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fecha publicación
28/04/2003

"En la corte de Hideyoshi Toyotimi"

   
   
   
INTRODUCCIÓN.
PERSONAJES.
DESCRIPCIÓN TÉCNICA Y CRONOLÓGICA.
DOCUMENTO.
FORMATO PDF (94ks)
 

INTRODUCCIÓN.
El fraile franciscano Jerónimo de Jesús escribía muy bien, y una carta suya del Archivo General de Indias de Sevilla --sección de Filipinas, legajo 29, ramo 4, número 92--, escrita en Nagasaqui el 10 de febrero de 1595, y dirigida a Francisco de las Misas a Manila, es una muestra de eficacia informativa, una pequeña obra maestra de una literatura de avisos, perfectamente asumida por el fraile viajero e informador. De Francisco de las Misas es una extensa relación para Felipe II de 77 puntos, cuyo punto 8 está redactado con la base de la información de esta carta de Jerónimo de Jesús, y fechado sólo tres meses después que esta carta del franciscano (Manila, 31 de mayo de 1595, conservado también en AGI, legajo 29, ramo 4, número 95). A partir de estos momentos, y durante 20 años, se puede decir que va a surgir la más interesante literatura hispana sobre Japón, de alguna manera literatura de avisos de aquella frontera extremo-oriental.

PERSONAJES.

Los personas que aparecen en la carta son las siguientes:

- Jerónimo de Jesús, autor del texto, franciscano, viajó a Japón en el verano de 1594 con una carta para Hideyoshi del gobernador en funciones de Filipinas, Luis Pérez Dasmariñas. Muerto en 1600 en Japón, conoce la lengua japonesa.
- Francisco de las Misas, destinatario de la carta, funcionario en Manila, relacionado con medios napolitanos.
- Dos franciscanos que acompañan a Jerónimo de Jesús a Japón.
- Dos franciscanos que estaban en Japón, Pedro Bautista, portador de las anteriores cartas a Hideyoshi, y el intérprete fray Gonzalo.
- El Emperador, se refiere a Hideyoshi Toyotomi, lo mismo que cuando se refiere al rey japonés.
- El Gobernador japonés de las cosas de Manila, muy enfermo. Puede referirse a Gaspar Harada Magoshichiro, uno de los hombres de Hideyoshi para los asuntos político-comerciales y de información de Filipinas.
- El Gobernador japonés "de los reinos de abajo", enviado a Corea por Hideyoshi.
- Felipe II.
- Aparecen citados San Francisco de Asís, y el rey San Luis de Francia.
- Fray Marcelo, franciscano que está en Meaco, capellán de Francisco de las Misas y que estudia la lengua japonesa.
- Comerciantes japoneses que comercian con Manila.
- 50.000 obreros en la construcción de Fuxime.
- La gente de Saxuma, que pidió licencia para conquistar Manila.


DESCRIPCIÓN TÉCNICA Y CRONOLÓGICA.

En cuanto a la versión, se ha modernizado totalmente; se ha sustituido "japones" --que es como se los denomina entonces-- por japoneses; usamos Meaco (Kioto), en lugar de "Miaco", como escribe Jerónimo de Jesús; también escribe Saxima, por Satsuma, y Fuxime (Fuhime).


DOCUMENTO.
Jerónimo de Jesús a Francisco de las Misas, desde Nagasaki.


"Para que no se diga de mi
lo que se suele decir de muertos y de idos, etcétera,
quise escribir ésta para que vuestra merced
no olvide un capellán y siervo en el Señor
que tiene en estos tan apartados reinos del Japón;
donde encomiendo a vuestra merced en mil indignas oraciones,
suplicando no sea yo olvidado en las --que creo serán
muy gratas al Señor-- de vuestra merced.

"Llegamos los tres hermanos al Japón
y el Emperador nos recibió muy bien,
habiéndose holgado con el regalo del señor Gobernador.
Particularmente con los carabaos, hasta ahora no vistos en el Japón.

Dionos dos veces colación, y la una
de la misma que él comió y dejó en el plato para nosotros;
que éramos cinco hermanos, los tres recién venidos
y el hermano que está aquí por embajador de esa ciudad,
y el hermano lengua.

Díjonos el rey que todo aquel favor se nos hacía
para que se lo escribiésemos a nuestro rey.
Y cierto, señor,
si como somos pobres frailes de San Francisco y descalzos
fuéramos gente rica y poderosa
pudiéramos --acerca de lo que nos ha sucedido
por merecimientos de nuestro padre San Francisco--
hacer una historia.

Pero por ser vuestra merced tan devoto de nuestra religión
y persona a quien su majestad y en el Consejo de Indias
se dará crédito,
para que de ello dé noticia pondré dos o tres cosas.

"Lo primero, es muy de estimar la amistad
con el Emperador del Japón,
alcanzada por medio de San Francisco y de sus frailes,
que fueron los que la trataron.

La razón es porque los japoneses,
habiendo visto la ciudad de Manila
y a los indios cargados de oro al cuello,
rabian por ir a tomarla.

Y por codicia de los tibores que de allá se traen,
los cuales cogió todos para si este año el Emperador
quitándoselos a los mercaderes japoneses.
Y por ir allá tantos testigos que darán testimonio de ello
me atrevo a decirlo --que parece increíble--,
que le han valido al Emperador las tinajas viejas de Manila este año
80.000 taes, que son más de 100.000 ducados.
Y esto sin haberlos vendido;
porque siendo ellos 400 tibores, poco más o menos,
después que los venda sacará más de otros 40.000 ducados.

Vea vuestra merced si es para estimar
tierra que tal barro viejo tiene.
Por esto, rabian los japones por ir a Manila.

"La gente que puede ir es tanta que asombra.
Cuando el Emperador nos dio colación en su palacio,
fue en un mirador;
donde vimos la gente que traía haciendo una nueva ciudad,
que se dice Fuxime, dos leguas de Meaco.
En verdad, creo que había más de 50.000 hombres,
y todos soldados;
que sin gastar en ellos una blanca, trabajan y van a donde se les envía.

En la Corea tiene él infinita gente.
Y no es menester más que dar licencia a los de Saxima
--que han pedido la conquista de Manila--
para ir de tierra en tierra, de isla en isla, hasta Cagayán.

Por eso importa mucho estar Manila siempre con gente
y hacer la muralla mayor.
Y --sobre todo-- importa conservar esta amistad comenzada
con regalillos que de allá se le puedan enviar.

"El rey no respondió a la carta de su señoría (Gobernador Dasmariñas).
No creo que haya por qué temer que sea señal de enemistad.
Antes, lo debió hacer porque la carta venía
como de corazones españoles, y no sé si se picó de ella.

Yo tengo entendido que el no ir la respuesta
no tiene la culpa el rey, sino el Gobernador
--que es el que tiene cuidado de las cosas de Manila y de nosotros--,
y estaba enfermo --y muy enfermo--, y así no pudo responder.

Digo esto porque --cierto-- nosotros hemos tenido tanta pena,
y aún sospecha, además, que nos ha dado cuidado.
Pero confío en nuestro señor que San Francisco nuestro padre
--a quien tenemos hecho patrón y defensor de Manila--
ha de llevar adelante esta amistad tan importante para esa tierra.

"Como el señor Gobernador de Manila
prometía de enviarle al rey este año algún regalo,
si por ventura aflojase en no enviarlo
vuestra merced le diga de mi parte que lo envíe.

Y que no repare en no haber respondido a la carta.
Porque yo juraría --y creo sin pecado-- que cuando el rey vio la carta,
que se holgó más con el oro que iba envuelta
que no con la carta,
aunque era de su señoría del Gobernador.

Porque realmente estos bárbaros, como no esperan otra vida,
toda su felicidad ponen en que les envíen regalos y presentes.
Y, así, este año le envíen algo, por amor de Dios.
Y sería bueno algunas piezas de plata,
como son aguamanil y vaso, etcétera.

"Con mucho deseo estoy en que no se acaben de hacer
las paces con Corea,
porque ocupados con esta guerra
no intenten estos japoneses con otras nuevas guerras.

Porque ellos son gente que no saben vivir sin probar sus catanas.
Y esto en tanto grado, que se cortan unos a otros,
y ellos a si mismos,
y a los muertos los van a cortar en pedazos
por probar si cortan bien sus catanas.

Y no se ha podido saber qué resolución se trazó de la Corea,
donde fue enviado el Gobernador de estos reinos de abajo
por mandado del Emperador, para que viese lo que hay allá, en la Corea.
Es vuelto, y a gran prisa va a Meaco.

Plega al señor que sellos estén en Corea
y no vuelvan tanta multitud de navíos como allá están,
porque dejen a Manila en paz.

"Si hubiese algo de nuevo, aquí estamos, en Nagasaqui,
donde avisaremos por horas y momentos.

Para esto de estar en esta tierra y mirar los intentos del Japón,
es menester vuestra merced avise a su majestad
cuánto le importa quién haya, quién esto mire con atención,
porque temo que le importunan mucho para estorbar esto
quien vuestra merced sabe, y puede saber del señor Gobernador.

"Si vuestra merced quiere saber
lo que nuestro señor ha hecho en Japón en tiempo de esta persecución,
en breves palabras es:

Que el rey nos ha dado un sitio muy bueno
para hacer un convento en el Meaco.
Hízose pobre y no muy grande, aunque la huerta es muy buena.
Limosnas dieron algunos cristianos y gentíos (sic, por gentiles);
uno dio 100 taes, otro 12,
otros daban hombres para trabajar en la obra.
Y esto no más que por parecerles bien la humildad y pobreza cristiana
en los pobres frailes de San Francisco.

Decimos misa cantada y maitines,
a los cuales se levantan también muchos cristianos
que están junto a nuestra iglesia a medianoche, y en sus casas rezan.
Los gentíos
--oyéndonos cantar de noche y de día alabanzas a Dios,
y sabiendo que el rey nos quería dar renta y no la quisimos,
y que plata no la admitimos--
espantados preguntán: --¿Qué gente es ésta?

Y atraídos del buen olor de la virtud,
viendo que venimos 6.000 leguas sólo por enseñarles,
muévense mucho y vanse haciendo cristianos.
Aunque secretamente,
porque el rey no ha dado licencia para bautizar ricos
temiendo no se le levanten con la tierra.
Para pobres, tenemos licencia de su Gobernador.

Y para esto hemos de hacer un hospital junto a nuestra casa,
y a este Gobernador queremos hacer patrón.
Yo confío que los pobres que en él se curaren,
con limosnas de Manila,
serán con sus oraciones poderosos
para guardar esa ciudad del poder del Japón.

Como muy bien conoció el santo rey Luis de Francia,
que ardiendo el mundo en guerras, él tenía sus tierras en paz
porque los pobres a quien sustentaba
como soldados se la guardaban.
Sea vuestra merced intercesor para esta santa obra
con el señor Gobernador.

"A vuestra merced suplicamos envíe alguna esfera o imagen,
porque estos japoneses, primero que se convierten,
gustan de que les digamos algo del cielo y de sus movimientos.
Y como vuestra merced es tan curioso,
por ventura habrá traído algo de esto de Nápoles,
o algún mapa.

Lo mismo suplica el hermano fray Marcelo,
gran capellán de vuestra merced. Y tuve cartas suyas del Meaco
--que está 100 leguas de este puerto de Nagasaqui--:
está bueno y va aprovechando en la lengua,
y aprovechando muchas almas, que aquí están ciegas del demonio.

"Bien gustaré yo que vuestra merced
escriba al Consejo estas nuevas.
Y que sepan allá que en la persecución de los padres de la Compañía
--y cuando andan por no dejar esta iglesia en que han trabajado tanto
a escondidas y en hábito de japoneses--
tienen los pobres frailes de San Francisco
convento en el medio y cabeza del Japón.

Y el mismo Emperador perseguidor de cristianos
da de comer a los frailes de San Francisco:
cosa que los que lo oyen se espantan
y tienen por cosa milagrosa ver tan trocado con nosotros
a éste que a tantos ha hecho apostatar de la fe.

Si se convirtiese, sería un gran bien para este reino.
Pero creo que tal cosa no piensa.
Antes piensa --según dice-- hacerse adorar como su dios.
Y, luego, le mataron. Así será de éste.
U muerto él, comenzarán --como suelen-- a dividirse los reinos
y hacer guerra unos con otros.
Y, así, Manila estará quieta en el entretanto.

"Por amor de Dios, se estime mucho esta paz.
Y se envíen al padre comisario (Pedro Bautista), como embajador,
algunos regalos con que entretener a estos principales.
Y bien pueden estar seguros que --cuando algo se ofreciese--
se enviará aviso, etcétera.

Nuestro señor dé a vuestra merced su santa gracia, amén.
Del puerto de Nagasaqui, 10 de febrero de 1595 años,
fray Jerónimo de Jesús."

 

FIN

(Versión Emilio Sola)

   
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