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"¿EL UMBRAL DEL IMPERIO?
La dispar fortuna de Hispania y las Columnas
de Hércules en la literatura de época justinianea"

   
   
 
 
I- EL EXTREMO OCCIDENTE DEL MEDITERRANEO EN LA IDEOLOGIA NEO-ROMANA DE JUSTINIANO [4]
 

Juan de Lido recogía en su De Magistratibus el deseo de Justiniano de gobernar sobre toda la antigua extensión del Imperio Romano, que alegóricamente eran el orto y el ocaso del sol[5] . Dicha extensión natural, representada sobre todo desde Levante hasta Poniente[6] , había sido alabada por autores, historiadores y poetas durante toda la historia de Roma; basta sino recordar, entre otros muchos, a Horacio para el que se extendió la dignidad de su imperio desde la Occidental Hesperia hasta donde nace el sol [7], a Vitrubio, Ovidio y Dionisio de Halicarnaso [8], a Elio Arístides para quien el recorrido del sol es equivalente a vuestras posesiones y el sol recorre su camino a través de vuestros dominios [9], por el mismo emperador Juliano o por Sozomeno[10] , entre otros muchos bien conocidos de todos.

A pesar de su evidente afán anticuarista, Justiniano fue perfectamente consciente de que con el traslado de la capital a Constantinopla se había abierto una nueva etapa, un punto y seguido en la historia del Imperio Romano [11], de ahí que cuando el historiador y poeta Agatías relata aspectos de su política de reconquista de los territorios que una vez fueron romanos concluya, con un sentido de la Historia más cercano a la situación real del Imperio en el siglo VI, que el deseo de Justiniano era ser el primero de los gobernantes de Bizancio en ser Emperador de los romanos no sólo de nombre sino de hecho, de ahí precisamente el que hablemos de ideología neo-romana del emperador[12] .

El pensamiento político, ideológico o religioso de Justiniano es comprensible no sólo a partir de lo que cronistas, poetas e historiadores contemporáneos o casi contemporáneos dijeron de él sino a partir de sus propios escritos. Es especialmente en ellos donde se encuentra el soporte ideológico de su política, y es en ellos donde se manifiesta abierta y claramente que el extremo occidente del Mediterráneo en su límite con el Océano era por supuesto uno más de los antiguos dominios romanos a recuperar [13], pero además era el último territorio, la última frontera. Son sus novellae las que mejor revelan este aspecto concreto de la política de Justiniano, que busca situar nuevamente en el extremo-occidente del Mediterráneo el límite natural del oikoumene romano, del orbis romanus [14].

Son varias las ocasiones en las que Justiniano indica que la verdadera y única frontera occidental del Imperio Romano eran el Océano y el lugar donde se ocultaba el sol. Entre ellas queremos destacar la significativa introducción de la Novella LXII, praef., fechada en el año 537 y relativa a asuntos del ordo senatorial, pues en ella encontramos que Antiquissimis temporibus Romani senatus auctoritas tanto uigore potestatis effulsit, ut eius gubernatione domi forisque habita iugo Romano omnis mundus subiecetur, non solum ad ortus solis et occasus, sed etiam in utrumque latus orbis terrae Romana dicione propagata..". Justiniano deseaba que ese esplendor de tiempos antiguos se reprodujera en su época para lo que era preciso alcanzar también esa zona del extremo occidente, aquella donde se pone el sol, de gran carga ideológica en el Mundo Antiguo, y es por ello por lo que no sorprende encontrar repetidamente en la legislación de este emperador su esperanza en recuperar los territorios extremos de aquella Pars Occidentis que aún se le escapaban, entre ellos Hispania.

No vamos a detenernos en la legislación justinianea que atañe a sus posesiones africanas porque se apartaría totalmente del tema que queremos presentar aunque no debemos dejar de señalar aspectos tales como su orgullo por haber incorporado la Libia entera a su imperio [15], cómo se ocupa de reconquistar el último rincón extremo-occidental africano, Septem [16]; que es él quien incluye por primera vez entre los cognomina deuictarum gentium de la recuperada titulatura imperial los de uandalicus y africanus publicitando así su victoria [17]; que en una novella del año 538 confirme que su territorio se extiende ...desde la parte que ve nacer el sol hasta la que lo ve ponerse así como las que se extienden a uno y otro lado...[18] ; o, para no extendernos demasiado, que en su Novella VII. 1, del año 535, extienda su legislación relativa a asuntos eclesiásticos ...ab ipsa seniore Roma usque ad occieanum consistentium sanctissimarum orthodoxarum ecclesiarum..., debiendo interpretarse a mi modo de ver que con estas "iglesias oceánicas" se haría alusión a los territorios que Justiniano controlaba en los años 30 del siglo VI en la orilla africana del Estrecho de Gibraltar ya que al escapar a su control no podía legislar, en puridad, para territorios hispanos, galos o britanos.

En varias ocasiones el emperador se muestra firmemente decidido a incorporar los territorios más extremos de las tierras y aguas occidentales mediterráneas a sus dominios, y con la misma vehemencia expresa su convencimiento en lograr esa meta; encontramos una Novella, concretamente la XXX, 11, 2, en la que se refleja precisamente su intención de llegar a dominar la tierra existente entre los dos Océanos pues dice ...per quae dedit nobis deus et apud Persas agere pacem Uuandalosque et Alanos et Maurusios religare et Africam universam, insuper et Siciliam possidere, et spes habere bonas quia etiam reliquorum nobis detentionem annuet deus, quam prisci Romani usque ad utriusque oceanis fines tenentes sequentibus neglegentiis amiserunt; quas nos divino solacio confidentes in melius convertere festinamus...[19] .

Su orgullo por haber dominado Africa y al Reino Vándalo no acaba ahí sino que además tiene su reflejo y continuación en la confianza manifiesta de recuperar la totalidad de los territorios extremo occidentales del Imperio Romano, donde sobre todo encontramos a la Península Ibérica, seguramente Galia[20] aunque tal vez no Britania [21]. Justiniano expone en sus leyes esta idea de conquista y si bien no menciona particularmente ninguno de los reinos bárbaros de aquellos territorios, tal vez para demostrar que no representaban un poder equiparable al Imperio y que no estaban legítimamente constituidos, sí instruye a Belisario, destacado en Africa, para que sus subordinados, concretamente el tribunus de Septem, presten especial atención a los asuntos de Hispania y Galia [22].

El summum de esta demostración de interés de Justiniano por ocuparse de los asuntos del extremo occidente del Mediterráneo en todas sus tierras se encuentra en la Novella IX, de 535, referente a ciertos privilegios de la sede romana. En ella, que otorga a todas sus propiedades la prescripción de cien años, encontramos como Justiniano con un comportamiento "magnánimo" (!!), indica ...Unde et nos necessarium duximus patriam legum, fontem sacerdotii, speciali nostri numinis lege illustrare, ut ex hac in totas catholicas ecclesias, quae usque ad oceani fretum positae sunt, saluberrimae legis vigor extendatur... Quod igitur nostra aeternitas ad omnipotentis dei honorem venerandae sedi summi apostoli Petri dedicavit. Hoc habeant omnes terrae, omnes insulae totius occidentis, quae usque ad ipsos oceani recessus extenduntur, nostri imperii providentiam per hoc in aeternum reminiscentes... [23].

En definitiva, la lectura conjunta del ideario expresado en todos los ejemplos que hemos expuesto aquí nos presenta a Justiniano como un emperador que sin ninguna duda deseaba y esperaba alcanzar las antiguas fronteras romanas, como un gobernante que deseaba controlar todas las tierras que se extendían entre ambos Océanos; las Columnas de Hércules eran el límite occidental, con Africa a un lado y la Península Ibérica a otro.

Justiniano no obtuvo el éxito esperado en su intento de convertirse en un verdadero emperador romano desde el punto de vista de la extensión de sus posesiones. Ciertamente recuperó Africa, Italia y sus islas baleáricas y tirrénicas pero no pudo conquistar el resto de territorios extremo-occidentales -Hispania y Galia- que necesitaba para ver cumplido su deseo. Ahora bien, los soldados bizantinos llegaron a ambas orillas del Océano, logrando en torno a los años cincuenta del siglo VI controlar efectivamente ambas Columnas de Hércules: cuando conquistaron Africa llegaron hasta Ceuta y hasta la orilla africana del Océano Occidental; cuando intentaron dominar la Península, conquistaron la orilla europea del Estrecho de Gadir y con ello llegaron hasta la orilla europea del Océano Occidental. Por lo tanto, desde este punto de vista es factible presentar al Imperio Romano de Justiniano como un Imperio que se extendía por Occidente hasta las orillas del mundo conocido, hasta las orillas del Océano Occidental, del que dominaba su puerta, su umbral: el Estrecho Gaditano.

Sin embargo, para el súbdito oriental no sólo de la generación inmediatamente posterior sino incluso de la misma de Justiniano no se había triunfado en la Península Ibérica; es ésta una realidad que sin duda condicionó la imagen que de las tierras de la orilla europea del Estrecho, esto es de Hispania, se encuentra en la literatura bizantina de aquellas décadas. Puede decirse que ya desde entonces Hispania se encuentra en la parte baja de la jerarquía mental de las tierras imperiales elaborada por el hombre bizantino del siglo VI; el Estrecho gaditano y las Columnas de Hércules no correrán la misma suerte, al menos no tan rápidamente, sin duda por su consolidadísima imagen simbólica de ser el fin de la tierra conocida.



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