Lo que aquí recogemos son tres fragmentos de una Relación
de Sucesos titulada “Comentarios de la fundación
y conquistas y toma del Peñón”, escrita
en 1566 por Baltasar Collazos.
Los dos primeros textos corresponden a la conquista del Peñón de
Vélez por parte de España en el año 1564. El último
texto se refiere a un intento de recuperar el Peñón en 1525, ya
que se había perdido en 1522.
En primer lugar situaremos en el mapa el Peñón de Vélez,
que se encuentra enmarcado en un paisaje abrupto, en la desembocadura del río
Bades, a unos 80 Km. al oeste de Alhucemas, es un gran peñasco triangular
unido por un pequeño puente de madera a una isleta llamada de San Antonio.
Su nombre es el resultado de una deformación de los nombres de Bades (la
antigua ciudad que había en la costa) y la comarca rifeña de la
Gomara. En cuanto a la historia del Peñón, nos centraremos en la
Conquista del mismo en el año 1564, ya que es
en lo que se centran los textos fundamentalmente. La
conquista del Peñón de Vélez de
la Gomera se produjo en 1564, cuando al regreso del socorro
de Orán, la armada de Francisco de Mendoza se
unió en Cartagena a las galeras de Saboya, Florencia,
Génova y Malta. Recibió Mendoza orden de
Felipe II de atacar por sorpresa al Peñón
de Vélez, perdido en 1522. Marchó la flota
a Málaga y por indisposición de Mendoza
se hizo cargo del mando don Sancho de Leyva. Era autor
del plan de ataque el alcalde de Melilla, Pedro Venegas,
que contaba con las ofertas de dos renegados. Se adelantó don Álvaro
de Bazán con sus ocho galeras, pero, descubierto
por los moros del Peñón, fracasó la
sorpresa. En la madrugada, Leyva desembarcó sus
tropas; después de algunos encuentros, desanimado
por lo poco que adelantaba, debido a la falta de artillería
para batir el Peñón, levantó el
campo y reembarcó su ejército. El 2 de
agosto llegó a Málaga y pasó a invernar
con la escuadra a Italia.
No por este fracaso cejó Felipe II en su intento, pues el peligro que
para el tráfico comercial suponía el Peñón en manos
de los moros hacía necesaria su conquista. Reunida una gran flota de galeras,
se dio el mando a don García de Toledo, marqués de Villafranca,
para intentar con ella nuevamente la empresa. En agosto de 1564 se juntaron en
Málaga 93 galeras y unos 60 navíos con 13.000 hombres españoles,
italianos, alemanes y flamencos. De esas galeras, ocho eran del rey de Portugal,
al mando de Francisco Barreto; siete de Marco Antonio Colonna; 12 de Juan Andrea
Doria, 10 de Florencia, cuyo general era Jacobo Dapiano; tres de Saboya, dirigidas
por el conde Sofrasco; las de Malta, etc. El 29 de agosto se hizo la flota al
mar. El desembarco no tuvo dificultad por encontrarse desguarnecido el mejor
punto para efectuarlo: la fortaleza de Alcalá. Situado el Peñón
en lo alto de abrupta y escarpada roca, pareció a don García inexpugnable
y que la empresa ofrecía serias dificultades. Pasadas algunas escaramuzas
con los moros de las montañas, el campo cristiano se puso en movimiento,
el 3 de septiembre, y después de atravesar el poblado de Vélez
de la Gomera, abandonado por sus moradores, se situó frente a la fortaleza
del Peñón. Defendía el castillo una guarnición turca,
al frente de la cual estaba el renegado Ferret, en ausencia de su alcalde Cara-Mustafá.
Puestas en fuego las gruesas piezas de artillería de los españoles,
por tierra, y las de las galeras, desde el mar, cundió el desaliento entre
los turcos al ver los estragos que causaban en los bastiones y muros, y se dieron
a la fuga. El 6 de septiembre las tropas cristianas entraban en la fortaleza.
Reparadas las murallas y dejando fuerte guarnición bien abastecida, regresó don
García de Toledo a Málaga.
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