| "Ilustrísimo
y excelentísimo señor:
No sé si las cartas que hoy escribe el Gobernador
--con nuevos avisos-- llegarán a tiempo que puedan
ir en esta nao,
la cual viene a despachar a este puerto de Cavite.
Y --así-- quiero dar noticia a vuestra excelencia
de lo que pasa.
Y es que ayer tarde --día de San Juan-- llegaron
seis soldados
que habían ido con el Capitán Juan Pablo
de Carrión
contra los japoneses que están poblados en el río
de Cagayán.
Y dicen que Juan Pablo salió con su armada
--que era el navío San Yuseppe, y la Galera Capitana
y 5 fragatas--
del pueblo de Bigan --que es en Ilocos--
habrá 35 días, la vuelta de Cagayán.
Y --en saliendo-- topó un navío de corsarios
chinos
y lo rindió fácilmente.
Y metió dentro de él 16 soldados y siguió su
viaje.
Y en doblando el cabo del Borgador --que es cerca de Cagayán--,
una mañana con tiempo bonancible, al amanecer,
se hallaron junto a un navío japonés.
Al cual acometió Juan Pablo con la Galera Capitana
y le arrojó con la artillería el árbol
mayor
y mataron alguna gente.
Los japoneses echaron un garfio a la galera
y se arrojaron 200 hombres en ella con picas y coracinas,
y quedaron 60 arcabuceros tirando a nuestra gente.
Y --en fin-- les Enemigos rindieron la galera hasta el
palo mayor.
Y allí nuestra gente lo hizo tan bien --en la necesidad
extrema--
que hicieron retirar a los japoneses hasta su navío.
Los cuales quitaron el garfio
y dieron la vela del trinquete que les había quedado.
En este tiempo los barloó el navío San Yusepe,
y con la artillería y fortaleza del navío
vencieron a los japoneses.
Los cuales pelearon valientemente hasta quedar en 18,
que --de cansados-- se rindieron.
Murió alguna gente nuestra en la galera,
y entre ellos el Capitán Pero Lucas --como buen
soldado-- peleando.
Con esto, el Capitán Juan Pablo entró en
el río Cagayán arriba
y halló en la entrada un fuerte y 11 navíos
japoneses.
Él pasó por la costa de enfrente,
porque la boca del río tiene una legua de travesía.
El navío San Yusepe iba a entrar en el río
y quiso la mala fortuna que unos soldados nuestros
--que iban en una fragatilla-- dieran voces al Capitán
diciéndole:
-- ¡Vuelva, vuelva a Manila, que toda la armada
se vuelve!
Porque hay mil japoneses en el río y mucha artillería,
y somos pocos.
Con lo cual, el Capitán Luis Vallejo hizo dar el
bordo a la mar.
Y --aunque Juan Pablo tiró una pieza de artillería--
no entró
--o no pudo ya entrar-- y anduvo dando vueltas por allí.
A la mañana, surgió en un bajo.
Donde sobrevinieron tales tiempos
que rompió tres cables --de cuatro que llevaba--
y hubo de levarse.
Y envió estos 6 soldados en una fragatilla
a ver si había agua en una isleta, de que tenían
necesidad.
Los cuales anduvieron perdidos en ella sin hallar agua,
y cuando volvieron donde había quedado la nao no
la hallaron.
Y toparon con unos Indios
--de los que iban en la galera de Juan Pablo--,
de los cuales supo que Juan Pablo
había subido por el río dos leguas
y fortificádose en un estero con la galera,
que se había abierto toda cuando embistió con
el japonés.
Y que despidió los Indios de servicio
por no tener mantenimientos --que se perdieron en la galera.
Y los más, venían en San Yusepe.
Y que allí les iban los japoneses a dar asaltos
con 18 champanes --que son como esquifes.
Y se defendían bien, aunque no tenían sino
60 soldados
--con la gente de mar-- y los Enemigos son mil hombres,
gente valiente e industriosa.
"Con estas nuevas vinieron los 6 soldados.
Y en el camino toparon con un marinero
que se había escapado de un navío sangley
que salió de aquí con arroz de socorro para
Juan Pablo.
Y dice que los sangleyes se alzaron con él a medianoche
y mataron 10 soldados que iban en él de escolta,
que no tuvieron centinela.
Y éste se escapó a nado
sobre una lanza que le arrojaron desde el navío.
"Yo vine también a detener a algunos pasajeros
--que se iban en esta nao--, porque en esta isla no hay
gente
y han de ir cien soldados de socorro luego.
Aunque en terrible tiempo,
yo seré uno de ellos si el Gobernador me da licencia.
Estos Enemigos
--que tan de verdad han remanecido-- es gente belicosa.
Y si vuestra excelencia
no provee en esta nao y la mura de mil soldados,
poca cuenta se puede hacer en estas Islas.
Vuestra excelencia con mucha prudencia provea
lo que más convenga al servicio de su majestad,
pues no tenemos otro recurso
sino la merced que vuestra excelencia nos mande hacer.
El Gobernador estaba dispuesto a enviar socorro a Maluco
--que era negocio tan importante--
y con estos sucesos no podrá hacerlo
porque no quedan en esta Isla 70 hombres que manejen armas.
"Guarde nuestro señor
la ilustrísima y excelentísima persona de
vuestra excelencia
y su Estado acreciente
como los servidores y criados de vuestra excelencia deseamos.
De Cavite, 25 de junio de 1582.
Ilustrísimo y excelentísimo señor,
beso las manos a vuestra excelencia,
su criado Juan Bautista Román."
FIN
(Versión Emilio Sola)
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