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fecha publicación
27/06/2003

"Aproximación histórica al Reino del
Mani-Kongo"

   
   
   
INTRODUCCIÓN.
PERSONAJES.
CONTEXTO HISTÓRICO DE LA CARTA.
LOS ORÍGENES DEL REINO DEL MANI-KONGO
LA CARTA EN SU CONTEXTO. ALGUNAS CONSIDERACIONES.
LA CARTA.
TRANSCRIPCIÓN DE LA CARTA AL CASTELLANO ACTÚAL.
FORMATO PDF (121ks)
 

INTRODUCCIÓN.

La carta que a continuación se comenta, procede de la “Descripción general de Africa” de Luis Mármol de Carvajal Se puede encontrar el original en el libro primero de la obra. La obra del cronista granadino fue escrita tras su cautiverio en Tombuctú después de participar en la fallida campaña de conquista de la ciudad organizada con apoyo español por el Sultán negro en 1572. Tras ser liberado, Mármol recorre buena parte del África conocida, especialmente lo que hoy es el Sahara Occidental, también es conocedor el autor de la obra de León el africano, del que toma muchas cosas, inclusos fragmentos enteros, lo que no hace desmerecer su labor, pues además de ampliar la información de León el Africano sobre los pueblos norteafricanos, incluye el granadino información totalmente novedosa sobre los pueblos subsaharianos, como es el caso de la carta que se comenta, probablemente transcrita del portugués o del latín por el mismo Mármol.

Es por tanto Mármol un hombre de frontera, como cualquier otro informante que trabajase para los reyes hispánicos en territorio berberisco o turco, Mármol es un informante de Felipe II en el corazón de África, es también un hombre de frontera por nacimiento, nace en el reino de Granada en 1527, tierra de moriscos y cristianos, apenas conquistado 30 años antes de su nacimiento, sometidas sus costas a la amenaza corsaria, es un lugar habitado también por pícaros, quintacolumnistas y renegados, también un mundo de tensiones, vive de cerca Mármol la rebelión de los moriscos de las Alpujarras en 1568, y nos deja testimonio de ella en “Historia y Rebelión de los moriscos”, publicada póstumamente en 1600. Por tanto Mármol nace en la frontera tradicional entre la cristiandad y el mundo musulmán, pero por avatares del destino acaba en una frontera totalmente nueva para los europeos, una frontera tras la que ya no están los musulmanes sino nuevos y extraños pueblos nunca antes imaginados, pueblos que nunca han oído hablar de Cristo o de Alá, pueblos como el reino del Mani-Kongo.


PERSONAJES.

-Diego Cao: Explorador portugués que recorrió la costa occidental de África, siendo en 1482 el primer europeo en alcanzar la desembocadura del río Congo. No aparece mencionado en la carta
-Julio II: Papa de Roma, destaca en la historia del papado por su mecenazgo y por su mayor preocupación por los asuntos temporales que por los asuntos espirituales. A él va dirigida la carta del Mani-Kongo.
-Afonso I: Mani-Kongo en cuyo nombre es enviada la embajada que lleva la carta al Papa.
-Juan II de Portugal: Rey de Portugal en el momento en que Diego Cao arriba en el Congo.
- Manuel de Portugal: Sucesor del anterior, es el rey de Portugal en el momento de escribirse la carta, también acoge bajo su protección al hijo del Mani-Kongo.
-Enrique I de Manicongo: Hijo y sucesor de Afonso I. Recibe educación en Portugal y marcha como embajador y portador de la carta de obediencia a Roma.
-Don Pedro de Sosa: Primo de Afonso I, marcha junto con Enrique a Roma.


CONTEXTO HISTÓRICO DE LA CARTA.

En 1483 el explorador portugués Diego Cao llegaba a la desembocadura de un gran río, no era otro que el río Congo. En su ribera se había desarrollado un reino de gran importancia en el África occidental , el reino del Mani-Kongo o Señor del Kongo. Pronto establecerá el navegante europeo contacto con la corte del monarca africano, lo que supondrá el inicio de un cambio dramático en la historia de África, y por qué no, el establecimiento de una nueva línea de frontera entre dos mundos más allá del ecuador. Si el Mediterráneo está convirtiéndose ahora en el mar de los corsarios y los renegados, las costas de África occidental se convertirán en el mar de los traficantes de esclavos y especias y en tierra de evangelizadores y paganos.


LOS ORÍGENES DEL REINO DEL MANI-KONGO.

Se puede establecer el origen del reino del Kongo en el siglo XIV. Sobre la segunda mitad de dicho siglo y dentro de la dinámica de expansión de los pueblos bantúes, grupos de la etnia de los bakongo procedentes de lo que hoy es la zona de Kinshasa cruzan el río Congo, llamado Nzaidi por los nativos, hacia lo que hoy es Angola, sometiendo a los pueblo locales y estableciendo su capital en Mbanza-Kongo. El sistema de conquista de los bakongo consistía en mezclarse rápidamente con los pueblos sometidos, para que así éstos aceptasen las instituciones y autoridades de los nuevos gobernantes. Este sistema de conquista queda patente en la leyenda local sobre el origen del reino, ésta dice que el caudillo Nimi a Lukeni (probablemente Mutinu) descendió hasta el bajo Congo al frente de grupos conquistadores. Éste conquistador extranjero habría forjado una alianza con el sumo sacerdote local, Nsaku, casándose con una dama local .

Ya a mediados del siglo XV, pocas décadas antes de la llegada de los europeos, están bajo la autoridad del Mani-Kongo las tierras del norte de la actual Angola, y ambas riberas del curso bajo del río Congo hasta más allá de la actual Kinshasa. Entrado el siglo XVI, en su momento de máxima extensión, el reino del Kongo alcanza su límite sur en el río Kwanza y en el este el río Kwango, siendo su frontera natural en el occidente el mar océano, y llegando por el norte más allá del curso bajo del río Congo. La autoridad del rey y sus familiares era directa sobre los territorios centrales y los territorios fronterizos del sur, sometidos a incursiones de otros pueblos. Sin embargo los demás territorios podrían ser considerados como reinos vasallos.
Pero volviendo al punto que nos interesa, nos encontramos en 1482. El explorador portugués Diego Cao arriba en la desembocadura del gran río Congo y coloca allí un “padrao” de piedra. Nos encontramos en el mismo año en que Diego de Azambuja dirige la expedición que culminará en la fundación de Sao Pedro da Mina, y es de esta expedición de la que es avanzadilla Diego Cao. Está , pues, a punto de darse el primer contacto entre los europeos y un reino de la costa occidental del África central. El portugués lo llamará “Río do Padrao”, pero aún no osará el navegante adentrarse demasiado en el río y se limita a realizar una exploración costera y superficial, quizá ajeno aún a la existencia de un reino poderoso con el tratar muy cerca de donde se encontraba su expedición, aunque a juzgar por sus actuaciones posteriores se podría aventurar que Cao sabía ya de la existencia de dicho reino.

En 1486 Diego Cao parte con tres carabelas provisto de intérpretes y misioneros, después de explorar hasta más al sur de la desembocadura del río Congo, regresa hasta el mismo, allí donde unos años antes había dejado aquel “padrao” como testimonio del paso portugués por aquellas tierras, y remonta el río. Una delegación suya se entrevista con el Mani-Kongo, quien acabaría, como veremos, por ser vasallo del rey de Portugal, en ese momento Juan II. Según dice el marino, los nativos “mostraban señales de gran dulzura y amistad”. Los enviados de Cao no volverán con lo cual el portugués aprovecha que algunos notables kongoleños han subido a su barco para marchar con ellos a Lisboa, donde son bautizados, vestidos a la europea y tratados como si de nobles del viejo mundo se tratasen, regresando un año después al reino del Mani-kongo.

Surge así, por tanto, una relación de mutuo interés entre ambos reinos, los portugueses persiguen el establecimiento de bases para proseguir su búsqueda del límite sur de África, lo que les permitiría hallar el mítico reino del Preste Juan, y con él, un guía fiable en el camino a La India y el sustancioso mercado de Especias. Además, la costa africana ofrece otros atractivos más inmediatos, el establecimiento de “feitorías” no tiene otro fin que asentar el comercio de esclavos africanos, que posteriormente con el descubrimiento de América cobraría una especial importancia, así como el comercio con otros productos de gran valor como pueden ser el marfil y la malagueta. Por su parte, Nsinga Nkuwu pide a los portugueses tanto técnicos como misioneros, quizá fascinado por la nueva fe que traían los extranjeros. Comienza en este momento el “idilio” entre portugueses y kongoleños, se organiza ahora una delegación real de forma más oficial que es enviada a la corte portuguesa
Como resultado de la labor de los sacerdotes portugueses, el Mani-Kongo Nsinga Nkuwu recibe el bautismo, así como su hijo, que se llamará Afonso, reinando posteriormente como Afonso I del Kongo, tal y como figura en la carta enviada al Papa, y en la misma dirección de las cosas, la capital es renombrada como Salvador.

Pero el Mani-Kongo, sin abjurar de su nueva fe, se muestra poco observante con las costumbres cristianas, a medio camino entre el “fetichismo” y el cristianismo, además los notables más tradicionalistas del reino se muestran molestos y levantiscos ante la nueva religión extranjera. Así, a la muerte del viejo rey, Afonso se enfrenta a la oposición de Mpanzu, pero derrota a sus oponentes con la ayuda portuguesa en 1506. A pesar de los aparentes vientos de victoria y poder para Afonso I, las relaciones con los europeos han empezado a deteriorarse de forma irreversible, y la oposición interna tanto a los europeos como al rey extranjerizante no ha hecho más que ser acallada, si bien no eliminada.

Pronto empezarán los portugueses a mostrar sus verdaderas intenciones, ávidos de beneficios económicos, considerarán al Kongo como una fuente de esclavos que vender en los mercados de Europa y del Brasil, y pese al tratamiento recibido por los emisarios del Mani-Kongo en Lisboa, no dejará de ser esta la relación entre una nación altamente avanzada desde el punto de vista tecnológico y con aspiraciones imperiales y una nación potencialmente colonizable y explotable quizá fascinada por las “maravillas” que los europeos traen de más allá de las olas del mar. Esto queda demostrado por el hecho de que la corte portuguesa ignore las quejas de las autoridades congoleñas ante los abusos de los colonos portugueses*. Así, en 1520 la mayor parte de los misioneros portugueses han regresado a la metrópoli, y sólo quedan en el Kongo traficantes de esclavos afanados en su oficio.

Aunque hasta aquí llega el momento histórico concreto en el que se puede enmarcar la carta de obediencia al Papa, no podemos dejar de hacer algunas menciones a los años inmediatamente posteriores, dado que los acontecimientos que ocurrirán a partir de ahora pueden permitirnos formular algunas consideraciones sobre la significación de la ya mencionada carta.
En el año 1546 muere Afonso I. La muerte del rey vuelve a traer al reino la inestabilidad que había quedado latente tras la victoria cristiana de 1506, y en 1568 estalla una rebelión. La historiografía portuguesa habla de la rebelión de los Jagas o jefes religiosos tradicionales, si bien otros sostienen que se trata de una rebelión de los grupos bakongo conchabados con los comerciantes de esclavos sin otro fin que el de apoderarse del comercio de seres humanos a espaldas de las coronas portuguesa y kongoleña*. El sucesor de Afonso, Álvaro I se ve obligado entonces a exiliarse a la colonia portuguesa de Sao Tomé, donde pide auxilio al gobernador luso. Desde 1571 hasta 1573 los portugueses combaten a los rebeldes, venciéndoles y reteniendo el territorio hasta 1579. En medio de toda esta inestabilidad, Sebastián I de Portugal concede el territorio sur del reino del Kongo al explorador Paulo Dias de Novais, socio de los jesuitas, para que establezca allí una colonia. Sin oposición funda Luanda, iniciándose así la colonia portuguesa de Angola.


LA CARTA EN SU CONTEXTO. ALGUNAS CONSIDERACIONES.

Nos encontramos ante una carta peculiar, no en vano recogida por el no menos peculiar cronista español Luís Mármol de Carvajal, un rey de un remoto reino africano que hasta 1482 nada sabía de Europa ni del Cristianismo envía una carta de obediencia al Papa Julio II, otro interesante personaje, y también, por qué no, no menos peculiar, todo ello en el contexto de las importantes expediciones patrocinadas por un rey determinante en la historia de Portugal, Juan II.

En primer lugar cabe preguntarse qué motiva al rey africano a mandar una carta de obediencia a un a autoridad de la que poco sabe, cuya ubicación desconoce por no hablar de su dimensión político-espiritual salvo quizá las más que probablemente maravillosas historias que haya oído a los misioneros portugueses. Se puede observar en la carta la superlativa devoción que monarca kongoleño intenta demostrar al Sumo Pontífice, cabe pensar que con ello el monarca intenta asegurarse el apoyo de los portugueses y de aquella lejana figura, cabeza espiritual de la Cristiandad en la que su reino ha ingresado recientemente, apoyo que por otra parte le es indispensable para mantener su posición de poder dentro de su reino. Además no debe despreciarse la idea de que el rey quiera imitar a su homólogo europeo, asemejarse de alguna manera a sus nuevos y poderosos aliados por alguna clase de asociación simpática o algún otro mecanismo que se escapa a nuestros conocimientos.

Por otra parte la carta nos evidencia un hecho dramático en la historia de la humanidad que vive su episodio más reciente y fehaciente en la conquista europea del mundo, junto los indudables beneficios, sobre todo para el viejo continente y, en menor medida, para los pueblos que cayeron en su ámbito de influencia, la diligente tarea de evangelización, de dominio de los recursos y de “las mentes y los corazones” de los pueblos conquistados, es decir, de aculturación, dio lugar y da lugar aún hoy a la pérdida de un irrecuperable testimonio, el testimonio que sobre la propia naturaleza humana nos dan las diferentes visiones del mundo, las diferentes maneras de enfrentarse al entorno, las diferentes maneras de ser de tantos y tantos pueblos que desaparecieron o fueron drásticamente modificados bajo las armas y los evangelios europeos, civilizados dijeron (y dicen) algunos, quizá demasiados. También el testimonio de cómo pudieron ser nuestros propios ancestros cuando aún no escribíamos cartas de obediencia a Papas ni historias universales, pues aún la escritura no perpetuaba las ensoñaciones del ser humano. Así, esta carta no es más que un pequeño reflejo de buena parte de las consecuencias de la labor “civilizadora”, la destrucción de formas de vida, de espíritus y de vidas individuales. Valgan como reflexión final estas palabras de Margaret Mead: “Hemos permitido que la única información relativa a experiencias que requirieron miles de años para cumplirse, y que somos incapaces de repetir, fuera destruida por las armas de fuego, o por el alcohol, por el evangelio o la tuberculosis. Un pueblo primitivo tras otro han desaparecido, sin dejar rastro.”


LA CARTA..

CAPI. XXXIX. EN el qual se contiene una carta de obediencia de el rey de Manicongo al Papa.

Santissimo en Christo padre, beatísimo señor
señor nuestro Iulio segundo,
por la divina providencia Summo Pontifice:
vuestro devotisimo hijo Don Alonso,
por la gracia de Dios rey de Manicongo, señor de los Ambudos,
envia besar vuestros devotisimos pies con mucha devocion:
Bien creemos beatissimo padre,
que tiene vuestra Sanctidad entendido como el rey Don Iuan de Portugal,
segundo deste nombre en el principio,
y luego empos del el catholico rey don Manuel su successor,
con mucha costa, trabajo, e industria,
embio a estas tierras personas religiosas,
con cuya doctrina,
estando nos engañados por el demonio adorando ydolos,
nos apartamos divinamente de tan gran yerro, y de tan gran captiverio:
y de cómo reduzidos a la fee de nuestro señor y salvador Iesu Christo,
tomando el agua del sancto baptismo,
limpiando nos con ella de la lepra de que estavamos llenos,
apartando nos de los errores Gentilicos que hasta entonces usabamos,
y echando de nos todas las abusiones diabolicas de Sathanas y sus engaños,
de todo nuestro corazon y voluntad,
rescibimos, milagrosamente, la fee de nuestro señor Iesu Christo:
y después de aver sido doctrinados y enseñados en ella,
sabiendo que era costumbre de los reyes Christianos
enviar obediencia a vuestra Beatitud,
como a verdadero Vicario de Iesu Christo, y pastor de sus ovejas,
y queriendo, como es razón, en esta parte imitar los en tan divina y sagrada costumbre
(en la compañía y numero de los quales
el todo poderoso y misericordioso Dios
por su clemencia,
nos quiso juntar, y unir,
para que siguiessemos su sancta compañía y catholicas costumbres)
embiamos a vuestra Beatitud nuestros embaxadores
para que de nuestra parte le den la acostumbrada y debida obediencia,
como los otros reyes Christianos lo hazen:
de los quales embaxadores,
el uno es nuestro preciado y muy amado hijo don Henrique,
al qual el rey Don Manuel de Portugal,
nuestro muy amado hermano,
en sus reynos manda enseñar y instruir
en la sagrada escriptura y cosas de la fee catholica:
el otro es Don Pedro de Sosa nuestro muy amado primo,
a los quales demás dedar nuestra obediencia,
diximos algunas cosas que de nuestra parte diran a vuestra Beatitud,
las quales pedimos le muy humildemente
que oiga y reciba de ellos,
y de les tanta fee como si por nos mismo fuesen dichas
ante vuestra Beatitud:
la qual Dios por su misericordia quiera conservar en su sancto servicio.
Dada en la ciubdad de Manicongo,
en el anno del nascimiento de nuestro señor Iesu Christo
Mil y quinientos y doce.
Vista la carta de creencia y de obediencia por el Papa
y por el colegio de los Cardenales,
fue muy bien rescibida,
y en pocos dias respondieron a los embaxadores,
y los despidieron muy satisffechos de honra y de buenos tratamientos,
y de alli volvieron al reyno de Manicongo,
donde fueron recibidos por el rey Dan Alonso:
el qual siempre permanecio en la fee de Iesu Christo
y permanecen hoy dia sus successores.
Esto es lo que se ha podido descir de los Affricanos y de sus settas y leyes,
en el siguente libro se dira del origen de Mahoma
y de su maldita setta ,
y de las grandes guerras que por ella ha habido
en Asia, Affrica y Europa.


TRANSCRIPCIÓN DE LA CARTA AL CASTELLANO ACTÚAL.

CAPI. XXXIX. En el cual se contiene una carta de obediencia de el rey de Manicongo al Papa.

Santísimo en Cristo padre, beatísimo señor
señor nuestro Julio segundo,
por la divina providencia Sumo Pontífice:
vuestro devotísimo hijo Don Alonso,
por la gracia de Dios rey de Manicongo, señor de los Ambudos,
envía besar vuestros devotísimos pies con mucha devoción:
bien creemos beatísimo padre,
que tiene vuestra Santidad entendido como el rey Don Juan de Portugal,
segundo de este nombre en el principio,
y luego en pos del católico rey don Manuel su sucesor,
con mucha costa, trabajo, e industria,
envió a estas tierras personas religiosas,
con cuya doctrina,
estando nosotros engañados por el demonio adorando ídolos,
nos apartamos divinamente de tan gran yerro, y de tan gran cautiverio:
y de cómo reducidos a la fe de nuestro señor y salvador Jesucristo,
tomando el agua del santo bautismo,
limpiándonos con ella de la lepra de que estábamos llenos,
apartándonos de los errores Gentílicos que hasta entonces usábamos,
y echando de nos todas los abusos diabólicos de Satanás y sus engaños,
de todo nuestro corazón y voluntad,
recibimos, milagrosamente, la fe de nuestro señor Jesucristo:
y después de haber sido adoctrinados y enseñados en ella,
sabiendo que era costumbre de los reyes Cristianos
enviar obediencia a vuestra Beatitud,
como a verdadero Vicario de Jesucristo, y pastor de sus ovejas,
y queriendo, como es razón, en esta parte imitarlos en tan divina y sagrada costumbre
(en la compañía y número de los cuales
el todo poderoso y misericordioso Dios
por su clemencia,
nos quiso juntar, y unir,
para que siguiésemos su santa compañía y católicas costumbres)
enviamos a vuestra Beatitud nuestros embajadores
para que de nuestra parte le den la acostumbrada y debida obediencia,
como los otros reyes Cristianos lo hacen:
de los cuales embajadores,
el uno es nuestro preciado y muy amado hijo don Enrique,
al cual el rey Don Manuel de Portugal,
nuestro muy amado hermano,
en sus reinos manda enseñar e instruir
en la sagrada escritura y cosas de la fe católica:
el otro es Don Pedro de Sosa nuestro muy amado primo,
a los cuales además de dar nuestra obediencia,
dijimos algunas cosas que de nuestra parte dirán a vuestra Beatitud,
las cuales le pedimos muy humildemente
que oiga y reciba de ellos,
y de les tanta fe como si por nos mismo fuesen dichas
ante vuestra Beatitud:
la cual Dios por su misericordia quiera conservar en su santo servicio.
Dada en la ciudad de Manicongo,
en el año del nacimiento de nuestro señor Jesucristo
mil y quinientos doce.
Vista la carta de creencia y de obediencia por el Papa
y por el colegio de los Cardenales,
fue muy bien recibida,
y en pocos días respondieron a los embajadores,
y los despidieron muy satisfechos de honra y de buenos tratamientos,
y de allí volvieron al reino de Manicongo,
donde fueron recibidos por el rey Dan Alonso:
el cual siempre permaneció en la fe de Jesucristo
y permanecen hoy día sus sucesores.
Esto es lo que se ha podido decir de los Africanos y de sus sectas y leyes,
en el siguiente libro se dirá del origen de Mahoma
y de su maldita secta ,
y de las grandes guerras que por ella ha habido
en Asia, África y Europa.

 

FIN

(Miguel Cano-Cortés Cartagena)

 

 

 

   
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