buscador






 
   
 

"La cruel Fortuna del gran diablo.
El Algaceli de El Cairo, un sevillano en Oriente"
Autor:Fernando Fernández Lanza

   
   
 
CRÓNICA DE LOS TURCOS, LA CUAL, PRINCIPALMENTE, SIGUE A LA QUE ESCRIBIÓ JUAN MARÍA VICENTINO, CRONISTA DE MAHOMETO, BAYASIT, SELIM Y SULEIMÁN, SEÑORES DE ELLOS.

30 (c.235).

Cómo el soldán Tumosbey fue preso por Mustafá Bajá,
traído a poder del Gran Turco y por su mandado muerto.

Después de haber estado el Soldán descansando un pequeño rato
en aquel casar --que arriba se contó--,
partió luego de allí siendo todavía menos la compañía que llevaba
porque a él le cumplía --y así a los que con él iban-- para poderse salvar.


Y luego que del dicho lugar fue partido,
le alcanzó un mameluco de los que habían escapado de la batalla
y le dijo cómo por el camino venían un gran golpe de gente de armas
a más andar y que no eran suyos.
Lo cual sabido, el Soldán se dio mayor prisa a caminar.
Y el que por el camino venía era Mustafá Bajá
que de algunos que en el elcance había prendido
había sabido cómo el Soldán iba por aquella parte
y venía con tanta prisa por alcanzarle.
Y así llegó al casar y supo como el dicho Soldán era partido de allí
podía haber tres o cuatro horas.
Y luego, haciendo dar cebada, fuele siguiendo el rastro.

Y alcanzó otro día hasta 500 mamelucos,
de los cuales algunos se escondieron en la maleza
--de un lago grande que allí estaba
de donde se regaba la mayor parte de la tierra--
y otros se subieron a una áspera tierra.
Mustafá Bajá dejó allí alguna parte de su gente
para que soltasen el agua del lago y le secasen
en tal manera que pudiesen haber a las manos
a los mamelucos que allí se habían encerrrado.
Y él pasó luego adelante, llevando siempre rastro del Soldán.
Y le siguió cuatro días y cuatro noches.
Y desde que ya no podían caminar él ni los suyos,
despachó moros de la tierra por todas las comarcas
que a pena de la vida fuese puesta buena guardia
de modo que en ninguna manera el Soldán pudiese pasar
a aquel lago donde los mamelucos se escondieron.
Pero no se pudo acabar de vencer aquel día
y los que a la sierra se escaparon se juntaron luego la noche de adelante.
Y ellos --y algunos moros y árabes de los de su parte--,
otro día, al salir del sol, bajaron a dar la batalla a los turcos
que esperaban que se acabase de secar el lago.

Pero la porfía duró muy poco, porque los turcos fueron vencidos
y los mamelucos sacaron a sus compañeros
--que estaban escondidos en el lago esperando la muerte--
y los llevaron de allí a la sierra,
desde donde hicieron grandes daños en toda la comarca.
Uno de aquellos mensajeros que Mustafá Bajá envió por toda la tierra
para que pusiesen recaudo que el Soldán no se pudiese salvar,
acertó a llegar a un lugar pequeño
del cual era cabeza un moro llamado Sinecasayn.
Y éste hizo publicar en toda la comarca
lo que Mustafá Bajá enviaba a mandar.

El mismo día que aquel mensajero llegó
aportó en la misma casa de Sinecasayn el soldán Tumosbey
con algunos mamelucos,
creyendo ya ser en salvo porque aquellos eran sus vasallos
y había desde allí muy poco camino hasta entrar en la tierra del Sufis.
Pero luego que su venida se supo, le cercaron la casa más de 2.000 moros.
Y cuando la noche llegó, que quiso caminar y vio cómo le tenían cercado,
é l y sus mamelucos comenzaron de pelear con ellos.
Se defendieron valentísimamente por espacio de doce horas,
pero era muy desigual el número
porque los mamelucos que con el Soldán venían podían ser hasta 200
y más de 2.000 los que le tenían cercado.

Y así, al fin, siendo muetos los de la mayor parte del Soldán,
é l hubo de ser preso.
Y le trajo luego Sinecasayn a poder de Mustafá Bajá.
Y todos los mamelucos que no eran muertos cuando el Soldán fue preso
se salvaron
porque con la alegría de prenderle no tuvieron cuenta de ellos
y los dejaron ir donde quisieron.
Traído el Soldán a poder de Mustafá Bajá,
incontinente despachó una posta al Gran Señor haciéndole saber esto.
Y él vino con sugente en aquel lugar donde el Gran Soldán fue preso
y mandando llamar a todos los de la tierra
que al dicho Soldán habían cercado,
hizo con ellos muchas fiestas y comidas
prometiéndoles grandes mercedes de parte del señor Selim.

Y mandó a Sinecasayn se fuese con él donde el Gran Señor estaba
porque le serían hechas muchas mercedes
y dado el sanjacato de aquella tierra.
Y, así, reposando Mustafá Bajá en aquel lugar seis días
--porque su gente iba fatigada--,
se partió para donde el señor Selim había quedado.
Y en el camino fue salteado
de aquellos mamelucos que en la sierra estaban.
Y le pusieron en tanto aprieto que estuvo por matar al Soldán;
mas como allende de su gente venían con él muchos moros,
no pudieron los mamelucos hacer lo que querían.
Aunque por todo aquel año, y aún hasta el día de hoy,
siempre bajan de aquella sierra por toda la ribera del Nilo
y roban a los caminantes que por allí pasan.

31.

Mustafá Bajá prosiguió su camino para donde el Gran Turco estaba,
el cual le salió a recibir con todo su ejército y pabellones,
muchas trompetas, nácares y diversos instrumentos,
a una jornada de donde la batalla fue.
Y llegados que fueron en presencia del dicho señor,
Mustafá Bajá se apeó y haciendo gran reverencia le besó las manos.
Y luego todos los otros capitanes y personas principales que con él venían.
Y así mismo Sinecasayn,
a quien el señor Selim hizo muy buen recibiemiento
y le hizo luego mandamiento del sanjacato de su tierra.

El Soldán no apareció ante la presencia del Gran Turco,
antes le mandaron aposentar en un pabellón junto a los del Gran Señor,
bien guardado que no pudiese huir
y el mismo Mustafá Bajá dentro en el mismo pabellón.
El señor Selim estuvo en aquel lugar donde el Soldán fue traído
tres días en gran deleite, más alegre que nunco le vieron.
Y como fue sabido por toda la tierra cómo el dicho Soldán era preso,
vino infinita gente de El Cairo por verlo.

El señor Selim partió de aquel lugar donde estaba
para El Cairo a muy pequeñas jornadas.
Y el día que en la ciudad hubo de entrar
fue delante mucha parte de la gente;
y después metieron al Soldán con una cadena al cuello,
y con él Mustafá Bajá
con 3.000 jenízaros y otros 3.000 cristianos de Grecia, todos armados.
Y así, de camino como venían,
le trajeron por las principales calles de El Cairo
y un pregonero con él que decía:
--El Gran Señor Selim manda ahorcar a este traidor
deservidor suyo, hombre sin ley
.

Y así, traído por el lugar por espacio de tres horas,
siendo ya después de mediodía llegaron a una puerta de la ciudad,
que se llama Beuzumel.
Y allí fue ahorcado el desventurado soldán Tumosbey,
a los 11 de abril de 1519.



  :: Aviso Legal ::
:: Optimizado para I.E. - 1024 x 768 ::