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"Los Juegos del Sacromonte"
De Ignacio Gómez de Liaño

   
   
Nota de Lectura: fecha publicación 06/09/2005- formato pdf (179ks)
   

Ignacio Gómez de Liaño, Los Juegos del Sacromonte, edición facsímil con estudio preliminar de Manuel Barrios Aguilera y César García Alvarez, Granada, 2005, Universidad de Granada.

 

Este fue uno de los primeros ensayos literarios de envergadura de I. Gómez de Liaño, publicado en 1975 en una colección de nombre singular, “Biblioteca de visionarios, heterodoxos y marginados”, que dirigía Javier Ruíz en la desaparecida Editora Nacional, y que puso al alcance de la gente muchas fuentes raras de la literatura hispana del siglo de oro, muy clarificadoras de una época hasta entonces narrada con claves mítico-ché, por decirlo de alguna manera. Una operación particular de volver a las fuentes mismas, por encima de los discursos que esas fuentes habían articulado, con frecuencia discursos oficiales o relatos del pasado que con los nuevos tiempos hacían agua por todas partes y necesitaban ser articulados como narración de nuevo. Una empresa –una necesidad—que aún sigue, en nada diferente a otra clásica muy conocida, la de “volver a los clásicos” del humanismo renacentista, del que procedemos. Un nuevo volver a los clásicos, volver a las fuentes, ante la quiebra de los argumentos de autoridad más destacados, religiosos, políticos o financieros. Podría decirse que ante la crisis de un nuevo clasicismo, el de la modernidad ilustrada y el capitalismo. Pero esos son otros asuntos para ser tratados de otra manera y en otro lugar.

El trabajo de Liaño sobre los libros de plomo del Sacromonte granadino, una fantástica falsificación que comienza a ver la luz a partir de 1588, no se ajustó exactamente al modelo de estudio de la colección, que creo recordar que incluía que el 70 por ciento del texto fuera de edición actualizada del texto mismo de las fuentes abordadas, que en este caso debía ser el de los libros de plomo o de sus primeros comentaristas, supongo. El caso es que Liaño se enredó en un amplio ensayo global y juguetón, entre histórico, filosófico y literario; y que a veces conseguía transmitir el disparate de los juegos conceptuales, en ocasiones más analógicos que lógico-racionales, de la época misma de la recepción de aquella falsificación textual delirante. Se puede decir que generadores de otra rcionalidad. Los juegos de la razón y de la fantasía, los juegos del Sacromonte. Por lo estimulante del resutado, espléndido el juego literario de Liaño.

Cuando salió por primera vez, en 1975, ganó el premio de la Nueva Crítica para ensayo del año siguiente, 1976; era un premio importante para aquellos tiempos de esperanzas de renovación --recién desaparecido Franco, el incio de la transición, que se dice--, pues el jurado eran muchos de los jóvenes críticos del entorno madrileño, como Pedrós, de Cuenca, Barnatán, Villán, Armiño y un largo etcétera. En poesía, por ejemplo, se votó en la final entre Oroza y Ullán, este último con un libro de versos experimental que parecía en chino, pero ilegible, que ganó en la votación. Aquel premio no se volvió a convocar, precisamente por las tensiones de fondo político surgidas en aquella tormentosa sesión, pura vitalidad, pero ahí quedó ligado a este libro de Liaño, “Los juegos del Sacromonte”, como otro juego más o una peculiar condecoración o reconocimiento de sus colegas veinteañeros y treintañeros. Con el paso del tiempo –más de un cuarto de siglo—el libro no ha hecho sino ganar, y sigue siendo citado como una interesante lectura interpretativa todavía abierta y estimulante, lo que es mucho.

LOS LIBROS PLÚMBEOS DEL SACROMONTE GRANADINO.

Liaño estructuró su libro-juego como un palacio con diferentes estancias, en la más estricta tradición clásica que él luego estudió en relación con los métodos mnemotécnicos o el arte de la memoria. Y en cada estancia desarrolla su particular abordaje a asuntos históricos, filosóficos y formales. La enumeración de las estancias, solo aparentemente aleatorias pues terminan clarificando muchos aspectos importantes, es bien sugesitava. Las estancias que se suceden son la del laberinto, de la nave de los locos, del ceremonial de los capirotes, de la ficción de la España imperial y católica, de la torre, de la palabra armada, la de los plomos, del caballero de los libros, de la sangre, de la verdad, de las miradas y, finalmente, la de la risa. Un ejercicio literario complejo y mestizo, de escepticismo narrativo desde la perspectiva actual plenamente postmoderno.

Sólo en el apéndice final a la estancia de los plomos Liaño recoge un resumen de los textos que conformaban aquella falsificación que cambió el nombre del antiguo Valparaíso de Granada por el de Sacromonte, con que hoy lo conocemos. He aquí la lista referida, basándose sobre todo en los trabajos de Dario Cabanelas, al que sigue Liaño:

1 De los fundamentos de la fe, por Tesifón Ebnathar, discípulo de Santiago Apostol.
2. De la Esencia Veneranda, por Tesifón Ebnathar.
3. Ritual de la misa de Santiago Apostol, por su discípulo Tesifón.
4. Libro de la predicación de Santiago Apostol, que escribió en doce láminas de plomo, por su mandato, su discípulo y notario Tesión Ebnathar, árabe, para utilidad de las gentes y para ser predicado a los de la tierra de España.
5. Libro de los insignes hechos de nuestro señor Jesús y de María Virgen, su madre, por Tesifón Ebnathar, discípulo de Santiago Apostol.
6. Del galardón de los creyentes en la “Certidumbre del Santo Evangelio”.
7. Oración y defensorio de Santiago, hijo de Xamech Zebedeo, apóstol, contra toda clase de adversidades.
8. Llanto de Pedro, apóstol y vicario, después de la negación de nuestro señor Jesús.
9. Historia de la certidumbre del Santo Evangelio.
10. De los grandes misterios que vio Santiago Apóstol en el Sacro Monte.
11. Libro de los enigmas y misterios que vio la Virgen Santa María, por gracia de Dios, en la noche de su coloquio espiritual, según se lo declaróa Santiago Apostol.
12. Libro de las Sentencias acerca de la fe, manifestado por la Inmaculada Virgen Santa María a Santiago.
13. Historia del Sello de Salomón, hijo de David, profeta de Dios, según Santa María.
14. De lo comprensible del divino poder, clemencia y justicia sobre las criaturas.
15. De la naturaleza de los ángeles y de su poder.
16. Relación de la Casa de la Paz y de la Casa de la Venganza y los Tormentos.
17. De los preclaros hechos del Apostol Santiago y de sus milagros.
18. Segunda parte de lo comprensible del divino poder, clemencia y justicia sobre las criaturas.
19. Segunda parte de los preclaros hechos del Apostol Santiago.

La clave de la falsificación es la invención del discípulo árabe del apóstol Santiago, Tesifón Ebnathar, y su relación con la evangelización de España, un intento de aunar en el pasado la tradición bíblica y la coránica, y no podía surgir ese intento en otro medio mejor que el de los moriscos granadinos. Sus artífices parecen ser Alonso del Castillo y Miguel de Luna, sobre todo el primero, más docto en griego, árabe y latín, así como en teología católica. Las obras de Darío Cabanelas –El morisco granadino Alonso del Castillo, Granada, 1965—y de José Godoy Alcántara –Historia crítica de los falsos cronicones, Madrid, 1868—sirvieron a Liaño para esta reconstrucción. En los últimos años se volvió a revitalizar el interés por los libros plúmbeos, y lo recoge bien Manuel Barrios en una de las introducciones de esta reedición, “Las invenciones del Sacromonte. Estado de las cuestiones y últimas propuestas”, a quien nos remitimos.


TRES APÉNDICES EN HONOR DE IGNACIO GÓMEZ DE LIAÑO.

De la amplia obra de Ignacio Gómez de Liaño, hay dos títulos a los que abordé en su momento, uno para el periódico El Mundo y otro para la revista Archipiélago, y que quiero recoger aquí en su honor, y aprovechando para felicitarle por la re-edición de sus juegos sobre los libros de plomo del Sacromonte.


APÉNDICE I:

PAISAJES DEL PLACER Y DE LA CULPA.

Ignacio Gómez de Liaño, Paisajes del placer y de la culpa, Madrid, 1990, Tecnos, 202 pp.


Es un verdadero placer intelectual toparse con textos como estos que reune Ignacio G. de Liaño, bajo el sugestivo título de Paisajes del placer y de la culpa, sobre algunos de los cuales ya trabajaba en 1978 y que ha ido dando a conocer en conferencias, aquí y allá, a lo largo de este decenio. El placer aumenta cuando descubres el entronque de las brillantes reflexiones de Liaño con otras viejas intuiciones poéticas, en principio demasiado rotundas, como aquellas de morir es olvidar --con lo que vivir es recordar-- o la más aventurada de que la muerte sería vivir de nuevo sin memoria. Toda aventura del espíritu debe estar permitida en un mundo como este nuestro, tan preñado de caducidades, hasta esa misma concepción de la historia como "largo y precavido rodeo dado por el hombre, a lo largo de milenios, para retornar o descubrir el jardín que un día soñó". Porque aunque el hombre se haya olvidado en ocasiones "de la realidad en el jardín", "los olvidos del jardín son, por lo menos, tan peligrosos como olvidarse de todo en el jardín". Desde el Edén bíblico y las islas/parajes deliciosos homéricos de Circe y de Calipso, las fabulaciones literarias de Chrétien de Troyes, de Ariosto, Tasso y Cervantes --esas islas de Alcina, Armida y Auristela--, de Gracián o de Goethe, Liaño entronca espléndidas concepciones estéticas del pasado con más recientes planteamientos de Flaubert, Zweig, Ernst Jünger o Musil. Todo un lujo del que únicamente echo en falta --pues Camoes hace acto de presencia en otro lugar del texto-- ese "perdido paraiso" y esa "caida afortunada", de Milton.

Al lado del fértil uso que hace Liaño del "arte de la memoria" de Simónides, otra constante de estos ensayos es el esfuerzo integrador de todas las artes, ese "indagar los cruces entre las artes, sus conexiones e interacciones" del último ensayo "Picta póesis"; grabados, sobre todo renacentistas y barrocos, de viejas ediciones de obras literarias comentadas, enriquecen visualmente el intento. Y una vez más, aunque es una minucia, al lado del horaciano "al igual que la pintura será la poesía", echo en falta el cervantino "pintor o escritor, que todo es uno" (Quijote, II, LXXI), brillantemente glosado por Georges Camamis en 1988 a propósito del concepto de Venus-Humanitas en Cervantes como la llave del enigma de "La Primavera" de Boticelli en el Bulletin of the Cervantes Society of America.

Vuelve Liaño a un asunto bien querido por él en la "Fábula de una muerte anunciada" --en colaboración con V. Infantes--, a la "pasión y muerte del conde de Villamediana", que dijera Luis Rosales. Y vuelve de la mano de un inédito de sumo interés, la comedia alegórica escrita en clave, de Ximénez de Enciso, "La fábula de Criselio y Cleón", nombres que ocultan al rey Felipe IV y al Conde-Duque de Olivares. Un lujo añadido más. Y vale.


APÉNDICE II:

EL CÍRCULO DE LA SABIDURÍA.

Ignacio Gómez de Liaño, El círculo de la sabiduría. Diagramas del conocimiento en el mitraísmo, el gnosticismo, el cristianismo y el maniqueísmo, Madrid, 1998, Siruela. T. I, 726 pp.

LA GRAN INVERSIÓN.

"Uno-Punto de la Luz-Tiniebla" es buen final para un gran libro --fruto de una gran investigación-- sobre la amada Sofía, la trinitaria más airosa y divertida a causa de sus caprichos, la fronteriza y bien amada, un libro sobre el Amor. Poético y hermoso, serpentino o zigzagueante y riguroso --y por ello más hermoso aún, pues "¿cómo sin la verdad puede haber dicha?", que diría J.M. Parreño--, un tomo primero que anuncia uno segundo que se adivina deslumbrador como un centro de mandala o de diagrama.

El círculo de la sabiduría trata de eso: Diagramas del conocimiento en el mitraísmo, el gnosticismo, el cristianismo y el maniqueísmo, como dice el subtítulo. Un recorrido erudito y estructurado --en lo posible, son centenares las citas/teselas manejadas-- por las formulaciones mágicas, míticas y teológicas de los primeros siglos de la era cristiana que pueden contribuir a desvelar la recurrente idea de un dios trinitario creador y salvador, los misterios del Uno. Y, sobre todo, a partir del diagrama de Metrodoro (h. 150-71 a. C.), ministro de Mitrídates, la plasmación de esos misterios en imágenes adaptándolos a comunes formas calendarísticas en las que las 4 estaciones, los 7 días de la semana o los 12 meses del año danzan y se transforman en virtudes, potencias, ángeles o demonios; o en todo aquello que la imaginación, en periodos de exaltación profética sincretista e ignorancia de muchas realidades de la naturaleza que impedían narrarla con más claridad, fuera capaz de imaginar o estructurar. Pura frontera total, generadora de nuevos posibles centros, hasta esa hostia consagrada o Corpus Christi en el centro de una custodia barroca en el tiempo en que Kepler y Galileo descubrían la música de las esferas, calculaban las órbitas elípticas de los astros. Y todo volvía a empezar de nuevo.

Pero el trabajo de Ignacio Gómez de Liaño mira más hacia oriente, como ese otro cristo persa Mani (216-277, pleno siglo III), también gran pintor, que pone en contacto al mundo budista con la representación diagramática, abuelo del clásico mandala. Es el asunto del tomo segundo que esperamos. Puede ser tan apasionante como ese otro trabajo modélico en la confrontación en profundidad de Oriente/Occidente que es el de Emmanuel Lizcano, Imaginario colectivo y creación matemática. La construcción social del número en China y en Grecia (Madrid, 1993, Gedisa), en donde aborda la noción de negatividad entre chinos y griegos justo por estos tiempos en los que tienen lugar estos desarrollos diagramáticos que Liaño despliega con eficacia.

Y es en el prefacio a la "Arithmética" de un matemático helenístico --tal vez del siglo II-III de Cristo--, Diofanto el Oscuro, en donde se formula, por primera vez entre los griegos, el gran misterio matemático del menos por menos igual a más: "Falta (leipsis) multiplicada por falta hace (poiei) presencia (hýparxin), falta multiplicada por presencia hace falta, y la marca de la falta es una (letra como un tridente) truncada e invertida, esto es (tres palos unidos arriba +/- como una A)" (Lizcano, p. 236), fascinante signo trinitario también para representar la "leipsis". Esa "primera forma occidental de negatividad", surge "en un momento de decadencia del ideal matemático aristotélico-euclídeo y de incorporación ecléctica de otras tradiciones matemáticas relegadas (egipcia, babilónica, pitagórica, logística)". Un mismo fenómeno cultural que el estudiado por Gómez de Liaño y que pudieran concluirse de la misma manera: "Cada matemática --cada numerología, cada teología trinitaria, cada teología-- echa sus raíces en los distintos imaginarios colectivos y se construye al hilo de los conflictos que se desatan entre los varios modos de representar/inventar esa ilusión que cada cultura llama realidad."

Una posible gran inversión, que hoy podría invalidar cualquier fundamentalismo. Tal vez el telón de fondo de la especulación sobre el Uno --el misterio a desvelar-- sea la invención del Cero, que parece prefigurado en ese obsesivo círculo de luz diagramático central y que los matemáticos árabes parece que empiezan a difundir a partir del siglo X, pues también se estaba gestando por entonces; cuya ambigüedad/ confusión tantos quebraderos de cabeza está dando a los informáticos en este final de milenio, una vez más. Pura especulación, paralelismos chinos o saltos analógicos cuando hay grietas lógico-analíticas. Una elegante O de Bodoni elegida por Scala para centrar en una página en blanco o Cero-Punto de la Luz...


APÉNDICE III:

LOS COLORES DEL MANDALA.

I. Gómez de Liaño, El círculo de la sabiduría II, Madrid, 1998, Siruela.


Hace tiempo que lo sospechaba, pero hasta no ver desmenuzado el gran mandala de Kalachakra por Liaño en el tomo II de El círculo de la sabiduría, no pude formularlo claro: el matemático Gödel, al negar que la demostrabilidad sea garantía de veracidad, culmina a Sexto Empírico y a Nagarjuna. Kurt Gödel se manifiesta como escéptico y budista. La mente matemática máxima, dicen algunos, de este siglo que termina el milenio segundo. ¿Una fórmula más de la gran inversión?

El libro de Liaño es uno de los más hermosos encajes de bolillos positivista que he leído en mi --casi medio siglo de incesantes lecturas-- vida. Y que me ha hecho comprender el sentido profundo mismo de la palabra "positivista"; su componente/perfil de estructura acumulativo/positiva, necesitado de corrector, purgante, negatividad, magia. Magia blanca como la calma blanca de esa mar en la que todos pueden navegar que pudieran ser textos así. El mandala Kalachakra como disco solar investigado, horadado, desvelado en su misterio más profundo o menos, y de nuevo resplandeciente y misteriosamente travestido. Un guiño temporal o atemporal. El diablo de Liaño, serpenteante y escéptico, circunambula --como a él le gusta-- los más complejos laberintos de representaciones, como Ariadna en el laberinto mítico, "por el hilo de oro de los números y las figuras engastados en la montura de un precioso y riguroso diagrama" (p.440).

Y el relato se traviste también en la gran tragedia coral del escéptico que, "por ser un amante de la humanidad, quiere curar en lo posible la arrogancia y el atrevimiento de los dogmáticos, sirviéndose de la Razón", en palabras de Sexto Empírico (Esbozos pirrónicos, III, 280, cit.p.164). Allá por el siglo III, tras cuya tragedia un santo padre de la iglesia puede hablar ya de ellos en pasado: "Los Sextos y los Pirrones y la forma de hablar a la contra supusieron la ruina de nuestras asambleas, como una enfermedad terrible y maligna" (Sermones, XXI, 12, cit.p.164). El "nada es más que su contrario" sucumbía ante los dogmáticos. Pero Pirrón había estado en la India con Alejandro y la escuela escéptica alejandrina de Sexto Empírico recibió a hindúes en el siglo II; y la suspensión del juicio --epojé-- aflora en la vacuidad --sunyata--, y la ataraxia --impasibilidad, beatitud-- en el nirvana. Y estalla en el tantra de Kalachakra, en el que las Deidades Apacibles y Sostenedoras del Conocimiento y las Deidades Terroríficas son sólo aspectos del uno del otro, y la luz y la tiniebla una misma cosa, el terror un aspecto de la paz y la paz un aspecto del terror. "El centro mismo de la Mente es el Gozo".

Nuevamente, el gran círculo/Cero/O bodoniana de Scala que encierra en si mismo los misterios del Uno.

Porque el mandala tántrico de Kalachakra es al mismo tiempo un "almacén enciclopédico magificado", podría decirse, y desarrollado según una iconometría similar a la bizantina; es admirable en la escala doble tibetana --grande, por medida de rostro (zhal) y pequeña, por medida de dedo (sor)--, en la que el dedo (sor) contiene 8 granos (nas), por ejemplo. La ogdóada, la dodécada solar, la triacóntada (mes lunar) pueden llegar a travestirse en el cuerpo de la Verdad de Marcos el Mago, que en el siglo II había elaborado un diagrama numérico; y del que se conocen algunas fonaciones siríacas mágicas de su sistema, que en relación con números y figuras podrían permitir hasta estereofonizar un mandala, si se pudiera decir así, al circunambularlo. Los gnósticos habían sistematizado fonaciones mágicas y en la magia greco-egipcia había fonaciones al hilo de imágenes diagramáticas. Y es en el proceso de visualización en donde Nociones e Imágenes, la Lógica (números) y la Simbólica (lugares), danzan y se combinan en imágenes travestidas una vez más, hasta el buda central sobre la flor de loto, vulva/coño o padma tántrica o la maza significante de la pureza de cuerpo, palabra y mente, o el sol en su hora nona como halcón, "y su nombre es Feus phouth, el loto que ha nacido de la profundidad" (p.417). Pero sabiendo que las representaciones también pueden significar un hechizo fatal para el filósofo/estudioso, místico/monje o qué.

Por tanto --por todo-- el libro de Liaño se convierte en canto a la oveja descarriada y primera adúltera Sofía. La mítica prostituta Helena de Tiro liberada por Simón el Mago de los arcontes terroríficos, madre/nodriza, Sofía/Chochma hebrea/Prajñaparamita, Pronoia/Tora/Dharma, similar a lex aeterna, vaya rosario. "Ocasión --Cairós, en figura "sosteniendo un cetro que significa la realeza", tan cervantina como Necesidad--, ocasión de que surgiere el formador del animalesco mundo material", Demiurgo --Brahma/Yaldabaot-- que "no era potencia malvada, sino sólo ignorante" (p.442).

Prodigio/milagro de las representaciones. Imposible demonizar al otro en el gran loto central. Tal vez idéntico a un gran mantel damasceno circular de lino blanco y tejido en oro, gran ostia solar, gran cero integrador mandálico, perfecto en sus desarrollos numéricos. Como cierra Liaño, con guiño de Mircea Eliade, "la misión y el poder de las Imágenes es hacer ver todo cuanto permanece refractario al concepto" (cit.p.439).

Fue necesaria una larga cadena de investigadores --iniciados en sus pormenores con mayor o menor hondura-- del mandala Kalachakra hasta llegar aquí, a esta compleja síntesis/río de Liaño. Los sostenedores del conocimiento y las diosas que salen del cerebro. Azul, Blanco y Amarillo, Rojo y Verde. Los colores del Arco Iris. Los colores del mandala.


Y ya está bien por hoy. Una vez más, felicitaciones a Liaño por la reedición de sus juegos del Sacromonte.

 

Emilio Sola

 

 
 
   
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