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"Correspondencia cifrada entre Giovanni Margliani
y Antonio Pérez, secretario de Felipe II"

   
   
 
ANÁLISIS
 
1) Análisis formal de las cartas
2) El contenido
 


Análisis formal de las cartas

Si pretendemos realizar un estudio completo de nuestras cartas resulta un paso obligado realizar un pequeño análisis de los aspectos lingüísticos y paleográficos de los documentos que nos ocupan, esto es, un pequeño enfoque del documento desde el punto de vista de la cultura escrita. Para tal fin, dedicaremos los siguientes apartados al análisis de los diferentes aspectos de nuestros documentos.

Instrumentos
Como es evidente, la tecnología disponible en cada época marca de un modo u otro el soporte y la morfología de la escritura. Un caso excepcionalmente claro lo encontramos en la escritura cuneiforme, la cual debe su nombre a su peculiar morfología y, a su vez, esta morfología la debe a la tecnología empleada para su elaboración. Por esta misma razón, conviene dar un pequeño repaso a la tecnología empleada por los escribientes en la elaboración de nuestras epístolas.

En primer lugar, encontramos el papel como soporte. En este periodo será el material más extendido y ejercerá un monopolio casi absoluto como vehículo para la transmisión de la escritura. Tan sólo podemos encontrar usos residuales de pergamino en documentos regios o papales de excepcional importancia. En esta época proliferan los molinos de papel, en auge junto con la imprenta; una vez más la tecnología empleada en la fabricación del papel, todavía muy artesanal, provoca una repercusión inmediata en su producto. De este modo, los contemporáneos harán a menudo referencias a las cualidades y calidades de los diversos tipos de papel a su alcance; así, se puede distinguir el papel francés, del italiano, etc.

Sin olvidarnos de la existencia de la imprenta, la tecnología del momento ponía a disposición de los escribientes la pluma, también llamada peñola o cálamo. Normalmente se usaban plumas de oca o gallo, las cuales ofrecían un cañón largo, limpio y fuerte. En el proceso de fabricación era necesario templarlas, esto consistía en desbarbarlas, limpiarlas, cortarlas por los lados en forma de horquilla y, finalmente, realizar un delicado corte en medio llamado crena [42]. Del mismo modo que el papel, un proceso tan artesanal dará origen a muy diversas calidades de plumas; gozarán de buena fama, las plumas de canutillos del Nilo. En esta misma línea, sabemos que en muchas ocasiones, el escribano tenía que preparar su propia tinta. Juan de Iciar explica detalladamente el proceso de elaboración de la misma, en la que se podía encontrar nuez de agallas, alumbre, agua y goma arábiga. Existían distintas recetas para escribir en diversos soportes, tinta para escribir sobre pergamino o sobre papel o para hacer tornasol. Finalmente, en las escribanías, donde la velocidad para elaborar documentos era de vital importancia, se contaba con la salvadera [43], con la que se conseguía el secado de la tinta y se evitaba que su exceso quemase el papel. Con todo esto, el escribano del siglo XVI está listo para redactar su documento, tan sólo nos queda seguir de nuevo las indicaciones de Iciar para conseguir unos trazos rectos y seguros. Según éste la pluma debe tomarse con los dedos pulgar e índice, asentándola sobre el corazón. Este último debía actuar a modo de freno contra el empuje de los dos primeros. El cuerpo debía estar recto, el papel perpendicular al borde de la mesa, y el brazo apoyado sobre la misma.

Finalmente, el trazo debía realizarse un poco ladeado, mirando cada lengüeta de la punta: la derecha al ángulo superior derecho y la izquierda al inferior izquierdo. Lógicamente, estos apuntes a modo de ejemplo no son en absoluto de aceptación universal y, como cabe esperar, y mucho más en la época que nos ocupa, los distintos maestros podían usar los estilos más diversos. No obstante, según el propio Iciar, éstas eran las pautas empleadas en Roma, donde acudían los mejores escribanos de toda Europa.

Aspectos paleográficos
Como podemos observar, el texto de Margliani está escrito en italiano, usa la humanística cursiva o corriente para la redacción y los guarismos arábigos para el cifrado. Para buscar los orígenes de estas características, debemos remontarnos hasta la Edad Media: durante este periodo se irán introduciendo en Europa los numerales árabes, gracias a su mayor sencillez a la hora de realizar cálculos irán ganando terreno sobre los tradicionales números romanos, sobre los que se mostrarán mucho más rápidos y prácticos. Los guarismos árabes serán aceptados de inmediato y su uso se generalizará rápidamente, en el siglo XII ya se encuentran aceptados por toda Europa, sin modificaciones apreciables hasta nuestros días. No obstante, los numerales romanos pervivirán mucho más tiempo del que pudiera parecernos, y a pesar de lo dificultoso de su lectura, no terminarán de desaparecer por completo hasta la llegada del siglo XVIII. En el período que nos ocupa los numerales romanos gozan de mayor aceptación y todavía son de uso más común que los guarismos árabes, no obstante Giovanni usará de éstos últimos que, en cualquier caso, ya son de uso natural en Europa y están plenamente aceptados.

Por otra parte, durante la Edad Media, el latín monopolizará la escritura, mientras en el ámbito oral será desplazado por las lenguas vulgares. Al mismo tiempo, en el ámbito eclesiástico, se fue dando forma a la letra visigótica, que sólo perdería su hegemonía durante el paréntesis regenerador de Carlomagno y su letra carolina. No obstante, la nueva letra caería en desuso con el declive del esplendor carolino, y de nuevo, se impondría la letra visigótica. Varios siglos después se produce la llegada del Renacimiento y el interés del Humanismo en la lectura de los clásicos y la regeneración cultural. El redescubrimiento y la lectura de múltiples códices carolinos que contenían obras clásicas despertará en los primeros humanistas italianos una gran admiración por la morfología de la letra carolina, mucho más legible que la enrevesada letra visigótica. Será F. Petrarca quien, a mediados del siglo XIV, dé comienzo a la reforma caligráfica introduciendo elementos carolinos en las visigóticas italianas. Desde entonces, la evolución será imparable: a lo largo del siglo XV humanistas italianos como Niccolo Niccoli, irán perfeccionando la obra de Petrarca y transformando paulatinamente la letra visigótica, insertando elementos de la carolina.

Finalmente, será el florentino Poggio Bracciolini a mediados del XV quien prescinda definitivamente de la visigótica dando origen a la llamada letra humanística. No obstante, el entorno de su nacimiento, junto con las diversas y relativamente nuevas necesidades de la escritura, llevará a la nueva letra a evolucionar en diversos tipos. La más fiel a su antecesora carolina será la llamada humanística redonda o formada, en el lado opuesto de la simplificación de la gótica de cancillería y el influjo de la nueva humanista nace la humanística cancilleresca, y finalmente, de la evolución de la gótica cursiva y también por la influencia de la nueva letra nace la humanística cursiva, la cual, cuando se realiza deprisa y descuidadamente, pasa a llamarse humanística corriente. En el caso que nos ocupa, podemos encontrar los rasgos típicos de la humanística cursiva, éstos son; a de un solo trazo, d minúscula, f descendente bajo la línea del renglón, r preferentemente redonda y s alta y de un solo trazo. Por otra parte, su elaboración descuidada repercute en la pérdida de uniformidad del texto y en la aparición de un excesivo número de nexos y encadenados, lo que hace más apropiado clasificarla como humanística corriente. Como podemos observar, Giovanni Margliani usa el italiano. Como sabemos, a lo largo de la Edad Media las lenguas vernáculas se han apoderado del uso común. Con la llegada del Renacimiento, la revitalización del latín arrastrará también a las lenguas romance, abriendo debates sobre lo apropiado de usar el latín (más propio de las elites sociales y el documento escrito) o el vulgar (más propio de la gente común y el ámbito oral).

Finalmente, las lenguas vernáculas se impondrán como vehículo de comunicación común u ordinaria, desplazando al latín. Sin olvidarnos de la correspondencia intercambiada por los grandes humanistas del momento, el latín encuentra su principal hueco en la Iglesia, la universidad y en la Corte o, más concretamente, en el ámbito de la diplomacia internacional, dado su alcance como idioma universal, conocido en toda Europa. No obstante, en el documento que nos ocupa, y dada su naturaleza de información secreta, resulta obvio que es mucho más adecuado el empleo de la lengua vernácula, peor conocida por el enemigo y por tanto, más segura. En cualquier caso, el asentamiento y formalización de las lenguas vernáculas es un hecho. Desde que en 1492 Nebrija editase su Gramática de la lengua castellana, las lenguas vernáculas inician su largo pero imparable proceso de institucionalización, codificación y normalización. Será poco después, en 1525, cuando el cardenal P. Bembo edite Prose della volgar lingua, la primera codificación de la lengua italiana. Desde entonces, los manuales, diccionarios y codificaciones de las distintas lenguas vernáculas proliferan por toda Europa. De este modo, llegados a finales del siglo XVI, aunque se han dado importantes pasos en la normalización de la lengua vulgar, ésta todavía sufrirá grandes cambios e influencias, de modo que en el momento en que nuestra carta es redactada, no existen todavía unas reglas y una codificación de la lengua italiana universalmente aceptada por todos. Esto quiere decir que se pueden encontrar enormes diferencias gramaticales y ortográficas entre los diversos textos, sin necesidad de que uno sea más correcto que otro, a modo de ejemplo puede decirse que los numerosos abecedarios que circulan en la época raramente coinciden en la representación gráfica de las mismas letras.

De todo lo expuesto podemos encontrar multitud de ejemplos en los textos que tratamos. En cuanto a los numerales, podemos observar bastante homogeneidad en la representación gráfica y, observando que los arábigos, además de para el texto cifrado, también son usados para fechar o para indicar cantidades, podemos considerar que están muy familiarizados con ellos y los usan con normalidad. Como ya se indicó, el texto cuenta con todos los rasgos característicos de la letra humanística cursiva, a los cuales ya se hizo referencia con anterioridad. Finalmente, sobre la pequeña anarquía gramatical y ortográfica, encontramos también numerosos ejemplos; dobla la s y la t indistintamente en ciertas palabras, sin seguir un criterio. Sustituye la s por la x de un modo arbitrario, hace lo mismo con la u y la v, y más raramente con la i y la j. Escribe las mismas palabras de modos distintos, por ejemplo, embajador (ambaxador o ambasatore) o señor (signori, segnor o signior). Podríamos enumerar muchos más ejemplos, no obstante, esto es suficiente para hacer notar esa falta de normas existente a la hora de realizar el texto. En esta misma línea, conviene recordar, los distintos dialectos italianos que conviven en el momento, y al mismo tiempo, la ocupación española de Nápoles. Como cabe suponer, la repercusión de todo esto en un idioma que aun no está claramente definido, contribuye en mucho, a aumentar el nivel de anarquía en la escritura. Cuando tratamos de dirigir nuestro análisis hacia la estructuración del texto encontramos más motivos de confusión y desorden en la escritura. Como ya se comentó con anterioridad, las lenguas vernáculas, a diferencia del latín, carecían de unas normas previas y universales para su elaboración, tampoco contaban con una dilatada tradición de escritura como la latina o griega y por si no fuera suficiente, nacen en un medio netamente oral. De este modo, el italiano, como el resto de lenguas vernáculas, forja su estructura a base de oralidad, lo que luego quedará plasmado en la escritura.

En esta misma línea, conviene recordar que en cualquier tipo de escritura de la época se conservan muchos rasgos de oralidad, independientemente del idioma en que se escriben [44]. Las estructuras propias del lenguaje oral, son "trasvasadas" sin más, al texto escrito. De este modo, se puede decir, literalmente, que el autor está escribiendo lo que habla. El texto que nos ocupa se convierte en un fiel reflejo de todo lo anteriormente señalado, en primer lugar, el texto resultante cuenta con un hilo conductor muy difuso, que en ocasiones, convierte la redacción en una estructura inconexa. Los rasgos de oralidad se dejan notar con mucha claridad en el análisis sintáctico del texto, el empleo de fórmulas orales para la escritura, supone un abuso de la oración coordinada sobre la subordinada; igualmente, el autor cambia constantemente la narración de un estilo a otro abusando del indirecto, así como del pronombre personal, omitiendo, en muchos casos, el sujeto. Esto conlleva una presentación de la información en plano de igualdad, donde el texto pierde su jerarquía estructural y se provoca el desorden en la recepción de la información. Por lo tanto, encontramos un texto mal estructurado, donde la información no guarda el orden adecuado, si añadimos la falta de un orden gramatical institucionalizado y de aceptación universal, la composición del texto puede resultar extremadamente confusa.

Por otra parte, podemos destacar otros aspectos más particulares del texto que tratamos, analizando el tipo de titulaciones y la propia redacción del texto encontramos muchos de los rasgos característicos de los textos de esta época. En primer lugar, en la primera cara de la carta, y encabezando la redacción, encontramos la cruz cristiana, de origen medieval, y que durante la época será muy habitual en los textos cristianos. No obstante, resulta más extraña la carencia de alusiones religiosas en el resto del documento; esto no hace si no advertirnos del origen laico de nuestro autor. Por la presentación y la propia redacción del texto, resulta obvio que fue escrito con descuido, fruto de las prisas por enviar la noticia cuanto antes, o bien, fruto de la rutina, debido a la numerosa correspondencia que remitía Giovanni. A pesar de todo, se respetan escrupulosamente, los encabezamientos y la despedida protocolaria. Además de la ubicación espacio-temporal, son típicas de esta época las muestras de sumisión y respeto, más cuando el autor se dirige a un hombre de mayor estatus. En estas muestras se suele hacer referencia a la fidelidad, un valor muy presente en estos momentos. Del mismo modo, se suele exaltar y enardecer a la persona a la que se dirige el mensaje, esto es: mediante la enumeración de sus titulaciones si las posee, en este caso, secretario de su majestad, o bien, mediante calificativos como ilustre, magnánimo, V. S.; por ejemplo, los encabezamientos, ossmo. u osserno. son abreviatura de obsequentissmo, que puede traducirse como ilustrísimo o excelentísimo. Del mismo modo, en la despedida se repiten las fórmulas protocolarias, con las mismas connotaciones del encabezado; son muy frecuentes "besa las manos de V. S. su humilde (cierto, fiel...) servidor...".

Como conclusión, y con la evidente salvedad del texto cifrado, podemos afirmar que nuestras epístolas se encuadran a la perfección dentro de las características propias de la cultura escrita del momento.

Clasificación
Las epístolas fruto de nuestro análisis pertenecen a la correspondencia secreta que intercambian los espías españoles de Estambul con la Corte de Felipe II. Pueden clasificarse de modo general, como parte de la correspondencia diplomática del siglo XVI, y desde el punto de vista de la monarquía española, dentro de los llamados avisos del levante.

Giovanni Marglianni se convierte en el eje principal de la red de espionaje española, su figura ante los turcos es un tanto difusa, sin ser un embajador oficialmente, hace las veces de representante del monarca, no obstante, su principal actividad consiste en el espionaje de la corte Turca. Siguiendo las pautas de Áude Viaud, en La correspondencia diplomática del siglo XVI, encontramos que las actividades de Giovanni, encajan a la perfección dentro de su definición de la correspondencia diplomática del momento. En la citada definición, interpreta que las tres principales funciones de un embajador consisten en representar a su soberano, negociar e informar. Observando el contenido de nuestras epístolas, Margliani, cumple escrupulosamente estos requisitos: hace de mediador, representante de Felipe II, es el gran protagonista de la futura tregua de 1.580 y otras de menor importancia, y por supuesto, informa (espía) sobre la Corte Turca. Retomando la definición de Viaud, nuestro autor cuenta con unas sólidas fuentes de información, constituidas principalmente por una importante red de espías en las mismas entrañas de la Corte turca. Finalmente, en nuestros textos también podemos comprobar cómo Margliani da su propia opinión y asesora a la Corte española sobre los asuntos que está tratando, otra de las funciones claves de los diplomáticos de la época. De este modo, si bien su posición oficial no está muy clara de cara a los turcos, los textos en nuestro poder no dejan ningún lugar a la duda sobre las labores diplomáticas de Margliani, quien encaja a la perfección dentro del modelo de embajador de la época.

Siguiendo las mismas pautas dadas por Viaud, en nuestras cartas podemos encontrar muchos rasgos característicos de la correspondencia diplomática del momento. Nuestra primera carta constituye un buen ejemplo de lo que Viaud llama informaciones breves, en las que nuestro informador se limita a frases breves y concisas, que no siguen un hilo narrador muy estructurado. Por otra parte, nuestra segunda carta puede tomarse como el ejemplo de un asunto de fondo, en cuanto a la redacción, esto significa narraciones extensas, con párrafos muy sobrecargados. En la misma línea de análisis de Viaud, encontramos que Margliani cumple con su obligación de información constante y muy abundante, incluso llega a sorprender la enorme frecuencia con la que escribe, basten como ejemplo nuestras dos cartas: la primera se fecha el 14 de octubre de 1.579, la segunda el 25 de octubre de 1.579, gracias a su mención en el texto, sabemos de la existencia de cuando menos, una carta más, fechada el 22 de octubre del mismo año. Las circunstancias del momento obligaban a los embajadores a mantener una comunicación fluida, fundamentalmente por dos causas principales: el incierto funcionamiento del correo (nunca se podía saber con certeza qué día llegaría la carta, ni siquiera, si ésta había llegado) y también las enormes distancias a cubrir; en nuestro caso, podríamos estar hablando de una media de un mes de trayecto, lo que obliga a una gran frecuencia de envíos, para evitar que la información estuviera obsoleta a su llegada. Esta misma circunstancia, la necesidad de una gran frecuencia de postas, influye sin duda en la presentación del texto. Nuestras epístolas transmiten, además de una gran familiaridad con la información que está presentando, una rápida sensación de informalidad y descuido en su elaboración.

No puede resultarnos extraño, puesto que a la ya citada frecuencia de envíos, debemos añadir su carácter funcional y rutinario. De este modo, encontramos muchos indicios de lo citado en nuestras cartas. Desde el punto de vista estético, y observando tanto el texto cifrado, como su transcripción contemporánea, tenemos muchos ejemplos: la propia letra empleada, humanística corriente, frecuentes tachones y rectificaciones, pérdida clara del paralelismo y la rectitud de los renglones, falta de homogeneidad en los tamaños de las cifras o incluso, la ausencia del margen derecho. Desde el punto de vista de la redacción del texto, además de la importante oralidad, ya comentada, encontramos en líneas generales: falta de encuadre y antecedentes en la descripción de los hechos [45] o la carencia de orden en la estructuración del mensaje, y en aspectos más concretos, la propia posdata que se incluye en la segunda carta o la omisión del encuadre cronológico en el encabezado de la segunda.

Para terminar esta pequeña clasificación, abandonamos la línea de Áude Viaud, más general y más relacionada con la diplomacia internacional, para centrarnos en la visión de Emilio Sola, más puntual y más relacionada con los llamados "avisos de levante" [46]. Del mismo modo que sucedía con la definición de Viaud, y sin ánimo de ahondar más en este aspecto, los textos de Margliani, se pueden encuadrar a la perfección dentro de esta "literatura de avisos", es más, son avisos en su estado puro, "avisos oficiales". Según la definición de Sola, estos avisos son testimonios, información, datos... sobre el "otro", sobre el enemigo, sobre el Turco. En cierto modo, estos textos en su raíz recogen oralidad, se forjan en los rumores, los dichos, los relatos que circulan por los diversos reinos atravesando las fronteras; son los testimonios de los mercaderes, de los viajeros, aventureros, cualquiera que haya conocido o sepa algo de aquel "otro". Eran otros tiempos, y Sola denomina a estos rumores de plaza, muchas veces recogidos en la literatura del momento, pre-periodismo radiofónico, quizá sea lo más acertado, puesto que recoge la esencia de todos estos rumores y noticias del mundo que llegaban a las gentes, a través de la única radio de su tiempo, el boca a boca.

En este caso, en el de los avisos del levante, nos encontramos en el ámbito del Mediterráneo, donde España y Turquía compiten por su hegemonía desde los comienzos del siglo, se trata por tanto, del enemigo tradicional, del gran enemigo, el imperio Turco. Estos avisos, sirven para estudiar y para conocer a ese gran "desconocido", en palabras de Jesús Ibáñez, se trata "De informarse de..." para reducir "la incertidumbre de una decisión". Como se puede comprobar, nuestros textos, son todo un ejemplo de estos avisos, que por su propia obviedad, no comentaré.

Cuando estas noticias son recogidas en un texto, se da comienzo a una serie de niveles narrativos, clasificados en función de su autor. En un primer nivel, estarían encuadradas las cartas, relaciones y testimonios, de particulares o profesionales que no hacen sino plasmar en papel todas estas noticias, rumores y avisos de origen oral. Cuando avanzamos a un segundo nivel, más elaborado, encontramos un autor del que se puede decir que tiene una verdadera intención de informar, para ello tratará de reforzar la veracidad y fiabilidad de su información, siendo ellos mismos, su principal aval. Se trata principalmente de viajeros, de mercaderes "los que van y vienen", son expertos conocedores de aquello sobre lo que informan y tratan de reforzar su redacción mediante fórmulas como "Vi con mis propios ojos" "Me han dicho"... en este caso, el autor mismo, es el principal valedor de su propia información. Cuando avanzamos un paso más, encontramos una continuación lógica con el autor profesional o semi-profesional. En este tercer nivel, se encuadra el relato cronístico-histórico, su función principal, su labor, consiste en dar esa información. Las principales diferencias con el segundo nivel se encuentran principalmente en la documentación y las fuentes, de mucho más peso en el tercer nivel, y el estilo de vida. Si los narradores de segundo nivel son gentes relacionadas con el mundo de la acción y la aventura, donde la literatura es más espontanea y personal, el tercer nivel cuenta con personajes normalmente anclados en un escritorio, con acceso y facilidad para las fuentes, donde la redacción está condicionada por una labor oficial, es una escritura más práctica y rutinaria. Finalmente, se añadiría un cuarto nivel, reservado para la creación literaria sin más. Podría tener mayor o menor grado de información y de fiabilidad, pero en cualquier caso siempre preponderaría la creación literaria, sobra su labor de informar.

Atendiendo a esta clasificación, es evidente que de debemos ubicar a Giovanni Margliani dentro del tercer nivel. Sin poder valorar adecuadamente su valor literario, la figura de nuestro espía encaja a la perfección dentro de este tercer nivel narrativo como arquetipo del informador profesional, "todo" un espía.

Como conclusión, podemos afirmar que nos encontramos ante dos cartas que cumplen a la perfección con todas las características propias de literatura de finales del siglo XVI. Para clasificarlas las encuadraríamos como textos propios de la correspondencia diplomática del momento si atendemos a su forma, y como avisos del levante si atendemos a su contenido; dentro de esta clasificación estaríamos ante un tercer nivel narrativo, atendiendo a su autor.

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[42] Extraído de la obra La escritura y lo escrito. Paleografía y diplomática de España y América en los siglos XVII y XVIII de Vicenta Cortés, pág. 2; quien, a su vez, se basa en textos de contemporáneos.. > volver
[43] Salvadera.- Recipiente donde se guardaba el salvado. El salvado consistía en arena o polvo que se usaba para secar el exceso de tinta. > volver
[44] Historia de la cultura escrita. Del Próximo Oriente Antiguo a la sociedad informatizada. Coord. Antonio Castillo Gómez, pp. 286 – 287. > volver
[45] Con esto queremos decir que la familiaridad con la que Margliani expone los hechos, debido a su profundo conocimiento de los asuntos y la frecuencia de sus postas, está propiciando que el autor obvie los antecedentes y cualquier tipo de encuadre de la situación, lo que provoca que a nuestros ojos la información resulte muy inconexa y confusa. > volver
[46] Para establecer esta segunda línea de análisis, nos hemos basado en el extracto; España-Turquía, del enfrentamiento al análisis mutuo, del propio E. Sola. Cabe advertir, que este texto, está concebido desde un punto de vista predominantemente literario. Puesto que nuestro trabajo está redactado en italiano y para nosotros resulta imposible evaluar su valor literario, en este análisis evitaremos entrar en este aspecto. > volver

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El contenido

En esta última parte vamos a tratar de realizar un breve comentario sobre el contenido de las cartas. Dada la excesiva extensión de la segunda carta, y para facilitar esta labor, nos limitaremos a exponer aquí, tan sólo, el contenido de la primera, usando la segunda, para apoyar el comentario o para cuestiones puntuales.

En primer lugar, podemos observar el uso de la letra humanística corriente, del italiano como idioma y los numerales árabes para el cifrado, aspectos holgadamente comentados con anterioridad y sobre los que no volveremos. Inmediatamente después, nos fijamos en la cifra. Como primera puntualización, observamos el generoso espacio entre renglón y renglón en la elaboración del texto cifrado; como es obvio, y se puede observar, responde a la comodidad del segundo secretario (difícilmente el propio Antonio Pérez) para transcribir el mensaje descifrado en ese mismo espacio. Esto es sólo un pequeño matiz sobre las necesidades prácticas de la Corte. El nivel de información es muy amplio, España posee informadores en todos los rincones del mundo y del mismo modo que Giovanni Margliani, todos redactan un importante volumen de documentos, lo que obliga a buscar mayor eficacia, lo que a su vez explica por sí mismo detalles como el uso de la humanística corriente, que permite una escritura más veloz, y el poco cuidado por la forma en general en este documento.

En esta misma línea y comenzando el análisis del contenido de la propia carta, encontramos en primer lugar la ubicación espacio-tiempo del emisor de la carta, dato imprescindible para el receptor de la información. A continuación, el encabezado, un saludo protocolario, ya comentado, y una alusión a las cartas remitidas con anterioridad. Este dato es significativo: podemos comprobar la necesidad de los diplomáticos de encuadrar cronológicamente sus cartas. Esto responde a dos motivos fundamentales: por una parte, el mal funcionamiento, o por mejor decir, el incierto funcionamiento del correo, y por otra, las enormes distancias que se debían recorrer. Debemos tener en cuenta que la deficiente tecnología de locomoción, que apenas ha mejorado respecto de la antigüedad, unida a la vasta extensión del imperio español, plantearán serios problemas logísticos a la monarquía. De hecho, como media, el tiempo empleado en el trayecto de un correo Estambul-Madrid podía rondar un mes completo. Si a esto añadimos el riesgo de un naufragio, de cruzar algún territorio hostil, las inclemencias meteorológicas y un largo sinfín de posibles riesgos, parece lógico la preocupación por la fluidez de la información. Para combatir estos problemas, los diplomáticos debían esmerarse en su labor, como ya hemos visto, en primer lugar, era su obligación escribir con mucha frecuencia (como dan fe las fechas de nuestras cartas); si la información era muy importante o corría el riesgo de ser interceptada por el enemigo, se recurría al cifrado de la carta, se solía recurrir al envío doble de la misma carta, esto es, enviar la misma correspondencia por dos vías distintas, con objeto de asegurar mejor su llegada; finalmente, quedaba la labor de encuadre del diplomático, esto es, referenciar cada carta con respecto a las demás, con objeto de advertir algún extravío y facilitar la correlación de las mismas.

Si continuamos con el análisis del contenido, obviando los indicios de oralidad ya comentados, nos encontramos con la esencia de la carta, el mensaje, la información. Como podemos ver en esta carta, es muy sencillo, y un pequeño comentario basta para exponerlo: el embajador Francés se ha entrevistado con el Bajá y se sospecha que puede estar perjudicando las negociaciones españolas. Esta es la esencia de la figura de Margliani, informar; el buen diplomático es aquel que es capaz de controlar la información, su función consiste en recoger información, analizarla e informar de aquello que considere necesario. Como es obvio, para tal fin lo esencial son las fuentes, de hecho, es la pieza principal del entramado de espías al servicio de España en Estambul. Los hechos futuros, mostrarán a Giovanni Margliani como un hombre con grandes cualidades para la persuasión y la prudencia, corroborado por sus éxitos diplomáticos en la consecución de las treguas. No obstante, si queremos saber cual es el secreto de Margliani, debemos buscar en su red de espionaje, requisito imprescindible para tener unas sólidas fuentes de información. Como podemos comprobar en nuestras cartas, cuenta con el propio doctor personal de del Bajá (Salomón Natan), intérpretes dentro de la corte (Orambei), gente de la casa de Euchali... en fin, grandes y poderosos personajes en las mismas entrañas de su enemigo. Además de su apreciable número, podemos observar que Margliani no hace referencias, ni pone antecedentes sobre sus informadores, lo que presupone que se trata de informadores habituales y de buena credibilidad.

Siguiendo por esta línea, observamos que después del primer párrafo, donde ya ha contado la esencia del mensaje, dedica el resto de la carta, más de una hoja, a explicar en qué se basa para saberlo. Como ya hemos comprobado con anterioridad, esto es propio de este tipo de avisos, podemos observar el énfasis de Margliani en indicar la fiabilidad de su información, para ello, trata de dar muestras de su veracidad, que consigue mediante espías habituales y muy cercanos al Bajá, y su verosimilitud, que consigue contrastando la información coincidente, de las diversas fuentes. Como conclusión, nuestra carta resulta reveladora, podemos comprobar que Giovanni Margliani dedica apenas un párrafo para transmitir su mensaje, y a partir de aquí, dedica el resto de la carta a explicar la procedencia de sus fuentes, a explicar en qué se ha basado para ofrecer dicha información.

Como es evidente, ser espía es un oficio realmente arriesgado, estás en la casa de tu enemigo y siempre corres el riesgo de ser traicionado. No obstante, sus servicios son de un valor incalculable, el conocimiento, el control de la información, es un importante poder en sí mismo, lo es hoy, quizá más que nunca, y lo ha sido siempre. De hecho, en la segunda carta de nuestro trabajo, puede comprobarse cómo Margliani solicita dinero a la Corte para mantener el cuantioso soborno de tan provechosos personajes. Comparando sus sobornos con los honorarios de otros funcionarios de la corona, resulta evidente que el riesgo se paga a buen precio.

Finalmente, para terminar el comentario y sin ánimo de entrar en detalles, conviene hacer una escueta alusión al tema del protocolo. En la segunda carta podemos observar cómo Margliani advierte de un problema inaceptable y relacionado con cuestiones de protocolo en la Corte turca. Por otra parte, aunque de menor trascendencia, también podemos observar, más claramente en la primera carta, que a pesar de la elaboración poco cuidada y la falta de formalidad del documento, Giovanni Margliani respeta escrupulosamente el saludo y la despedida que marca el protocolo. Estos detalles no vienen sino a remarcar la excepcional importancia de estas cuestiones en aquella época y yendo un poco más lejos, tal vez más de lo que debiéramos, se puede extrapolar este problema de protocolo institucional a la propia sociedad moderna, donde la apariencia, la forma, la imagen, juegan un papel muy importante en las relaciones sociales y la reputación, el honor y valores similares.


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BIBLIOGRAFÍA:

- Castillo Gómez, Antonio (coord.): Historia de la cultura escrita, del Próximo Oriente antiguo a la sociedad informatizada; Gijón, Editorial TREA, 2002.
- Castillo Gómez, Antonio (coord.): La conquista del alfabeto. Escritura y clases populares; Gijón, Editorial TREA, 2002.
- Cortés Alonso, Vicenta: La escritura y lo escrito. Paleografía y diplomática de España y América en los siglos XVI y XVII; Madrid, Ed. Instituto de cooperación iberoamericana, 1986.
- Marín Martínez, Tomás (y otros): Paleografía y diplomática; Madrid, Ed. UNED, 1987.
- Riesco Terrero, Ángel (y otros): Aproximación a la cultura escrita; Madrid, Ed. Playor (Colección de textos y recuperación), 1995.
- Sola Castaño, Emilio: España-Turquía, del enfrentamiento al análisis mutuo (extracto); Ed. Isis Estambul, 2002.
- Viaud, Áude: Communication, Volume XLI; Lisboa-París, Archivos do centro cultural Calouste Gulbenkian, 2001

 

 

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