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Por fin: el Cervantes satírico al descubierto o desde las fronteras es más fácil describir el centro que su contrario

   
   
Nota de Lectura : fecha publicación 15/02/2006- formato pdf (233ks)
   
 
Pongo un título tan largo y tan raro en su segunda parte porque ando desde hace tiempo intrigado por cómo abordar la ironía cervantina, desde un comentario de Daniel Eisenber sobre la dificultad que encerraba este asunto para su abordaje. El libro de Eisenberg es La interpretación cervantina del Quijote (Madrid, 1995, Compañía Literaria), y aunque no lo comprendí bien en su día, le dediqué un comentario crítico elogioso, creo recordar que mi última colaboración en un suplemento literario de un periódico madrileño. Luego me olvidé del asunto, hasta que me llegó el último libro de Kurt Reichenberger, Cervantes ¿un gran satírico? (Kasel, 2005, Reichenberger ed.), poco después del también estimulante de Michael Nerlich, sobre el Persiles..., cuya nota de lectura está por este Archivo de la frontera.

 

Desde fuera --desde la frontera--, estos hispanistas internacionales, sobre todo alemanes o de por ahí, tan al norte, saben abordar mucho mejor el centro que los del centro mismo --España en este caso, su objeto de estudio, al fin--, sin duda con automatismos lingüísticos o culturales sin más que hacen más romas las lecturas e interpretaciones; un ejemplo claro de ello estaba en la lectura de un Cervantes católico contrareformista de Casalduero frente a la de un Cervantes de alguna manera contestatario de Nerlich. Y, ahora, de Reichenberger. El orden y la agudeza de Reichenberger a la hora de abordar al Cervantes satírico a través de sus diferentes fragmentos y circunstancias --de alguna manera el arte de fragmentar que estamos ensayando en estas mismas páginas--, convierten las 190 páginas del libro, en principio breve, en un placer que se repite a cada capítulo leído.

12 capítulos, un epílogo y 9 apéndices, más un "A modo de dedicatoria" y una "Nota preliminar", en total, pues, 24 fragmentos con su unidad interna, todo medido. Entonces --estoy redactando la nota tras la lectura de los primeros dos o tres fragmentos nada más, con lo que reconstruyo el análisis del libro a la vez que lo voy descubriendo, sobre la marcha-- uno se da cuenta de que esos 24 fragmentos del texto, el texto mismo al fin, sí es un libro --136 pp.-- más bien breve. Quedan 60 páginas más, pero ya son de un detallado "Indice onomástico y temático", una interesante "Cronología" y unas "Indicaciones bibliográficas" que, con sorpresa, son sólo de trabajos aparecidos en la propia editorial: "Publicaciones (dedicadas) al estudio de Cervantes en Edition Reichenberger".

Y se descubre que el autor es un satírico exquisito, pues ha convertido en prólogo al catálogo editorial un espléndido trabajo crítico cervantino, trastocando todo un género literario, se puede decir así, el de los catálogos editoriales.

Y, más aún, utilizando en su estructuración interna técnicas numerológicas refinadas. A los 24 fragmentos --dos docenas, una medida áurea o redonda, de alguna manera-- del texto se le añaden tres nuevos componentes --índice, cronología y bibliografía peculiar--, con lo que son en total ya 27 elementos, con lo que faltaría sólo uno más para ser dos sonetos, por ejemplo, una medida de alguna manera áurea también en lo literario. Dos elementos saltan a la vista inmediatamente: una evitable "Fe de erratas" que bien podría haberse evitado pues sólo recoge una entrada: "p. 21, línea 26, dice: La gran turquesca (;) debe decir: La gran sultana". Y se acabó. El segundo elemento serían las dos carillas finales, "Edition Reichenberger. Títulos sobre Cervantes", y también podría haberse evitado pues recoge los títulos ya recogidos, sólo una selección, mejor, en la bibliografía que resultara catálogo editorial. O tal vez repite el elemento para remachar su importancia. Aunque lo principal de ese elemento final, lo novedoso, sería la nota comercial:

"venta (sic) en España a través de
reichenberger ediciones
Aptdo de Correos 232
E-48100 Mungia
Tel. Y Fax: 94/61531 25
theoreichenberger@re.e.telefonica.net"
Y, eso sí, la novedad es que a los títulos reseñados se le añaden los precios, con lo que éste sería el verdadero "catálogo editorial", con precios, aunque muy discreto, de sólo dos carillas o una página.

Se podrían también considerar estas dos páginas finales, la fe de erratas prescindible y el catálogo con precios, como un único elemento / verso en ese paralelismo estructural sugerido, aunque hay otro posible elemento que se me había pasado por alto, la página a dos caras del "Sumario" inicial, con lo que el número de 28 podría mantenerse, como dos sonetos o un soneto con otro soneto de estrambote, como guiño al soneto cervantino al túmulo de Felipe II, que Cervantes dice expresamente que es su mejor poema y que Reigenberger quiso que protagonizara el capítulo primero de su bello libro, que por algo será también. Aunque tanto la presentación del título con los registros editoriales como el sumario mismo podrían ser considerados como un elemento único y así quedaba la estructuración numerológica áurea asegurada, en caso necesario con dos elementos / versos más como estrambote del segundo soneto, a su vez estrambote del primero de ellos. Un juego numerológico.

Un juego cervantino más de trastoque de géneros, encriptado en un estudio sobre un posible Cervantes satírico. Que me alcanza a mi mismo a la hora de planear su presentación, pues en esta nota de lectura --sólo inciada, pero redactada sobre la marcha, dejándome llevar--, yo mismo me estoy convirtiendo en un desenmascarador de un farsante que juega con los demás, al mismo nivel que Cervantes mismo sigue jugando con nosotros, por otro lado. En un satírico, también. Otro juego cervantino. O juego, sin más, como la vida misma.

Por todo esto mismo, y como apéndice a esta nota de lectura, por seguir jugando con las palabras, haré promoción de esta misma página del Archivo de la frontera, del equipo que la lleva, mis antiguos alumnos de Hazhistoria, y del mecanismo que han ideado para que todo el carruaje funcione, el Centro europeo para la difusión de las ciencias sociales (CEDCS), de nombre terrible y sigla dificilísima de pronunciar.

El libro de Kurt Reichenberger es una belleza, y no he hecho nada más que comenzar su lectura, pero ya es una belleza en si mismo, por sus características físicas, estructurales y de contenido. El capítulo tres convence a uno de la ironía que encierra el título mismo "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha", que podría ser tanto como a un cantante de flamenco de Cádiz que le llaman Chaquetón de Cádiz, que existe realmente y canta muy bien y gracioso, lo anunciaran en un cartel de una de sus actuaciones como "El ángel querubín o serafín del cante don Chaquetón de Cádiz", o algo así, para entendernos. Una parodia en si misma de la propia parodia que la realidad es, al fin.

Y a partir de ahí, todo es apasionante, fragmentario pero globalizador a la vez, y uno entra por las analogías y los paralelismos convincentes como entra en el mar para darse un baño una tarde de calor. Refrescante y con ritmo. A mi, como historiador --sólo incidentalmente pertenezco al "gremio" singular y apasionado del hispanismo / cervantismo internacional--, me resultó especialmente atractivo en los capítulos del libro --las 84 primeras páginas, más breve aún de lo que pensaba-- la identificación analógica de don Fernando con don Pedro Girón, hijo segundo del duque de Osuna, de Cardenio con alguien de la casa de los Cárdenas de Córdoba y de Dorotea con doña María de Torres, seducida por el de Osuna (p.61), personajes renombrados y suceso que debieron de entrar en el momento en los circuitos de los correveidiles de la época, tal la llamada prensa del corazón, en la línea de la “literatura del aviso” o "literatura de avisos" como preperiodismo y chismorreo. También me pareció muy sugestiva la sugerencia del guiño de confianza que supone que el poderoso Bernardo Sandoval y Rojas, de la misma edad que Cervantes, le comprendiera hasta en sus críticas al clero y por ello le disculpara y protegiera, guiño al que responde Cervantes con ese otro guiño en el prefacio del Quijote de 1615 (p.69). Luego, en uno de los apéndices, volverá sobre ello: "La generosidad de don Bernardo será una página de gloria eterna" (p.101).

Como en el caso del libro reciente de Nerlich --glosado en otra parte de este Archivo de la frontera--, una de las claves de lo convincente de esta lectura de Reichenberger es el esfuerzo por desplegar o reconstruir el imaginario del lector que explicaría el éxito inmediato del texto, y a ese propósito me pareció muy sugestivo el recurso a los autores jesuitas Juan de Mariana y Luis de Molina; el caso de Mariana lo conocía ya bien, y cómo podía leerse en la época el razonamiento de que la mala moneda o el vellón era lo mismo que poner tributos nuevos a los súbditos sin aprobación de las Cortes, lo que significaba robar a la gente que era lo mismo que llamarle ladrón al rey; la condena por hereje de Molina por su libro sobre el libre arbitrio de 1584 me parece, por ello, muy interesante para ensayar captar cómo fue percibida por sus contemporáneos de perfil crítico a lo Cervantes, pues está en la línea de uno de sus asuntos recurrentes, la libertad.

También me pareció especialmente sugestivo el capítulo séptimo, “Hallazgos tipológicos: Maritornes, la moza asturiana, y su modelo hagiográfico”, que remite a María de Magdala como su “copia tipológica”, lenguaje bien entendido aún en ese momento de transición de la modernidad, tiempos de frontera. En fin, en el epíloco el autor nos convence, de alguna manera, de la realidad de uno de los motores claves del cervantismo actual: “Un ingenioso Cervantes elaboró un método sofisticado de comunicar a sus lectores lo que quería decirles, cifrando con cuidado sus mensajes arriesgados en los episodios” (p.81). A pesar de lo sospechoso que resulta en algunos momentos la lectura esotérica –esotering reading— para algunos que no duda en considerar “inquisidores modernos”. La búsqueda de puertas interpretativas a la creación literaria cervantina es una de sus mayores riquezas, y pienso que él mismo era consciente de ello cuando poco antes de morirse decía que no son los tiempos unos, y que vendrá un tiempo –anudando los rotos hilos de sus historias-- en que “diga lo que aquí me falta y lo que sé convenía”. Ese “sé” –acentuado, de saber--, signo supremo de lucidez, casi de clarividencia. Una provocación, y de ahí que a mí me resulte emocionante el esfuerzo de Georges Camamis, por ejemplo, por desentrañar tramas numerológicas y encontrar analogías entre Cardenio y Giordano Bruno, por ejemplo, otro mito contemporáneo simbólica y realmente quemado en la hoguera en Roma en 1600; a pesar de los posibles excesos interpretativos, una de las eternas tentaciones del cervantismo o del hispanismo sin más, y ahí la dinámica entre fronteras heterodoxas y centros ortodoxos interpretativos tiene que dar aún –como está dando ahora mismo— mucho juego, mucha amenidad, mucha marcha. El mismo fondo editorial de Editionn Reichenberger es una muestra palpable de ello por la diversidad de enfoques y lecturas.

Las 40 páginas de los ocho apéndices constituyen por si mismas otro libro breve –ese segundo soneto, con los añadidos editoriales, a su vez estrambote del primer cuerpo / poema del libro / soneto--, pero vivaz y perfectamente complementario de ese primer texto, cada apéndice / verso de extensión similar a cada capítulo / verso del primer libro / soneto. “Fernando el Santo y los Cervantes de Galicia”, “Cervantes y el Concilio de Trento…”, o Cervantes y los problemas de sus hermanas, “Cervantes y la ilustre familia Quijada”, y así. Muy en la línea de aquellos apéndices también abundantes de Rodríguez Marín, de tanto encanto para los estudiosos en ocasiones. Me pareció especialmente atractivo y literariamente sugestivo el dedicado a  “Catalina de Palacios, ¿co-autora del Quijote de 1605?”, perfectamente audiovisualizable por su vivacidaz.

Un único reparo a esta edición de un libro tan bello en todos los sentidos, son las erratas precisamente, que podrían haber engrosado esa fe de erratas que nos pareció prescindible por su brevedad. Pero no entorpecen el disfrute del texto, por otra parte, y le haré llegar al autor mi ejemplar corregido con mucho gusto, en un ejercicio de lectura activa total. Una de ellas es un error ortográfico que yo mismo sufrí en un relato pastoril antiguo, la palabra “trashumancia”, que siempre me emperraba en escribir mal, como “transhumancia”, que me parecía más lógica o moderna; en la p.32 también aquí sucede lo mismo. Sólo en el “A modo de dedicatoria”, encontré siete pequeñas variantes o errores, que me animaron –también porque me gusta el texto— a reproducirlo a continuación, corregido –y esperando que no se me cuele a mí también alguna errata nueva, que siempre es posible--, así como la “Nota preliminar”, aunque sólo encontré en ella dos reparos tipográficos. Pero lo hago pensando en mis alumnos, en el inicio del curso de primavera sobre Cervantes, porque son textos como estos los que los pueden animar a adentrarse más en la materia.

Enhorabuena, pues, a Kurt Reichenberger, por su libro breve, doble y estimulante, un ramillete precioso, flor de flores.

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APÉNDICE I.

Voy a reproducir a continuación el texto introductorio del libro, “A modo de decicatoria”, dedicado a mis estudiantes de este curso de “Tiempo de Cervantes”, para glosar como introducción al curso, antes de entrar en materia, y a la espera de que nos llegue el libro a la Biblioteca. No tiene notas, a diferencia de la “Nota preliminar”, que sí tiene cinco notas que no reproduciré aquí, aunque esas notas sean un elemento importante y rico del libro y de este fragmento. En esas cinco notas que no reproduzco, Reichenberger cita a Ernst Robert Curtius, James A. Parr, la edición del Quijote de Francisco Rico, Darío Fernández-Morera, la edición de la Celestina de Fernando Cantalpiedra Erostarbe y a Gonzalo Correas, en su edición digital de Rafael Zafra. Y todo para apuntalar tres páginas: una gran riqueza añadida.

“A MODO DE DEDICATORIA
 
     Cierto día, seducidos por el diablo, Adán y Eva comen los frutos del árbol de la ciencia del Bien y del Mal. Alegoría fundamental. Y con ella van a comenzar todos los problemas para los seres humanos. A primera vista parece un caso claro y determinante, susceptible de una sola interpretación; pero justamente sobre este caso concreto, las opiniones de los individuos difieren tanto, que a veces son por completo incompatibles.

     En cierto entido, el “carísimo lector” de tantas dedicatorias se halla en una situación análoga, parecida; es cuando, tras haber leído unos capítulos de Cervantes, ¿un gran satírico? se propone una cuestión espinosa: el pensar que ese Cervantes, y su Quijote de 1605, se empeña en soltar unas verdades malditas: los reyes de su patria querida son unos ineptos seres benditos; los representantes de la nobleza sin imperiosos, brutales, y muy amigos de lances licenciosos; las autoridades de la justicia son sobornables y corruptos; los eclesiásticos son ultras y fanáticos, y, por último, los colegas de Sancho, los cristianos viejos, campesinos, rústicos iletrados,  ignorantes y, por colmo, orgullosos de su ignorancia.

     El pobre lector de nuestros días tiene, ante esta perspectiva, la cabeza muy liada. Cuando menos lo esperaba, se ve enfrentado con una decisión penosa: ese Cervantes ¿es un mísero calumniador, un detractor infamador que se mete en todo, acusando a todos? Vamos a ver, ¿estamos leyendo unos cuentos como pasatiempos, o son críticas de un héroe en solitario que no soporta más las suciedades de los poderosos? ¿Uno que se atreve a descubrir los abusos que arruinan a sus conciudadanos, criticando las más autoritativas instituciones del reino? Si es así, estamos ante un asunto sumamente arriesgado en tiempo de una censura muy estricta y con enérgicos veredictos de la Santa Inquisición. Basta recordar el triste fin de un erudito tal que Juan de Mariana.

     Es imposible apreciar incondicionalmente las fuerzas e instituciones sociopolíticas en tiempos de los últimos Austrias y, a la vez, el Quixote de 1605, ese manifiesto arriesgado de los derechos humanos. El “carísimo lector” de Cervantes esta enfrentado con la decisión espinosa, y la suma responsabilidad de votar por uno o por otro.

     En Cervantes, ¿un gran satírico? nos hemos empeñado en dilucidar el trasfondo de los mensajes tan cuidadosamente cifrados por el héroe de Lepanto. Sin embargo, la cuestión inminente sobre la imagen de Cervantes en su calidad de autor, patriota y –last not least— hombre, debe ser decidida por el pueblo de las Españas, al cual dedicamos este volumen.

“NOTA PRELIMINAR

“El Quijote de 1605:
manifiesto de los derechos fundamentales del hombre

     Los derechos humanos son palabras mayores, fundamentales en la historia de la Humanidad. No se puede descuidar su inmensa importancia y, por ello, hay quer proceder con sumo cuidado cuando se quiere hablar sobre este tema. En este contexto, la combinación de título y prólogo en cualquier obra en general tiene gran importancia: por ello, el lector concienzudo los va a leer; el impaciente los va a pasar por alto e irá decididamente al grano, que, en el caso de los libros de caballerias, serán las aventuras de los famosos Amadises. Esto sucede, sobre todo, cuando las frases iniciales del tal prólogo hacen sosechar que el autor es un parlanchín presuntuoso. Exactamente esto ocurre en el caso de Cervantes y de su prólogo al Quijote de 1605. Aquí hace especial gala de su erudición. Y hay que reconocer que, también en esta tarea, Cervantes sabe brillar.

     Al comenzar con el apostrofe al “desocupado letor”, evoca el concepto del otium cum dignitate, de lo que la nobleza del Imperio Romano se gloriaron. Luego pasa al small talk, al presentar loas lascivas a las Musas, supuestamente preñadas por el poeta, y a lamentar al estilo de Ovidio y sus “Tristia” su pobre hijo o, como se corrige maliciosamente él mismo, su hijastro; al final termina por recomendarlo a la benevolencia comprensiva del lector. Éste se muestra impresionado y se ve, a la vez, desorientado. ¿Hijastro? Quizá no puede entender al principio la agudeza del autor; solamente mucho más tarde, cuando conoce, en el capítulo noveno, al musulmán Cide Hamete Benengeli. Tras haber leído media página de lo que le parecen niñerías, comienza el lector a tener sus dudas. ¿Es éste el mismo hombre que, con un título de nada menos que ocho palabras, sabía desencadenar un alboroto tan tremendo? Es en este momento cuando al lector le viene la sospecha de que Cervantes ejecuta el papel de parlanchín inepto e inocente, premeditado, a la vez malicioso y… genial: distrae la atención del lector, lo desvía y lo desconcierta.

     Exactamente, a esta altura, temática y tono cambian por completo. Este cambio abrupto se produce por medio de la frase: “Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de don Quijote, no quiero irme con la corriente al uso, ni suplicarte casi con lágrimas en los ojos, como otros hacen, lector carísimo, que perdones o disimules las faltas que en este mi hijo vieres, que ni eres su pariente ni su amigo”. Todo está bien dicho, muy enfático, emocionante, pero se trata de palabras vanas, que no vale ni la pena comentar; pero sí nos interesa mucho más lo que sigue, sin interrupción alguna, como continuación a la larga frase. El elemento que enlaza tales partes, tan desiguales, es el personaje del carísimo lector, invitado con lágrimas en los ojos, a perdonar o a disimular las faltas del imaginario hijo o hijastro. Luego, en la segunda parte de este pasaje, el que habla, o mejor dicho Cervantes, explica al lector su situación: “y tienes tu alma en el cuerpo y tu libre albedrío como el más pintado, y estás en tu casa, donde eres señor della…” Se trata de un elogio enfático, entusiasmado, sobre la libertad. Y muy efectivo: por la enumeración anafórica (tu alma en tu cuerpo… tu libre albedrío… tu casa, donde eres señor della…) Nota bene: mi, tu y más tarde su, son pronombres posesivos, y es este aspecto posesivo el que queda subrayado por “eres señor della”: es decir, de la casa y de los otros bienes. El libre albedrío, componente muy importante, está marcado como el “como el más pintado”. Ni hablar de su alma y su cuerpo.

     Pero Cervantes corta este idilio paradisíaco con un golpe abrupto, con un jarro de agua fría. El ciudadano, tan feliz, es señor de su casa: “como el rey de su alcabala…” Lo que, a primera vista parece una comparación inocente (tu casa / su alcabala), ambas con un posesivo, ambas dependientes de “señor”, señala, en realidad, una desventura: la alcabala del rey fue un impuesto exorbitante. Se trataba de una contribución tan opresora, que los ciudadanos se veían desnudados hasta de su última camisa. Eran condiciones injustas, pero impuestas por un estado burocratizado, omnipresente, que no le deja prenda ni incluso al más pintado: ni casa, ni libre albedrío. Y, si además tenemos en cuenta al organismo de la Inquisición, ni siquiera alma, ni cuerpo. Es decir, estamos ante una situación desastrosa. Sin embargo, un Cervantes socarrón añade su sonrisa maliciosa al apostrofar otra vez al lector: “…y sabes lo que comunmente se dice, que ‘debajo de mi manto, al rey mato’, todo lo cual te esenta y hace libre de todo respecto y obligación, y, así, puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calumnien por el mal ni te premien por el bien que dijeres della”. En el centro de todo este párrafo está el supuesto refrán “Debajo de mi manto, al rey mato”. Alegórico, como muchos de entre los mejores refranes, y con dos explicaciones muy distintas. Con respecto a “matar” es evidente que en esta combinación escandaliza; pero hay que tener en cuenta que no sólo es sinónimo de degollar, sino también de fastidiar, importunar, incomodar o molestar; y, como derivado del jaque mate, señala en los juegos a las cartas hacer baza.

    En cuanto a “debajo de mi manto” es obvio el sentido figurativo de disimuladamente, a escondidas o en secreto. Es decir: en las siete palabras del refrán, evidentemente inventado para tal concreta ocasión, Cervantes concentra nada menos que el programa completo del Quijote de 1605. Explica lo que le espera al lector en los capítulos siguientes. Se va a encontrar al protagonista en situaciones absurdas, incluso ridículas. Pero reirse a carcajadas de ese loco de remate no es suficiente. Es el “carísimo lector”, el que debe descifrar el sentido escondido debajo del manto cervantino. Entonces, y solamente entonces, el lector puede darse cuenta de que, en un estado autoritario, dominante y poderoso, los derechos fundamentales del hombre están en juego: se comienza con nuestros bienes y luego sigue la casa, el libre albedrío, y se llega hasta el cuerpo y el alma. Tal mensaje es pura dinamita, tanto hoy en día como en la época cervantina.

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Hasta aquí los dos primeros fragmentos / versos de este libro / soneto con estrambote que es el medido y hermoso libro de Reichenberger. Los he recogido en este primer apéndice para su mayor difusión y disfrute y pensando primero en mis estudiantes, así como para animarlos y animar en general a los interesados a adentrarse en él y acentuar el interés.

El corpus literario cervantino todo, sus propias obras más las de sus comentaristas, se ha convertido ya en un aparato de citas sin fin que hace emocionante cualquier intento nuevo de aproximación al asunto; y que, más aún,  resulta hasta peligroso tomárselo demasiado en serio, incluso, dada la riqueza de sus enfoques, procedentes de todas las fronteras posibles, y por ello cada vez más enriquecedores de ese centro mismo en torno al que giran y del que se alimentan. Cada siglo, cada generación de lectores, sigue encontrando raramente actual en cuanto a sus ideales globales –más que absolutos, que haría ruborizarse al autor Cervantes mismo denominarlos así— su mundo literario, esas innumerables historias que él, en el lecho mismo de su desaparición física, animaba a desenmarañar para comprender su justeza y conveniencia.

En este nuevo siglo y milenio que sería deseable que fuera el de los derechos humanos, tan imprescindibles para poder seguir todos adelante con vida y ganas de vivir, Cervantes sigue radiante. Por eso agradecemos especialmente, a Reichenberger en este caso, a quienes siguen empeñados en descifrar –como en nuevo libro sacro-- el hondón de esa luz.

Audaces fortuna iubat.

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APÉNDICE II:     

En esta nota de lectura hecha sobre la marcha de la lectura misma, prometí en un momento determinado un apéndice especial dedicado al equipo de Hazhistoria, antiguos alumnos empresarios que se han encargado de hacer viable un Archivo de la frontera con diseño lo más amplio posible. Para ello han generado un Centro Europeo para la Difusión de las Ciencias Sociales (CEDCS), de siglas terribles para pronunciar, perfectamente en regla legalmente, incluso con la Hacienda pública, como tiene que ser, para captar fondos para esta aventura editorial. Sin fines lucrativos, sólo puede recibir donaciones, y ya han empezado a trajar en ello para poder ampliar la página a mayores refinamientos tecnológicos. Por ello me dio envidia lo bien organizado y estructurado de Edition Reichenberger, y su libro espléndido convertido en prólogo de catálogo espléndido, y me pareció adecuado –guiño cervantino—para reconvertir una nota de lectura simple en una nota de lectura activa. Y, para seguir jugando, pedir refuerzos de ideas, y sobre todo económicos, precisamente para eso, para seguir jugando. Si les parece bien a los del equipo de Hazhistoria, cuando lean esto, porque todo va sobre la marcha aquí. ¿Qué tal?

Me pareció un hallazgo expresivo el nombre del correo electrónico para los pedidos editoriales del libro: theoreichenberger@re.e.telefonica.net , que supongo que será el mejor modo de conseguir sus publicaciones. Algo así como Zeus Reichenberger; puede leerse, sin duda, como el motor principal, o uno de sus corazones, un arte del saber hacer simbólico, en este caso editorial. El caso es que creí conveniente, como apéndice segundo a esta nota de lectura, jugar a difundir el proyecto CEDCS ligado al proyecto Hazhistoria y a un grupo de investigación que estamos formando en torno a “Fronteras globales…”, que pretendemos internacionalizar lo más posible. No sé por qué, por alguna razón misteriosa, quise hacero como un guiño de complicidad y de admiración a un entusiasta cervantista, por quien escribí esta nota.

El texto de promoción de esta iniciativa del CEDCS quedó como sigue, y para cualquier consulta Laura Massimino y Luis Miguel del Cerro están al pie del cañón de esta página para facilitar información.

MIRAD CÓMO ESTAMOS TRABAJANDO.
DECIDNOS CÓMO LO ESTAMOS HACIENDO.
SI OS GUSTA, ESTIMULADNOS CON UN INGRESO DE DINERO EN EL CEDCS A FIN DE QUE PODAMOS SIGUIR HACIÉNDOLO ASÍ O MEJOR.

(Firmado, el equipo siempre provisional del CEDCS).

 

(E.Sola. Este juego se lo dedico a la Esmeralda que viene de Sofia, con amor, y a los colegas de Hazhistoria, igual).

FIN.

 

 
   
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