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Cómo el Algaceli acordó de
dar de noche en los enemigos
y Sinán Bajá fue avisado de ellos.
Aquel día, Algaceli fue a poner sus pabellones
a un lugar que se llamaba Catia.
Y allí supo cómo la gente de Grecia que
estaba en Gazara estaba
y, así mismo, la que Sinán Bajá había
traído,
estaba a tres leguas de allí y que le salían
a buscar.
Y que eran cuatro tantos que no los suyos.
Por lo cual él determinó de esperar allí
hasta que los enemigos se llegasen a la postrera jornada
de donde él estaba;
y que --donde quiera que aposentasen real-- iría
a dar de noche en ellos
porque pensaba de aquella manera poder alcanzar victoria.
Pero acaeció que un traidor --de un criado del
mismo Algaceli
que supo lo que estaba concertado--
envió esa noche un hermano suyo a Sinán
Bajá
haciéndole saber lo que estaba concertado.
Lo cual sabido por el dicho Sinán Bajá,
é
l se hincó de rodillas y dio grandes gracias al
su gran Profeta Mahomad
rogándole --pues él era mayor Profeta que
los otros-- guardase
y diese favor y ayuda a los que seguían su santa
ley
e hiciese volver la ira de Dios contra los herejes y
enemigos suyos.
Luego,
haciendo juntar todos los capitanes y personas principales
del ejército,
les dijo lo que los enemigos tenían concertado
y que ya sabía cómo la gente de aquella
tierra se acostaba a los superiores;
por tanto, que fuesen ciertos que si la batalla perdían
que hombre de ellos no escaparía de ser hecho
piezas.
Que sería bien enviar su real
a ponerlo a una legua o algo más de los enemigos;
y que llegando allí temprano,
tendrían harto tiempo de comer, beber y reposar.
Y que en siendo de noche todos se pondrían a caballo
y en orden
para que cuando los enemigos viniesen --pensando hallarlos
durmiendo--
los hallasen como fuertes guerreros.
A todos pareció bien el consejo de Sinán
Bajá
y los sacerdotes y oradores del templo que en el campo
venían
dijeron que, pues Mahomad milagrosamente les había
enviado aviso,
que fuesen ciertos que les quería dar la victoria.
Sinán Bajá envió luego hombres
del campo
que viesen dónde sería bueno ir a asentar
su real
a una legua de los enemigos;
los cuales --yendo a ello-- hallaron un sitio muy bueno,
asaz fuerte,
con un arroyo que entre ellos y la gente del Algaceli
pasaba.
Y, así, volvieron a Sinán Bajá y
le dieron cuenta de lo que habían hallado.
Luego --al día siguiente-- partió el real
y antes del mediodía llegaron a un sitio y asenta(ron)
en él sus pabellones.
Luego la gente comenzó a entender en comer y descansar,
aderezando lo que necesario era para esperar a los enemigos.
Esa noche el señor Algaceli tenía su gente
--que serían hasta 6.000 hombres o poco más--
en un montecillo a tres millas de los enemigos.
Y haciendo que la gente comiese y bebiese,
luego que oscureció hizo requerir los caballos
y aderezar todo lo necesario
para que pasara la media noche fuesen a dar en el real
de los enemigos.
Ya que estaban para cabalgar --sin sonar instrumentos
algunos--,
acaeció que uno de Gazara
--a quien Algaceli había librado de la horca en
El Cairo--
venía con ciertas cargas de bastimento al campo
de Sinán Bajá;
y como vio que en siendo de noche aderezaba la gente
y se armaban,
creyó que querían ir a dar escondidamente
en el real de Algaceli;
y que --por tomarle más descuidado de lo que era
menester--
que de necesidad se perdería.
Acordándose de la buena obra que de él
había recibido.
Dijo que quería ir a dar de pacer a sus bestias.
Y así, saliendo con ellas del real, las dejó en
una pradera
y fue a dar aviso al Algaceli de lo que pasaba.
Y así mismo, le certificó cómo la
gente de los turcos
era más de 26.000 hombres.
Como esto fue sabido por el Algaceli,
tuvo por cierto que los enemigos querían venir
a dar en su campo.
Y como ya él y todos los suyos estaban armados
para ir a buscar(los) a ellos, acordaron de esperarlos
allí.
Y como los unos y los otros traían sus espías
para saber lo que en el campo contrario se hacía,
todos tuvieron nueva cómo los enemigos estaban
despiertos y armados.
De manera que, así los turcos como la gente de
Algaceli,
llevaron una mala noche.