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"La cruel Fortuna del gran diablo.
El Algaceli de El Cairo, un sevillano en Oriente"
Autor:Fernando Fernández Lanza

   
   
 
CRÓNICA DE LOS TURCOS, LA CUAL, PRINCIPALMENTE, SIGUE A LA QUE ESCRIBIÓ JUAN MARÍA VICENTINO, CRONISTA DE MAHOMETO, BAYASIT, SELIM Y SULEIMÁN, SEÑORES DE ELLOS.

10 (c.217)

Cómo el Algaceli acordó de dar de noche en los enemigos
y Sinán Bajá fue avisado de ellos.

Aquel día, Algaceli fue a poner sus pabellones
a un lugar que se llamaba Catia.
Y allí supo cómo la gente de Grecia que estaba en Gazara estaba
y, así mismo, la que Sinán Bajá había traído,
estaba a tres leguas de allí y que le salían a buscar.
Y que eran cuatro tantos que no los suyos.
Por lo cual él determinó de esperar allí
hasta que los enemigos se llegasen a la postrera jornada de donde él estaba;
y que --donde quiera que aposentasen real-- iría a dar de noche en ellos
porque pensaba de aquella manera poder alcanzar victoria.

Pero acaeció que un traidor --de un criado del mismo Algaceli
que supo lo que estaba concertado--
envió esa noche un hermano suyo a Sinán Bajá
haciéndole saber lo que estaba concertado.

Lo cual sabido por el dicho Sinán Bajá,
é l se hincó de rodillas y dio grandes gracias al su gran Profeta Mahomad
rogándole --pues él era mayor Profeta que los otros-- guardase
y diese favor y ayuda a los que seguían su santa ley
e hiciese volver la ira de Dios contra los herejes y enemigos suyos.

Luego,
haciendo juntar todos los capitanes y personas principales del ejército,
les dijo lo que los enemigos tenían concertado
y que ya sabía cómo la gente de aquella tierra se acostaba a los superiores;
por tanto, que fuesen ciertos que si la batalla perdían
que hombre de ellos no escaparía de ser hecho piezas.
Que sería bien enviar su real
a ponerlo a una legua o algo más de los enemigos;
y que llegando allí temprano,
tendrían harto tiempo de comer, beber y reposar.
Y que en siendo de noche todos se pondrían a caballo y en orden
para que cuando los enemigos viniesen --pensando hallarlos durmiendo--
los hallasen como fuertes guerreros.
A todos pareció bien el consejo de Sinán Bajá
y los sacerdotes y oradores del templo que en el campo venían
dijeron que, pues Mahomad milagrosamente les había enviado aviso,
que fuesen ciertos que les quería dar la victoria.

Sinán Bajá envió luego hombres del campo
que viesen dónde sería bueno ir a asentar su real
a una legua de los enemigos;
los cuales --yendo a ello-- hallaron un sitio muy bueno, asaz fuerte,
con un arroyo que entre ellos y la gente del Algaceli pasaba.
Y, así, volvieron a Sinán Bajá y le dieron cuenta de lo que habían hallado.
Luego --al día siguiente-- partió el real
y antes del mediodía llegaron a un sitio y asenta(ron) en él sus pabellones.
Luego la gente comenzó a entender en comer y descansar,
aderezando lo que necesario era para esperar a los enemigos.

Esa noche el señor Algaceli tenía su gente
--que serían hasta 6.000 hombres o poco más--
en un montecillo a tres millas de los enemigos.

Y haciendo que la gente comiese y bebiese,
luego que oscureció hizo requerir los caballos y aderezar todo lo necesario
para que pasara la media noche fuesen a dar en el real de los enemigos.
Ya que estaban para cabalgar --sin sonar instrumentos algunos--,
acaeció que uno de Gazara
--a quien Algaceli había librado de la horca en El Cairo--
venía con ciertas cargas de bastimento al campo de Sinán Bajá;
y como vio que en siendo de noche aderezaba la gente y se armaban,
creyó que querían ir a dar escondidamente en el real de Algaceli;
y que --por tomarle más descuidado de lo que era menester--
que de necesidad se perdería.
Acordándose de la buena obra que de él había recibido.
Dijo que quería ir a dar de pacer a sus bestias.
Y así, saliendo con ellas del real, las dejó en una pradera
y fue a dar aviso al Algaceli de lo que pasaba.
Y así mismo, le certificó cómo la gente de los turcos
era más de 26.000 hombres.

Como esto fue sabido por el Algaceli,
tuvo por cierto que los enemigos querían venir a dar en su campo.
Y como ya él y todos los suyos estaban armados
para ir a buscar(los) a ellos, acordaron de esperarlos allí.
Y como los unos y los otros traían sus espías
para saber lo que en el campo contrario se hacía,
todos tuvieron nueva cómo los enemigos estaban despiertos y armados.
De manera que, así los turcos como la gente de Algaceli,
llevaron una mala noche.

 



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