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Notas de Lectura
 
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Luisa Trías Folch, La Peregrinación, de Fernao Mendes Pinto,
Madrid, 2003, Editorial Síntesis, 207pp., <www.sintesis.com>.

   
   
Nota de Lectura: fecha publicación 26/04/2003 - formato pdf (139ks)
   
 
UN PIONERO DEL HOMBRE DE FRONTERA MODERNO:
Fernao Mendes Pinto (Montemor-o-Velho, 1509 - Almada, 1583) es uno de los escritores que forjan la modernidad europea, uno de los de vida más apasionante, de viajero y hombre de acción.

A los 12 años (1522) llega a Lisboa en busca de su primer empleo --como ese viaje literario cervantino de Rinconete y Cortadillo--, y tras año y medio de "servir a un amo" --un ama en este caso, una señora noble--, decidió huir y embarcarse en una carabela que terminará asaltada por piratas y frustró su primer viaje de huida, podría decirse. Un viaje en busca de Fortuna --aunque en este caso fuera malafortunado-- para evitar "servir a un amo", tal la formulación de Cortadillo al final del relato cervantino en Sevilla, cuando quiere al menos retardar la llegada de un destino vital.

En 1537, con 28 años, consigue por fin embarcarse para la India, después de pasar unos años de criado en el entorno de caballeros santiaguistas. Y ahí comienza su "peregrinación", como se denominaba a los viajes fuera de la "patria". El "peregrino" pasa a ser el arquetipo literario --y vital sin duda-- de ese hombre moderno que ha emergido en ese primer atisbo de mundo global que apunta en el siglo XVI europeo.

No regresó a Lisboa hasta 1558, y al año siguiente se casó con María Correia de Brito, ya con 50 años, con quien tuvo dos hijas. Su "peregrinación" de más de 20 años comenzó a narrarla a los 60 años, ya anciano para entonces, cuando se consideraban los 62 años edad "normalmente de gran peligro" para un hombre. En 1580 concluía la narración en su casa de Almada, en el Pragal (Portugal) y tres años después moría, a los 6 meses de que Felipe II, nuevo rey de Portugal, le concediera la gracia de una renta anual en reconocimiento de sus servicios a la Corona.

Sus viajes por la India, desde Díu, y con un episodio de esclavitud en Moca y Ormuz, con un amo griego y otro hebreo (1537-1538), los narra en los primeros capítulos de su libro. Luego siguen viajes entre Díu, Goa y Malaca, con dos viajes a Sumatra (1539), viajes por la costa de China y a Japón por primera vez (1542), a Pekín y otros lugares de China (1543-1544), una segunda estancia de casi seis meses en Japón (1546), otros viajes por el Sudeste asiático, una tercera estancia en Japón, donde se encuentra con Francisco Javier en Bungo (1551), cuya muerte al año siguiente en una isla cerca de Cantón narra en el capítulo 215 de su libro, una navegación de Siam a Goa (1553), y nuevos viajes a Japón entre 1554 y 1556, durante dos años novicio jesuita. Finalmente, deja voluntariamente la Compañía de Jesús y vuelve a Goa, capital colonial portuguesa, y de allí a Lisboa en 1559, para iniciar su etapa de padre de familia y escritor. Todo un clásico.

Estas notas biográficas están extraídas de la Cronología que Trías Folch coloca al final de su estudio sobre Mendes Pinto, una buena introducción para aventurarse en la lectura misma del complejo texto del portugués. Arranca desde las "Imágenes de Oriente en el Occidente medieval" --"Primeras informaciones y fuentes", "El mito del Preste Juan" y "Hacia el mítico Catay"--, para centrarse luego en el autor y en su obra, en el marco de la "literatura de viajes" renacentistas, con todo el rigor crítico filológico al uso --la autora es profesora de filología portuguesa en la Universidad de Granada-- y abundantes fragmentos intercalados, sugestiva antología para una primera inmerisión en Mendes Pinto. Es particularmente interesante también el capítulo último, "Valor documental de La Peregrinación" --"Autobiografía, cultura e ideología", "La Peregrinación: de la épica a la novela picaresca", "L.P. y otros relatos de viajes al Extremo Oriente" y "L.P. y la utopía china".

Las nuevas fronteras planetarias que en el siglo XVI comienzan a ser narradas por "los que van y vienen", los hombres expertos en las fronteras geográficas, de leyes y de creencias; los que han visto con sus ojos y escuchado con sus oídos y tienen "qué contar". Nuevas realidades y nuevos personajes y experiencias. Cuya veracidad el narrador garantiza con su propia vida y cuya narración se convierte en "aviso" para los suyos, sus naturales en sentido amplio, tal vez Europa. La información --y Europa como una unidad de información--, pudiera entreverse como una de las líneas de fuerza que hacen de estos escritores y estas creaciones literarias peculiares uno de los motores fundamentales de aquel Siglo de Oro de la cultura ibérica, motor al mismo tiempo de una tipificable cultura europea.

En momentos de confusión ante tantos relatos del pasado desautorizados cuando menos, tal vez se presente como una necesidad el volver a las fuentes, a estos clásicos tantas veces desatendidos si no casi silenciados, precisamente por su perfil de información de alguna manera reservada sobre el otro.

El libro de Trias Folch constituye una excelente guía crítica para adentrarse en esta particular "literatura de viajes", que a mi ver desborda el género y se convierte en alta "literatura de avisos".

(Nota de Lectura de Emilio Sola)
   
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