La obra, que es objeto de análisis en la presente
nota de lectura, constituye un interesantísimo
trabajo de investigación, en el que el profesor
Emilio Sola, gran conocedor del mundo de la frontera
mediterránea en la Edad Moderna, centra toda
su atención en el ámbito geográfico
que los romanos bautizaran con el nombre de Mare
Nostrum, espacio que, todavía en el siglo
XVI, gozaba de una enorme vitalidad, a pesar del proceso
de atlantización del nuevo modern world
system.
Por ello, a lo largo de las páginas de dicho
libro, Emilio Sola aborda el estudio del mar Mediterráneo,
en tanto que espacio fronterizo entre dos concepciones
culturales y religiosas diferentes, el Cristianismo
y el Islam, con todas las implicaciones políticas
que ello llevaba consigo, y como ámbito de atracción
de innumerables gentes que se hallaban en búsqueda
de aventuras o de fortuna, siendo tal situación
la de los piratas (corsarios, renegados y cautivos),
auténticos protagonistas de la citada investigación.
Del mismo modo, conviene indicar que dicho libro
se halla estructurado en cinco partes y dividido en
sesenta
y tres epígrafes, a lo largo de los cuales se
explica desde los viajes bajomedievales de los catalanes
a Oriente y el final del carácter fronterizo
de Andalucía con la culminación de la
Reconquista, hasta las posibles similitudes existentes
entre el ideal maquiavélico y Jeredín
Barbarroja, "peculiar republicano", la gran
ofensiva española en Berbería y el análisis
del perfil de renegado.
Así pues, al principio de la obra, el autor
realiza una declaración de los objetivos perseguidos
al redactar dicho estudio, nota inicial de la que se
reproduce literalmente un fragmento a continuación:
"
Este es un "libro de maravillas",
como aquel fastuoso de Marco Polo
sobre el Lejano Oriente,
pero de la más cercana Berbería.
Debería haberse llamado
"
Libro de Maravillas de la Berbería".
Pero se ha llamado, finalmente,
"
Un Mediterráneo de piratas:
corsarios, renegados y cautivos".
El tiempo evocado es el del gran corsario
que llega a ser rey, Aruch Barbarroja,
el hermano mayor de los míticos renegados griegos,
tal vez de madre andaluza de Marchena,
nacidos en la isla de Mitilene,
antigua Lesbos,
que crearon de manera rara o poco ortodoxa
un verdadero estado en Berbería.
He procurado no contarlo yo,
que lo haría con palabras de hoy,
sino dejar que lo contaran
los contemporáneos de los hechos
en su lengua propia,
la más adecuada para su tiempo.
Los contemporáneos españoles,
a los que he tenido más acceso,
aunque los contemporáneos italianos y los turcos
seguro que lo contaron igualmente bien.
Es, por lo tanto,
un libro de textos españoles de la época,
no escrito por mí sino por otros." (1)
De este modo, el profesor Sola comienza la primera
parte de la obra de la siguiente forma:
" Corsarios, cautivos y renegados
son tres figuras bien definidas
y características del siglo XVI;
"
paradigmáticas",
por usar con mayor o menor propiedad
ese término kuhntiano;
omnipresentes en el mundo mediterráneo moderno
y, en particular, casi obsesivas
en los medios populares en dicho siglo,
en todos los territorios ribereños
de aquel mar interior." (2)
Por ello, respecto a la primera de las tres figuras
indicadas, esto es, la constituida por los individuos
que se dedicaban al corso, es preciso indicar que
dicho problema no surgió como fenómeno nuevo
en la Edad Moderna pues, como bien indica el autor
del libro, se trataba de un asunto que se venía
arrastrando en el ámbito mediterráneo
desde la Edad Media.
" Comercio y corso
siempre habían ido de la mano
en el mundo mediterráneo bajo-medieval
de "estados" en formación
y medios técnicos limitados
o poco desarrollados.
Los almorávides mallorquines,
que llegaron a controlar
las islas mayores del Mediterráneo occidental
en donde se enfrentaron
a la nueva potencia almohade,
organizaron y poderoso y fugaz
"
estado corsario".
La misma conquista de Mallorca (1229)
por Jaime I de Aragón,
como las expediciones anteriores
de genoveses y pisanos,
están "justificadas" con demasiada
frecuencia
en la necesidad de defender del corso
a sus propios comerciantes-corsarios.
Es la "guerra di corsa" formulada
en términos y vocabulario de cruzada." (3)
Asimismo, Emilio Sola indica en la obra cómo
hay que recurrir a la religión para entender
el perfil de renegado, aspecto a propósito del
cual, se debe reiterar nuevamente, al igual que se
hizo en relación al corso, que su manifestación
en la Edad Moderna no es más que la consecuencia
lógica de la evolución del proceso a
lo largo del Medievo, pues:
"
En aquel mundo mediterráneo bajo-medieval,
esencialmente "fronterizo",
en el que había medrado esa figura
de "hombre de frontera"
que es el corsario/comerciante/soldado
de fortuna /noble "feudal" nuevo,
figura que podía aspirar incluso a inaugurar
una nueva realeza en un territorio, [...]
la religión era importante
vínculo unificador/ diferenciador." (4)
En consecuencia, se puede afirmar que el "hombre
de frontera" en materia religiosa, sería
el denominado "renegado" o "converso" en
el siglo XVI, en función del bando, por decirlo
de algún modo, que los calificara.
Por otro lado, conviene indicar que en relación
al fin de la Granada mudéjar y ante la imposibilidad
del establecimiento de un régimen pluriconfesional
en la Península Ibérica, el autor manifiesta:
"
Tras la estancia de los Reyes Católicos en
Granada,
unos meses del año 1499,
la visita de Cisneros a finales de dicho año
impuso la conversión forzosa
de los musulmanes españoles;
sofocados los levantamientos
a que dio lugar esta medida,
oficialmente ya no hubo
musulmanes españoles o mudéjares,
ya sólo hubo cristianos nuevos
de origen musulmán o moriscos". (5)
Asimismo, el autor de Un Mediterráneo de piratas: corsarios, renegados
y cautivos aborda el estudio del corso cristiano en el Mediterráneo oriental,
así como el análisis de la trayectoria vital y producción
escrita de algunos cautivos ilustres, tales como Juan León el Africano,
Luis del Mármol Carvajal, Diego de Torres y Antonio de Sosa.
Igualmente, en este libro se analiza el interesante
asunto de si es posible aplicar a Jeredín Barbarroja el modelo de "príncipe nuevo" de
Nicolás Maquiavelo, manifestando el profesor Emilio Sola lo que a continuación
se indica:
"
Todo el capítulo XXV de El Príncipe,
en el que el florentino glosa la influencia
de la fortuna y de la virtud
en el logro del éxito final de una empresa
es de validez universal,
pero no vamos a entrar aquí en su exposición;
solamente afirmar que la figura
de Jeredín Barbarroja, por ejemplo,
hubiera encajado casi plenamente
en el análisis del florentino,
tal vez éste no hubiera dudado
en considerarlo príncipe nuevo.
El mismo Carlos V así lo hizo". (6)
A su vez, Emilio Sola explica la presencia en El
Quijote de Cide Hamete Benengeli quien, siendo arábigo y manchego, por expreso deseo de Miguel de Cervantes
Saavedra, se convertiría en el relato en autor de la obra más universal
de la Literatura hispánica.
Además, la coyuntura histórica en la que todo ello sucede, confiere
una relevancia superior a tal acontecimiento que, lejos de constituir un episodio
anecdótico, se convierte en un elemento de primer orden pues, si bien
en 1605 se efectuó la edición de la primera parte de dicho libro,
tan sólo cuatro años después, esto es, en 1609, se procedería
a la expulsión de los moriscos. De esta forma tan precisa explica el profesor
Sola la aparición de Cide Hamete Benengeli en El Quijote:
" Nacido en la mente de Miguel de Cervantes
en el capítulo noveno de la primera parte
de su libro máximo,
justo en el momento en el que decide
que el Vizcaíno no mate a don Quijote
o le malhiera y, por lo tanto,
continuar con la historia,
en uno de los momentos más altos
de la creación literaria
en la que el autor consigue comunicarte
con el meollo mismo de su acto de creación,
Cervantes dice - o finge-
encontrar al azar el manuscrito en arábigo
en el Alcaná de Toledo,
así como a un traductor,
un morisco aljamiado que por allí pasaba". (7)
Por todo lo que antecede, se puede afirmar que Un Mediterráneo de piratas:
corsarios, renegados y cautivos constituye un trabajo muy interesante, en el
que su autor expone con gran claridad, a la luz de la abundante bibliografía
consultada, el complejo asunto de los "hombres de frontera", los cuales,
lejos de encontrarse únicamente en el límite geográfico-político
de Oriente y Occidente, se hallaban también en una situación "fronteriza" en
lo referente a creencias religiosas y manifestaciones culturales.