| Con un arranque rotuno sobre el secreto,
la razón de estado y el lenguaje de poder, se
hace un análisis sobre el registro de la información,
su comunicación y la estructuración de
una “Inteligencia” o servicios secretos de
información propiamente dichos, con la figura
de los secretarios como una de sus bases firmes y el
mundo diplomático y financiero como principales
destinatarios de esa información, sin duda. Una
de las claves de los aparatos de estado modernos, de
la modernidad misma en fin.
Hace un esfuerzo especial el autor por encontrar un
buen aparato de fuentes archivísticas y literarias
sobre el espionaje, y son abundantes las referencias
tomadas del teatro barroco hispano también –Tirso,
Moreto o Caledrón, mucho Lope--, así como
de la obra cervantina; especial interés tienen
las referencias a tratadistas de la época, salvo
Fadrique Furiò Ceriol –El concejo
y consejeros del príncipe, Amberes, 1559--, Diego de Alva
y Viamont –El perfecto capitán instruido
en la disciplina militar y nueva ciencia de artillería,
Madrid, 1590— y Giovanni Botero –Diez libros
de la Razón de Estado…, Barcelona, 1599--
, todos del siglo XVII, y sin agotar esa literatura
más técnica y de tanto interés.
También hace amplia referencia a la documentación
archivística, sobre todo la procedente del Archivo
de Simancas, con algunas referencias particularmente
interesantes como la serie procedente de la Biblioteca
Nacional de Madrid con la “correspondencia de
Juan de Torres, teniente general de espía mayor
en Barcelona, a don Gaspar de Bonifaz, espía
mayor y superintendente general de las inteligencias” ,
de los años treinta del siglo XVII (pp.78-82).
El trabajo de Navarro Bonilla se enriquece mucho con
la amplia selección gráfica que recoge,
sobre todo de la literatura emblemática de la época,
de la que destaca la obra del italiano Cesare Ripa, Della
piu che novissima Iconologia…, Padova,
1630, 3 vols. De ella procede la ilustración
de la portada, una de las más plásticas
representaciones del espía, con sombrero y embozado
en una capa toda llena de ojos y orejas, con una linterna
en la mano y un perrillo rastreador, así como
con alas en los pies como los antiguos mercurios alados.
Los ojos y las orejas responden a la definición
clásica de espía como “ojos y orejas
del rey” que ya se precisa en Jenofonte, en la
antigüedad griega, y que hace referencia directamente
a la información como sustento del poder, para “disminuir
la incertidumbre” de las decisiones, en palabras
muy convincentes del sociólogo Jesús
Ibáñez. Esa misma idea está reflejada
en la emblemática cuando asocia también
los ojos y orejas a la representación de la “razón
de estado”, cuyo vestido cubren.
Enhorabuena al autor y bienvenido a estas páginas
del archivo de la frontera cuando quiera.
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Cesare Ripa, Della più che novissima Iconología..., Padova,
Donato Pasquardi, 1630, En parte 3ª, p. 90

Cesare Ripa, Della più che novissima Iconología...,
Padova, Donato Pasquardi, 1630, En parte 3ª, p.
7: Ragione di Stato.

Segunda representación de la Razón de Estado, nuevamente
adornado con un vestido sembrado de orejas y ojos:
Henry Peacham, Minerva Britanna 1612, Menston (yoskshire),
Scolar Press, 1969, p. 22
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