Muerte de don Juan de Mendoça,
general de las galeras de España.
Don Joan de Mendoça
havía pocos días que era llegado de Ytalia
con treynta y dos galeras,
las diez y seis suyas y las demás de Nápoles.
Y estando en la playa de Málaga
con las veynte y ocho,
haviendo cargado en ellas
muchos dineros y municiones de guerra
y otras cosas para llevar a Orán,
domingo diez y ocho de octubre de 1562,
començó a ventar Levante mansamente,
de que aquella playa de Málaga es muy desabrida.
Y
assí por esto,
como por ver los ciclos aborrascados y estar ya despachado,
acordó de yrse a la Herradura,
que es una ancona que la mar haze catorze leguas de
allí,
más al levante, en la costa del reyno de Granada,
de forma de herradura, que es abrigo,
aunque no le fue para don Joan.
Y ansí, aunque contra viento,
se partió de la playa de Málaga
a dos horas de la noche
y fue proejando toda aquella noche.
Y a las diez horas,
lunes diez y nueve de octubre,
dio fondo en la Herradura,
y dentro de media hora que le huvo dado,
rodó el viento al medio jorno lebeche,
en tanta manera
que no dio lugar a poder bogar para salirse a la mar,
sino que fue la mar y viento tan fuerte
que començaron a dar en tierra muchas galeras,
y las primeras que dieron
fueron las que más junto a tierra se hallaron,
que garrando con los ferros davan en tierra
haziéndose pedaços;
y otras de su voluntad,
visto que no podía hazer otra cosa,
cortando las guminas encallavan en tierra
por guarescer las vidas,
aunque muchas se perdieron allí
siendo sorbidos de la mar y otros,
que viniendo nadando a tierra,
los despedaçavan
los pedaços de las galeras y los remos
que la furia del mar traya a un cabo y a otro.
De .28. galeras que eran,
se perdieron las .24. y más la Capitana de don
Joan,
que era la mejor galera
que hasta entoces anduvo en la mar
de veynte y ocho bancos,
que él havía cinco meses
que la havía echado al agua.
La qual se tuvo fuerte sobre los ferros,
y queriendo yr a dar en tierra
por consejo de los que estavan dentro,
dio una gumina con su ferro
por la escala de la banda derecha.
Y cortando la gumina del ferro siniestro,
laboraron los dos ferros de la derecha
y vino una mar y otra,
donde con el gran número de gente
que tenía y con laborar las guminas
y las grandíssimas mares que al instante acudieron,
tumbó la galera a la banda derecha,
anegándose desta manera.
Don Joan estava en la popa con una marlota roxa,
ceñida una tovalla y un çaraguel largo
de raso pardo.
El qual, como tumbó la galera,
cayó junto a la vara del estandarte
y se ahogó el que era entonces tan poderoso
en la mar,
salvándose muchos de los forçados
que estavan aherrojados con cadenas.
Fue Dios servido que se ahogasse él
y muchos cavalleros muy illustres
y muy principales que en su galera venían,
que no se salvaron della sino treze remeros
y nueve hombres de cabo;
y perderse hían en todas
veynte y cinco galeras,
más de dos mil y quinientas personas
y las más principales de la armada.
Gracias a Nuestro Señor por todo.
Huyda de dos galeotas de Argel.
Y viniendo su viage,
llegando en el paraje del río de Altea,
sábado doze de agosto,
les dieron nueva a don Álvaro y a don Sancho
cómo en la ysla de Villadorme,
que es cinco leguas antes de Alicante
y tres de allí,
estavan dos galeotas de Argel,
una de diez y ocho bancos
y otra de diez y seys,
haziendo rescate de una nao
que allí havían tomado.
Arrancaron ambas capitanas
sin aguardarse la una a la otra,
y aun sin yr muy ciertos,
que esta nueva lo era.
Siguiéronles las demás galeras
y en muy breve espacio llegaron las dos capitanas
adonde las galeotas estavan desarboladas
y las popas en tierra
y harto descuydadas
de lo que venía sobre ellas,
porque el día antes havían visto passar
a don García con cincuenta y ocho galeras.
E yendo la capitana de don Álvaro
y la galera sancta Bárbara de Nápoles
a envestir a la galeota mayor,
estando ya tan cerca della
que havían acudido al espolón dellas
cavalleros y soldados particulares
para saltar en la galeota,
la galera sancta Bárbara súpitamente levó remos
y se estuvo queda sin bogar avante.
A este tiempo llegó don Sancho de Leyva
con su capitana,
que se havía hecho un poco más a la mar
por coger el viento a la galeota,
e yéndola a envestir ambas capitanas,
la de don Álvaro y la suya,
se embaraçaron ambas galeras,
la una con la otra, de suerte
que la galeota tuvo lugar
de salírseles por debaxo de los espolones,
començando a bogar con grandíssimo ánimo
y a salirse peleando los turcos valentíssimamente
tirando a las proas de las dos capitanas,
adonde havían acudido
los principales cavalleros y soldados dellas
con espadas y rodelas para saltar en la galeota,
la qual se dio tan buena maña que se salió,
como digo,
de debaxo de los espolones de ambas capitanas,
dexando heridos de la capitana de don Álvaro
a doze soldados y muerto uno.
Y don Joan de Villaroel,
que havía acudido primero
a la proa de la capitana de don Álvaro
donde él venía,
fue tan dichoso como valiente
en no le acertar ninguna bala ni flecha
de las muchas que los turcos tiravan,
que a don Joan de Baçán,
hermano de don Álvaro,
que fue también de los primeros que acudieron
a la proa,
le acertó un arcabuzaço en una rodela
azerada
que no le valió menos que la vida,
y de la capitana de don Sancho hirió a tres,
y de la sancta Bárbara de Nápoles
dexó heridos a seys o siete,
y de sanct Phelipe de Nápoles
mató a un soldado muy particular.
La otra galeota menor,
viendo embaraçadas las dos capitanas,
se salió sin que galera ninguna se lo estorvasse.
El capitán de sancta Bárbara,
a quien se cargava toda la culpa
de haverse escapado las dos galeotas
por haver levado remos su galera,
dava algunas desculpas que no le eran muy aceptas.
Porque cierto, si envistiera a la galeota como pudo,
ni se fuera la una ni la otra,
las quales, haviendo salido desta refriega tan dichosamente,
se metieron la proa al viento
haziendo bogar a los pobres christianos
que venían al remo tan valientemente
como ellos havían peleado.
Todas las galeras les fueron dando caça,
y viendo que era cansar la chusma y no hazer nada,
se bolvieron a dar fondo aquella noche en la ysla,
harto corridos todos de ver que assí
se havía ydo de las manos una tan buena presa.
Porque de un turco que havían echado en tierra,
se supo el domingo siguiente en Alicante
cómo estas dos galeotas imbiava
el Rey de Argel armadas muy aposta
para que entendiessen
lo que por acá passava
y que traya cada una ochenta turcos geniçaros,
escogidos de la guardia del rey,
y entre ellos muchos capitanes,
que ellos llaman arraezes,
de las galeotas de Argel.
Y bien se paresció,
que una hazaña tan grande,
como fue escaparse dos galeotas de .21. galeras reales,
que el bulto dellas bastava para hazerlas rendir,
no la podían hazer sino hombres muy valerosos.
Al remo dixo que trayan obra de ciento y quarenta cristianos
escogidos en todos los cautivos de Argel.
A quien le vino bien de la topada destas galeotas
fue al maestre de la nao,
que estando preso en la galeota mayor,
viendo nuestras galeras,
se echó a la mar y nadando vino a tierra,
aunque con una cuchillada en la cabeça
que le acertó un turco quando se echava al agua.
Pero él huvo libertad, y su nao y mercadería
que ya tenía perdida.
Partida del marqués
con toda el armada.
El marqués partió un día del mes
de setiembre
del año de mil y quinientos y veynte y cinco
con tres galeras reales
y doze galeotas de Málaga
y quatro caravelas de Portugal.
Y en todos estos navíos llevava
los quatrocientos ballesteros
y mucha gente principal
de Granada y Málaga y de toda la costa,
que serían en todos hasta dos mil hombres.
Y otro día después que partió de
Málaga
fueron a cabo de Vicentor que, como digo,
es quatro leguas de Vélez de la Gomera más
al levante.
Y allí estuvo todo aquel día en xolito,
y fue descubierto de toda la gente de Vélez
hasta las yslas de Buzema,
adonde el rey estava,
y le dieron la nueva y vino luego a Vélez
y tuvo tiempo antes que nuestra armada llegasse
de meter gente y municiones en el Peñón,
que estava harto desproveydo de todo.
El marqués con la armada,
haviendo estado en xolito aquel día,
otro día antes que amaneciesse
arribó al Peñón y echó la
gente en la falda d’él,
que dixe que es a manera de muelle,
porque no hay otro lugar donde se pudiera echar.
Y por capitán de toda ella a don Bernardino de
Mendoça,
su hermano,
y queriéndole tomar a escala vista,
como lo hiziera si no huviera sido descubierto el armada,
los del Peñón, desque vieron toda la gente
en la falda d’él,
començaron a disparar su artillería a los
navíos
en tanta manera que los hizieron apartar a largo,
porque a no lo hazer assí,
los echaron a fondo.
Y la gente, viéndose allí y apartar los
navíos
y el poco remedio que tenían de subir arriba,
por ser la subida tan diffícil y defenderla
los de arriba,
se echavan algunos dellos a nado,
y desta manera se salvavan algunos,
aunque más eran los que se ahogavan
antes de llegar al armada y otros morían de los
tiros del Peñón.
El marqués quería que toda el armada,
bolviesse a recoger la gente o morir,
ymitando al conde de Niebla sobre Gibraltar,
que quiso más ahogarse con los suyos
que quedar con la vida a llorar sus desastradas muertes.
Portundo se lo resistió como general del armada,
diziendo que a menos costa
se rescatarían los que allí quedavan
que no bolver a perder toda el armada
y las vidas de los que havían quedado en ella
y no hazer nada.
Y cierto, Portundo dezía verdad,
porque ningún navío se acercara al Peñón
que no le echaran al fondo.
Don Bernardino de Mendoça se salvó
en una galeota de las de Málaga,
que la halló sin gente él
y todos los que en ella cupieron.
Murieron y ahogáronse allí muchos
y quedaron cautivos más de seyscientos.
Y el armada se bolvió a Málaga
a cabo de quatro o cinco días que havía
partido.
Biblioteca Nacional de Madrid (España), signatura 3882. Edición
de Teresa Beltrán (2002).