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"La cruel Fortuna del gran diablo.
El Algaceli de El Cairo, un sevillano en Oriente"
Autor:Fernando Fernández Lanza

   
   
 
CRÓNICA DE LOS TURCOS, LA CUAL, PRINCIPALMENTE, SIGUE A LA QUE ESCRIBIÓ JUAN MARÍA VICENTINO, CRONISTA DE MAHOMETO, BAYASIT, SELIM Y SULEIMÁN, SEÑORES DE ELLOS.

25 (c. 232).

De lo que el Soldán hizo al tiempo que huyó de El Cairo
y cómo no quiso venir a la obediencia del Gran Turco,
aunque él se lo envió a decir.

El gran soldán Tumosbey, al tiempo que de El Cairo huyó,
no se detuvo en parte alguna hasta pasar el Nilo.
Así, se fue a la tierra de Sarto, donde se rehizo de alguna gente,
así de mucha que de El Cairo se había escapado
como de otra que de aquella comarca se allegó.
Y deseando saber aquello que los enemigos hacían en El Cairo,
envió secretamente un hombre muy principal llamado Omar
a los que en la dicha ciudad tenía por amigos ciertos y servidores,
haciéndoles saber que él sería --para una noche que les señaló--
con toda la gente que tenía a las puertas de El Cairo.
Por tanto, que para entonces que ellos se juntasen y aunasen
para que antes que los turcos se apercibiesen fuesen hechos piezas.

Pero el dicho Omar había estado secretamente en Damasco
al tiempo que el señor Selim se vino, y le besó la mano y dio obediencia;
y mandó tenerle fidelidad como bueno y leal esclavo
y por su mandado se había vuelto al dicho Soldán
porque podría más servir estando con él
que viéndose públicamente al servicio del Gran Turco.
Y así, cuando esta vez le envió para El Cairo,
é l se vino derecho para la casa del Gran Turco.
Y llegado que fue delante de él, besando primero la tierra,
con gran reverencia le hizo entender a lo que el Gran Soldán le enviaba.

El señor Selim le agradeció mucho aquel aviso
y le prometió por ello de darle un sanjacato en aquella tierra de Sarto.
E informándose de quiénes eran aquellos
a quienes el Soldán enviaba a decir y aprecibir,
los mandó a todos hacer piezas.
Y proveyó de mucha guarda en todos los pasos del río
para que ninguna persona pudiese de El Cairo
pasar donde el Soldán estaba,
ni el dicho Soldán venir a la parte de El Cairo.

Pasados algunos días, el señor Selim envió un visir de los de su consejo
y al belerbey de la Grecia por embajadores al Gran Soldán
haciéndole saber que si él quisiere venir
a inclinarse ante su mucha potencia
y le prestase mucha obediencia como bueno y leal vasallo,
que él le dejaría por su mano la señoría de la gran ciudad de El Cairo
y le daría un estandarte de los suyos
para que por él toda la tierra le obedeciese.
Y, así mismo, le dejaría enteramente
las tierras con todas las rentas que habían sido suyas,
respondiéndole con cierta suma para la guardia de algunas fortalezas.
Y que sería siempre honrado de él
como el más principal vasallo y amigo que en el mundo tuviese.

Mandó, así mismo, el señor Selim a los dichos embajadores
que estuviesen con el Algaceli
y le dijesen de su parte que le rogaba tuviese por bien
de rogar al Soldán aceptase su embajada.
Y que le haría muchas mercedes,
dejándole todo el lugar y estado que cerca del Soldán tenía;
y, además de aquello, le daría 100.000 ducados en cada un año
con que pudiese honrar su persona.

Fue tan malo el consejo del Soldán que no quiso aceptar aquel partido que el Gran Turco le enviaba a ofrecer.
Mas --como hombre irracional-- contra todo parecer
dijo que antes quería morir y padecer diversos martirios
que a los que le habían tomado por señor él los hiciese sujetos sino a él.
El Algaceli respondió que pues su señor el Gran Soldán no quería partido,
que era excusado hablar en el suyo.
De las cuales respuestas
--según la mucha necesidad y miseria en que estaban entonces ambos--
los animales y bestias sin sentido se debieran maravillar
pues tanta crueldad y mal partido se escogieron para si.



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