonista. Porque mucha de la fama de España viene de su gloria militar y por ello muchas ordenanzas de los gobernantes van dirigidas a mejorar esta institución.


Pero a parte de la documentación oficial, hay que destacar también la vida y hechos de los soldados españoles o grados militares que escribieron los coetáneos de Cervantes. Y de esto hay varios ejemplos. Destaca así el del Branthôme. Sancho de Londoño nos acerca a la que fue la infantería de Gonzalo de Córdoba. En esta crónica se cuenta todo lo relacionado con las armas, así como la procedencia de los arcabuceros o lanceros, las únicas maneras de prescindir de ellos y su sentido del honor. También como el trabajo y el buen ánimo les podía dar ascensos. Cuando los tercios fueron disueltos sus miembros murieron de hambre o fueron condenados al ostracismo. Pero siempre les quedaba el honor.


Cervantes, valiéndose del perro Berganza, nos muestra la marcha de la compañía de soldados desde Mairena a Cartagena. Y todo en un cuadro y lenguaje preciosista.
De la historia de cómo los soldados iban a reforzar las posiciones del Milanesado son famosos los textos de Diego Núñez de Alba, Miguel de Castro, Pedro Ordóñez de Ceballos o Alonso de Contreras, a lo que hay que sumar la cantidad de obras literarias del momento. Así nos narran sus venturas y como pasan por lugares de gran peligro.
Cervantes, en la segunda parte de Don Quijote, también tiene cuadros de estas lencerías. Y todos muestran a ese soldado que va a batirse en propia miseria personal, pues las arcas del Estado y de la Hacienda están vacías. Y en el discurso sobre las letras y las armas se traza todo lo que era la filosofía suicida y negra del soldado español en campaña. En este discurso se muestra Cervantes con la defensa del ejército que él ha vivido, el de Lepanto o el de San Quintín, pero en un periodo donde la decadencia ya está en marcha. Defiende que el soldado prefiere morir en batalla antes que huir y que el buen soldado obedece a su capitán. Por ello Cervantes se coloca como un hijo predilecto de las armas y de las letras.


Don Quijote sería la glorificación cabal del Tercio castellano, que al igual que este, es maltratado por los soberanos y los gobernantes. El valor del soldado esta por encima del cuadro directivo.


Y toda esta doctrina patriótica, de nobleza y virtud, esta presente en El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Uno de los trabajos cortos, pero escrito por una personalidad importante de las letras, es el que ofrece Azorín [43] y que titula Don Quijote en la casa del caballero del Verde Gabán.
El trabajo que presenta fue muy sencillo. Es la llegada de Don Quijote a la casa del caballero del verde gabán. Allí se ve los dos estilos de vida que hay en la sociedad. El idealista y errante de Don Quijote y el tradicional y ordenado de Don Diego y su familia. No deja de sorprender esto a Don Diego, pues no sabe si Don Quijote esta loco o es un sabio, pero lo admira.


Al final Azorín sentencia con una visión ambivalente. Se posiciona diciendo que le gusta el idealismo de Don Quijote, pero no desprecia la vida tranquila de la tradición.


Francisco Jiménez Campaña [44] presento un trabajo titulado Don Quijote y la religión.
En la introducción de este trabajo hace un breve recorrido por los autores que desembocan en el Siglo de Oro y su importancia. Nombra a Fray Martín de Córdoba, el Arcipreste de Hita, Alfonso de Cartagena, Juan de Padilla, Fray Iñigo de Mendoza, Martín de Roa, Prudencio de Sandoval, etc.  Todo hasta llegar a Cervantes, Lope de Vega, Pedro Calderón de la Barca, Tirso de Molina, etc. A estos los acompañan otros personajes religiosos como Fray Alonso de Acevedo, Fray Diego de Hojeda, el sacerdote Rodrigo Caro o el obispo Valbuena. También Lorenzo de Hervás o el padre Alvarado. Destaca también el padre Feijoo y Martín Sarmiento. Todos estos entre otros muchos. Ya contemporáneos nombra a Jaime Balmes y el padre Verdaguer.


Y es la religión católica la que profesa Cervantes y también Don Quijote y Sancho, y casi todos los personajes de la novela. Y esa bondad del Quijote se la achaca Jiménez Campaña a su extracto cristiano.


La valentía y la recuperación ante la derrota vienen de este espíritu cristiano que impregna la obra.


El estado de locura que tenía Don Quijote desaparece al final y se reúne con Dios como bueno y en paz su conciencia. Y lo hace también conforme a los sacramentos. Y esta fe del Caballero de la Triste Figura la detecta también críticos extranjeros como Turguenev.
Cuando Sancho va a tomar la ínsula de Barataria, lo primero que hace Don Quijote es darle un sermón de cómo se debe gobernar conforme a Dios. Jiménez Campaña dice esto: “Ellos hablan solos, y solos y sin otras pruebas que le acompañen, confirman mi aserto de que el Ingenioso Hidalgo manchego fue caballero cristiano sin mezcla de turco, ni hereje, ni judío.” [45].


Y lo mismo que Don Quijote es cristiano también lo es Sancho Panza. Éste ha salido de la tierra que cantara otros cristianos como san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús, Jorge Manrique o Fray Luis de León. También la tierra que dio hijos para luchar contra los turcos. Y la mentalidad y forma de vida de Sancho Panza es cristiana, porque antes que su ínsula y su imperio, Sancho busca el reino de Dios.


Pero el Quijote esta lleno de personas de distinta forma, pero la mayoría cristiana. Jiménez Campaña ve en el discurso de la pastora Marcela un ataque contra el suicidio.
Así pues la religión católica también tiene una lectura del Quijote, donde ve la arbitrariedad de la caballería andante, la vileza de la mujer en el deleite del hombre y el duelo como algo de bárbaros y gentiles.

Es, con diferencia, la conferencia más peculiar y más distinta de todas las demás que hemos analizado o analizaremos.

Don Quijote y el pensamiento español es el trabajo que presenta Adolfo Bonilla y San Martín.


Los primeros que colocan a Cervantes como miembro del pensamiento español son Patricio de Azcárate, que le pone como iniciador del método racional de Descartes, en su obra Experiencia histórico-crítica de los sistemas filosóficos modernos y verdaderos principios de la ciencia (1861), y Ramón de Campoamor que pone a Cervantes y a Gómez Pereira como los fundadores del psicologismo moderno. Federico Castro en 1870 publicó Cervantes y la filosofía española. Un último autor que ha tratado algo de esto, y que aquí hemos comentado uno de sus trabajos, fue Rafael Salillas.


El talante de Cervantes es claro, discreto y discursivo, pero Cervantes nunca hizo profesión de filosofo, aunque así pareciera en La Galatea o El licenciado vidriera.
Cervantes nace en 1547, cuando el Renacimiento español esta en decadencia. Ya ha pasado el carácter integral del Renacimiento con la recuperación de lo clásico y del ideal. Cervantes vive un Renacimiento erudito, fragmentario y libresco. Y así lo muestra en su Coloquio de los perros. Y esto teniendo en cuenta que en España nunca se perdió la tradición clásica.


El foco de humanismo y Renacimiento fue Alcalá de Henares con la fundación de su Universidad. Al final, Luis Vives no puede ir como profesor de filosofía, a pesar del gran nombre que tenía. El podía haber revolucionado la filosofía si llega a ocupar su cátedra. Pero España se iba quedando estancada y las personalidades que triunfan fueron netamente reaccionarias frente, por ejemplo,  a la Universidad de París.
Cervantes puede que no estudiara en Alcalá, pero lo cierto es que lo hace en este ambiente, y conoce el desarrollo literario que universidades como Oxford o Cambridge, en Inglaterra, exportan a Salamanca y Alcalá.


De las escuelas filosóficas del tiempo de Cervantes destacan:

  1. El escolastismo tradicional: Lo representa Domingo de Soto o Tomás de Mercado.
  2. El aristotelismo escolástico: Aquí destaca Pedro Martínez de Brea o Juan Bautista Monllor.
  3. filosofía independiente: Sus figuras, basadas en Aristóteles, Platón y Vives, son Francisco Vallés o Gómez Pereira.

La atmósfera de Cervantes esta en el segundo grupo, aunque su afición a leer le hizo conocer mas. Y distinguió entre el primer y el segundo Renacimiento, no dudando de la brillantez del que se cultivaba en Alcalá.


La filosofía española es la mezcla de Don Quijote y Sancho Panza y sin ello no se podría entender el contenido filosófico de la obra. “(…) seria para nosotros verdaderamente absurdo pretender determinar la filosofía de un país teniendo en cuenta una sola de las direcciones que en ella se observa, y buscan en tal sentido y en tal modo los caracteres de esa filosofía.” [46]. Si la filosofía de Sancho es la del sentido práctico, la de Don Quijote es la de la elevada aspiración intelectual.


Cuando Don Quijote hace cosas distintas nos esta indicando la renovación de  nuevas ideas. Y compara el ideal caballeresco de justicia con el anarquismo. Y Don Quijote lucha contra todos los obstáculos, como el cura, el barbero, el ama o la sobrina, y contra aquellos que de él se ríen. Los objetivos de Don Quijote son los del primer Renacimiento, trabajar por la redención de los hombres y la vuelta a la Edad de Oro. Es la síntesis de la justicia individual.


Pero Don Quijote no es consecuente, pues no acaba como empezó. Al morir llama al confesor, dando la razón así a aquellos que le han criticado.

José Nogales presenta un trabajo titulado Don Quijote y el Buscón.
En este trabajo establece Nogales que Don Quijote sale buscando justicia y Cervantes pone esto en un loco rematado. Pero para él autor eso es lo que le faltaba al mundo antes y ahora. Y esto es lo que Don Quijote defiende. “Va el héroe por el mundo arrastrando sus locuras: quiere amparar a la viuda y al huérfano, redimir al opresor, socorrer al menesteroso, sostener la ancianidad, y la infancia, y la pobreza, y la humildad contra el señorío de los grandes, de los fuertes, de los crudos. Quiere sustituir el rígido imperio de la ley con el más amplio sentido humano de tolerancia y de piedad.” [47].


La actitud de Don Quijote es honesta y comedida, frente a la posición indecorosa y las deformidades del naturalismo. Y la muerte de Don Quijote representa el fondo de sus fracasos. Don Quijote no puede morir y por ello lo hace Alonso Quijano.


Pero para muchos superior al Quijote fue el Buscón de Francisco de Quevedo. Y esto teniendo en cuenta que de Cervantes a Quevedo hay una gran diferencia. Mientras  Cervantes fue idealista, Quevedo vivió en un mundo de decadencia. Quevedo actuó dentro del sistema, pero fue un crítico mordaz contra el sistema. El Buscón se enlaza con los pícaros por el procedimiento, por la acción, por el ambiente. Pero tienen una tendencia moralizante, artística y graciosa. Y compara Nogales la importancia del Buscón frente a Lázaro de Tormes y a Guzmán de Alfarache.


El Buscón Pablos tuvo en la niñez grandes pensamientos pero quiso aprender realmente la virtud Y por ello se alejó de la familia y buscó a ciegas caminos del saber.
Las dos figuras, Don Quijote y el Buscón, tiene altos pensamientos de caballerosidad, pero Don Quijote no transige mientras que el Buscón resuelve ser pícaro entre los pícaros. Don Quijote mira la naturaleza y el Buscón la ha perdido.
El Buscón es en definitiva demoledor, es suplicio, sarcasmo y condenación. Pero todos los eclipses de Don Quijote aparecen en el Buscón, lo que hace que ambas figuras no se repelan sino que se complementan.

La temática social y socialista la trata Juan José Morato [48] en su trabajo Don Quijote y los oprimidos.


Para Morato fue Don Quijote un rebelde de su tiempo: “Fue Don Quijote un rebelde que, como todos los rebeldes reales y fingidos, puso la enjundia en su meollo y la fuerza de su brazo al servicio del débil contra el fuerte, del oprimido contra el opresor, rompiendo con la ley y con  la costumbre, sin ponerse jamás a mirar si sus fuerzas guardaban consonancias con el empeño acometido” [49]. Y se lanza Don Quijote contra la injusticia, tomando el libro de caballerías no como un fin sino como un medio. Y no lucha Don Quijote por instituciones antiguas, pues sabe que los privilegios de ayer lo siguen ostentado hoy solo unos pocos. No fue un reformador social pero sí una conciencia recta y un espíritu candoroso.


Pero se nota que es un rebelde en su ingenuidad, en sus deseos a prueba de desengaños y por el desinterés. Se ve la ingenuidad por ejemplo cuando Andresillo es golpeado por Juan Haldudo. Don Quijote lo evita, aquel dice que no lo hará y después le da el doble de palos. Pero Don Quijote ha confiado en su palabra. De la pedrada de los galeotes sale su fe más pura y acendrada. Al débil lo trata como un igual suyo, y se ve siempre que se dirige a Sancho o a pastores por el camino. Cumple siempre su palabra de defender al débil. Por ello lucha con el vizcaíno, libera a Andresillo o cree en las palabras de Marcela ante el suicidio de Grisóstomo. Y  no duda ni en arremeter contra sacerdotes. Y así en muchos ejemplos más a lo largo de la obra: “En suma: toda la vida del caballero andante, del famoso hidalgo, no tiene otro objetivo que el bien, la libertad y el consuelo de los oprimidos, y la ruina y la humillación de los soberbios de los opresores” [50].


Y cuando Don Quijote habla de la Edad de Oro hay que ponerlo en relación con lo que cien años antes hizo Tomás Moro y poco después Tomasso Campanella. Y esto en medio de la crisis del feudalismo, el surgimiento de las nacionalidades y el desarrollo de la utopía. Y es que Don Quijote ve en el tuyo y mío la fuente de todas las miserias, desdichas, mentiras, vicios, iniquidades y crímenes. Y así compara el discurso de la Edad de Oro Morato: “¿Habéis leído en la ciudad del Buen Acuerdo, de los ácratas, o en las tentadoras lucubraciones de Bebel y de Morris [51], o en las fragmentarias previsiones de los socialistas científicos y de los anarquistas, algo que desdiga tan hermoso cuadro?
¿Acaso no es superior en belleza el discurso de Don Quijote a las complicadas concepciones ideales de Moro, de Campanella, de Saint-Simón, de Fourier, de toda la legión, en suma, de los llamados socialistas utopistas?” [52].


La única diferencia es que Cervantes miraba a la Arcadia de la infancia de la humanidad y los segundos miran al porvenir.

Trabajo de mucho valor en todo este compendio es el que presenta Ramón Pérez de Ayala [53] con el título Don Quijote en el extranjero.


La obra de Cervantes ha sido la más traducida en el extranjero, pero sin embargo su calado no ha sido igual. Para gente como Leopoldo Alas Clarín se debe a que sin el castellano no se entiende al Quijote ni a Cervantes.


Para Pérez de Ayala la forma sí es castellana, pues proviene de esa tierra, pero el fondo es universal en lo íntimo, humano el esqueleto, siendo un genio o héroe al estilo de Carlyle. Por ello los cervantófilos extranjeros se quedan con la forma y no con el fondo.
Cuando Unamuno habla de casticismo y habla también del Quijote (aunque quiera resucitar a Alonso Quijano el Bueno [54]), habla de esa cáscara del libro del inmortal Cervantes. Por lo tanto el siguiente paso es desentrañar ese fondo.


El olvido del fondo en el extranjero hacia Don Quijote, hace que cuando se aborde el tema por personajes como Descartes, Lamennais, Schopenhauer y muchos más sobre los héroes, ninguno cita al Caballero de la Triste Figura. Dugàs en Psicología de la raza se acuerda de Don Quijote, pero desfigura el contenido de la creación de Cervantes. Bergson o Gauthier está en esta línea, la comparación de lo cómico y lo absurdo. Pero Pérez de Ayala dice: “Lo absurdo en lo cómico no es un absurdo cualquiera. Es un absurdo determinado. No crea lo cómico, se deriva de él. No es la causa, sino el efecto” [55].


Pero algunos literatos y filósofos son más directos en las valoraciones. Lafontaine en Cuentos y baladas dice simplemente que le encanta Cervantes. Algunos empatizan con su persona, como el caso de Boileau cuando se lo hace saber a Rancine por carta. Algunos como Rabeners Satiner por Gottlieb Wilhelm Rabener admira la sabiduría de Sancho Panza  en el gobierno de la ínsula Barataria. John Bowles dice: “Este autor celebérrimo, tan justamente estimado de todas las naciones cultas, en el nunca como se debe alabado Miguel de Cervantes Saavedra, honor y gloria, no solamente de su patria, sino de todo el genero humano” [56]. Aquí se ve la internacionalidad del escritor alcalaino. Bowle es uno de los que asegura que la figura de Don Quijote esta basada en Ignacio de Loyola.
Para Pérez de Ayala solo hay dos novelas. El Don Quijote de Miguel de Cervantes y el Wilheim Meister de Goethe. El primero porque tiene nociones magníficas y el segundo porque tiene solidez.


Del espíritu de Don Quijote y de su forma externa escribieron los hermanos Schellegel. Saint-Beuve le dedica un artículo en Nuevo lunes. Stendhal dijo que volvería a la vida solo para leer dos libros: La mil y una noches y El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
Pero quizá de todos los autores que hablan del Quijote (Víctor Hugo, Merimeé, Turguenev, Prescot, etc.) hay que destacar a Juan Montalvo y a Enrique Heine. Juan Montalvo dice que Don Quijote es discípulo de Platón con una capa de sandez.


De Heine destaca esto: “Los autores de Hamlet y del Quijote son los mas grandes poetas que ha producido los tiempos modernos. Más aun que el dulce William, Cervantes ejerce sobre mi indefinible encanto. Le amo hasta derramas lagrimas. Y este amor viene de tiempo atrás” [57]. Muestra Heine, con lenguaje preciosista, como leyó el Quijote y cuales fueron sus impresiones.


El impacto de Don Quijote fuera de España, es para Pérez de Ayala, algo importante y trascendente.


El análisis crítico respecto al ocultismo del Quijote le corresponde a Rafael Urbano con su texto ¿Es un libro esotérico el Quijote?


Urbano establece que todas las literaturas tiene su Shakespeare y su Homero. Don Quijote y Miguel de Cervantes no es menos en esto.


El Quijote ha tenido diversas lecturas según quien lo haya leído. Se ha convertido en un libro poliédrico y eso no se ha cerrado. Para Urbano esto hace del Quijote un libro divino y al que hay que volver constantemente. Pero para algunos esta enseñanza se convierte en algo revelado y hacen de esta obra algo jeroglífico y esotérico como el Apocalipsis.
Pero así asevera Urbano: “El Quijote no es un libro esotérico y oculto, un libro fuerte, un libro revelado por los dioses, sino un libro escrito por un hombre, una obra de magia, de magia negra, magia mala, escrita por un hombre desprovisto de toda esperanza (…). Es un libro de decadencia, de decrepitud y desfallecimiento moral” [58]. El Quijote es toda desmonetización de los valores morales de la época de Cervantes. Un tema central es Cervantes y el Quijote en la lucha del héroe contra la vulgaridad de otros personajes.
Al ser el Quijote un libro de crítica deja de ser esotérico, porque la crítica es lo contrario al misterio. Lo esotérico solo puede referirse a la ciencia cosmológica o a la psicología. El esoterismo en el Quijote es nimio, y eso también porque Cervantes es un escritos católico.
Si se creyera todo lo que de esotérico y oculto tiene el Quijote (Que Sancho es San Pedro, que las andanzas es un escarnio del peregrinar de Jesús, etc.) la obra de Cervantes no merecería la pena. El esoterismo y el ocultismo solo se podría encontrar invirtiendo el Quijote y eso es precisamente lo que Cervantes no quiere, pues su rectitud solo es comparable a Luis Vives.

Mariano Miguel del Val (que como dijimos mas arriba era secretario general del Ateneo de Madrid por esas fechas) escribió un interesante trabajo titulado La poesía del Quijote.
Cervantes, como todo literato y persona pública, tuvo sus amigos y sus enemigos, como por ejemplo Lope de Vega. Porque como dice Bernot, Cervantes fue el rigor de las desdichas. Esteban Manuel de Villegas comparó a Cervantes como un mozo de mulas y Alonso Fernández de Avellaneda decía que tenía más lengua que manos. Lope lo atacó por versos, y eso que Cervantes admiraba al Fénix de los Ingenios.


Pero tuvo muchos defensores y cuando su fama trascendió todos le querían reivindicar como suyo. Y por eso hay que estudiar a Cervantes en su justa medida para no sacar conclusiones equivocadas de sus obras. Y esto a pesar de las obras que sobre él hablan, destacando Del Val a Navarro y Ledesma o Juan Valera.


Y esa poesía de Cervantes en el Quijote se ve cuando habla de las mujeres, que siempre tuvieron algo bello, o de la cantidad de personajes que pasan por la obra. Y la locura de Don Quijote lleva a desear un amor puro y platónico como el que profesó a Dulcinea del Toboso. Y, como dice Valera, todo esto no lo hace para ridiculizarlo, como dicen algunos, sino para enaltecer y reivindicar esos valores.


Pero para el tema que trata dice: “Bien podría, pues, afirmarse, sin mas antecedentes que el Quijote, que Cervantes era más que nada un gran poeta. Repito que esta afirmación podría hacerse aun cuando no se supiera de su vida ni hubiese llegado a nosotros de sus obras mas que El Ingenioso Hidalgo” [59]. Solo la rivalidad con Lope y la crítica de Diego Clemencín han hecho que la faceta poética de Cervantes no trascendiera tanto. Solo lo defendió, según Eugenio Silvela, Adolfo de Castro. Navarro y Ledesma también ha salido en su defensa en esta faceta. Este nos acerca a cuales fueron las inquietudes que lleva a Cervantes a hacerse un poeta de gran valía.


Junto al discurso de la Edad de Oro, destaca la poesía que dedica al zagal Antonio, que esta enamorado y que sabia de música. Junto a esto destaca los versos de Grisóstomo tan bien respondidos por el discurso de Marcela. La descripción que de Don Quijote da Dulcinea del Toboso es poesía en estado puro.


Y es que muchos de los personajes que salen en el Quijote no solo hacen discurso poético preciosista, sino que ellos mismos son poetas y así se expresa. Igualmente, muchas escenas, sin hablar, son poesía pura, como el yelmo de Mambrino o el caso de los molinos.
Y como ejemplar clase de poesía pone la canción de Grisóstomo, o la que Don Luis dedica a su hija Clara. O el romance de Altisidora, cuando finge estar enamorada de Don Quijote. Igual de hermoso es como Don Quijote contesta que su corazón es solo para Dulcinea. También destaca la canción para vihuela que Don Quijote realiza en casa de los duques.
Y aparecen sonetos, romances, estancias, ovillejos, glosas, redondillas, décimas, versos libres, etc. Todas las formas literarias de la poesía. Se pueden criticar muchas faltas en las poesías de Cervantes, pero también en la de cualquier poeta de la época. Y así Clemencín le ataca furibundamente. Pellicer, Ríos y Navarrete le defiendes. Y es que la poesía de Cervantes en su forma desborda una gran belleza, pese a las críticas. Para Del Val “(…)(El Quijote) le tendréis por un verdadero poema de los tiempos modernos, representación fiel de los hombres y la vida de España (…)” [60].


De la capacidad de Cervantes como poeta la reconoció al final el propio Lope en estos versos:


“En la batalla donde el rayo austrito,
hijo inmortal del Águila famosa,
gano las hojas del laúd divino,
al Rey de Asia en la campaña undosa,
la fortuna envidiosa
hirió la mano de Miguel de Cervantes;
pero su ingenio es verso de diamantes
los del plomo volvió con tales glorias,
que por dulces, sonoras y elegantes,
diera eternidad a su memoria” [61]


La significación poética del Quijote esta en todo latente, en todos los personajes sea cual sea su condición.


Inserta también Del Val el carácter universalista de Cervantes y su obra. Con el Quijote, Cervantes inaugura un nuevo género donde se aglutina todas las bellezas.


Por el carácter del personaje, destaquemos la pequeña conferencia que José Canalejas [62] dio con el título Don Quijote y el derecho.


A partir de varias obras y autores que ha tratado el derecho en la obra de Cervantes, Canalejas dice que el saber jurídico popular y la doctrina científica tiene un sutil ingenio y hermosa dicción en el Quijote. Y es que el derecho Penal, Civil e Internacional tiene en Cervantes y los pensadores de su época grandes precursores. Y quizá del capitulo que mas habría que discutir es del gobierno que Sancho impone en la ínsula Barataria y el concepto de Estado que da. El Derecho Internacional se ve en el trato de la guerra. El Derecho Civil en la economía doméstica y la economía política que desprende la obra. Todo lo que tenga que ver con arbitrios judiciales, limitación de indulto, contiendas procesales, etc … esto es el germen en la obra de Cervantes. Pero que nadie se confunda, que Cervantes no era un leguleyo, sino un genio.


Para Canalejas, Don Quijote y Sancho representa a la nación española de ayer, de ese elemento popular en medio de la descomposición provocado por la monarquía decadente. Y esa nación que representa Don Quijote y Sancho puede ser también la del tiempo de Canalejas.


Los últimos trabajos que se presenta son una poesía de Francisco A. de Icaza titulado Don Quijote (se adjunta en el anexo). También el discurso final de Francisco Navarro y Ledesma, donde recuerda todos los trabajos presentados y su gran calidad, haciendo también una alegoría de los amores de Don Quijote y Dulcinea en un futuro.
Cecilio de Roda habla de la canciones de Don Quijote. Pero lo hace en el ambiente en la que se escribe y difunde la obra más que en lo que la propia obra nos dice sobre esta materia. La música la divide en popular y culta. La influencia que tiene España es griega, pero hasta el siglo XV esta influencia tiene sotana. A partir de ese momento se quiere secularizar y profanizar la música, pero no se conseguirá hasta dos siglos después. Hay ejemplos de libros que hablan de la música y esa evolución anterior que hemos referido (Cancionero de palacio, Cancionero de la biblioteca colombina, etc.). También hay amplia bibliografía sobre la vihuela (como vimos en el otro trabajo presentado por Cecilio de Roda). En el Quijote aparecen personajes cultos que hacen gala de conocimientos musicales e instrumentales. Pero de todas las canciones las más extendidas fueron las populares, que recibieron influencia de toda índole.


Rubén Darío presentó un trabajo de poesía titulado Letanía de nuestro señor Don Quijote. Esta poesía, junto con la de Francisco A. de Icaza las leyó Ricardo Calvo. (Se adjunta también en anexos).


Por último se presentó el Retablo del Maese Pedro, cuya música fue arreglada por Cecilio de Roda, y los dibujos que acompañan a los textos son de Joaquín Xauradó. El texto, a modo teatral, tuvo este reparto:
Muchacho: El niño Rafael Calvo.
Don Quijote: Carlos Fernández Shaw
Maese Pedro: Serafín Álvarez Quintero [63]

Todo esto es lo que dio de se sí esas jornadas cervantinas del Ateneo de Madrid celebradas en 1905.

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[4] Político español nacido en Cádiz el 2 de junio de 1833. Fue elegido diputado por Ciudad Real en 1863 y reelegido en 1868. Ocupó varios cargos ministeriales a lo largo de su carrera (ministro de Ultramar con Prim, ministro de Hacienda, embajador en Londres, ministro de la Gobernación con Posada Herrera y de Estado y Fomento con Sagasta. Presidente del gobierno entre 1905-1906 sucedió a Maura en 1909. Murió en Madrid el 28 de enero de 1913
[5] Nacido el 4 de septiembre de 1869 en Toledo. Obtuvo la cátedra de retórica del Instituto San Isidro. Escribió Lecciones de literatura general y su obra cumbre fue El ingenioso hidalgo Don Miguel de Cervantes Saavedra. Participó en revistas como La lectura, Blanco y Negro, etc. Fundó junto con Royo Villanova y Roura la revista sarcástica El Gedeón. Murió el 21 de septiembre de 1905 cuando tenía trabajos en preparación.
[6] Navarro y Ledesma, José. Como se hizo el Quijote. En El Ateneo de Madrid en el III centenario de la publicación de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, Imprenta de Bernardo Rodríguez, Madrid, 1905. Pag. 4
[7] Idem. Pag. 9
[8] Idem. Pag. 13
[9] Esto puede ser una visión de las dos Españas.
[10] Op. Cit. Pag. 18
[11] Idem. Pag. 26. Los cómicos son analizados, y a partir de 1587 las mujeres pudieron entrar a formar parte de esas compañías.
[12] Idem. Pag. 42
[13] Idem. Pag. 52
[14] Idem. Pag. 61
[15] Idem. Pag. 63
[16] Cesare Lombroso (1835-1909). Antropólogo y criminólogo italiano. Escribió El hombre delincuente en 1876, describiendo la topología nata del delincuente y sus influencias biológicas y psicológicas. Trascendente también es El crimen, causas y remedios. Muchas de sus teorías fueron duramente criticadas, pues al mostrar un perfil criminal creó una paranoia en bastantes ámbitos. Aun así sus teoría tuvieron mucho calado.
[17] Rafael Salillas. La criminalidad y la penalidad en el Quijote, en  El Ateneo de Madrid en el III centenario … pag. 94-95
[18] Idem. Pag. 96
[19] idem. Pag. 100
[20] Idem. Pag. 105
[21] Julio Cejador y Frauca (1864-1927). Filólogo y literato zaragozano. Ingresó en la Compañía de Jesús y se ordena sacerdote, aunque luego pasa a seglar. Dio varios cursos sobre lingüística y es autor de la obra El lenguaje, dedicado al origen y la vida del lenguaje y la lengua castellana. Estuvo muy vinculado al Ateneo.
[22] Julio Cejador y Frauca. El Quijote y la lengua castellana, en El Ateneo de Madrid en el III centenario …, Pag. 121.
[23] Idem. Pag. 122
[24] Idem. Pag. 124
[25] Idem. Pag. 142-143
[26] La mayor investigadora sobre la vihuela es la profesora Paloma Otaola, de la Universidad de Lyón. Numerosos son sus textos escritos para castellano y francés.
[27] Cecilio de Roda. Los instrumentos músicos y las danzas en el Quijote, en El Ateneo de Madrid en el III centenario … Pag. 166
[28] Antonio Palomero. La imitación de nuestro señor Don Quijote, en El Ateneo de Madrid en el III centenario … , pag. 182-183
[29] Andrés Ovejero. De la muerte de Don Quijote, en El Ateneo de Madrid en el III centenario … , pag. 191.
[30] Idem. Pag. 204-205
[31] Henrik Ibsen (1828-1906). Dramaturgo sueco. Los temas que trato revolucionó el mundo del teatro. Destaca obra suya es Casa de muñecas, muy difundida en España. Criticó los valores burgueses y la doble moralidad de la burguesía.
[32] Op. Cit. Pag. 209
[33] Enrique de Mesa. El retrato de Don Quijote, en El Ateneo de Madrid en el III centenario … , pag. 215
[34] Ricardo Royo Villanova. Don Quijote y la locura, en El Ateneo de Madrid en el III centenario, Pag. 224.
[35] Idem. Pag. 227
[36] Idem. Pag. 241.
[37] Este acontecimientos esta muy presente en este certamen, pues hacia tan solo siete años que se había producido. El lenguaje utilizado por muchos de los trabajos así lo indica.
[38] Alfredo Vicenti. Don Quijote y el honor, en El Ateneo de Madrid en el III centenario … , pag. 257
[39] Idem. Pag. 261
[40] Idem. Pag. 264
[41] José Ibáñez Marín (1868-1909). Fue un militar y escritor valenciano. Participó en muchos hechos de guerra, cuestión que le valió el reconocimiento y las condecoraciones de la Cruz Roja o la Cruz de María Cristina. Por su obra Rusia militar y guerra europea se le concedió una mención honorífica en 1892. En 1893 publicó Recuerdos de Toledo. Desde su vuelta de Cuba se dedicó al estudio y dio numerosas conferencias y colaboró en varios periódicos. Asumió la dirección de la Revista Técnica de Infantería y caballería y con motivo del centenario de la Guerra de la Independencia en 1908 publicó Bibliografía de la Guerra de la Independencia.  Falleció en una batalla en Melilla.
[42] Ibáñez Marín. Don Quijote y las armas, en El Ateneo de Madrid en el III centenario …, pag. 269
[43] José Martínez Ruiz (1873-1967). Llamado Azorín por el protagonista de sus primeras novelas. Este alicantino empezó su carrera literaria en diarios de Valencia. Ya en Madrid se entrega de lleno a la literatura y conoce a los miembros de la que será la generación del 98. Colabora en varios periódicos haciendo las columna de las crónicas parlamentarias. En 1924 ingresa en la Real Academia Española. Entre sus obras destaca sus novelas autobiográficas en la que muestra la crisis estética e ideológica de España. Con la Guerra se fue a Francia y en 1939 regresa y continúa con su labor literaria. Otro aspecto en el que destacó fue en el teatro.
[44] El único dato que tenemos de este autor era que pertenecía a las Escuelas Pías. Probablemente se tratara de un sacerdote.
[45] Francisco Jiménez Campaña. Don Quijote y la religión, en El Ateneo de Madrid en el III centenario …, Pag. 309
[46] Adolfo Bonilla y San Martín. Don Quijote y el pensamiento español, en El Ateneo de Madrid en el III centenario…,  Pag. 328.
[47] José Nogales. Don Quijote y el Buscón, en El Ateneo de Madrid en el III centenario…, Pag. 341
[48] Juan José Morato (1864-1938). Socialista y tipógrafo español. Da familia demócrata en 1879 se afilió a la Asociación del Arte de Imprimir. Escribió para el periódico El Obrero y en 1886 empieza a trabajar en El Socialista. Perteneció al PSOE y en 1903 fue expulsado del mismo por aceptar  un puesto que Julio Burell y Rafael Gasset le ofrecieron para el Ministerio de Fomento (ambas personalidades eran liberales). Aun así Morato siguió siendo socialista. Destacó por su tarea traductora y por las síntesis históricas del socialismo español. Siguió participando de periódicos socialistas hasta su muerte lejos de España que ya veía la victoria del franquismo.
[49] Juan José Morato. Don Quijote y los oprimidos, en El Ateneo de Madrid en el III centenario …,  pag. 352.
[50] Idem. Pag. 356
[51] Morato conocía bien todas la utopías contemporáneas, pues había traducido al castellano muchas de ellas.
[52] Op. Cit. Pag. 357
[53] Ramón Pérez de Ayala (1880-1962).  Novelista, ensayista y poeta ovetense. Discípulo de Clarín participó en varios periódicos en Madrid donde se dio a conocer como ensayista y poeta. En 1928 entra en la Real Academia Española y en 1931 funda, junto a Gregorio Marañón y José Ortega y Gasset, la Agrupación al Servicio de la República. De 1931 a 1936 fue embajador en Londres. Se exilió a Francia y Argentina, aunque volvió a Madrid donde murió. Entre sus obras destaca El curandero y su honra u Obras completas de poesía.
[54] En su obra En torno al casticismo habla de esta cuestión.
[55] Ramón Pérez de Ayala. Don Quijote en el extranjero, en El Ateneo de Madrid en el III centenario …, pag. 368
[56] Idem. Pag. 371
[57] Idem. Pag. 375
[58] Rafael Urbano. ¿Es un libro esotérico el Quijote?, en El Ateneo de Madrid en el III centenario…, pag. 385
[59] Mariano Miguel del Val. La poesía del Quijote, en El Ateneo de Madrid en el III centenario …, pag. 405
[60] Idem. Pag. 427
[61] Idem. Pag. 431
[62] José Canalejas Méndez (1854-1912).  Político español nacido en El Ferrol. Fue presidente del gobierno entre 1910 y 1912, intentando acabar con el caciquismo. Ocupó también cargos en el gobierno de Fomento, Gracia y Justicia, Hacienda y Agricultura, Industria o Comercio y Obras Públicas. Presidió la Sección de Ciencias Morales y Políticas del Ateneo de Madrid. Cuando accedió a la presidencia del gobierno sustituyó a otro ateneísta, Segismundo Moret.
[63] Serafín Alvarez Quintero y su hermano Joaquín, son dos grandes comediógrafos españoles, autores de entremeses como El ojito derecho, comedias como Las de Caín, piezas cortas como La patria chica, libretos de zarzuela como  La del dos de Mayo y dramas como Malvaloca.

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