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También podemos pensar que el interés mostrado
por Alejandro para entrevistarse con los famosos sabios
desnudos de la India o “gimnosofistas ” [11] respondía
a su superlativa afición a adquirir los mayores
conocimientos posibles, buscando interlocutores válidos
por todos los países que recorrió al frente
de su ejército. Por este motivo, no es de extrañar
que hubiese sido el propio Onesícrito la persona
enviada por el rey para dialogar con los gimnosofistas
a fin de comunicarle el contenido de su doctrina [12].
Junto al apreciable interés mostrado por Onesícrito a la hora de
ensalzar la figura del rey macedonio a través de sus gestos y hazañas,
habría que destacar que éste no consistió –aún
con lo relevante que era– en el único objeto de atención
por su parte. Tal y como se desprende del testimonio de los fragmentos conservados,
Onesícrito escribió sobre cuestiones muy diversas: botánica,
zoología, astronomía y etnografía, todas ellas marcadas
por el gusto del autor hacia lo exagerado y lo sorprendente; por todo ello Onesícrito
merece ser destacado por haber sido un autor que estableció un claro precedente
por lo que respecta a muchos de los principales intereses literarios desarrollados
en la época helenística, entre los que cabría destacar aquellos
referidos a las fabulaciones de carácter utópico.
En cuanto a la narración que recoge el episodio de su entrevista con los
gimnosofistas, hay que destacar que Onesícrito comenzó relatando
cómo fue enviado a dialogar con ellos por orden de Alejandro dado que éste
había tenido conocimiento de que precisamente vivían desnudos,
se adiestraban en el sufrimiento y gozaban de la mayor estima en su país;
no obstante –siempre dentro de la versión que ofreció el
de Astipalea–, los sabios tenían por costumbre el no acudir cuando
eran requeridos por alguien; más bien debía llegar hasta donde
ellos se encontrasen todo aquel que quisiera escucharlos o contemplar sus acciones
[13].
De lo anterior se desprende la idea de que Alejandro no
podía entrevistarse
personalmente con los sabios indios, lo que contrariaba sus deseos y sus intenciones
en el terreno filosófico; por tal motivo se vio obligado a comisionar
a Onesícrito como enviado personal para entablar una conversación
con los sabios y, de este modo, tener conocimiento de su doctrina. Debemos recordar
que este tipo de actuación era habitual en Alejandro, esto es, el encargo
de una misión especial a alguien de su confianza que fuese más
o menos experto en la materia de que se tratase; como ocurrió, sin ir
más lejos, con Nearco en la expedición que dirigió entre
el Indo y el golfo Pérsico.
A tenor del texto recogido por Estrabón, el gimnosofista llamado Cálano
le dirigió a Onesícrito un discurso de carácter apocalíptico,
lleno de reminiscencias a la perdida Edad de Oro de la humanidad [14], ya que este
sabio daba por hecho que el ser humano siempre caminaba a la búsqueda
del lujo y de la indolencia, por lo que Zeus se había visto obligado a
condenarlo a una nueva vida donde el esfuerzo personal para salir adelante le
permitiría recobrar la moderación y las demás virtudes individuales
y sociales [15].
En el fondo, lo que hizo Onesícrito no fue otra cosa sino aprovechar la
tarea que le había encomendado Alejandro Magno para poner en boca de los
sabios que vivían en el confín del mundo un pensamiento que se
correspondía bastante con las ideas defendidas por su propio maestro,
Diógenes de Sínope [16], quien consideraba que el hombre no necesitaba
nada superfluo y debía padecer unas difíciles condiciones de vida
para que ésta se volviese virtuosa y conforme al "estado natural".
Al haber sido nuestro autor el único enviado a dialogar con los sabios
indios –a juzgar por todos los testimonios–, habría visto
despejado el camino para fantasear con el supuesto testimonio de sus interlocutores,
tal y como podemos considerar a tenor de la conversación que mantuvo con
Dándamis, que era según Onesícrito el más viejo y
sabio de todos los gimnosofistas allí presentes. Este Dándamis
reprendió a Cálano por todo lo que había dicho al enviado
del rey extranjero e hizo un aparte con nuestro autor para comunicarle que él
admiraba a Alejandro por tratarse del único filósofo en armas que
había conocido; Dándamis consideraba un gran mérito el hecho
de que el rey macedonio tuviese el deseo de alcanzar la sabiduría aun
gobernando un imperio semejante porque para el mundo lo más provechoso
era que los hombres provistos de poder tuviesen el juicio necesario como para
persuadir u obligar a sus súbditos a refrenar sus instintos [17].
Resulta evidente que Dándamis no comenzó su exposición aportando
argumentos propios del pensamiento de la India, sino que Onesícrito se
valió de su figura al objeto de exponer sus ideas adulatorias con respecto
a Alejandro; unas ideas que en esta ocasión no concordaban en absoluto
con la doctrina de Diógenes –basta recordar las ocho versiones diferentes
de la anécdota que lo enfrentó al mismísimo rey–,
quien se mostró absolutamente en contra de de la monarquía como
forma de gobierno o, mejor dicho, rechazaba cualquier tipo de gobierno [18].
En realidad, Onesícrito abjuró de todo aquello que los cínicos
habían expresado con respecto a la monarquía movido por su afán
de notoriedad así como por su voluntad de llevar a cabo los méritos
necesarios para entrar en el círculo de colaboradores más cercanos
a Alejandro, cosa que consiguió a juzgar por el encargo de entrevistarse
con los gimnosofistas y por el hecho de ser nombrado timonel de la nave real.
Otro elemento que nos informa acerca de la inverosimilitud
del contenido del diálogo mantenido entre Onesícrito
y los sabios indios viene de la mano del propio Dándamis
al disculparse por tener que hablar por medio de tres intérpretes;
hecho que, en la práctica, imposibilitaba la transmisión
de un pensamiento profundo aunque también confería
bastante credibilidad a la situación vivida por
nuestro autor [19].
A continuación, expuso Onesícrito los elementos
principales de las enseñanzas de Dándamis:
la mejor doctrina era la que sustraía del alma el
placer y el dolor; éste se diferenciaba, a su vez,
del esfuerzo, ya que el dolor era su adversario y el pónos
su amigo; los sabios entrenaban su cuerpo para el esfuerzo
a fin de robustecer su entendimiento para solventar las
discordias y recomendar el bien a todas las personas.
Como ejemplo de esto último, Dándamis le
confesó al de Astipalea que había aconsejado
a Taxiles acoger a Alejandro [20] y
luego le preguntó si
también se impartían esas doctrinas entre
los griegos.
Onesícrito respondió que Pitágoras
había enseñado cosas parecidas y ordenado
abstenerse de comer lo animado; de una manera similar se
habían pronunciado posteriormente Sócrates
y su maestro Diógenes.
Dándamis reconoció que esos sabios griegos
habían tenido unas opiniones acertadas pero se habían
equivocado en una cosa: en anteponer la ley a
la naturaleza , pues de Lo contrario
no se hubiesen avergonzado de andar desnudos, tal y como
hacía él mismo.
Toda la disertación de Dándamis contituye el mejor ejemplo de
la transposición de algunos elementos propios del pensamiento cínico
a los sabios de la India. No cabe ninguna otra conclusión después
de leer todo lo que Onesícrito atribuyó a ese personaje.
En primer lugar, la valoración del esfuerzo frente
al lujo y al placer es una característica del comportamiento
llevado a cabo por los cínicos; su "cosmopolitismo" consistía
precisamente en no sentir apego alguno por una ciudad,
ni por una casa, ni siquiera por una familia y querían
lograr la verdadera felicidad satisfaciendo sus necesidades
a través de los medios más sencillos [21].
Onesícrito habló a Dándamis del ejemplo
proporcionado por Pitágoras, Sócrates y Diógenes;
de ellos, tan sólo el último era cínico,
pero los dos primeros habían forjado una leyenda
a partir de sus hábitos y costumbres frugales y
es muy posible que los cínicos los hubiesen considerado
unos precursores de su movimiento. No obstante, a juicio
de Dándamis, habían antepuesto la ley a la
naturaleza, lo cual difícilmente podía ser
achacable a Diógenes de Sínope, a juzgar
por las numerosas anécdotas que le fueron atribuidas,
además de sus famosos desplantes a Alejandro Magno[22] .
No obstante, Dándamis recogió una doctrina
puramente cínica al afirmar que la naturaleza debía
prevalecer sobre la ley; esto debe explicarse bajo la perspectiva
de que lo natural no podía ser ni deshonroso ni
indecente y, por tanto, debía hacerse en público.
Quizás el mejor ejemplo aplicable a este pensamiento
venga dado por el hecho de que los sabios indios estuviesen
desnudos, sin mostrar ningún pudor ante su visitante,
quien –reiteramos una vez más– encontró en
ellos una gran oportunidad para conferir a la doctrina
cínica un prestigio y una respetabilidad de las
que carecía ante la opinión pública
griega [23] . |