6 (c.214).
Cómo Cayerbeyo, señor
de Alepo,
vino al servicio del Gran Turco y fue de él bien
recibido.
Otro día de mañana, el Gran Turco Selim
vino en Alepo,
donde fue recibido sin contraste ni defensa alguna.
Estuvo allí algunos días descansando
y recibiendo las llaves de diversos castillos de la comarca
que le fueron traídas;
en las cuales él puso algunos jenízaros
por alcaides
dándoles para la guardia de ellos la gente que
pareció ser necesaria.
Los de Alepo había detenido el cuerpo del Soldán.
Y luego que Selim fue entrado en la ciudad,
se le(/o) dieron, y le(/o) mandó enterrar honradamente
allá en Alepo.
Y siendo pasados algunos días
mandó a Janus Bajá que con una parte del
ejército
siguiese las reliquias del campo roto del Soldán.
Y --haciéndolo así-- fue la vuelta de Damasco.
Y siempre hallaba en el camino muchos de los enemigos
muertos
y otros heridos, los cuales él hizo acabar de
matar.
Y así llegó en la ciudad de Suría
llamada Ocama.
Cayerbeyo, señor de Alepo, y el Algaceli
se toparon después de perdida la batalla.
Y el dicho Cayerbeyo dijo al Algaceli
que --pues tan contraria había sido la Fortuna
del Soldán-- le parecía
se debían venir al servicio del Gran Turco;
porque, sin duda ninguna,
creía que serían de él benignamente
recibidos.
Pero el Algaceli respondió que él no determinaba
servir
a aquel que a su señor había muerto.
Y, así, se fue a la vuelta de El Cairo.
Cayerbeyo vino a la ciudad de Ocama,
donde Janús Bajá estaba, y se presentó delante
de él;
el cual le recibió bien.
Y preguntádole la causa de su venida, Cayerbeyo
dijo
que él venía a prometer de ser buen servidor
y leal esclavo
del señor Selim, Gran Turco.
Janús Bajá le dijo que él había
tomado buen acuerdo en aquello;
por tanto que, sin más deternimiento, se fuese
a Alepo
--donde El Gran Señor estaba--
y que él le daría su carta que le llevase;
y que fuese cierto que hallaría en él un
señor muy gracioso
y muy honrador de los que le servían.
Y, así, partiéndose luego Cayerbeyo,
Janús Bajá escribió con él
al Gran Turco
dándole cuenta de su venida y recomendándoselo.
Y llegado que fue en Alepo,
se fue luego a echar a los pies del Gran Turco
dándole la carta que (de) Janús Bajá traía.
El señor Selim le recibió con muy buena
voluntad
y --mandándole levantar de allí--
le hizo muchas honra diciéndole muy buenas palabras.
Y haciéndole después proveer de pabellones
y de otras cosas de seda, oro y plata,
y tomando de él juramento y pleito homenaje
al modo y usanza de ellos,
le mandó que tuviese cargo de Alepo así como
de antes lo solía tener.
Y, así mismo, le hizo sentar delante de él,
en muy honrado lugar,
entre todos los Bajaes y señores que allí estaban,
de los cuales Cayerbeyo fue también muy bien recibido.