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"La cruel Fortuna del gran diablo.
El Algaceli de El Cairo, un sevillano en Oriente"
Autor:Fernando Fernández Lanza

   
   
 
CRÓNICA DE LOS TURCOS, LA CUAL, PRINCIPALMENTE, SIGUE A LA QUE ESCRIBIÓ JUAN MARÍA VICENTINO, CRONISTA DE MAHOMETO, BAYASIT, SELIM Y SULEIMÁN, SEÑORES DE ELLOS.

21 (c.228).

Cómo el Gran Turco hizo pegar fuego en la ciudad de El Cairo
y milagrosamente fue aquello remediado.

Considerando el señor Selim
la braveza con que los de dentro combatían
--y que los suyos tenían muy mala vida, así en la falta de bastimentos
como en que de noche y de día, cada hora tenían rebatos en el real--
pareciole bien que era tratar con uno mamelucos de baja condición
que venían de noche a hablar con él,
que por muchas partes pusiese fuego en la ciudad.

Y los dichos mamelucos, luego --la noche de adelante,
con muchos fuegos artificiales que el Gran Turco les mandó dar--,
pegaron fuego en diversas partes de tal manera que,
según razón, ninguna cosa había de quedar en la ciudad
que aquella noche no fuese abrasada.
Todos los moradores de El Cairo, visto aquello,
se salieron al campo con aquello que de sus haciendas pudieron sacar;
y, así mismo, toda la gente de guerra
para ofrecerse aquella noche para su última destrucción.
Mas nuestro señor Dios, en cuya mano todas las cosas son,
fue servido que ardiendo la ciudad por más de 200 partes
y de tal fuego que la gente no entendía en atajarlo
--conociendo la naturaleza de que cuanta más agua le echasen
se había de emprender con mayor braveza--,
fue tanta la que aquella noche hizo que pudo bastar para poderlo matar,
lo cual de otra manera no fuese posible hacerse.



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