Las Columnas de Hércules, límite
entre el Mediterráneo y el Océano, entre
el mundo conocido y las aguas desconocidas, aparecen
en la literatura greco-romana desde la época de
la República como el límite occidental
del dominio romano y por extensión lógica
como límite de la ecúmene. La República
y el Imperio Romano dominaron efectivamente el Estrecho
de Gibraltar porque controlaban las tierras en las que
se asientan las dos columnas, la africana y la hispánica,
Abila y Calpe. Por avatares de la Historia conocidos
por todos, Roma perdió el control del Estrecho
al ver cómo desaparecía su soberanía
sobre tierra meridional hispana y noroccidental africana
no siendo sino un emperador romano pero con trono en
Constantinopla, Justiniano, el que vuelva a recuperar
el control del Estrecho para el gobierno romano.
Ocurre sin embargo que, siendo estrictos
a la hora de interpretar las fuentes históricas
y los hechos que relatan, Justiniano no tomó posesión
simultáneamente de las dos columnas de Hércules; en 533 conquistó un
fuerte llamado Septem en la orilla africana del Estrecho, cerca de su columna,
pero no conquistó el territorio en el que se asienta la columna hispana
sino hasta pasadas dos décadas. Ello no obstante no fue óbice
para que al estar en posesión de la orilla africana, tanto él
en sus leyes como los escritores que le eran contemporáneos propagaran
la idea de que se ejercía un control efectivo sobre el Estrecho, que
se controlaba la salida al Océano, que se había vuelto a llegar
al límite
de la ecúmene y de las tierras que habían conquistado alguna
vez los romanos. La orilla hispana del Estrecho es, cuando aparece, un mero
comvidado
de piedra, y peor es la situación de la Península Ibérica
en su integridad cuya presencia en la literatura bizantina de la época
justinianea debe calificarse de prácticamente anecdótica, y ello
a pesar de que una parte nada despreciable de sus tierras fueron de soberanía
bizantina; ello obedece en cierto modo a la tendencia del hombre bizantino
a establecer una clasificación, una jerarquización de los territorios
del Imperio y que refleja sin ninguna duda el espíritu de la época
y del lugar en la que se construye, esto es, el oriente del Mediterráneo[1] .
Dadas estas premisas debo indicar que el eje fundamental de este trabajo, que
se articula a través de la documentación literaria generada en
el período justinianeo, es estudiar cómo era la imagen o al consideración
que se tenía de la orilla hispana del Estrecho y por extensión
de la Península Ibérica en los escritores greco y sirio-parlantes
de esa época, cómo fue evolucionando y el por qué de esa
evolución[2] ,
que coincide con los momentos en que ese concepto cultural al que podemos llamar
Imperio Romano Tardío culmina su transformación
en otro concepto cultural no sólo de carácter restringido sino
sustancialmente nuevo que es el de Imperio Bizantino, por supuesto aún
en su primera época, esto es el siglo VII en su primera mitad[3].
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