Dios perdone al Padre Esquerra,
Pues fue su Paternidad
Mi suegro más de seis años
En la cuexca de Alcalá,
En el mesón de la ofensa,
En el Palacio mortal,
En la casa de más cuartos
De toda la Cristiandad.(1)
Este Clásico Mínimo,
que sigue a continuación,
es un apasionante ejemplo de una de esas nuevas maneras
de narrar las tragedias generadas por el choque de aquellos
imperios, Habsburgo y Otomano, orgullosos en sus ortodoxias
y celosos en la reputación de su poder.
¿Cómo encontrar nuevas maneras de narrar?
Sin duda que adentrándose en la realidad de las
fronteras y sus gentes. Precisamente, estas gentes son
las que mejor analizaron la otra parte de su mundo por
haberla conocido en profundidad, por haber vivido y trabajado
en ella o convivido con sus diversos grupos humanos. (2)
El texto seleccionado, La cruel Fortuna del gran
diablo. El Algaceli de El Cairo, un sevillano en Oriente, corresponde
a los capítulos 212 a 239 de la Crónica
de los Turcos, la cual principalmente sigue a la que
escribió Juan María Vicentino [Giovanni
Maria Angiolello], cronista de Mahometo, Bayasit,
Selim y Suleimán, señores de ellos.
Se trata de un texto singular, con identidad y autoridad
propias. Narra las empresas del gran turco Selim, y su
gente de guerra, en las conquistas de la Suria y el Egipto
mameluco con la participación excepcional del
Algaceli de El Cairo, hijo de una peregrina sevillana
a los santos lugares. Un soberbio fragmento de la mejor
literatura documental histórica de nuestro Siglo
de Oro, siempre inédita y tantas veces al servicio
de grandes firmas.
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