Este fue uno de los primeros
ensayos literarios de envergadura de I. Gómez
de Liaño, publicado en 1975 en una colección
de nombre singular, “Biblioteca de visionarios,
heterodoxos y marginados”, que dirigía Javier
Ruíz en la desaparecida Editora Nacional, y que
puso al alcance de la gente muchas fuentes raras de la
literatura hispana del siglo de oro, muy clarificadoras
de una época hasta entonces narrada con claves
mítico-ché, por decirlo de alguna manera.
Una operación particular de volver a las fuentes
mismas, por encima de los discursos que esas fuentes
habían articulado, con frecuencia discursos oficiales
o relatos del pasado que con los nuevos tiempos hacían
agua por todas partes y necesitaban ser articulados como
narración de nuevo. Una empresa –una necesidad—que
aún sigue, en nada diferente a otra clásica
muy conocida, la de “volver a los clásicos” del
humanismo renacentista, del que procedemos. Un nuevo
volver a los clásicos, volver a las fuentes, ante
la quiebra de los argumentos de autoridad más
destacados, religiosos, políticos o financieros.
Podría decirse que ante la crisis de un
nuevo clasicismo, el de la modernidad ilustrada
y el capitalismo.
Pero esos son otros asuntos para ser tratados de
otra manera y en otro lugar.
El trabajo de Liaño sobre los libros de plomo
del Sacromonte granadino, una fantástica falsificación
que comienza a ver la luz a partir de 1588, no se ajustó exactamente
al modelo de estudio de la colección, que creo
recordar que incluía que el 70 por ciento del
texto fuera de edición actualizada del texto mismo
de las fuentes abordadas, que en este caso debía
ser el de los libros de plomo o de sus primeros comentaristas,
supongo. El caso es que Liaño se enredó en
un amplio ensayo global y juguetón, entre histórico,
filosófico y literario; y que a veces conseguía
transmitir el disparate de los juegos conceptuales, en
ocasiones más analógicos que lógico-racionales,
de la época misma de la recepción de aquella
falsificación textual delirante. Se puede decir
que generadores de otra rcionalidad. Los juegos de la
razón y de la fantasía, los juegos del
Sacromonte. Por lo estimulante del resutado, espléndido
el juego literario de Liaño.
Cuando salió por primera vez, en 1975, ganó el
premio de la Nueva Crítica para ensayo del año
siguiente, 1976; era un premio importante para aquellos
tiempos de esperanzas de renovación --recién
desaparecido Franco, el incio de la transición,
que se dice--, pues el jurado eran muchos de los jóvenes
críticos del entorno madrileño, como Pedrós,
de Cuenca, Barnatán, Villán, Armiño
y un largo etcétera. En poesía, por ejemplo,
se votó en la final entre Oroza y Ullán,
este último con un libro de versos experimental
que parecía en chino, pero ilegible, que ganó en
la votación. Aquel premio no se volvió a
convocar, precisamente por las tensiones de fondo político
surgidas en aquella tormentosa sesión, pura vitalidad,
pero ahí quedó ligado a este libro de Liaño, “Los
juegos del Sacromonte”, como otro juego más
o una peculiar condecoración o reconocimiento
de sus colegas veinteañeros y treintañeros.
Con el paso del tiempo –más de un cuarto
de siglo—el libro no ha hecho sino ganar, y sigue
siendo citado como una interesante lectura interpretativa
todavía abierta y estimulante, lo que es mucho.
LOS
LIBROS PLÚMBEOS DEL SACROMONTE GRANADINO.
Liaño estructuró su libro-juego como un
palacio con diferentes estancias, en la más estricta
tradición clásica que él luego estudió en
relación con los métodos mnemotécnicos
o el arte de la memoria. Y en cada estancia desarrolla
su particular abordaje a asuntos históricos, filosóficos
y formales. La enumeración de las estancias, solo
aparentemente aleatorias pues terminan clarificando muchos
aspectos importantes, es bien sugesitava. Las estancias
que se suceden son la del laberinto, de la nave de los
locos, del ceremonial de los capirotes, de la ficción
de la España imperial y católica, de
la torre, de la palabra armada, la de los plomos, del
caballero
de los libros, de la sangre, de la verdad, de las miradas
y, finalmente, la de la risa. Un ejercicio literario
complejo y mestizo, de escepticismo narrativo desde
la perspectiva actual plenamente postmoderno.
Sólo en el apéndice final a la estancia
de los plomos Liaño recoge un resumen de los textos
que conformaban aquella falsificación que cambió el
nombre del antiguo Valparaíso de Granada por el
de Sacromonte, con que hoy lo conocemos. He aquí la
lista referida, basándose sobre todo en los trabajos
de Dario Cabanelas, al que sigue Liaño:
1 De los fundamentos de la fe, por Tesifón Ebnathar,
discípulo de Santiago Apostol.
2. De la Esencia Veneranda, por Tesifón Ebnathar.
3. Ritual de la misa de Santiago Apostol, por su discípulo
Tesifón.
4. Libro de la predicación de Santiago Apostol,
que escribió en doce láminas de plomo,
por su mandato, su discípulo y notario Tesión
Ebnathar, árabe, para utilidad de las gentes y
para ser predicado a los de la tierra de España.
5. Libro de los insignes hechos de nuestro señor
Jesús y de María Virgen, su madre, por
Tesifón Ebnathar, discípulo de Santiago
Apostol.
6. Del galardón de los creyentes en la “Certidumbre
del Santo Evangelio”.
7. Oración y defensorio de Santiago, hijo de Xamech
Zebedeo, apóstol, contra toda clase de adversidades.
8. Llanto de Pedro, apóstol y vicario, después
de la negación de nuestro señor Jesús.
9. Historia de la certidumbre del Santo Evangelio.
10. De los grandes misterios que vio Santiago Apóstol
en el Sacro Monte.
11. Libro de los enigmas y misterios que vio la Virgen
Santa María, por gracia de Dios, en la noche de
su coloquio espiritual, según se lo declaróa
Santiago Apostol.
12. Libro de las Sentencias acerca de la fe, manifestado
por la Inmaculada Virgen Santa María a Santiago.
13. Historia del Sello de Salomón, hijo de David,
profeta de Dios, según Santa María.
14. De lo comprensible del divino poder, clemencia y
justicia sobre las criaturas.
15. De la naturaleza de los ángeles y de su
poder.
16. Relación de la Casa de la Paz y de la Casa
de la Venganza y los Tormentos.
17. De los preclaros hechos del Apostol Santiago y de
sus milagros.
18. Segunda parte de lo comprensible del divino poder,
clemencia y justicia sobre las criaturas.
19. Segunda parte de los preclaros hechos del Apostol
Santiago.
La clave de la falsificación es la invención
del discípulo árabe del apóstol
Santiago, Tesifón Ebnathar, y su relación
con la evangelización de España, un intento
de aunar en el pasado la tradición bíblica
y la coránica, y no podía surgir ese intento
en otro medio mejor que el de los moriscos granadinos.
Sus artífices parecen ser Alonso del Castillo
y Miguel de Luna, sobre todo el primero, más docto
en griego, árabe y latín, así como
en teología católica. Las obras de Darío
Cabanelas –El morisco granadino Alonso del Castillo,
Granada, 1965—y de José Godoy Alcántara –Historia
crítica de los falsos cronicones, Madrid, 1868—sirvieron
a Liaño para esta reconstrucción. En los últimos
años se volvió a revitalizar el interés
por los libros plúmbeos, y lo recoge bien Manuel
Barrios en una de las introducciones de esta reedición, “Las
invenciones del Sacromonte. Estado de las cuestiones
y últimas propuestas”, a quien nos remitimos.
TRES APÉNDICES EN HONOR DE IGNACIO GÓMEZ
DE LIAÑO.
De la amplia obra de Ignacio Gómez de Liaño,
hay dos títulos a los que abordé en su
momento, uno para el periódico El Mundo y otro
para la revista Archipiélago, y que quiero recoger
aquí en su honor, y aprovechando para felicitarle
por la re-edición de sus juegos sobre los
libros de plomo del Sacromonte.
APÉNDICE I:
PAISAJES DEL PLACER Y DE LA CULPA.
Ignacio Gómez de Liaño, Paisajes
del placer y de la culpa, Madrid, 1990, Tecnos,
202 pp.
Es un verdadero placer intelectual toparse con textos como estos que reune
Ignacio G. de Liaño, bajo el sugestivo título de Paisajes
del placer y de la culpa, sobre algunos de los cuales ya trabajaba en 1978 y
que ha ido dando a conocer en conferencias, aquí y allá, a
lo largo de este decenio. El placer aumenta cuando descubres el entronque
de las brillantes reflexiones de Liaño con otras viejas intuiciones
poéticas, en principio demasiado rotundas, como aquellas de morir
es olvidar --con lo que vivir es recordar-- o la más aventurada de
que la muerte sería vivir de nuevo sin memoria. Toda aventura del
espíritu debe estar permitida en un mundo como este nuestro, tan preñado
de caducidades, hasta esa misma concepción de la historia como "largo
y precavido rodeo dado por el hombre, a lo largo de milenios, para retornar
o descubrir el jardín que un día soñó".
Porque aunque el hombre se haya olvidado en ocasiones "de la realidad en el jardín", "los olvidos del jardín son, por lo
menos, tan peligrosos como olvidarse de todo en el jardín". Desde
el Edén bíblico y las islas/parajes deliciosos homéricos
de Circe y de Calipso, las fabulaciones literarias de Chrétien de
Troyes, de Ariosto, Tasso y Cervantes --esas islas de Alcina, Armida y Auristela--,
de Gracián o de Goethe, Liaño entronca espléndidas concepciones
estéticas del pasado con más recientes planteamientos de Flaubert,
Zweig, Ernst Jünger o Musil. Todo un lujo del que únicamente
echo en falta --pues Camoes hace acto de presencia en otro lugar del texto--
ese "perdido paraiso" y esa "caida afortunada", de Milton.
Al lado del fértil uso que hace Liaño
del "arte de la memoria" de Simónides,
otra constante de estos ensayos es el esfuerzo integrador
de todas las artes, ese "indagar los cruces entre
las artes, sus conexiones e interacciones" del último
ensayo "Picta póesis"; grabados, sobre
todo renacentistas y barrocos, de viejas ediciones de
obras literarias comentadas, enriquecen visualmente el
intento. Y una vez más, aunque es una minucia,
al lado del horaciano "al igual que la pintura será la
poesía", echo en falta el cervantino "pintor
o escritor, que todo es uno" (Quijote, II, LXXI),
brillantemente glosado por Georges Camamis en 1988 a
propósito del concepto de Venus-Humanitas en Cervantes
como la llave del enigma de "La Primavera" de
Boticelli en el Bulletin of the Cervantes Society
of America.
Vuelve Liaño a un asunto bien querido por él
en la "Fábula de una muerte anunciada" --en
colaboración con V. Infantes--, a la "pasión
y muerte del conde de Villamediana", que dijera
Luis Rosales. Y vuelve de la mano de un inédito
de sumo interés, la comedia alegórica escrita
en clave, de Ximénez de Enciso, "La fábula
de Criselio y Cleón", nombres que ocultan
al rey Felipe IV y al Conde-Duque de Olivares. Un lujo
añadido más. Y vale.
APÉNDICE II:
EL CÍRCULO DE LA SABIDURÍA.
Ignacio Gómez de Liaño, El
círculo
de la sabiduría. Diagramas del conocimiento
en el mitraísmo, el gnosticismo, el cristianismo
y el maniqueísmo, Madrid, 1998, Siruela. T.
I, 726 pp.
LA GRAN INVERSIÓN.
"Uno-Punto de la Luz-Tiniebla" es buen final
para un gran libro --fruto de una gran investigación--
sobre la amada Sofía, la trinitaria más
airosa y divertida a causa de sus caprichos, la fronteriza
y bien amada, un libro sobre el Amor. Poético
y hermoso, serpentino o zigzagueante y riguroso --y por
ello más hermoso aún, pues "¿cómo
sin la verdad puede haber dicha?", que diría
J.M. Parreño--, un tomo primero que anuncia uno
segundo que se adivina deslumbrador como un centro de
mandala o de diagrama.
El círculo de la sabiduría trata de eso:
Diagramas del conocimiento en el mitraísmo, el
gnosticismo, el cristianismo y el maniqueísmo,
como dice el subtítulo. Un recorrido erudito y
estructurado --en lo posible, son centenares las citas/teselas
manejadas-- por las formulaciones mágicas, míticas
y teológicas de los primeros siglos de la era
cristiana que pueden contribuir a desvelar la recurrente
idea de un dios trinitario creador y salvador, los misterios
del Uno. Y, sobre todo, a partir del diagrama de Metrodoro
(h. 150-71 a. C.), ministro de Mitrídates, la
plasmación de esos misterios en imágenes
adaptándolos a comunes formas calendarísticas
en las que las 4 estaciones, los 7 días de la
semana o los 12 meses del año danzan y se transforman
en virtudes, potencias, ángeles o demonios; o
en todo aquello que la imaginación, en periodos
de exaltación profética sincretista e ignorancia
de muchas realidades de la naturaleza que impedían
narrarla con más claridad, fuera capaz de imaginar
o estructurar. Pura frontera total, generadora de nuevos
posibles centros, hasta esa hostia consagrada o Corpus
Christi en el centro de una custodia barroca en el tiempo
en que Kepler y Galileo descubrían la música
de las esferas, calculaban las órbitas elípticas
de los astros. Y todo volvía a empezar de nuevo.
Pero el trabajo de Ignacio Gómez de Liaño
mira más hacia oriente, como ese otro cristo persa
Mani (216-277, pleno siglo III), también gran
pintor, que pone en contacto al mundo budista con la
representación diagramática, abuelo del
clásico mandala. Es el asunto del tomo segundo
que esperamos. Puede ser tan apasionante como ese otro
trabajo modélico en la confrontación en
profundidad de Oriente/Occidente que es el de Emmanuel
Lizcano, Imaginario colectivo y creación matemática.
La construcción social del número en China
y en Grecia (Madrid, 1993, Gedisa), en donde aborda la
noción de negatividad entre chinos y griegos justo
por estos tiempos en los que tienen lugar estos desarrollos
diagramáticos que Liaño despliega con eficacia.
Y es en el prefacio a la "Arithmética" de
un matemático helenístico --tal vez del
siglo II-III de Cristo--, Diofanto el Oscuro, en donde
se formula, por primera vez entre los griegos, el gran
misterio matemático del menos por menos igual
a más: "Falta (leipsis) multiplicada por
falta hace (poiei) presencia (hýparxin), falta
multiplicada por presencia hace falta, y la marca de
la falta es una (letra como un tridente) truncada e invertida,
esto es (tres palos unidos arriba +/- como una A)" (Lizcano,
p. 236), fascinante signo trinitario también para
representar la "leipsis". Esa "primera
forma occidental de negatividad", surge "en
un momento de decadencia del ideal matemático
aristotélico-euclídeo y de incorporación
ecléctica de otras tradiciones matemáticas
relegadas (egipcia, babilónica, pitagórica,
logística)". Un mismo fenómeno cultural
que el estudiado por Gómez de Liaño y que
pudieran concluirse de la misma manera: "Cada matemática
--cada numerología, cada teología trinitaria,
cada teología-- echa sus raíces en los
distintos imaginarios colectivos y se construye al hilo
de los conflictos que se desatan entre los varios modos
de representar/inventar esa ilusión que cada cultura
llama realidad."
Una posible gran inversión, que hoy podría
invalidar cualquier fundamentalismo. Tal vez el telón
de fondo de la especulación sobre el Uno --el
misterio a desvelar-- sea la invención del Cero,
que parece prefigurado en ese obsesivo círculo
de luz diagramático central y que los matemáticos árabes
parece que empiezan a difundir a partir del siglo X,
pues también se estaba gestando por entonces;
cuya ambigüedad/ confusión tantos quebraderos
de cabeza está dando a los informáticos
en este final de milenio, una vez más. Pura especulación,
paralelismos chinos o saltos analógicos cuando
hay grietas lógico-analíticas. Una elegante
O de Bodoni elegida por Scala para centrar en una página
en blanco o Cero-Punto de la Luz...
APÉNDICE III:
LOS COLORES DEL MANDALA.
I. Gómez de Liaño, El círculo de
la sabiduría II, Madrid, 1998, Siruela.
Hace tiempo que lo sospechaba, pero hasta no ver desmenuzado el gran mandala
de Kalachakra por Liaño en el tomo II de El círculo de la sabiduría,
no pude formularlo claro: el matemático Gödel, al negar que la
demostrabilidad sea garantía de veracidad, culmina a Sexto Empírico
y a Nagarjuna. Kurt Gödel se manifiesta como escéptico y budista.
La mente matemática máxima, dicen algunos, de este siglo que
termina el milenio segundo. ¿Una fórmula más de la gran
inversión?
El libro de Liaño es uno de los más hermosos
encajes de bolillos positivista que he leído en
mi --casi medio siglo de incesantes lecturas-- vida.
Y que me ha hecho comprender el sentido profundo mismo
de la palabra "positivista"; su componente/perfil
de estructura acumulativo/positiva, necesitado de corrector,
purgante, negatividad, magia. Magia blanca como la calma
blanca de esa mar en la que todos pueden navegar que
pudieran ser textos así. El mandala Kalachakra
como disco solar investigado, horadado, desvelado en
su misterio más profundo o menos, y de nuevo resplandeciente
y misteriosamente travestido. Un guiño temporal
o atemporal. El diablo de Liaño, serpenteante
y escéptico, circunambula --como a él le
gusta-- los más complejos laberintos de representaciones,
como Ariadna en el laberinto mítico, "por
el hilo de oro de los números y las figuras engastados
en la montura de un precioso y riguroso diagrama" (p.440).
Y el relato se traviste también en la gran tragedia
coral del escéptico que, "por ser un amante
de la humanidad, quiere curar en lo posible la arrogancia
y el atrevimiento de los dogmáticos, sirviéndose
de la Razón", en palabras de Sexto Empírico
(Esbozos pirrónicos, III, 280, cit.p.164). Allá por
el siglo III, tras cuya tragedia un santo padre de la
iglesia puede hablar ya de ellos en pasado: "Los
Sextos y los Pirrones y la forma de hablar a la contra
supusieron la ruina de nuestras asambleas, como una enfermedad
terrible y maligna" (Sermones, XXI, 12, cit.p.164).
El "nada es más que su contrario" sucumbía
ante los dogmáticos. Pero Pirrón había
estado en la India con Alejandro y la escuela escéptica
alejandrina de Sexto Empírico recibió a
hindúes en el siglo II; y la suspensión
del juicio --epojé-- aflora en la vacuidad --sunyata--,
y la ataraxia --impasibilidad, beatitud-- en el nirvana.
Y estalla en el tantra de Kalachakra, en el que las Deidades
Apacibles y Sostenedoras del Conocimiento y las Deidades
Terroríficas son sólo aspectos del uno
del otro, y la luz y la tiniebla una misma cosa, el terror
un aspecto de la paz y la paz un aspecto del terror. "El
centro mismo de la Mente es el Gozo".
Nuevamente, el gran círculo/Cero/O bodoniana
de Scala que encierra en si mismo los misterios del Uno.
Porque el mandala tántrico de Kalachakra es
al mismo tiempo un "almacén enciclopédico
magificado", podría decirse, y desarrollado
según una iconometría similar a la bizantina;
es admirable en la escala doble tibetana --grande, por
medida de rostro (zhal) y pequeña, por medida
de dedo (sor)--, en la que el dedo (sor) contiene 8 granos
(nas), por ejemplo. La ogdóada, la dodécada
solar, la triacóntada (mes lunar) pueden llegar
a travestirse en el cuerpo de la Verdad de Marcos el
Mago, que en el siglo II había elaborado un diagrama
numérico; y del que se conocen algunas fonaciones
siríacas mágicas de su sistema, que en
relación con números y figuras podrían
permitir hasta estereofonizar un mandala, si se pudiera
decir así, al circunambularlo. Los gnósticos
habían sistematizado fonaciones mágicas
y en la magia greco-egipcia había fonaciones al
hilo de imágenes diagramáticas. Y es en
el proceso de visualización en donde Nociones
e Imágenes, la Lógica (números)
y la Simbólica (lugares), danzan y se combinan
en imágenes travestidas una vez más, hasta
el buda central sobre la flor de loto, vulva/coño
o padma tántrica o la maza significante de la
pureza de cuerpo, palabra y mente, o el sol en su hora
nona como halcón, "y su nombre es Feus phouth,
el loto que ha nacido de la profundidad" (p.417).
Pero sabiendo que las representaciones también
pueden significar un hechizo fatal para el filósofo/estudioso,
místico/monje o qué.
Por tanto --por todo-- el libro de Liaño se
convierte en canto a la oveja descarriada y primera adúltera
Sofía. La mítica prostituta Helena de Tiro
liberada por Simón el Mago de los arcontes terroríficos,
madre/nodriza, Sofía/Chochma hebrea/Prajñaparamita,
Pronoia/Tora/Dharma, similar a lex aeterna, vaya rosario. "Ocasión
--Cairós, en figura "sosteniendo un cetro
que significa la realeza", tan cervantina como Necesidad--,
ocasión de que surgiere el formador del animalesco
mundo material", Demiurgo --Brahma/Yaldabaot-- que "no
era potencia malvada, sino sólo ignorante" (p.442).
Prodigio/milagro de las representaciones. Imposible
demonizar al otro en el gran loto central. Tal vez idéntico
a un gran mantel damasceno circular de lino blanco y
tejido en oro, gran ostia solar, gran cero integrador
mandálico, perfecto en sus desarrollos numéricos.
Como cierra Liaño, con guiño de Mircea
Eliade, "la misión y el poder de las Imágenes
es hacer ver todo cuanto permanece refractario al concepto" (cit.p.439).
Fue necesaria una larga cadena de investigadores --iniciados
en sus pormenores con mayor o menor hondura-- del mandala
Kalachakra hasta llegar aquí, a esta compleja
síntesis/río de Liaño. Los sostenedores
del conocimiento y las diosas que salen del cerebro.
Azul, Blanco y Amarillo, Rojo y Verde. Los colores del
Arco Iris. Los colores del mandala.
Y ya está bien por hoy. Una vez más, felicitaciones
a Liaño por la reedición de sus juegos
del Sacromonte.
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