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Clásicos mínimos para Nadadores: "Relaciones de sucesos:
una batalla naval entre corsarios holandeses y el Galeón
de la Plata" y "Comentarios de la fundación, conquista
y toma del Peñón de Vélez de La Gomera"

Autoras: María Poveda Martínez - Irene Rodríguez Rodríguez

   
   
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2-BLOQUE I: CONTEXTO HISTÓRICO 

 

 

La actividad pirática es tan antigua como la propia navegación. Nació en el Mediterráneo y se remonta a tiempos homéricos. Pero será a partir del siglo XVI, y especialmente en los océanos americanos, donde adquirirá nuevas modalidades y surgirán algunos de sus nombres más famosos. Una de esas modalidades es la de corsario, a la que hacen alusión estos documentos y que básicamente consistía en un pirata que se ponía al servicio de un determinado rey. Esta servidumbre se establecía del siguiente modo: el pirata en cuestión se presentaba ante el rey, informándole de su intención de interceptar barcos a cambio de un permiso que justifique su servicio a la corona. El rey le amparará con la condición de que no atacasen a barcos de países con los que el rey esté en paz, y a cambio un porcentaje del botín estará destinado a la Corona. Este permiso se denomina "patente de corso".

La principal diferencia entre los corsarios y los piratas es que estos últimos no representan a ninguna corona, son apátridas. Esta diferencia queda patente en los documentos donde aparece perfectamente bien especificado que dichos aventureros provenían de Holanda.

En estos momentos, avanzados ya los años treinta del siglo XVII, el comercio español con América se organizaba por un sistema de flotas, establecido por el Consejo de Indias mediante una cédula emitida el 10 de julio de 1561. Esta resolución se tomó por la complicada situación que se vivía desde mediados del siglo XVI por la ingente aparición de piratas y corsarios que se lanzaron al mar al olor de las riquezas de las recién descubiertas minas de México y Perú. Esto obligó a fortalecer el comercio y dotar de mayor protección a los barcos mercantes. Todos los mercantes viajarían juntos (llegaron a ser 40) e iban custodiados por algunos buques de guerra (cuyo número dependía de la situación internacional, en época de guerra se extremaban las precauciones) y con dos buques en especial, la Capitanía y la Almiranta. La Capitanía iba a la cabeza y la Almiranta al final, cerrando la flota. Estos llevaban al menos 8 cañones de bronce, 4 de hierro, 24 piezas menores y 100 mosquetes. Los mercantes también irían armados (1). Surgieron así dos flotas, la Armada de Nueva España y la Flota de los Galeones. La primera se dirigía a México y la segunda a Cartagena. Ambas aparecen mencionadas en estos documentos, pero será con la segunda con la que se enfrenten Pie de Palo y sus hombres.

Tras efectuarse todas las negociaciones comerciales con las colonias americanas partían a La Habana donde les esperaban los buques de guerra que actuaban de escolta. Será cubriendo este trayecto donde el Galeón se encontrará con la flota corsaria, que estaba esperándolo para atacarlo a modo de emboscada.

En estos momentos, ocupando el trono de la Monarquía Hispánica encontramos a Felipe IV, que reinará desde 1621, momento el cual fallece su padre Felipe III, hasta su muerte en 1665. Felipe IV aparece mencionado en el segundo de los documentos, aunque sin especificar su número. El comienzo del reinado de Felipe IV coincide con la gran ofensiva holandesa que se desató en 1622, tras finalizar la Tregua de los Doce Años. Las flotas corsarias comenzaron a hostigar a las flotas y posiciones españolas con una mayor virulencia en sus ataques. Esta ofensiva no fue espontánea pues desde hacía meses se estaban preparando expediciones de ataque. Sus principales objetivos eran las minas de Perú y las flotas de la Plata. Pero a España no le pillo desprevenida, pues tenía prevista la irrupción holandesa en el Caribe y en 1623 ordenó que la armada de Nueva España no realizara sola el tornaviaje y se dispuso de una flota de 14 galeones para protegerla (2). Desde este momento, las flotas corsarias holandesas no abandonarán el mar Caribe en su afán por conseguir hacerse con las enormes riquezas transportadas a España por las flotas de la Plata. En este contexto situamos la expedición de Pie de Palo y sus secuaces, a la espera de interceptar una flota española.

[1] CIUDAD, Andrés, LUCENA SALMORAL, Manuel, MALAMUD, Carlos, Manual de Historia Universal. Historia de América, Madrid, Historia 16, 1992.
[2] LUCENA SALMORAL, Manuel, Piratas, Bucaneros, Filibusteros y Corsarios en América. Perros, mendigos y otros malditos del mar, Madrid, Editorial Mapfre, 1992, pp. 133 – 140.

 

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