| Fernao Mendes Pinto (Montemor-o-Velho,
1509 - Almada, 1583) es uno de los escritores que forjan
la modernidad europea, uno de los de vida más apasionante,
de viajero y hombre de acción.
A los 12 años (1522) llega a Lisboa en busca de
su primer empleo --como ese viaje literario cervantino
de Rinconete y Cortadillo--, y tras año y medio
de "servir a un amo" --un ama en este caso, una
señora noble--, decidió huir y embarcarse
en una carabela que terminará asaltada por piratas
y frustró su primer viaje de huida, podría
decirse. Un viaje en busca de Fortuna --aunque en este
caso fuera malafortunado-- para evitar "servir a un
amo", tal la formulación de Cortadillo al final
del relato cervantino en Sevilla, cuando quiere al menos
retardar la llegada de un destino vital.
En 1537, con 28 años, consigue por fin embarcarse
para la India, después de pasar unos años
de criado en el entorno de caballeros santiaguistas. Y
ahí comienza su "peregrinación",
como se denominaba a los viajes fuera de la "patria".
El "peregrino" pasa a ser el arquetipo literario
--y vital sin duda-- de ese hombre moderno que ha emergido
en ese primer atisbo de mundo global que apunta en el siglo
XVI europeo.
No regresó a Lisboa hasta 1558, y al año
siguiente se casó con María Correia de Brito,
ya con 50 años, con quien tuvo dos hijas. Su "peregrinación" de
más de 20 años comenzó a narrarla
a los 60 años, ya anciano para entonces, cuando
se consideraban los 62 años edad "normalmente
de gran peligro" para un hombre. En 1580 concluía
la narración en su casa de Almada, en el Pragal
(Portugal) y tres años después moría,
a los 6 meses de que Felipe II, nuevo rey de Portugal,
le concediera la gracia de una renta anual en reconocimiento
de sus servicios a la Corona.
Sus viajes por la India, desde Díu, y con un episodio
de esclavitud en Moca y Ormuz, con un amo griego y otro
hebreo (1537-1538), los narra en los primeros capítulos
de su libro. Luego siguen viajes entre Díu, Goa
y Malaca, con dos viajes a Sumatra (1539), viajes por la
costa de China y a Japón por primera vez (1542),
a Pekín y otros lugares de China (1543-1544), una
segunda estancia de casi seis meses en Japón (1546),
otros viajes por el Sudeste asiático, una tercera
estancia en Japón, donde se encuentra con Francisco
Javier en Bungo (1551), cuya muerte al año siguiente
en una isla cerca de Cantón narra en el capítulo
215 de su libro, una navegación de Siam a Goa (1553),
y nuevos viajes a Japón entre 1554 y 1556, durante
dos años novicio jesuita. Finalmente, deja voluntariamente
la Compañía de Jesús y vuelve a Goa,
capital colonial portuguesa, y de allí a Lisboa
en 1559, para iniciar su etapa de padre de familia y escritor.
Todo un clásico.
Estas notas biográficas están extraídas
de la Cronología que Trías Folch coloca al
final de su estudio sobre Mendes Pinto, una buena introducción
para aventurarse en la lectura misma del complejo texto
del portugués. Arranca desde las "Imágenes
de Oriente en el Occidente medieval" --"Primeras
informaciones y fuentes", "El mito del Preste
Juan" y "Hacia el mítico Catay"--,
para centrarse luego en el autor y en su obra, en el marco
de la "literatura de viajes" renacentistas, con
todo el rigor crítico filológico al uso --la
autora es profesora de filología portuguesa en la
Universidad de Granada-- y abundantes fragmentos intercalados,
sugestiva antología para una primera inmerisión
en Mendes Pinto. Es particularmente interesante también
el capítulo último, "Valor documental
de La Peregrinación" --"Autobiografía,
cultura e ideología", "La Peregrinación:
de la épica a la novela picaresca", "L.P.
y otros relatos de viajes al Extremo Oriente" y "L.P.
y la utopía china".
Las nuevas fronteras planetarias que en el siglo XVI
comienzan a ser narradas por "los que van y vienen",
los hombres expertos en las fronteras geográficas,
de leyes y de creencias; los que han visto con sus ojos
y escuchado con sus oídos y tienen "qué contar".
Nuevas realidades y nuevos personajes y experiencias. Cuya
veracidad el narrador garantiza con su propia vida y cuya
narración se convierte en "aviso" para
los suyos, sus naturales en sentido amplio, tal vez Europa.
La información --y Europa como una unidad de información--,
pudiera entreverse como una de las líneas de fuerza
que hacen de estos escritores y estas creaciones literarias
peculiares uno de los motores fundamentales de aquel Siglo
de Oro de la cultura ibérica, motor al mismo tiempo
de una tipificable cultura europea.
En momentos de confusión ante tantos relatos del
pasado desautorizados cuando menos, tal vez se presente
como una necesidad el volver a las fuentes, a estos clásicos
tantas veces desatendidos si no casi silenciados, precisamente
por su perfil de información de alguna manera reservada
sobre el otro.
El libro de Trias Folch constituye una excelente guía
crítica para adentrarse en esta particular "literatura
de viajes", que a mi ver desborda el género
y se convierte en alta "literatura de avisos".
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